Martes
15 de septiembre de 2026
Hora : 16:52
Seguinos en:

Del silencio al bullicio


Cada 15 de septiembre se conmemora en la Argentina el Día Nacional de la Adopción. Nos encontramos con Cecilia y Julio, una joven pareja de nuestra ciudad que decidió adoptar y pronto vio su vida transformada con la llegada de tres chicos a sus vidas.

Cada 15 de septiembre se conmemora en la Argentina el Día Nacional de la Adopción, una fecha que invita a reflexionar sobre el derecho de niños, niñas y adolescentes a crecer en un entorno familiar que les brinde amor, cuidados y contención.

Existen muchos prejuicios sobre este proceso que busca dar a muchos niños en el país una familia que les ayude a recuperar sus pérdidas y crecer con amor.

Hoy nos encontramos con Cecilia y Julio, una joven pareja de nuestra comunidad que tomó la decisión de adoptar y, aún más rápido de lo que imaginaban, llegaron a sus vidas tres niños que la cambiaron por completo.


Cecilia es docente y Julio tiene un taller de reparación de motos y cuatriciclos en nuestra ciudad. Ambos están juntos hace 20 años ("Aunque nos casamos el año pasado" aclara Cecilia) y tenían la vida de una pareja feliz.

La posibilidad de tener hijos se habló desde hace mucho pero, algún inconveniente físico hacía que no fuera posible por las vías naturales. Tampoco creyeron adecuado recurrir a algún tratamiento de fertilización "Para mí la maternidad nunca pasó por ahí. Lo había decidido, es muy invasivo para la mujer".

El tiene 52 años y ella 42, y veían que la posibilidad de ser padres podría ser una cuestión pendiente en sus vidas. Ella conocía, por su trabajo en educación, distintas situaciones de vulnerabilidad infantil que le hicieron prestar atención. "Como que se nos volvió a despertar el bichito", cuenta. "En diciembre, un día, nos sentamos y dijimos, ¿Qué hacemos? ¿Vamos a hacerlo o no? Ya estamos grandes y pensando en una carpeta, es un proceso que te lleva años, generalmente. Decidimos que sí, a fines de diciembre. Fui y hablé con una chica de acá, que está en Niñez, como para tener una idea. Me empecé a informar y nos anotamos en una capacitación (Las brinda "Ser Familia por Adopción"; la Fundación "Anidar" y también el Registro Central de Aspirantes a Guardas con Fines de Adopción de la Provincia de Buenos Aires)". 

La convocatoria

El 4 de enero, Cecilia vio una convocatoria, que pedía posible guarda para tres hermanitos enviada por un Juzgado de Familia "Lo guardé, me metí a la página de convocatorias públicas, estuvimos mirando. Cuando llegan a convocatoria pública es o porque son grupos de hermanos, o porque tienen una discapacidad o son mayores ya. A partir de los 8 o 10 años, habíamos leído que es muy difícil que sean adoptados. Y el 8 de enero nos decidimos, nos sentamos los dos, y nos anotamos".

Aquí hay una decisión que tenían previamente que pesa. Querían más de un chico, y no necesariamente un bebé. Por lo que habían podido leer y escuchar en las capacitaciones, el proceso suele tardar. "Siempre habíamos hablado de 6 para arriba, hasta de 7 para arriba, que sabíamos que eran los que menos posibilidades tenían".

El 20 de febrero, les llega un mensaje por WhatsApp, en el que confirman su inscripción. En las capacitaciones, que continuaban haciendo, aprendían varias cosas importantes sobre la situación que estaban encarando "La primera capacitación te explica toda la realidad que hay en la adopción; lo que es presentar una carpeta; qué cantidad de chicos hay para adoptar; la realidad de la familia; el proceso".

"Algo que me quedó a mí muy marcado, es que no es que vos vas a ser papá. Si no, vos le vas a dar la posibilidad a un niño de tener una familia. Otra cosa que me quedó, es que vos empezás ahí una historia, pero para ellos, es un duelo. Terminan una para comenzar otra" advierte Julio.

En estos encuentros conocieron la realidad de otros padres que habían adoptado, las eventuales circunstancias que podrían tener que enfrentar en la relación con los chicos, las etapas de la relación, la adaptación al nuevo hogar, el cambio que significa para los chicos el pasar de una institución a un hogar familiar.

