Si se va el tipo de la radio, el silencio no es el de la siesta macanuda y proletaria. Es ensordecedor, como una tiza que raya el pizarrón.
Cuando estos locos de la azotea —porque convengamos que hay que estar hermosamente piruchos para bancar el puchero diario narrando un fulbo como el nuestro, tan humilde y pequeñito como un primer salario— se las toman así, sin prepararnos, el aire es denso, las redes nos miran tristes y se escucha el eco de la nada desde cualquier estadio.
Cuando uno se entera de una de estas partidas, mira la Noblex Carina como pidiendo más explicación y un abrazo.
Pero a veces ni siquiera esa mágica caja puede ayudarnos. Es que mírenla, también ella parece estar hecha pedazos.
Con respeto y cariño para todos los futboleros que extrañan a Juan Ignacio Casero y a Sergio y Fernando Pinchetti, dibujantes del gol ajeno.
Alejandro Latorre.

