Martes
15 de septiembre de 2026
Hora : 16:40
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Donostia, donde el cine pavimenta un camino en el Atlántico


Del 18 al 26 de septiembre, San Sebastián (Donostia), la hermosa ciudad situada a orillas del mar Cantábrico, volverá a convertirse en una ciudad tomada por el cine con la realización del 74° Festival Internacional de Cine. Allí están los enviados especiales de ABCHOY Marcela Monzón y Luis Zas, quienes adelantan las más importantes películas que estarán presentes y la importante participación argentina.

Del 18 al 26 de septiembre, San Sebastián volverá a convertirse en una ciudad tomada por el cine. No solamente por sus películas, sus estrellas o la inevitable alfombra roja, sino por algo menos visible y bastante más importante: la posibilidad de que cinematografías, lenguas y miradas diferentes se encuentren en un mismo territorio.

La 74ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, nacido en 1953, confirma una identidad construida durante más de siete décadas. En una Europa donde Cannes consagra, Venecia contempla y Berlín suele llevar el cine hacia la discusión política, Donostia encontró otra función: ser puente. Entre Europa y América Latina, entre el cine de autor y la industria, entre los nombres consagrados y aquellos que todavía buscan un lugar.

Esa vocación tiene para el cine latinoamericano una importancia particular. Desde la creación de Horizontes Latinos en 1991, la región dejó de ser allí una presencia ocasional para convertirse en parte de la estructura del festival. San Sebastián no solamente exhibe películas latinoamericanas: las incorpora a una conversación cinematográfica internacional.


Para Argentina, esa relación ha sido especialmente intensa. Lucrecia Martel, Pablo Trapero, Lisandro Alonso, Santiago Mitre y tantos otros encontraron en Donostia una de las puertas de entrada al circuito europeo. Pero la relación también funciona en sentido inverso: el cine argentino contribuyó a construir una determinada sensibilidad hacia América Latina, capaz de abordar la memoria, la violencia política, los vínculos familiares y la intimidad sin convertirlos en mercancía exótica. Un ejemplo de ese amor mutuo es que el poster oficial de este año rinde homenaje a nuestro actor franquicia: Ricardo Darin.

La edición 2026 vuelve a ponerlo en evidencia. Benjamín Naishtat competirá en la Sección Oficial con Glaxo, mientras que La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti, y El tren fluvial, de Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale, integran Horizontes Latinos. Argentina vuelve a estar presente también en Zabaltegi-Tabakalera, uno de los espacios más libres y experimentales del festival, con obras de María Alché y el nombrado Naishtat, María Aparicio, David Lamelas e Ignacio Masllorens, Federico Luis y Albertina Carri.

No por ponderar la presencia argentina y Latinoamericana dejaremos de valorar grandes películas cuyo visionado se produjo en anteriores festivales, La sección Perlak presentará largometrajes ya consagrados en este 2026 como Minotauro de Andrey Zvyagintse, La bola negra de Javier Calvo y Javier Ambrossi, Fatherland de Pawel Pawlikowski, Coward de Lukas Dhont, Wild Horse Nine de Martin McDonagh, Club Kid de Jordan Firstman y por último Naza de Yuval Abraham y Rachel Szor reciente ganadora del Premio Especial del Jurado en el Festival Internacional de Cine de Venecia, que documenta el uso combinado de mecanismos militares e inteligencia artificial por parte de Israel para seleccionar objetivos y estimar bajas civiles en el genocidio de la Franja de Gaza.

Mientras las plataformas convierten el mundo en un catálogo y los algoritmos creen saber qué queremos ver, un festival conserva un gesto casi artesanal: enfrentar películas con películas, autores con públicos, verdades con mentiras, fantasías con relatos de vida, territorios con territorios. Hacer sitio a lo inesperado.

Tal vez el verdadero lujo de un festival sea ese: que durante unos días una ciudad entera recuerde que todavía hay películas capaces de mirar y escrutar el mundo, que nos otorguen experiencias de vidas y momentos que quizás nunca vivamos, que podamos al azar conversar con cualquier desconocido nuestros pareceres cinematográficos, seguramente será una mejor opción a la mayoría de los catálogos basura de las plataformas algorítmicas que nos dejan vacíos, solos y mudos.