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“Encontramos en el arte y en el psicoanálisis un modo de hacer”

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La Lic. Florencia Belgrano integra el equipo de La Lumbrera, un espacio donde participan profesionales que ponen su experiencia clínica, formación académica y perfil humano al servicio de ese proyecto colectivo. En esta entrevista, se refirió a la experiencia compartida durante la Jornada “Reanudando la presencialidad”, organizada por el Colegio de Psicólogos y Psicólogas Distrito VIII, que se realizó a principios de octubre en Azul.

¿Cuál es tu balance, luego de esa participación en la Jornada?

El balance es muy positivo: muchos colegas de todo el Distrito convocados en el hermoso marco de Casa Ronco (declarada Patrimonio Cultural) una casona de corte antiguo, impregnada de historia. Allí charlamos entre amigos, intercambiamos y nos dimos los abrazos que, en su momento, estuvieron vedados. Destaco de ese encuentro el ambiente cálido y distendido, las elaboraciones presentadas por los disertantes quienes, desde las distintas localidades, hospitales, instituciones y consultorios, pudieron dar cuenta de su trabajo en el contexto de pandemia, focalizados en atender la salud mental de la población bajo exigencias muchas veces extremas, en contextos nuevos, tras pantallas, disfrazados de “astronautas”, atendiendo a las necesidades emergentes: no quedó otro camino que innovar.

 


¿Cuál fue el trabajo que presentó La Lumbrera?

Justamente, La Lumbrera surgió en el contexto de pandemia, por lo que hubo mucho por inventar. Mi participación en la Jornada vino motivada por el hecho de poder compartir un poco de lo que venimos haciendo y cómo fue tomando forma en estos dos años de trabajo. Comenzamos con Natalia Cuesta, colega (y amiga) que conocí hace 11 años en el Centro de Día de Salud Mental Tita Brivio (Tandil); desde entonces, siempre trabajamos juntas. Hemos contado con 2 pilares fundamentales: Rodrigo del Campo, psiquiatra infanto juvenil con quien compartimos espacios laborales en el Sistema Integrado de Salud Pública de Tandil, y mi familia, quienes apostaron al proyecto de La Lumbrera en el momento en el que el mundo colapsaba. Hoy somos un equipo interdisciplinario de 16 personas.

En el consultorio, como analista me dispongo a ofrecer (me) vacante para que el paciente despliegue “su fantasma”. Llamada a ocupar ese lugar que me es dado, con una escucha abierta y atenta, me orientan los modos de gozar y los deseos inconscientes de los pacientes.

Recuerdo que en plena pandemia atendí a una niña que no podía conciliar el sueño; refería terrores nocturnos con un “monstruo” que amenaza con contagiarnos a todos. Inhibido, apareció como punta del ovillo, su deseo de actuar cuando fuera grande. Acompañada por una profe de arte digital de La Lumbrera, la pulsión comenzó a hacer otros rodeos. Apareció el lado lúdico que representó sus temores, ella le puso voz y cuerpo, surgió la ironía y la risa. La pesadilla comenzó a transformarse en una comedia dramática y compuso los personajes de su vida cotidiana. Narró y actuó su historia que compartió con su familia en un video que ella creó y compaginó. El fantasma ya no viene a buscarla de noche y el monstruo se desvaneció. Recuerdo otro paciente adolescente que decidió cortar los canales de comunicación con sus pares y no quería levantarse de la cama. Comentó que desde pequeño tocaba un instrumento pero insistía que en ese padecimiento con el que “no puede hacer nada”. Intervine: sabía tocar un instrumento, bailaba, con eso se podía hacer algo.

Junto con un profesor de música comenzó un proceso creativo de composición y escritura que se tradujo en su cuerpo. Danzó para nosotros, pero como si no estuviéramos: movimiento gozoso, pura expresión, liberación que fluyó al ritmo de las palabras, palabras de su creación que él repitió como un mantra mientras danzaba. Compuso una canción que luego compartió con sus pares en un videoclip.

Otro caso: una nena impulsiva, con dificultad en los vínculos con sus pares, que con las manos llenas de pintura me dijo que ahí era feliz porque era “la artista de las manos”; así fue como se dio un lugar, desde sus manos coloridas.

