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Capitán de Fragata Seidel “Lo que más me gusta del ámbito naval son todas esas experiencias que no pueden vivirse en ningún otro ámbito”

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El agua y el mar siempre estuvieron presentes desde su infancia, cuando a la temprana edad de 8 años comenzó a participar de las actividades del Club Náutico Tandil. Diez años después ingresó a la Armada Argentina persiguiendo su vocación de mar. 

Este año, luego de desarrollar la gran mayoría de su carrera en buques de la Flota de Mar, avisos, corbetas y destructores, y de integrar Misiones de Paz de la ONU en el extranjero, se desempeña como Jefe de la dotación de la Base Conjunta Antártica Orcadas, a miles de kilómetros del continente.  

Andrés Lucas Seidel cumplió recientemente 46 años. Nació el 23 de octubre de 1974 en Río Gallegos (Santa Cruz); vivió un par de años en Martínez (San Isidro, Gran Buenos Aires) para finalmente transcurrir el resto de su niñez y adolescencia en Tandil, Provincia de Buenos Aires. Hoy, lejos de Argentina físicamente pero muy cerca de su Patria, se encuentra invernando en el continente blanco, donde asumió la jefatura de la base en Orcadas en febrero de este año. 

Contó que la dotación de la base está conformada por 16 personas: dos científicos de la Dirección Nacional del Antártico, dos profesionales del Servicio Meteorológico Nacional, tres militares de Ejército y nueve miembros de la Armada Argentina. Las Fuerzas Armadas brindan el apoyo necesario a las actividades científicas que se llevan a cabo en las bases del continente antártico. 


“Si bien se siguen horarios que guían la rutina diaria, la Antártida es tan cambiante que no existen dos días seguidos iguales”, aseguró el Jefe de Base.  

El Capitán Seidel lleva viviendo varios meses en suelo antártico donde el verano y el invierno, el día y noche, no encuentran comparación con nuestra realidad cotidiana:  “No hay un día típico en la base: desde el verano donde tenemos 23 horas de luz por día que se aprovechan para trabajar en el exterior y las jornadas laborales son muy largas y demandantes; hasta el invierno donde tenemos 22 horas diarias de completa oscuridad y temperaturas de congelamiento que suelen descender de los -30°C, donde cualquier trabajo que se haga debe ser en lugares cerrados y calefaccionados”. 

Como Jefe de Base las actividades que desarrolla en su trabajo son de lo más variadas, desde la conducción del personal, pasando por una cierta carga administrativa que cumplir, hasta la participación en los trabajos comunes de la base, de las que no está exceptuado.  

“En conjunto con el Subjefe de Base, el Teniente de Navío Behrent, tenemos la responsabilidad de la conducción del personal de la dotación. Si bien un militar está acostumbrado, las circunstancias tan particulares que se viven durante una invernada en la Antártida lo hace todo un desafío, ya que la conducción se ejerce sobre militares de otras Fuerzas y civiles, con costumbres y visiones distintas”, explicó. 

Entre las tareas en común, se encuentran las de derretir nieve para producir agua; juntar, clasificar y procesar basura; además de las tareas de mantenimiento que todos los miembros de la dotación deben hacer.  

“Otra actividad importante que tengo es la de acompañar a los guardaparques en su trabajo de campo durante sus salidas semanales. Dependiendo de la época del año y del lugar a donde deben dirigirse, es el medio de transporte que se utiliza, que puede ser bote de goma, moto de nieve o a pie”, ajustó.  

El Capitán de Fragata Seidel considera esta experiencia antártica como “altamente enriquecedora en todo sentido, tanto profesional como personal. Estando acá puedo ejercer mis funciones en una situación de operación continua y real. La distancia familiar, la responsabilidad por mis subordinados y el particular clima, hacen que cada día sea un desafío que enfrento con convicción y compromiso”.     

Argentina es el país que cuenta con mayor tiempo de permanencia en la Antártida, 116 años y también, el país que más bases tiene en el continente. Este año, se otorgó a las bases antárticas argentinas el carácter de “conjuntas” al conformar sus dotaciones permanentes con personal del Ejército, Fuerza Aérea y Armada.  

