Mónica Astorga Cremona alcanzó celebridad a principios de este siglo cuando trascendió su trabajo con las mujeres trans de Neuquén, donde ella estaba cumpliendo con su apostolado como Madre Superiora del Monasterio de Santa Cruz y San José de esa provincia, para la Orden de las Camelitas Descalzas. Allí, tras cruzarse con una chica trans, comenzó a interesarse sobre sus vidas. Poco a poco, se organizó para recibir la visita de las chicas que le contaban su forma de vida, sus angustias y miedos.
Comenzó a trabajar con ellas, a buscar capacitaciones para lograr que eviten la prostitución, a trabajar para que dejen las drogas, y en 2020 todos se asombraron cuando logró que el Estado construya el Complejo Sostenible para Mujeres Transgénero Costa Limay, de 12 viviendas que sería destinado únicamente a chicas trans.
La labor de Mónica a esa altura, había logrado un reconocimiento importante. Recibió el apoyo directo del Papa Francisco I quien, enterado de su labor, la invitó al Vaticano. Con él entabló una amistad férrea cuando aún era Arzobispo de Buenos Aires "Yo le escribía todas las semanas, y a las pocas horas me contestaba. Incluso, cuando ya estaba enfermo, consulte si podría seguir escribiéndole y me dijeron "Seguí escribiendo, Francisco lee todas las cartas".
Mónica había aprendido a ser solidaria junto a su madre. Había nacido un 3 de diciembre de 1964 en el Hospital Piñeiro de Buenos Aires pero, cuando tenía 3 años, sus padres se separaron y vino con su madre a vivir a Rauch, de donde María Vilma era originaria. Aquí encontró una familia que la contuvo, pero tuvieron que pasar momentos difíciles. Su madre trabajaba en un restaurant, cocinando, y Mónica le ayudaba a pelar papas y otras tareas. A pesar de tener una vida humilde, María Vilma le inculcaba "Si alguien viene a pedir algo a esta casa no se puede ir con las manos vacías". En Rauch, por su cercanía con la fé católica, su madre le recomendó que se acerque a las monjas del Hospital.
Mónica en Rauch, con su madre y su hermana
Aún era una niña cuando unos tíos le ofrecieron volver a vivir a Buenos Aires. Pero allí la vida tampoco fue fácil y pronto tuvo que trabajar. Cuando una amiga la invitó a volver a la Iglesia, terminó de decidir su vocación. Antes de cumplir 20 años estaba en Neuquén, viviendo en el Monasterio de Monjas de Clausura. Cuando su madre enfermó, pocos meses antes de fallecer, pudo volver a Rauch a despedirla y ella le dijo "Te veo feliz. Estás en el lugar donde siempre quisiste estar"
Su trabajo no pasaba desapercibido. El facebook de Mónica se hizo conocido para los activismos LGBTIQ+ y el periodismo que cubre temas de género. Además de ponerse en contacto con las mujeres trans que acudían a ella, llevaba un conteo de los transfemicidios, travesticidios y transhomicidios que ocurrían en el país. La resistencia de algunas hermanas de la Orden, y del propio Obispo de Neuquén Fernando Croxatto se hizo evidente. El 15 de enero de 2021, el obispo la visitó en el Monasterio y le dijo que un acompañamiento pastoral "no entraba dentro del carisma teresiano". Es decir, que el acompañamiento que Mónica hacía con las trans no era propio de una vida contemplativa.
La continuidad de esto fue un traslado a Córdoba donde, sin embargo, no tuvo la mejor acogida y su trabajo con las chicas trans continuó generando resistencia. Finalmente, en enero de 2023, decidió abandonar la vida pastoral, en medio de un gran dolor "Fue fuerte, no era lo que estaba en mis planes" dice Mónica en una conversación que mantiene con ABCHOY Rauch.
"Por mi trabajo con las chicas trans, tres hermanas que vivían conmigo y el obispo, pedían que me fuera de la comunidad. O se quedaban ellas, o me quedaba yo" cuenta aún con dolor en su alma.
Mónica es muy expresiva en sus palabras y la pena también se le nota "Eran dos hermanas, una que había estado 30 años conmigo, y otra 20. Y la que empujó todo fue una novicia que tenía sólo 4 años en la Orden, y el Obispo aprovechó esto porque me quería sacar, le vino bárbaro crear esa division interna. Fue algo que hicieron por la espalda.El convento de Neuquén se terminó cerrando y las que me hicieron la guerra se fueron. En Córdoba no atendía a trans ni nada, sólo a algunas que me venían a visitar. Pero me hicieron ver que eso lo tenía que dejar. Y recuerda la dura frase del Obispo Croxetto "Me dijeron frases duras, que reduje el carisma teresiano a una pastoral tan pobre como esto de las trans. "Viste Juan Bautista, señaló a Jesús y dijo "Es el maestro", y se le cortó la cabeza. A vos también se te cortó" me dijo".