Éste es un breve recorte para dar cuenta de cómo en La Lumbrera, a partir de la clínica con niños y adolescentes, encontramos en el arte y el psicoanálisis un modo de hacer. Nos vamos encontrando con sujetos danzantes que se extasían en el goce del cuerpo, poetas que se pierden para encontrarse y volverse a perder en la metonimia de las palabras, en la retórica de las metáforas, pintores que garabateaban sus emociones más ocultas, que se regocijan -y horrorizan- de sus producciones, tan propias y ajenas a la vez.

 

Entre las grandes preguntas que nos hicimos durante la jornada fue ¿continua la pandemia? ¿Terminaron sus efectos? ¿Cómo es el trabajo con adolescentes?

Creemos que a partir de la vuelta a la presencialidad comenzamos a generar dispositivos dinámicos y flexibles en función de la demanda y necesidades. El equipo interdisciplinario de La Lumbrera comenzó a ir a la comunidad (jardines, institutos, colegios, hogares) y en una oportunidad nos convocó una docente de un colegio secundario, preocupada por sus estudiantes. Intervenimos en el ámbito áulico con una psicoanalista, el profe de teatro y la psicopedagoga que trabaja en orientación vocacional ya que los estudiantes referían preocupación por su futuro: contexto post pandémico, guerra de Ucrania/Rusia, inflación), etc..

De ese encuentro surgió una corporalidad afectada por la angustia, la dimensión real del cuerpo que se expresó entre los estudiantes con frases como “me acompleja mi cuerpo, mi pelo, mi sonrisa”, “tengo miedo al rechazo, soy feo”, “no puedo dejar de subir de peso, soy pesada”, “nunca conseguí alguien que me quiera”, “odio la forma de mi cuerpo”, entre otras. A partir de este encuentro surgió Imagos, un dispositivo para abordar ese lugar sensible para los/las adolescentes llamado cuerpo, con orientación psicoanalítica en interdisciplina, que aborda las problemáticas del cuerpo y la alimentación adolescente. También atendemos las inquietudes singulares: a partir de una paciente adolescente orientada por su deseo, amante de los libros y el arte surgió un proyecto cultural impulsado por y para adolescentes: El Club de Lectura emergió de la idea de crear un espacio de identidad y pertenencia, que los participantes puedan compartir, nutrirse y expresar sus opiniones en “el conversatorio, donde todas las opiniones cuentan”.

Hacerse parte de un grupo en la adolescencia constituye una instancia nodal en el proceso de construcción de la identidad personal y social, es por ello que brindamos un espacio grupal de encuentro, entendiendo que los grupos de pares se organizan, fundamentalmente, sobre la base de lo común. Pertenecer, sentirse parte, se asienta en intereses e inquietudes comunes que se tienen en cuenta en la admisión grupal. Ofrecemos instancias de intercambio, que alojan la diferencia, invitan a la tolerancia y a la aceptación en el encuentro con uno mismo y con el otro (proceso de identificaciones y de individuación).

Con el lema “que circulen los libros” invitamos a realizar donaciones ya que todos podemos ser parte de esta propuesta. Trabajamos en la recolección de libros, para El Club de Lectura, un espacio de intercambio de literatura. La dinámica se realiza un domingo por mes a la tardecita, de entrada, libre y gratuita.

El abordaje con adolescentes en lo grupal, en ámbito comunitario y en el contexto clínico nos permitió observar las tensiones y movimientos que se reactualizan en el vínculo entre los padres, madres y las hijas e hijos adolescentes. Fueron frecuentes las consultas de padres y madres, por lo que surgió en el equipo interdisciplinario la idea de realizar unas jornadas para padres, y adultos referentes con el título: “Adolescentes ¿Y ahora qué?”, realizadas recientemente; títulos como: “Desorientados”, “El cuerpo en jaque”, “sentirse cambiado, el cuerpo desde adentro”, “deambulando en la cocina”, “mundo virtual” formaran parte de las ponencias.

Estos son ejemplo de cómo a partir de los motivos de consulta, la escucha, y lo emergentes vamos innovando y creando nuevos dispositivos. Los y las invito a leer el trabajo presentado en la jornada donde cuento cómo funciona Imagos, los comienzos de La Lumbrera, una viñeta clínica, el por qué del arte y la presentación de todo el equipo interdisciplinario con el cual venimos trabajando. 

Ojalá la Jornada organizada por el Colegio de Psicólogos y Psicólogas sea el puntapié para muchas más, y ansío que cada vez se sumen más participantes para poder seguir compartiendo nuestro ejercicio profesional impulsado por el deseo.

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NGH, English Center mas de 30 años enseñando inglés en Tandil

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