Lunes 12 de Abril de 2021 | 15:9 |



Crítica literaria del libro “Antología Anacrónica”

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Amigos de www.abchoy.com.ar tengan ustedes muy buenas tardes, o buena sea la hora en que estén ojeando estos renglones. Para empezar, debo contarles que, al autor de la obra que aquí voy a “criticar”; lo conocí en diciembre de 2019 durante el cierre del Taller Quebrantahuesos que lidera desde hace veintisiete primaveras, mi admirada Griselda Crespi. Ese lugar es una cantera infinita de grandes letristas y Griselda los arenga a extender sus límites y los va puliendo sabiamente.

Recuerdo ese día a la perfección. Yo charlaba de yerbas varias con Gustavo Margueritte y este me presentó a Edgardo Spina, no hizo falta mucha cháchara para que los tres nos trenzáramos en debates literarios, recuerdos del barrio, olores de la infancia, familia y amigos.

Por eso tampoco me sorprendió enterarme que Edgardo había “parido”; su primer hijo con cuerpo de papel y corazón de tinta. Tampoco me sobresalté cuando me llamó para juntamos a tomar un café y parlotear sobre la experiencia de publicar en plena pandemia.

Siempre diré lo mismo, esta tarea, la de “juzgar”; a un colega, jamás me será sencilla, porque conozco el terror y la duda a la que uno se expone, por ejemplo: ¿El lector entenderá lo que quise expresar? Lo bueno de todo esto es que, la mayoría de los escribidores del pago chico me siguen eligiendo para “enjuiciar”; su labor. Y digo que es bueno porque ellos saben que lo hago con sinceridad y seriedad. Por ende, nobleza obliga,
debo reconocer que la prologuista Beatriz Harispe me ganó de mano. Ella desmenuza la prosa de Edgardo magistralmente y nos da un vistazo de los variados recursos de estilo que maneja el autor, y, sobre todo, deja ver a trasluz el contenido de esta obra.


Bien, con todas las cartas sobre la mesa empiezo este desafío. Lo primero que llamó mi atención cuando el doctor me entregó un ejemplar, fue la tapa (casi nunca me pasa). Me maravilló, y eso que no sabía el significado de esta pintura, la que ilustra “Antología Anacrónica”. La autora es, nada más y nada menos, que María Edith Wilde, madre de
Edgardo. En la misma, sus pinceles nos muestran la vieja estación de trenes de Villamol, partido de Navarro (España) donde la artista y su gente crecieron. Y vale la pena que empiece por la portada porque en los ojos llorosos de Spina, mientras me contaba la historia, percibí el amor que esta familia se profesa desde hace décadas, y eso es bueno y
bello, tanto como el trabajo en sí.

Sigamos. A mí me cautivan los autores que innovan, que se juegan. No me gustan los que, desde el primer renglón se descubren de manera tradicional, o sea con un inicio, nudo y posterior desenlace.

Hace unos años el maestro mendocino Braceli (autor de más de treinta libros, amigo de Ray Bradbury, Borges y Bioy Cásares entre otros) escribió “Argentinos en la Cornisa”, una selección de entrevistas a famosos. Don Rodolfo descubrió, en cada uno de ellos, a personas cornisas; pero no los describe desde el adorno arquitectónico, más bien usa la cornisa como metáfora para describir un rasgo personal, una manera de ser y de una actitud sostenida de cada persona en este camino que llamamos vida.

Los cornisas asumen su rol y lo llevan adelante. Pueden ser Valientes, histriónicos, cobardes, leales, inteligentes, chorros o ignorantes, pero todos sin medias tintas, todos cornisas.

Por eso expongo que Edgardo es una poeta cornisa. Traza letras como vive. Por ende, en este libro camina por ese borde, no se sabe en qué punto realidad y ficción se unen. Edgardo entra y sale constantemente de esas lides, juega con los sentimientos y remembranzas que todos tenemos, pero los vuelca en sus personajes, que, a su vez, son de carne y hueso.

El buen escritor es el que sabe lo que quiere contar y le busca una vuelta de tuerca más. El buen literato es el que pule y recontra estudia su trabajo una y mil veces. Por eso admiro a los cronistas cornisas.

Ejemplos hay de sobra. Me quedo con dos, el portugués Saramago y nuestro Julio Cortázar. Ellos armaban sus libros con esmero, le sacaban punta a más no poder, los afilaban de a poco. Ellos innovaron y no con los personajes, ellos revolucionaron con las ideas. A “Ensayo sobre la ceguera”, “Las intermitencias de la muerte”; y a “Rayuela”, aún hoy, hay muchos que no las entienden… José y Julio fueron escritores cornisas. Y Spina va por ese camino. Para ir cerrando.”Antología Anacrónica”; es un ir y venir constante por las emociones e historia personal del escritor y de su parentela. Esta obra es la representación física y espiritual de esa exploración incansable y milagrosa por la que deambula cada ensayista en el momento único de la creación. La mollera le implota de imágenes, de cuentos, de anécdotas y no sabe muy bien como darle un orden a todo eso (digamos que es el mal de la hoja en blanco). Por ende, es un libro que se va armando dentro de sí mismo. 

Creo no equivocarme al decir que Edgardo Spina lo garabateó desde el lado del hombre que se enfrenta a los mandatos de su propia alma y que, además, jamás le saca el cuerpo, eso es ser un literato cornisa, y yo se lo agradezco. “Antología Anacrónica”;, es otra modificación a lo pre establecido. Hay cuentos cortos, ensayos, poesías y relatos. Por eso vale la pena ser leída. Desde luego que esta es mi opinión. Ustedes, queridos lectores, terminarán dando otros veredictos, les podrá gustar o no y estará bien…igual, como todo en la vida, nadie tiene la verdad absoluta.

Hasta la próxima.

Tandil, 1 de abril de 2021, pleno atardecer de otro otoño pandémico.

Posdata: Para comunicarse con el autor escribir a spinawildeletras@gmail.com

Posdata 2: También pueden pasar por lo de mis amigas Alicia y Fabiana dueñas de ALFA
Librería situada en calle Pinto 736 y comprar un ejemplar de “Antología Anacrónica”.

Hugo Alberto Rodríguez
hugorodriguezprensa@gmail.com

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