Para sorpresa de ambos, el 4 de febrero les llegó un mensaje de WhatsApp enviado por el psicólogo que es parte del equipo técnico del Juzgado, quien les consultó sobre su disposición "Yo estaba en la escuela, recién habíamos arrancado, lo llamé a Julio y tuvimos una videollamada. La verdad, no pensamos que iba a ser tan rápido. El psicólogo nos comenta que eran tres hermanitos, me dice las edades, pero no me dice el nombre, y tampoco me dice dónde estaban" cuenta Cecilia. 

Supieron las particularidades de estos niños, sus situaciones personales, y esperaron una definición "Todas las situaciones son distintas, porque va a depender de ellos, de lo que ven en vos como familia. Hay gente que ha estado meses haciendo vinculación. Cada caso va a ser diferente, y van a tener en cuenta determinadas cosas".

El 4 de marzo tuvieron Cecilia y Julio la primera entrevista por Zoom. "Te preguntan de todo, desde por qué tomamos la decisión, por qué queríamos adoptar. Nosotros no nos habíamos puesto de acuerdo en nada, queríamos que fuera totalmente natural" dice Cecilia.  "Yo soy el que menos habla, ella es la que más habla. Yo soy el que menos cocina, ella es la que más cocina, más rico" revela Julio.

El segundo contacto fue 15 días después, y dos días después los citan para viajar al Juzgado (a casi 300 km.) el 25 de marzo. Allí se encontraron físicamente con el equipo técnico, con quienes hablaron de todos los detalles, desde lo monetario hasta los espacios con que contaban. 

Aquí hay un detalle importante. Julio y Cecilia habían previsto una ampliación en su casa, pero restaban terminar detalles importantes como los pisos, los revoques, y demás. 

En el lapso que les contaron que se acercaba la posibilidad de adoptar, se pusieron a trabajar para terminar la obra, con la ayuda de familiares y amigos.

En ese encuentro, donde los entrevistaron por separado, recibieron los primeros datos sobre los chicos. Aunque aún no tenían los nombres.

"Me dijeron que el Hogar estaba cerca. Entonces, cuando llegué acá, empecé a googlear y busqué los hogares en la zona. Cuando nos enteramos, ese era el único Hogar que no figuraba en ningún lado, así que era una intriga" confiesa Cecilia.

Porque tienen que ser mis niños. Fuerte y claro

A la semana, reciben una nueva llamada. Esta vez era la Secretaria del Juzgado para avisar que tenían una cita directamente la Jueza para el 14 de abril, pocos días antes del cumpleaños de Julio. Cecilia recuerda "Nos hizo pasar a la jueza, separados también, después nos dejó juntos. Y cuando nos dejó juntos, preguntó "Chicos, ¿ustedes están seguros de lo que van a hacer? Yo no quiero que estos chicos sufran más. ¿Por qué quieren adoptar a estos chicos?". La respuesta de Julio fue contundente "Porque tienen que ser mis niños". Fuerte y claro."

Cecilia y Julio conocían casos de adopciones en sus familias, pero no con trámites legales, y en todos los casos intrafamiliares. Lo que antiguamente se llamaban "criados".

Y en ese encuentro con la Jueza de Familia, vivieron una situación que los soprendió "Después pasó algo divino, porque también ella lagrimeó también. Porque dijo, "Acá están los elegidos" rememora Cecilia.

Y Julio agrega "Y en ese momento, bueno, es como que se derrumbó un poquito Ceci también. Es como que vos pasás por una presión. Te están evaluando. Además lo asombroso es todo lo rápido que fue".

Hasta allí, el encuentro entre Cecilia, Julio, y los tres niños no se había dado. Ellos seguían en el Hogar.

"Papá, pelo duro"

La Jueza preguntó por el apoyo familiar que tenían, hablaron de la situación económica, del trabajo, de la escuela. "Nos hicieron salir, y a los 10 minutos, nos hicieron entrar y nos dijo que habíamos sido elegidos para la vinculación. Recién ahí nos dieron los nombres, el dato del hogar, las edades.Tenían en ese momento 9 años, 5 años y 4 años. Eso fue en mayo. Nosotros somos cristianos y da la casualidad que el Hogar es un hogar cristiano, con una escuela cristiana".

Cecilia y Julio se apoyaron mucho en la fé y, de hecho, fue su pastor Nazareno Landa quien los acompañó en los primeros viajes a Buenos Aires.

