Sábado 23 de Oct de 2021 | 21:9 |


 

Orbea: “Ni a favor ni en contra, pero en salud mental son muchos los que opinan y pocos los que algo saben”

El Licenciado Angel Orbea envió una nota de opinión a nuestra redacción en la que hace referencia a la Salud Mental en la Argentina.

La Nota:

Comienzo aclarando que no soy de los que están sacando leña del hoy árbol caído llamado Ley de Salud Mental (SM). Y que también acuerdo en que la SM es un gran negocio, que paralelamente a la extensión de la aplicación de la Ley, paradójicamente y para felicidad de la industria del psicofármaco, estos últimos han ido amentando en ventas. A la fecha no hay ningún catastro exhaustivo a nivel de la SM pública que certifique disminución de prescripciones y venta de fármacos. Y también tengo bien claro los artículos de la Ley donde se deja debidamente despejado que la internación es una opción debidamente acreditada por un equipo de profesionales, solo que hay momentos en la calle que la emergencia se impone de súbito y con una violencia impredecible, que hace que profesionales y agentes del orden queden también expuestos al riesgo, ya que se trata de actos y no de palabras. A partir de allí se abre un como de sombras con resultados de comedia, o bien de tragedia.

Pero la cuestión para mí ahora no es esta. Es más bien una crítica a la consideración renegada de las psicosis, las locuras y las toxicomanías como solo un problema de padecimiento situacional, ignorando el cuadro clínico y la no muy frecuente violencia de sus manifestaciones.


En el caso de Chano, que es un toxicómano. Entonces no se está frente a una persona enferma, a la manera de la diabetes. Chano es alguien que buscó las drogas, y que en diversas oportunidades solo tuvo voluntad para seguir drogándose, usando para eso todos los recursos que los sistemas de asistencia le permitieron. En el extremo llego a ejercer violencia contra su propia madre. Si bien en el momento de la acción violenta podría haber estado enajenado, considerando su historia personal es un sujeto plenamente responsable por su adicción.

Al respecto se proponen una serie de medidas y protocolos que sin duda en los hechos tendrán un alcance limitadísimo por más capacitaciones que se ofrezcan a los agentes del orden público. Justamente en esto me apoyo para decir que en el trámite de promoción de la ley de SM y su aplicación hasta hoy, todo se ha hecho sobre principios nominativos y ficcionales, donde el verdadero sujeto de derecho suele estar abolido por la enajenación psicótica o la intoxicación, que son las verdaderas categorías realistas que en el extremo pueden definir la vida o la muerte de alguien, tal como viene pasando en los casos expuestos por la omnímoda mirada de los medios y las redes. Es en estos últimos donde se concentra el prejuicio, la ignorancia, y la estigmatización del loco, que también tiene su fundamento negacioncita de los cuadros clínicos que son desplazados en función de la ideología basagliana que sostiene a la Ley de SM, dando lugar a difusas categorías no clínicas sino ideológicas, que cuentan con cierto consenso progresista pero ilusorio.

Ni negar ni afirmar, una vez más en SM son muchos los que opinan y pocos los que algo saben. En la mayoría de las exposiciones que defienden la Ley se constata un idílico relato antes que la vigencia de hechos y casos que acontecen en SM, que como se sabe desbordan los sistemas de salud, la educación, y la justicia.

Con años de trabajo público en SM, como muchos trabajadores en varias ocasiones me vi apremiado y amenazado por algún paciente en crisis o intoxicado sin, contar con ninguna ayuda más que la suerte, y cierta pericia. Entonces hay que decir que no solo el COVID mata. Con Foucault, Lombroso, Pichon Riviere o Emiliano Galende, el trabajo en salud mental desde siempre es de riesgo.

Es que a diferencia de otras especialidades médicas, las patologías y los cuadros clínicos en SM no son solo constructos semiológicos, por cuanto estos implosionan y se manifiestan en la ciudad, generando caos y riesgo cierto. Esta tipicidad de la locura resulta prácticamente impredecible y también incontenible. Decir que con unos protocolos se podrán contener es un engaño, y lo que es peor, ignorar la verdad de la locura, que como expresión de una libertad infinita puede llegar a lo peor.

No hay humanidad sin locura. Pero recíprocamente una locura en la que se ignoren sus consecuencias en nombre de la promoción de derechos es más locura. Esta aporía solo podrá morigerarse entendiendo y calificando debidamente a los trabajadores del orden público, que en SM conforma la más baja de las categorías.

Funcionarios y responsables de la SP, asuman y actúen en consecuencia mejorando en todos los aspectos las condiciones y las remuneraciones del sector, de manera tal que así se pondrán defender mejor los derechos de las personas y la SM.

Aun así, las locuras portan algo de lo humano que no todo humano podrá entender jamás, su nombre es: la angustia.

Licenciado Angel Orbea

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