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Lunes 5 de Dic de 2022 | 8:9 |


 

Tandil, al Bicentenario por la puerta grande

Tandil está a un paso del Bicentenario. Abrazará ese hito siendo una de las principales ciudades intermedias de la Argentina. 

Por Alejandro “Topo” Rodríguez
Diputado Nacional

Un municipio enclavado en el corazón del Sistema de Sierras de Tandilia, paridas hace unos dos mil millones de años, que desde su fundación se resistió a ser sólo un Fuerte y alumbró tempranas aspiraciones de real ciudad, lo que logró sin rodeos.

Asentada en una historia con sello de progreso, está claro que en las últimas dos décadas Tandil supo aprovechar con inteligencia las oportunidades del país y del mundo. También tuvo la virtud de amortiguar, a veces esquivar, los efectos no deseados de algunas inexorables tendencias externas.

En particular, a partir de la posconvertibilidad nuestra ciudad ha reforzado un modelo económico y productivo de los que escasean a nivel nacional y no existen en toda la Provincia de Buenos Aires.



Basado en un particular patrón de diversificación, Tandil sostiene un entramado que combina la agroindustria con la metalmecánica, el turismo, la economía del conocimiento, el comercio y los servicios.

Nuestro campo, heredero de la pionera tradición triguera argentina, con una experiencia singular de colonos que hicieron del suelo un generador de futuro con trabajo, es hoy un complejo agroindustrial dinámico y diverso, que moviliza innovación e inversión a gran escala. Los pequeños y medianos productores del campo de Tandil han sido grandes protagonistas del crecimiento económico local en los últimos 20 años, junto con un sostén cooperativo de los más sólidos del país.

La industria tandilense, metalúrgica en su génesis sustitutiva de importaciones, impulsó generaciones de pequeños industriales que antes fueron obreros. Metalúrgica Tandil no sólo dio trabajo; hizo escuela. Y esa magistratura industrial modeló un perfil de nuevos empresarios que sabían, antes que nada, por experiencia. Hoy, los hijos y los jóvenes nietos de los obreros industriales que se hacían independientes, conducen un industrialismo tandilense plagado de desafíos, poco comprendidos por la política local.

En Turismo, un cambio saludable se consolida. El tradicional destino de Semana Santa, o la ciudad a la que se entraba yendo o viniendo de la costa, es hoy una opción turística para todos los meses con una mixtura de naturaleza, deporte, gastronomía y comercio.

Pero es el desarrollo de la nueva Economía del Conocimiento lo que le ha permitido a nuestra ciudad contar con una nueva base de despegue sin techo, demostrando que décadas de universidad pública, teoría, investigación aplicada e interacción con empresas fermentaron con sesgo virtuoso hacia la inserción global en la fase histórica de una nueva forma de producir y brindar servicios. Tandil es hoy una de las cunas de la Economía del Conocimiento más valoradas de la Argentina.

Así, vamos a entrar al Bicentenario por la puerta grande. En plenitud y creciendo, aunque nada de lo que se ha logrado escapa a la necesidad de una transformación continua.

Sin debilitar la Agroindustria, aceleremos en el camino hacia un Tandil especializado en producir alimentos de calidad para Argentina y para el mundo, a gran escala. Alimentos procesados, envasados y diferenciados, con alto valor agregado, también para mercados internacionales sofisticados. Tenemos las bases de producción vegetal y animal, la calidad de los recursos humanos y la tecnología para hacerlo. Aún hace falta más inversión, pero la política debe dar el primer paso con un proyecto de promoción capaz de comprometer esfuerzos públicos y privados.



Mejoremos también la inserción de Tandil en la industria de los Biocombustibles. Es otra forma de agregar valor a la producción primaria. El alza mundial de los precios del petróleo no es pasajera, sino que constituye una tendencia cuyo piso terminó de escalar -para no descender por años- con la guerra en Europa.

Eso empalma con la tendencia global hacia el uso de combustibles que reduzcan la generación de gases de efecto invernadero, tal como casi toda la comunidad internacional se ha comprometido a promover al suscribir el Acuerdo de Paris, hace casi seis años, con proyección de metas ambientales por varias décadas.

Podemos ser grandes productores del biocombustible que en Argentina ya se mezcla con el combustible de origen fósil hace más de 15 años; y también podríamos exportar.

En la industria, sin desmontar lo que hoy funciona bien, se debe profundizar decididamente la virtuosa interacción con la Economía del Conocimiento. Esa transición debe estar liderada por una coalición que sume a las Pymes, no que las descarte. Se trata de uno de los desafíos que requiere más sensibilidad y compromiso por parte de la política local.

Después de la pandemia del COVID-19, avanzaría en el mundo la temprana consolidación de una industria 5.0, que no sólo arrastra la creciente digitalización sino que ya puso a la inteligencia artificial en el centro del proceso productivo.

Colateralmente, formar y actualizar regularmente a los trabajadores para esa nueva industria, brindando el servicio a clientes de todo el mundo por la vía remota, también será una fuente de ingresos para Tandil.

En materia turística Tandil ha llegado a un tope de su capacidad instalada. Crecer implicará abrazar la transformación, porque la escala y la calidad de sus alojamientos y hotelería ya resultan marcadamente insuficientes. Cobran sentido políticas públicas que refuercen ese crecimiento. La ciudad puede terminar siendo regente de una propuesta turística regional con “turismo tranquilo”, incorporando un renovado impulso para atraer más viajeros internacionales.

La creatividad tandilense, su arte y su cultura, tienen también un rol en la estrategia de desarrollo que viene, con eje en la industria cultural y audiovisual, el desarrollo de contenidos y la promoción de nuestros talentos.

Pero nada de lo que viene será sustentable si no se asienta en una comunidad más organizada y socialmente más justa. Veinte años de desarrollo y crecimiento no han sido acompañados por una más equitativa distribución del ingreso, ni por mejor calidad educativa ni más seguridad ciudadana.

Un pacto social debe imponer el compromiso público de avanzar en esas materias, promoviendo -sólo a título de ejemplo- una mayor inserción de personas en el trabajo de la Economía del Cuidado, lo que implica más formación y capacitación para lograrlo; y un compromiso local más profundo con el sistema escolar.

Nada de lo que vaya a suceder está escrito. Dependerá de las decisiones que se adopten y las estrategias que se elijan.



Por respeto al potencial de Tandil y al camino recorrido, está claro que no podemos quedarnos en lo que fuimos hasta aquí; menos aún pretender imitar el pasado. Ese último pecado ya lo cometimos al querer resucitar la Piedra Movediza con un Plástico Fijo. Miremos para adelante.

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