Jueves 25 de Febrero de 2021 | 7:10 |



Martín Iparraguirre: desafiando el Aconcagua

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La pasión de todo el que se inicia en el montañismo es alcanzar algunos de los puntos más elevados del mundo. Viviendo en la Argentina el desafío es el “Aconcagua”, en 1981 Martín Iparraguirre, guiado por esa pasión, intento escalarlo, llegando hasta los 6000 metros de altura en los umbrales del Glaciar de los Polacos

Martín en una entrevista señalaba como se había decidido a escalar el Aconcagua. El año anterior con Herrera Vega habían ido al Lanín y el lago Lomuyo.  Lo que le faltaba hacer, era escalar una montaña. A través de Héctor Vieytez, se enteran que Guillermo Vieyro iba a realizar una expedición didáctica por el Glaciar de los Polacos, era medio curso y medio expedición, Guillermo iba ir enseñando los secretos de la montaña, y fue así Martín se sumó con gente de mucha experiencia y ellos que eran completamente inexpertos.

El escalar la montaña, le hizo vivir una experiencia en donde se conjugaron el gran esfuerzo, el retiro espiritual y una gran prueba deportiva en un marco de imponente naturaleza. El estar en la soledad de la montaña, le dio un enfoque de la vida más ajustado y preciso y se dio cuenta que era lo verdaderamente importante.



Se había entrenado tres meses en Tandil, tratando de reproducir las condiciones de la montaña, lo cual se daría cuenta que es imposible hacerlo acá. Entrenó anaeróbicamente, saliendo a correr hasta cansarse, las lomas del Parque Independencia le sirvieron para eso. El otro paso importante era el de equiparse bien, tenían buenas cosas, pero al llegar, se dio cuenta que lo que había llevado no le alcanzaría en la montaña, teniendo que comprar equipamiento de una expedición que había ido hace 2 años al Himalaya. Obtuvo buenas botas y sacos de dormir, y ropa impermeable que era gore-tex, una tela que permite pasar la humedad, pero no el aire. 

Ya en la montaña, se programaba cada día, ascendiendo en tramos de unas a seis horas, casi unos 500 metros por día. Se levantaban temprano, no a la madrugada, y desayunaba un “vascolet” bien cargado de leche, glucolin, mucho dulce y se repartía la carga que se iba a llevar. Se salía a las 10 u 11 de la mañana. Se ascendía hasta las 5 de la tarde que era la hora de llegada de la meta fijada. El gran desafío de Martín fue vencer el cansancio. La montaña imponente está ahí, plantea sus problemas y obstáculos en forma directa, las que tuvo que enfrentar y medirse.

La falta de oxigeno fue uno de esos problemas que sucedió a los 4300 metros de altura, había subido rápido desde Vacas hasta Plaza Argentina, y no logro acondicionarse, se sintió desorientado, un poco mareado, y sobre todo le falto el aire. Ese “apunamiento” fue pasajero, la recuperación la logro respirando profundo, de ese modo alivió el ahogo.

Finalmente, Martín señalaba que lo que vivió en esa expedición, fue más allá de las expectativas que tenía, que a medida que iba viendo lo que es la montaña, aparecían nuevas expectativas que no estaban en el proyecto, como ese cansancio, un cansancio único e inexplicable.

Lic. Amelia Cabral
e-mail: ame.cabral70@gmail.com
 /Historia del deporte Tandil

 

Fuente: Diario Nueva Era


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