Junto con las actividades logísticas y científicas, Argentina también coopera con programas antárticos de otros países, está comprometida con el cuidado del medioambiente, y el mantenimiento de la paz, y cumple con la responsabilidad SAR en seguridad náutica y salvaguarda de la vida humana en el mar.  

La Armada Argentina, su lugar en el mundo 
Andrés ingresó a la Institución el 2 de febrero de 1993, aunque asegura que desde los 13 años ya había decidido su destino como marino. “La idea me acompañó y se afianzó durante los cinco años de secundario, y se materializó en noviembre de 1992 cuando aprobé el examen de ingreso a la Escuela Naval Militar”, rememoró. 

Persiguiendo su vocación de mar, hizo carrera como oficial de la Armada Argentina, vocación que desarrolla con orgullo y satisfacción desde hace casi 30 años.  

“Lo que más me gusta del ámbito naval son todas esas experiencias que no pueden vivirse en ningún otro ámbito. Navegaciones por el litoral marítimo argentino, que nos permite conocer lugares del país que de otra forma nunca lo hubiésemos hecho. Esa camaradería entre los miembros de una dotación que sólo se da a bordo, por las condiciones de vida durante la navegación. El poder desarrollar la vocación de servicio a la Patria en un ámbito tan particular me llena de orgullo”, destacó. 

Hoy se encuentra en la Antártida, pero la mayor parte de su carrera la realizó en los buques de la Flota de Mar y tuvo participación en la Misión de Estabilización de Naciones Unidas en la República de Haití (MINUSTAH) y en la Fuerza de las Naciones Unidas para el Mantenimiento de la Paz en la República de Chipre (UNFICYP).  

“He tenido la suerte de participar en dos Misiones de Paz de la ONU. Participé de MINUSTAH en el 2008, como Jefe de Personal del Batallón Argentino en la ciudad de Gonaives; y participé en UNFICYP en el 2015, como Jefe de Informaciones del Contingente Argentino en Campo San Martín”, apuntó el Jefe Antártico.  

“A esta altura de mi carrera, la Armada es todo para mí. Todo lo que sé, todos los lugares que conozco, y hasta la maravillosa familia que formé, es gracias a ella”, enfatizó. 

Entre las sierras y el mar 
“Si bien no soy nacido en Tandil, la considero mi ciudad natal ya que ahí me crié y viví hasta mi ingreso en la Armada Argentina”, expresó el Capitán Seidel. 

De la ciudad serrana guarda muy gratos recuerdos de su niñez, los más apreciados transcurren en aquel paisaje de sierras y campo. “La casa de mis padres está ubicada en las afueras de la ciudad, y desde niño deambulé por las sierras, pasando la noche a la intemperie en las salidas más largas”, contó. 

Fue en Tandil donde realizó el curso de navegación a vela a los ocho años, en un velero de la clase Optimist y agregó que concurrió al Colegio San José, desde el jardín, primario y secundario.  

“Durante varios años participé de regatas que se realizaban en los lagos de algunas ciudades o en el mar cuando la cede organizadora tenía esa posibilidad. El Club Náutico Tandil contaba con dos veleros, un Optimist y un Cadet donados por la Armada Argentina, y ambos tenían pintado en el espejo de popa la frase ‘El mar nos une’ entre dos banderas argentinas. Siempre la competencia entre los chicos era quien llegaba primero para elegir esos veleros”, recordó con una sonrisa. 

Además de la vela, practicó otros deportes como el tenis y el rugby y hoy sólo se concentra en mantenerse en forma, dice, corriendo y andando en bici. “Siempre me gustó hacer las cosas con mis propias manos, por lo que uso mi tiempo también en actividades como la carpintería, herrería y otras artesanales; me dedico a cultivar y dar forma a bonsais.” 

A pocos meses de su regreso al país, lo esperan con ansias sus amigos, familiares, compañeros y, fundamentalmente, su esposa Roxana y sus hijos Lucía de 18 años y Lucas de 16.

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