Hergo El mayorista de Mar del Plata
Miércoles
26 de agosto de 2026
Hora : 03:05
Seguinos en:
Le.MaArq CONSTRUCTORA

100 primaveras


El tiempo en el pago chico suele medirse en silencios o en las hojas que caen sobre la Avenida Santamarina. Pero a veces, el calendario se planta y exige respe llegar al siglo de vida es un hermoso milagro, como el nacimiento de cualquier flor rustica del campo; llegar siendo el cimiento de la memoria colectiva es una revolución. Rosa Forgue, la querida Sra. Chicha, sopló cien velitas. Cien primaveras para una mujer que, cuando el mundo mandaba callar y repetir, eligió enseñar a pensar.

Por Alejandro Latorre

Dicen los filósofos que el tiempo es una espiral infinita, pero la pedagogía de Chicha se pareció más a los puentes socráticos: preguntas abiertas en aulas cerradas. Corría el año 1963 —el mismo invierno en que un grupo de vecinos fundaba el Museo del Fuerte para salvar la memoria local— La educación de la época todavía arrastraba ese latiguillo oscuro y rígido de "lo que natura no da, Salamanca no presta". El sistema sentenciaba las mentes antes de tiempo. Pero Chicha, de avanzada absoluta, plantó su trinchera en la Escuela Normal—aquella que era Nacional, con mayúsculas y orgullo, mucho antes de que el hachazo de los noventa descentralizara la mística de los guardapolvos blancos—.

"Fue un privilegio ser su alumna", escribe hoy Ana María Díaz, vocera de la promoción del 63, con la voz templada por sesenta y tres años de distancia que se borran de un plumazo. Chicha no depositaba datos en las cabezas; sembraba, como quería Paulo Freire, una profunda nostalgia de futuro. En la sala de música o frente al pizarrón, sus alumnos no copiaban por el simple deber de la caligrafía: investigaban animales prehistóricos, hacían viajes imaginarios y despertaban una curiosidad científica que el manual de la época no alcanzaba a contener.

Hacer comentarios, resumir para reflexionar, comprender el texto y defender la lección. Aprender a aprender. Chicha inventó la igualdad de oportunidades antes de que fuera un eslogan de folleto estatal. El edificio de la Escuela Normal de Tandil tiene paredes de piedra, pero su verdadero armazón es de tiza, pulso y el recuerdo vivo de maestras como ella.

Aquellos niños que en 1963 temblaban ante el examen de ingreso para el secundario, hoy miran hacia atrás y ven el puente que Rosa les tendió hacia el porvenir. Cien años no son nada cuando la huella es tan honda. ¡Feliz cumpleaños, Sra. Chicha! Tandil se saca el sombrero ante sus cien primaveras de tiza, rebeldía y libertad.

Guardianas de la tiza libre

La rebeldía pedagógica de Rosa "Chicha" Forgue en el Tandil de los sesenta no fue un hecho aislado; sintonizaba en la misma frecuencia que las hermanas Olga y Leticia Cossettini en Santa Fe. Aquella estirpe de docentes transformó las aulas rígidas en espacios de caminatas por la naturaleza, arte y curiosidad científica.

Quienes egresaban de la Escuela Normal lo hacían con el prestigioso título de Maestro Normal Nacional, un pasaporte directo a un trabajo formal, estable y respetado en cualquier rincón del país. Mujeres de avanzada que, además de garantizar el futuro laboral de sus pibes, les regalaron la herramienta más peligrosa para el orden establecido: el pensamiento crítico.

Bajo esa misma influencia de la Normal se formaron plumas doradas de nuestro periodismo local, como el inolvidable Carlos Octavio Alfaro, "Alfarito", maestro de cronistas y autor de "Del potrero al pizarrón, cien años de futbol en Tandil". Una herencia de tiza y linotipo que todavía late en las viejas redacciones de Nueva Era y en el corazón de este apuntador, eterno aprendiz de la bohemia local y universal.


Siempre Farmacias.