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10 de agosto de 2026
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Osvaldo el memorioso


Por Alejandro Latorre

El tiempo en las sierras suele tener el paso lento de la piedra, pero los hombres nos encargamos de dinamitarlo con el olvido. En Tandil, sin embargo, hay un rincón donde las horas no mueren: se acunan. Es el Quincho Don Aníbal (12 de octubre 1307), un templo de la memoria popular custodiado por Osvaldo Victorero.

Este laburante, curtido en los hornos de la vieja Metalúrgica, pasa sus días jubilados rescatando efemérides locales que el bronce de los funcionarios ya olvidó. Un cuervo de ley que, como el mito futbolero que perseguía a Borges, sabe habitar la resistencia. Al asociarlo con Funes el memorioso, el juego filosófico se vuelve inevitable. Pero a diferencia del personaje borgeano, agobiado por el peso de recordarlo todo, la bitácora diaria de Osvaldo es un acto de amor comunitario. Él no padece el tiempo; lo salva.

El otro día, mi hija de trece años me regaló una intuición que me dejó temblando el pulso: “Qué lindo sería irnos de viaje y olvidar en qué día, mes y año vivimos”. Una punzada salvaje. El viejo Friedrich Nietzsche habría abrazado su ocurrencia: el alemán explicaba que para que la vida sea sana y creadora, necesitamos la capacidad de olvidar, de romper el almanaque para habitar la pureza del instante. Es el mismo pulso vital que llevó al yanqui Henry David Thoreau a internarse en los bosques de Walden, fabricándose una cabaña para escapar del tic-tac de la sociedad.

Ahí estalla la hermosa paradoja de nuestra esquina. Thoreau huyó al bosque para olvidar el tiempo del reloj social; Osvaldo se encierra en su quincho para rescatar el tiempo del olvido municipal. Uno busca la libertad desnudando los días; el otro, abrigando la historia de su pueblo. En esa tensión, entre la mística del refugio y el calor del metal, la poesía de la vereda nos demuestra que la eternidad se construye con paciencia, pasión de tablón y un infinito respeto por la baldosa que pisamos.


Historias de barro y empedrado

Esas mismas identidades que Osvaldo rescata del olvido en su quincho saltarán a las tablas el próximo sábado 29 de agosto en el Teatro La Fábrica (Pinto 359). La velada —que tal vez cuente con una exposición del propio museo de Victorero— cruzará la música de Adrián Ventos, la narración de Victoria Rodríguez Lodi y las crónicas del periodista Alejandro Latorre, autor de esta contratapa, en una propuesta artesanal hecha por y para los cronopios de nuestra ciudad.

Siempre Farmacias.