¿Qué te metes?

La actitud  es cosa de cada uno, pero la felicidad es contagiosa.

“Mi actitud es mía, nadie me va a decir como afrontar mi vida”, podrías decirme con razón. La actitud de cada uno depende de cada uno de nosotros, esto no es una novedad. Me gustaría que después de leer este artículo puedas analizar de forma consciente tu actitud, para que vivas de forma más plena tu día a día.

Desde que nos levantamos en la mañana, nuestras acciones van dibujando una imagen que nos permite conocer la actitud que tenemos para enfrentar la vida. Mientras empezamos nuestro día, a veces con caras de dormidos, vamos entreviendo como afrontar lo que sigue. Algunos días más cargados, otros más livianos, pero todos los afrontamos con nuestra actitud. Mejor dicho, a cada día lo afrontas con tu actitud. En los gestos sencillos, en las palabras y en las miradas, vamos viendo en el otro como va su día, ¿Alguna vez te paso que con mirar a otro ya te dabas cuenta cómo llevaba su día? A veces con  miradas agotadas, otras con gestos de euforia y también con palabras lapidarias, he podido presenciar la actitud de algunas personas.

Si has podido ver en otros como llevaban su día, ya habrás llegado a la otra conclusión obvia… a vos también se te nota cuando un día no va bien. Podemos tener la mejor intención, poner nuestras buenas energías y pedir todas las bendiciones, pero eso no alcanza cuando mi ánimo se derrumba frente a la primera dificultad, a ese error de cálculo o inconveniente involuntario. No digo que las intenciones, energías o bendiciones no sirvan, pero no son suficientes. La actitud es una decisión, “elijo ser feliz a pesar de...” y luego de esos tres puntos pone cualquiera de las complicaciones que surgen a diario. ¿Cuándo fue la última vez que empezaste un día que parecía que no era tu día? Te pregunto por esos días en los que ocurren varios hechos desafortunados de forma seguida, esos en los que decimos “Hoy no me tendría que haber levantado”, ¿Qué hiciste después de tener esa sensación?

Elegir tener un buen día es una decisión. Las decisiones se las acompaña con acciones concretas. La próxima pregunta podría ser, ¿Qué motiva tus acciones? ¿Cuáles son las cosas que le ponen combustible a tu vida? Digo cosas pero pienso en personas y momentos. Cuando tenemos claro cuál es nuestro objetivo, el combate se hace más sencillo. Cuando sabemos hacia dónde vamos el camino se hace más corto.

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