Lunes 24 de Febrero de 2020 | 11:5 |

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Szigety: “Con qué facilidad algunas personas se creen del lado de la vida”

ARTE

Inés Szigety presentó su última obra en Espacio Nido.  Se trata de una instalación compuesta por cuadernos que forman un “gran pañuelo” verde, la bandera que millones de mujeres en todo el país levantan en su lucha por el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo. 

Los dos temas -los cuadernos y la cuestión del aborto- interpelan a la artista tandilense que no tiene prurito en reconocer que su educación cristiana y social no le permitía comprender los “claroscuros” que presentaba la cuestión del aborto, pero que de a poco la vida le dio oportunidad de conocer mujeres, escuchar testimonios y, finalmente, reflexionar libremente sobre el tema.  Luego, se manifestó como artista.  La obra estuvo expuesta durante más de un mes en Espacio Nido donde el viernes ofreció una charla abierta.  La instalación empezó a gestarse tras el debate público por el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, en el Congreso de la Nación, y tardó cerca de un año en tomar forma.   


Los cuadernos

No siempre es posible conocer los procesos intelectuales y artísticos que preceden a una obra: los sucesos que fueron causas primeras y las reflexiones que fueron causas segundas; pero otras veces quedan vestigios, una narración de bitácora que recupera el viaje.  Bocetos, anotaciones, miniaturas y otros elementos que nos permiten deconstruir el proceso. 

En el caso de Szigety, los cuadernos forman parte de su quehacer, mucho antes de que pudiera imaginarse una vida como artista plástica.  Los diarios comenzaron a escribirse en su infancia y nunca más dejaron de hacerlo.  Y, finalmente, hace unos años, dejaron de ser accesorios al tema estético, para transformarse en “el tema” estético. La artista volvió sobre sus anotaciones y allí encontró, para su sorpresa, un hilo vigoroso y actual con su pasado.

-¿Por qué los cuadernos como soporte?  

-Existe un reconocimiento a los cuadernos como documentación, como una cocina del arte, como parte de un proceso súper vital y un registro de muchos aspectos que uno no vincula directamente con las artes visuales: reflexiones, bocetos, puntos de interés y de partida de algunos trabajos.

-¿Desde cuándo?

-En mi caso, siempre estuvieron presentes en mis trabajos. Desde muy chica empecé a escribir diarios, mis vivencias y frustraciones. Después, siguió siendo un poco eso mismo.  Iba volcando mis vivencias y frustraciones no solo como una mujer que va creciendo sino como una artista que va buscando su camino, que explora formatos, trabajos de otros, que se agrupa y se desagrupa en proyectos colectivos.

En un momento determinado, reviso estos cuadernos y descubro que hay toda una información que valoro. En un momento pensé: ojo que este es mi currículum vitae, es mi trayectoria, no la que uno arma para presentar en distintos lados.



-Un currículum un tanto especial…

-Un CV en donde yo contaba cosas que tenían que ver con mi vida de mujer, con criar mis hijos. ¡Qué injusto es el CV tradicional!  No da cuenta de un montón de aspectos que en mi caso me habían atravesado como artista, habían cambiado mis ritmos, habían interpelado mi femineidad. 

Durante mucho tiempo fueron una suerte de “backstage” hasta que hace unos años redescubro este material y todo eso desembocó en una performance donde yo voy contando, caminando sobre los cuadernos, haciendo un desarrollo espacial y una narrativa.  Cuento, leo y los vuelvo a guardar.

Después, muchos amigos que participaron me dijeron: queremos ver los cuadernos. El paso siguiente fue empezar a mostrarlos.  Eso fue hace aproximadamente dos años.

-¿Y cómo fue eso?

-Abría los cuadernos en una página determinada y mostraba esa página en conjunto con otras páginas de otros cuadernos.

-¿Te sentís reflejada aún en esas anotaciones que tienen años?

-Claro que sí. Me reconozco en los cuadernos de hace 20 años. En muchos casos, siguen siendo mi voz: interpelan o hablan de cosas que hoy me ocupan, como si hubiese temas comunes pese a los años.

-¿Y qué dicen esos cuadernos?

-El escribir siempre me resultó parte del dibujo.  De hecho, casi siempre lo hice en un formato de hojas sin renglón.  Entendía que la escritura se registraba como un grafismo. A veces se ve un recorte; otras veces se ven intervenciones, cosas tapadas, simuladas, pinturas sobre el texto que hacen que no se pueda leer del todo. También hay cuadernos que solamente tienen dibujos. Encontré algunos con bocetos, recortes de diarios, cosas que marcaba y retomaba luego.

