Jueves 2 de Dic de 2021 | 15:12 |


 

Agroquímicos: "No somos responsables sino víctimas del mal uso de un producto prohibido"

Integrantes de huertas agroecológicas de nuestra ciudad, en conjunto con los de la Junta Vecinal Tandil, hicieron visible en el mediodía de este jueves su reclamo por los daños que generó en sus producciones un herbicida hormonal volátil. Aún se desconoce si el agroquímico llegó por aire o agua. Instan a que las autoridades soliciten al INTA un estudio de suelo y agua.

Carolina, integrante de Elämä Huerta, un vivero que funciona desde hace casi 9 años en Los Pinos 288 (en cercanías al predio de la Sociedad Rural) explicó que "todos los años comercializamos semillas y plantines de manera agroecológica y este año, a partir de julio, comenzamos a ver daños en nuestra producción".

"No podíamos descifrar a qué se debían. Hicimos innumerables pruebas hasta que, con la ayuda de un ingeniero agrónomo, constatamos que el problema no era en nuestras buenas prácticas agropecuarias -que mantenemos desde hace 9 años produciendo sin problemas- sino que se debía al contacto de nuestra producción con un herbicida hormonal volátil del tipo 24d (aunque pueden ser otros de la misma familia), que no están permitidos y para los cuales no hay receta agronómica presentada a 500 metros a la redonda de nuestro vivero", detalló.

Desde el pasado 20 de septiembre, y a instancias de ellas, se abrió un expediente en la Dirección municipal de Medioambiente, para ayudar a determinar qué es lo que está pasando.


"No solamente perdemos nuestra producción, que es nuestro sustento y de lo cual vivimos, porque en la temporada alta generamos los ingresos para todo el año y este año está completamente perdido, sino que también nosotros vivimos ahí, consumimos ese agua, respiramos ese aire, comemos de nuestra huerta. Con lo cual, el daño  fue total”, expuso.

La situación se vuelve aún más compleja si se tiene en cuenta que colegas del rubro presentaron un mes después y en otra zona de la ciudad, los mismos síntomas en su producción.

Mariano, integrante del MTE, describió que en el vivero de la organización, ubicado en Primera Junta 570, en la zona de la Terminal de Ómnibus, ocurrió lo mismo que en Elämä, a pesar de tener entre los dos emprendimientos cerca de 40 cuadras de distancia.

"Nosotros empezamos a ver qué parte de la producción empezaba a morirse. Empezamos a hacer pruebas para ver por qué pasaba, hasta que dimos con un ingeniero agrónomo y nos dijo que era por causa de un herbicida hormonal y que a Elämä le estaba pasando lo mismo hacía un mes", dijo.

 

 

Carolina se quejó de que pese a que las autoridades dicen comprometerse, hasta ahora "todo se dilata y el tiempo pasa".

"Lo que estamos exigiendo es que el INTA Balcarce se presente y tome las muestras de agua, de suelo y podamos tener un informe científico y comprobado de cuál es el producto que está afectando a nuestra producción para poder tratar de esa manera a dilucidar de dónde viene", indicó.

No obstante, consignó que ya tiene en su poder un informe "de un ingeniero del Municipio que confirma que los daños se produjeron por un herbicida hormonal. No es algo que inventamos nosotros. Pero cada vez que alguna autoridad de alguna institución se acercó, siempre los cuestionamientos fueron hacia nuestra buenas prácticas agropecuarias. Ahora, tres meses después, ya tenemos un informe que constata que nosotros no somos responsables de lo que está pasando sino víctimas del mal uso de un producto prohibido".

Desde el MTE, y con el apoyo también de la Junta vecinal Tandil, presentaron "una denuncia a la Dirección de Medioambiente por un daño ambiental y un ingeniero agrónomo que designaron fue al lugar y dijo que es un herbicida hormonal", también señaló Mariano.

Luego, mencionó que "hay una hipótesis de que puede ser por el agua o por un efecto de lo que se llama 'inversión térmica'. Es decir que bajo unas determinadas características atmosféricas, el herbicida podría viajar kilómetros en una nube y caer".

En ese sentido, puso de relieve que ellos se dan cuenta del daño "porque estamos con los plantines continuamente, pero tal vez, el vecino de al lado, que no tiene plantas, lo está respirando. O algún otro que inició huerta puede haber pensado que lo regó o cuidó mal. Por eso vinimos a mostrar el efecto de este herbicida, que no es que mate y seque a la planta sino que empieza a deformarla".

Por su parte, Virginia Toledo, integrante de la Junta Vecinal Tandil e investigadora del CONICET en temas de conflicto ambiental, recordó que la ONG a la que pertenece "hace años que viene reclamando por medidas que sean preventivas y precautorias frente al daño que generan los agrotóxicos biocidas".

"Esto ya está ampliamente constatado. Hay muchísima bibliografía y más de mil estudios científicos que hablan del glifosato y su toxicidad", explico respecto a uno de los principios activos más utilizados.

"Acá estamos viendo que se utilizan distintos agrotóxicos. Entonces estamos inmersos en una 'sopa química'. Y además, tenemos mucho desconocimiento. Porque cuando nos acercamos a las autoridades a pedir información y saber cuáles son los controles que se realizan frente a las fumigaciones, vemos que no es suficiente, que no hay controles y que las respuestas no son efectivas", consideró.

También recodó "los casos en los que se violan las normativas existentes que regulan la problemática en Tandil, como lo que pasó en la escuela de La Porteña que se fumigó hasta el límite de la escuela".

Por todo ello, indicó que se necesita "que el Municipio y las autoridades locales hagan valer el rol de cuidado de salud de la población. Acá está en juego la salud del ambiente y la de nuestros cuerpos. No puede haber cuerpos sanos en un ambiente contaminado".

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