Aún en Córdoba, Mónica intentó cumplir los preceptos de la Orden "Cambié el número de teléfono, se lo informé a la Madre Superiora, y ella le informó a la comunidad y les dijo que no le dieran mi número a nadie. Esto fue el 22 de diciembre de 2022"
Pero era difícil que la relación se mantuviera en esos términos "El 27 de enero de 2023, después de navidad, estábamos cenando en el parque del Monasterio, y hablaban de la posibilidad de pedir al Papa Francisco que les regale un viaje porque el convento de Córdoba cumplía entonces 400 años. Una hermana dijo "Eso lo tiene que tramitar Mónica que es su amiga. Y le contestaron "Esto no es una casita trans". Hasta ahí llegué. Estuve 20 años acompañando a las trans, y nadie se quejó. Decidí que me tenía que ir".
Mónica tiene aún un buen concepto de la Iglesia y, en especial, del pontificado de Francisco "El Papa, hasta que se murió, me dió su apoyo. El General de la Orden sigue acompañándome. El año pasado vino a Argentina y fue a la primera que visitó. El Papa no dejó de responder una sola de mis cartas hasta último momento. Me siento huérfana desde que se murió. Le escribía y en pocas horas tenía su respuesta".
Cuando se retiró de la Orden, tuvo que enfrentar una dura situación "Salí sin nada. Estaba muy mal, con una depresión muy grande, estaba medicada, no dormía. Me ayudaron con el alquiler de un departamento en Caballito y me pasaban $ 15.000 para vivir. Me ayudó mucha gente que sabía de mi acompañamiento de las trans, y las que están incondicionalmente, que son las trans. Me ayudaron con todo. No tenía ni un aporte jubilatorio más que los que tenía antes de entrar al monasterio". 
En su nueva vida, fuera de la Orden religiosa, Mónica mantiene su vocación solidaria "Primero, por ayudar, hice un curso de peluquería masculina para ayudar a la gente en situación de calle. Un día iba caminando por la calle hacia el curso, y veo a una señora en la vereda con los pies a la miseria. Pensé "¿Quién toca los pies de los pobres?". Hice un curso y ahora me dedico a patología de los pies. Hice una licenciatura y me sigo capacitando. Y estoy haciendo pie diabético. Ayudo y, a la vez, vivo de eso. En uno de los lugares donde hice el primer curso, me llamaron en marzo del año pasado para ver si podía atender ahí. Me queda a tres cuadras de mi casa. Empecé dos días, y ahora agregue un tercero. Y también me llamaron de una peluquería. Y tengo un consultorio en mi departamento, de tres ambientes. Y todo me lo dieron las trans. Voy a estos lugares. Empiezo a las 9 y termino a las 7 de la tarde".
También atiende Mónica a internos del Borda, y utiliza la repercusión que tiene en redes sociales para visibilizar a personas que la sociedad trata de ocultar "Si no siguiera haciendo una tarea solidaria, estaría en un pozo depresivo. El primer tiempo tomaba el subte y estaba tan mal y decía "¿Qué hago?, ¿Para qué vivo?. Miraba el hueco entre vagón y vagón y decía "Me puedo tirar y desaparezco". Me ayuda a salir el dolor del otro, ver la necesidad de las personas".
"Tengo la Iglesia de Lourdes a la vuelta. En la vereda de la Iglesia, un muchacho que duerme por acá, tapadito, pasa un frio bárbaro, esas cosas voy observando. Me duelen, no puedo hacer mucho pero puedo dejar algo para que se despierte y tenga algo al lado. El otro día vi a una chica metida en un contenedor buscando basura, y sus dos hijistas con miedo de que venga el camión y la aplaste. Les dije que no se angustien, que la mamá estaba trabajando, que el camión se iba a fijar antes de tirar algo. Es necesario hablarles porque son seres humanos. Si vez a una trans, decile "Buen Día", "Buenas Tardes". Lo mismo gente en situación de calle. Nadie les habla, les tienen miedo. El domingo me encontré con un muchacho al que no le dejaron tocar un perrito. El se puso a charlar conmigo y me contó su historia. Hay que hacerlos sentir personas. Eso es lo que me ayuda a salir. Tengo lugar donde vivir, tengo trabajo, tengo para comer. Guardo pago departamento, expensas, y el resto me vasta" cuenta Mónica.
Su vida también se ver reflejada en la ficción. Se está por estrenar la serie "Cautiva", que cuenta la historia de Silvia Albarenque, otra religiosa que sufrió fuertes presiones que la hicieron renunciar a sus hábitos "Lo que vivió Silvia que cuenta esa historia no viví yo, viví otro tipo de violencia. Ella vivió abuso de poder, una persona enferma que las encerraba".
También se anuncia el pronto estreno de "Las Malas", dirigida por Armando Bo, que cuenta la historia de un grupo de trabajadoras sexuales trans en Córdoba lideradas por la Tía Encarna, cuyo refugio cambia al recibir a un bebé abandonado.
Mónica reconoce que le han consultado por la posibilidad de llevar su vida a la pantalla. "Lo están pensando, cuando me han hecho reportaje, lo miran como algo que puede ser ficción" y dice con humor "Una serie mia tiene que tener como 500 temporadas".
Sí está comenzando a escribir un libro, donde cuenta su vida en la infancia -que inevitablemente pasará por Rauch-, "y muchas de estas cosas van a salir".
Mónica sigue volviendo a Rauch. Tiene gente que la quiere y le hace sentir bien, como sus tíos Osvaldo y Malena, sus primos "Rana" y David, amigas y gente con quienes pasa buenos momentos, mientras mira a una sociedad que cada vez necesita más un trato humano.