Tengo escritos testimonios o reflexiones sobre mi primera muestra individual y descubro ahora que esas situaciones descritas no son tan diferentes a las situaciones actuales cuando me planteo un desafío.

Pero el asunto es que un día me paré frente a todo eso y entendí que ahí había obra.

-Pero uno no recurre a esos apuntes del pasado porque sí.  ¿Qué te llevó a ellos?

-Esos descubrimientos fueron coincidentes con un tiempo en donde yo me dediqué a mirar hacia atrás.  Me encontré con la necesidad de valorizar todo ese proceso.  Todos esos cuadernos estaban contando mi recorrido y mi historia.  Lo viví como algo absolutamente natural. 

-Y en un momento, se ponen los cuadernos -esta vez como soporte- al servicio de una definición personal y colectiva.  ¿Por qué decidiste manifestarse en torno al tema del aborto?

-Es muy difícil ser mujer y no sentirse interpelada por el tema del aborto. Primero, porque soy una mujer que en su momento tuvo una visión, como se diría hoy, “muy en defensa de la vida”, una formación muy cristiana.  El tema siempre fue para mí muy difícil de abordar.



Me costó mucho encontrar la cantidad de claroscuros, grises y matices que tiene el problema. Sin duda había sido yo formada con una mirada, con un sesgo y una intención.  Me costaba identificar otros aspectos.

A medida que crecí fui encontrando compañeras en el camino, otras mujeres y madres, y empezando a identificar matices.  Entonces todo se empieza a complejizar.

Siempre fue un tema en donde me pareció ver algo tramposo en las justificaciones que se daban.  Y en el transcurso del debate (por la interrupción voluntaria del embarazo) encontré algunas reflexiones que me parecieron sumamente clarificadoras. Por ejemplo cuando Claudia Piñeiro habla sobre la palabra vida y se pregunta quién puede apropiarse de esa palabra.  Con qué facilidad algunas personas se creen del lado de la vida y ubican a los demás del otro lado.

El debate fue muy rico. Sobre todo me impactaron los testimonios de mujeres que tuvieron que llegar a esa situación o acompañar en esos casos; mujeres que llegan desesperadamente a realizarse un aborto y terminan muriendo y la Salud Pública no da respuesta a esto. Finalmente, la maternidad tampoco es para todo el mundo.  Uno la debe elegir, como uno elige estudiar o trabajar.

-El debate te nutrió…

-Todo ese debate a nivel social y esa gran cantidad de información hizo también que fuese más fácil identificar a los sectores más reacios a acompañar este tipo de decisiones que son, precisamente, los sectores más conservadores, los que más apoyan el patriarcado con sutiles y no tan sutiles posiciones, los que componen instituciones que históricamente no le han dado espacio a la mujer o han hecho lo necesario para mancillarla.  Es lógico que tengan esa postura.

En fin, nada de eso que se discutió fue nuevo para mí, pero hizo que madurara fuertemente.

-¿Te incomoda poner a “militar” una expresión artística?

-No es la primera vez que yo tomo posicionamiento sobre distintos temas o debates sociales.  He tenido varias obras donde dejé sentado aspectos que me parecían fundamentales que se recrearan desde lo estético.

Y lo hice desde los primeros murales que hice en Tandil buscando una mirada crítica sobre aspectos que no eran para nada cómodos.

-Pero esta vez es la primera que te manifestás sobre el tema…

-En las últimas obras de video trabajé mucho sobre la subjetividad femenina.  Lo hago de una forma muy velada: la palabra no dicha, los cuerpos condicionados, los límites y cómo los entornos nos cercenan.

Para mí era muy claro, hablaba de mi voz que no podía salir y expresarse, pero no dejaba de ser muy sutil para el resto. 

Sin embargo, esta es una obra mucho más clara.

Lo que más me interesaba es pensar desde el color y el formato.  Estoy eligiendo el color que nos inundó, que nos emocionó, por la historia de las luchas femeninas y las disidencias.  Ver a mis sobrinas, mis nueras, las chicas más jóvenes de mi familia tomando posición y poniendo el cuerpo a un tema que nosotros como generación lo habíamos luchado desde otros espacios, fue una gran cosa.  Ellas lo asumieron como marea, con un gran protagonismo y eso emociona.

Mi manera de participar fue desde lo artístico, así como ellas lo hacían desde las marchas y otras actividades. Pensé que desde lo artístico podía pensar cosas, reflexionar o volver sobre textos que me habían resultado muy clarificadores cuando era más chica. Quería poner nuevamente en tensión los temas vinculados a nuestros cuerpos, las decisiones, los deseos y la vida misma. Y así lo hice.

Por Juan Perone
juanperone@hotmail.com

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