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Sábado 13 de Agosto de 2022 | 16:18 |


 

La microbiota en los primeros 1000 días de vida

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Actualmente considerada como un órgano de pleno derecho del organismo humano, la microbiota intestinal desempeña un papel decisivo en nuestra salud y más aún, en la infancia.

Por Tomislav Canet

Hace aproximadamente dos años, la revista “Nature” sacó una portada, qué digo portada, PORTADAZA, en la que mostraba un bebé cubierto por una mantita de diversos colores, presentándonos a la microbiota como un manto de seguridad. ¿Por qué me llamó tanto la atención? Porque nada resume más la protección, la dedicación y el cuidado que los padres tienen con el niño pequeño que cuando lo traen abrazado y cobijado, protegiéndolo del frío y del ambiente con su mantita. Y, precisamente, esto lo hace, a un nivel más íntimo pero generalizado, la microbiota. La microbiota es aquel ecosistema de microorganismos, de bacterias “buenas” que el bebé va adquiriendo desde el nacimiento que, por así decirlo, lo cubren por fuera y lo tapizan por dentro.

La microbiota está MUY influenciada por la alimentación. Lo que hace es fermentar el alimento que el niño consume, produciendo ácidos grasos de cadena corta y vitaminas. No obstante, su función más importante es la de mantener la barrera epitelial del intestino. Bancame los tecnicismos. ¿Tuviste alguna vez un problema de filtraciones, agujeros en las paredes, grietas en el techo? Lo que sucede en estos casos es que la “barrera” de tu hogar no funciona y lo que no debería pasar, pasa, sea frío, suciedad, un gato o un vecino curioso. Bueno, con nuestro cuerpo ocurre exactamente lo mismo. Una alimentación saludable promueve una microbiota saludable y diversa que, a su vez, mantiene las barreras intestinales sanas. Una alimentación ENFERMANTE (sin eufemismos) promueve pocas bacterias en el intestino y más agresivas, con productos bacterianos aberrantes que a su vez dañan esa cubierta protectora del intestino y al cuerpo entra cualquier porquería, como moléculas inflamatorias que, a largo plazo, predisponen a enfermedades crónicas.



La microbiota no es una huella digital. Evoluciona según la etapa y la salud del niño.

El feto ya recibe diversos estímulos microbianos, ADN, restos de bacterias inactivadas, etc., que lo van preparando para lo que se vendrá. Además, la alimentación materna irá acondicionando la microbiota que transferirá al bebe.

A todo esto le sigue, ojalá, el parto a término vaginal. Acá no me voy a meter en decisiones sobre cómo debería ser el nacimiento, porque no me toca. Sí me toca traerte la mejor información que dispongo, para que vos puedas decidir informadamente. Y, lo cierto, es que hay una gran diferencia en la microbiota del bebe cuando nace por parto vaginal, que cuando lo hace por cesárea. En el parto vaginal el bebé atraviesa el canal del parto de la madre que tiene una microbiota más saludable. En la cesárea se expone a los microorganismos que flotan en el quirófano. Y, si bien al año de vida la microbiota de un bebé que nació por vía vaginal y otro que nació por cesárea se asemejan, hay que atravesar ese año.

Luego, la microbiota evoluciona con la lactancia materna. También, si bien es una cuestión de a veces de decisión, otras de oportunidades, a la microbiota del pecho materno no hay con qué darle. Lo importante es no solo lograr la lactancia materna, sino que esta sea exclusiva hasta los 6 meses y continuarla luego por lo menos hasta los dos años de vida. La cantidad y variedad de bacterias presentes en la leche materna irá variando con respecto a la leche que se le va ofreciendo, por lo cual es muy importante continuar hasta que se pueda ya que la siembra de microorganismos irá facultando al niño a una mejor nutrición.

Otra cosa que es muy importante en cuanto a lograr una linda microbiota es algo que nos ha faltado mucho este último año, aunque -hay que reconocerlo- tampoco antes de la pandemia había muchos amantes de la naturaleza. El contacto con la naturaleza promueve y realza una interesante variedad de microorganismos tanto cutáneos como intestinales. Esto refuerza el sistema inmune del niño, previene enfermedades crónicas, alergias cutáneas y alimentarias, y lo hace re feliz. El contacto con el bosque, el patio, la plaza es el mejor regalo que le podemos hacer a un niño.

Por último, los antibióticos. Qué decir de los antibióticos. Por un lado, es una muy linda noticia vivir en un siglo donde hay variedad de vacunas y antibióticos, y donde las enfermedades infecciosas no constituyen en general el terror que constituían hace un siglo. Pero cada vez los infectólogos nos hacen pensar más y más en el uso racional de los antibióticos. ¿Qué quiere decir? Que los usemos cuando el niño los necesita, en la menor dosis efectiva y por el mínimo tiempo posible. La mayoría de las veces que un niño tenga fiebre se deberá a un cuadro catarral de origen viral. El mismo sistema inmune al estar favorecido por una microbiota saludable, lo protegerá y lo curará. La gran mayoría de las veces un antibiótico no será necesario y traerá como consecuencia que desaparezcan todas las bacterias buenas dando lugar a las oportunistas, esas que le das la mano y te toman el codo, agravando, por ejemplo, cualquier cuadro leve.

Entonces, creo, como muchos, que hay que repensar las llamadas enfermedades crónicas no transmisibles, como la obesidad, los trastornos del espectro autista, las alergias alimentarias, etc. ¿Realmente son no transmisibles, o el modo en que la familia y el niño se alimentan tendrán mucho que ver, el modo en que se relacionan con los demás, el modo en que se conectan con la naturaleza? Espero que esto nos deje mucho qué pensar.

Pueden contactarme en @tomicanetpediatra.

Dr. Tomislav Canet
Médico Pediatra
MP 82.166 - MN 170.397

Foto: Portada Revista Nature Volume 562 Issue 7728, octubre 2018.
Créditos de foto: Alberto Seveso.

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