Lunes 17 de Febrero de 2020 | 16:37 |

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Itatí

DISEÑO $datos[

Diseñando la vida

Por Florencia Lauga

Conocí a Itatí Jauregui un día de primavera, sin que fuera parte de mi plan original. Reparé en su nombre y no encontré una opción diferente que preguntarle por él. “Es de una virgen del Litoral”, me dijo, mientras tomaba un mate y se movía de un lado a otro sin parar, indicando a unas chicas sus necesidades fotogáficas y comunicacionales. La miré y sonrió. Y yo también. Y se abrió la puerta.

Asociada con la artista Marcela Rinaldi, Itatí está al frente de El Taller, un espacio increíble ubicado en Alem 832 que abarca diferentes actividades. Profesional hace muchos años, es en este nuevo sitio donde prepara hoy su estudio de Diseño de Interiores. “Yo voy a estar acá y desde acá voy a ver quién entra. Eso es muy bueno perceptivamente, tener el primer conctacto visual”.

Diseñadora, ambientadora, creadora y visionaria, dedica sus días a renovar espacios, intervenir locaciones, imaginar y concretar ideas para interiores tanto como para exteriores, y ampliar el abanico de texturas, objetos, colores y formas que hacen de los sitios lo que son: únicos e irrepetibles. De vez en cuando, si se siente convocada, también se hace cargo de algún evento; aunque sea una cuestión que tiene más que ver con una Itatí anterior. Sin embargo, hay una sola cosa de la que no puede dudarse: si lo hace, lo disfruta.

“Mi trabajo es muy importante para mí”, me explica. “Cuando aparece un nuevo cliente, voy estando atenta a lo que percibo, y eso me da cuenta de lo que necesito para llevar adelante un proyecto. También, muchas veces encuentro la información que preciso para saber si adentrarme o no en las ideas o búsquedas de otros. Soy muy fiel a mí misma”.

Y es que Itatí es ágil. Reconoce que es capaz de hacer convivir infinidad de actividades y que eso, en gran parte, se lo debe a su mamá, quien de pequeña se encargó de ponerla continuamente en contacto con todo lo que le parecía podía venirle bien: hizo patín, voley, tenis, cerámica, dibujo, y también fue guía scout durante un buen tiempo. “No paraba un minuto”, me dice. Y lo cierto es que es hermoso verla hoy –tan infinitamente capaz de abarcarlo todo- buscando también la manera de parar; que únicamente tiene que ver con la toma de consciencia de que en el fondo, la vida es toda aquí, toda ahora.

Cuando habla de sus hijos, automáticamente los ojos se le llenan de lágrimas. Tiene tres. Bah, o son tres, porque en el fondo sabe muy bien que todo lo que en realidad tiene es a sí misma, a su propio y sensible y hermosísimo corazón. Es que Itatí es, ante todo, madre, por eso al contar historias de su propia maternidad o de maternidades ajenas los pelos de sus brazos se erizan, y esta sutileza opera en ella como el recuerdo maravilloso de lo verdaderamente importante a la hora de transitar una experiencia de vida humana: el amor. Diría que por esto –y gracias a esto- es una mujer considerada, contemplativa, atenta, servicial, entregada y muy (muy) apasionada. “Soy re llorona”, me aclara, “Y cuando me río, me río con todo y a carcajadas”. Pero sin necesidad de escuchar estas palabras, yo –que represento en su mundo a la otredad- lo tengo muy en claro; y es por eso que la quiero: por su valentía a la hora de sentir. Pues quien es capaz de abiertamente dejar ver sus sentimientos, queridos lectores, es a mis ojos nada menos que un ser evolucionado. Y por eso brindo. Por ella.



Actualmente, dentro de su mundo laboral, es especialmente diseñadora de espacios –sin que el dinero represente puntualmente una necesidad: muchas veces es preciso sacar antes que colocar-, representante de las redes de sombreo Camonet, trabajadora de objetos de cerámica (sí, hace unos mates increíbles que todos amamos), cortinas, y, especialmente, incansable buscadora de géneros. Puede vérsela cambiando almohadones en temporada, atenta a las texturas y colores que resuenan con el momento, subida a una escalera, cargando plantas, pintando paredes o poniendo tachos de luces en grandes macetas. De cara a la inauguración de su estudio dentro de El Taller, ya tiene designado un espacio exclusivo para un perchero constituído por hormas viejas de zapatos en función de, especialmente, lucir el mundo de las telas: uno que la envuelve y la acompaña desde siempre.

Comprometida con su propio ser, trabaja constantemente en abrir espacios también en su interior. “Me gusta el auto-conocimiento. Siempre estoy buscando aprender y conocerme más, así como conocer al otro y sus necesidades”. Al mismo tiempo, conversar un rato con ella es acercarse a la certeza de que disfruta notablemente lo que la vida le ha dado, y también al reconocimiento de que es uno el que pone de parte para que las cosas funcionen; esto es: hay que hacer. Así es que Itatí agarra su auto, su bolso con almohadones, su ropa cómoda y su agenda y sale a mi encuentro, donde sin reparos me cuenta desenvuelta lo que no sospecha que, tan prontamente, ustedes leerán. Sin embargo, aunque no se detenga en ello, es en lo profundo donde lo sabe; pues conoce que son estos y no otros los tiempos en que, finalmente, está lista para ser vista: y por eso la vemos.

CONTACTO

: @itatijauregui
: 2494 50 6809

 


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