Y el 15 de abril, tuvieron la oportunidad de ir a conocerlos. "Eso era algo que sí teníamos muy planeado. Lo había hablado mucho con mi amiga, de cómo íbamos a ir vestidos cuando los conociéramos, que les íbamos a llevar algo. Ese día como íbamos a encontrarnos con la jueza estábamos de forma formal, medio arregladitos. Cuando llegamos a la puerta del Hogar, me manda Lourdes, la asistente social, "Los preparo a los chicos y los hago bajar.". Entonces le pongo, "¿Los vamos a conocer?" "Sí, sí, ya los van a conocer" dice. En frente había una panadería, entonces le digo a Julio que compre unas facturas porque pensamos que íbamos a estar en grupo" recuerda Cecilia.

"Nos hicieron entrar a la parte del jardín. Nos dejó sentar en la sillita chiquitita. Hablamos un ratito con Lourdes de la situación. Estábamos ahí sentados, y entró la más chiquita. Entró como es, corriendo, y enseguida se me subió a Upa. Y me dijo "Papá, pelo duro" porque yo me había peinado con gel. Después vino la otra, y se sentó a Upa de Cecilia, y después entró el más grande, y se paró al lado, mucho más serio. Le dio la mano a Cecilia y se apoyó en mi hombro" cuenta Julio, emocionado.

La Asistente Social había preparado a los chicos y les había advertido que existía la posibilidad de una vinculación. Hay que destacar que, en ese Hogar, podían estar niños de hasta 10 años de edad, y eso significaba que existían posibilidades de que el más grande tuviera que separarse de sus hermanas, con las que se muestra muy unido.

Después compartieon algunos juegos y hablaron de las cosas que les gustaban durante tres horas. La familia se había encontrado. 

Ser concientes de su identidad y su historia

Un aspecto que llama la atención de este cronista es que tanto Cecilia como Julio están convencidos de que los chicos deben seguir vinculándose con el Hogar. De hecho, planean viajar cada tanto a visitarlo.

En sus conversaciones con los chicos, hablan de costumbres que allí tenían, de experiencias.

"Estaban preocupados por sus amigos. Queremos que vean que también son adoptados, que están bien" afirma Cecilia.

La visita terminó, pero al regreso a Rauch continuaron haciendo videollamadas con los niños todos los días. Mientras tanto, el resto de la familia se enteró de la posibilidad concreta. "No habíamos dicho mucho. Es como que lo teníamos reservado. Una vez que nos llamaron, recién ahí, contamos".

Después, fueron citados para ir por una semana a Buenos Aires -lo que requirió un sacrificio económico importante- donde pudieron alquilar un departamento a 20 mts. del Hogar y les permitían retirar a los chicos temprano, y quedarse con ellos hasta las 20 hs. cuando tenían que retornar al Hogar. "El salir y después dejarlos era un tema, porque no se querían quedar, pero a la vez es como que también querían estar ahí. El miedo que cualquiera puede sentir de perder una cosa ganada." afirma Cecilia.

La familia se iba acomodando, haciendo los cálculos, ajustando detalles para financiar la nueva vida en la casa. "A la semana, nos dijeron el ok para traerlos y hacer lo que se llama "Vinculación con pernocte". Tenían que estar 10 días, pero no se fueron más. Planteamos que los gastos de viajes son muy grandes. Se vinieron temporariamente y se quedaron. Hasta que fuimos a visitar a la Jueza que tuvo una entrevista con ellos".

Rauch, un mundo nuevo

Los tres chicos (ni sus nombres ni sus imágenes se pueden dar a conocer por disposición judicial) salieron de una gran urbe, en el Gran Buenos Aires, para llegar a Rauch, un pueblo en el centro de la Provincia.

Ese cambio también fue grande. Recién después de casi un mes de vinculación en el Hogar, el Juzgado les permitió anotarlos en una escuela. "Estar con muchos chicos. Encontrarse en esta casa que tiene espacio, los lugares al aire libre, la tranquilidad, que puede jugar en la calle, andar en bicicleta, todo es nuevo. Después de casi un mes me llaman para informar que nos daban la Guarda. Pudieron empezar la escuela"

Cecilia y Julio ya no tienen el silencio que tenían antes, ni disfrutan de salir de viaje o quedarse a dormir hasta tarde. Pero se los ve felices, disfrutando de esta nueva realidad.

El vínculo se construye en esta vida que ha cambiado para tres chicos que vivieron momentos muy difíciles, pero que encontraron en nuestra ciudad a una familia. La familia que permitirá cerrar sus heridas y construir un futuro.