Por Alejandro Latorre
La crónica simplemente procura mostrar a una Sísifa contemporánea, una desafiante del absurdo existencial actual, una María Remedios del Valle con escoba, pala y manos hábiles. Una mujer que agradece cada alba, monta su corcel de pedales y, heroica y anónimamente, hace lo que nadie prefiere.
Pero lo hace con la gracia de una shokunin japonesa: no limpia solo por el sueldo; barre, lava y repasa muebles en una coreografía de movimientos perfectos que visten de fiesta la vida cotidiana.
En 2012 ingresó a la Universidad Nacional del Centro, la casa de estudios de la que egresan las chicas y los chicos que mañana curarán, crearán y actuarán en todos los escenarios. Una institución que además honra a formadores como Simón Rodríguez, el gran pionero de la Educación Popular en nuestro continente, quien ya en el siglo XIX pateaba el tablero exigiendo una educación que uniera los libros con los oficios de la tierra para fundar una verdadera soberanía.
Virginia tiene apellido, pasatiempos y muchas virtudes que podrían llenar un libro; pero el encuentro con ella fue fugaz como una estrella. Esas divas que, humildes, se esconden ante nuestra admiración, como quien se ríe de todo sabiendo que lo verdaderamente importante no se ve en la tele ni se escucha en la radio. Uno la ve pasar pisando fuerte, espontánea, con un genio dulce y salvaje, y comprueba que los tesoros de la vida están hechos de pepitas poéticas y andariegas así, disfrazadas con trajes de modestia para escabullirse entre los pliegues de lo diario.

Epígrafe
Virginia y su corcel de pedales en la Plaza Uriburu. Una capitana anónima contra el letargo de la rutina.
Atención complices
Historia así, el sábado 29 de agosto en el Teatro La Fábrica con la obra Bajo el cielo de Tandil y unos latidos más allá, del periodista Alejandro Latorre, el músico Adrián Ventos y la narradora Victoria Rodríguez Lodi, quienes también servirán un aristocrático banquete proletario con homenaje a Baco.

