Jueves 2 de Julio de 2020 | 6:22 |



Se celebra día del arquitecto en la Argentina

En Argentina, el Día del Arquitecto se modificó en su espíritu con el transcurso del tiempo. Y a partir de 1996, la fecha de homenaje a quienes se desempeñan en el arte y técnica de diseñar, proyectar y construir edificios, quedó instaurada el 1ro de julio.

De hecho, la Federación de Arquitectos Argentinos (FADEA) fue quien constituyó la fecha que hasta ese entonces se conmemoraba el mismo día, pero en el contexto Día Internacional de la Arquitectura, que había sido instituido por la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) en 1985.

En 1996, durante el Congreso Internacional de Arquitectura realizado en Barcelona, la UIA trasladó la fecha al primer lunes de octubre cuando se celebra el Día del Hábitat. No obstante, , FADEA, debido a que ya estaba instalado el 1ro de julio, decidió mantenerlo como el Día del Arquitecto en Argentina.

Clorindo Testa, César Pelli, Amancio Williams, Mario Roberto Alvarez. Emilio Ambasz, Justo Solsona, Jorge Mario Jáuregui, Jorge Bunge, Alejandro Bustillo, Ángel Guido y, entre otros, Enrique Jan son algunos de los tantos referentes argentinos en la arquitectura.


El origen de la arquitectura

Los primeros trabajos de arquitectura se concretaron en la prehistoria, durante el Neolítico. En ese período de la historia, los hombres y mujeres comenzaron a tener un estilo de vida sedentario basado en la agricultura, lo cual favoreció el desarrollo de viviendas estables y recintos ceremoniales.

Se suele dividir a la arquitectura en tres principios: la Belleza (Venustas), la Firmeza (Firmitas) y la Utilidad (Utilitas). Consecuentemente, es una disciplina que busca el equilibrio entre esos tres elementos, sin que domine ninguno por sobre el otro.

La crisis ha puesto en evidencia nuevas necesidades en la vivienda: espacio para teletrabajar, posibilidad de aislar a uno de los habitantes y espacio verde

La terrible pandemia debida al virus Covid-19 que ha asolado al mundo, ha cambiado nuestras costumbres, dejando una profunda huella en todos los aspectos más relevantes de nuestras vidas, e inevitablemente en la arquitectura.

Es inevitable que las nuevas formas de trabajo, de vida y de relación social, que se van a incorporar a nuestras costumbres a partir de ahora, muchas de ellas ya antiguas demandas del hombre contemporáneo, deben de tener reflejo en las nuevas propuestas arquitectónicas. Lo que aquí nace, con el optimismo que necesitamos y como un deseo de debate, esperamos que se incorpore a una discusión pública de la que podamos concluir, con las mejores recomendaciones para una nueva arquitectura, la arquitectura saludable. Una arquitectura que incorporará las conclusiones más apropiadas, analizando las necesidades más inmediatas que hemos experimentado para hacernos la vida y el trabajo más seguros, higiénicos y fáciles, en definitiva, más saludables.

Se ha puesto de manifiesto la necesidad de conciliar la convivencia familiar con el trabajo en casa, y si añadimos a esto los problemas derivados de la alta densidad para trabajar en espacios contenidos y la masividad de la vida pública de la actualidad, resulta evidente cómo los modelos existentes hoy en día, son claramente obsoletos y resultan lejanos a las consideraciones que pretendemos alcanzar con una arquitectura saludable y se hace por tanto necesario plantear un nuevo modelo de hábitat.

De entre todas las carencias detectadas estos días de emergencia sanitaria a causa del coronavirus, algunas se harán imprescindibles, como la higiene, el distanciamiento social o el trabajo en casa (teletrabajo); cosas que, aunque no son nuevas, estaban olvidadas.

Tanto en lo que se refiere a los espacios públicos como en lo concerniente a los espacios privados, en los lugares de trabajo o en las mismas viviendas, los espacios de acceso, las comunicaciones verticales, los aseos y los espacios comunes de cualquier edificio cobrarán una especial importancia en su papel para el control de la higiene y el distanciamiento social.

Necesitaremos por ello espacios más holgados, que se desarrollen en entornos que sean agradables, limpios y saludables, en los que cultivar el movimiento frente a la vida sedentaria. Todo ello en la búsqueda de un hábitat que permita cuidar nuestra salud, tanto física como mental, tan olvidadas como necesarias.

Pero quizás sea la vivienda uno de los espacios más necesitados de un nuevo modelo de la arquitectura.

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