Domingo 26 de Enero de 2020 | 6:9 |

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Carta a Osvaldo Soriano

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Vecinos se reúnen a jugar los sábados por la tarde en el predio de O´Higgins y Bandsen, “para recuperar la mística del potrero”. Uno de ellos es el colega Alejandro Latorre, que tras el último encuentro escribió esta nota en su red social y hoy este Portal comparte con sus lectores.

“Estimado Osvaldo Soriano: sepa usted disculpar si mis palabras tropiezan unas con otras y no soy lo claro que deseo al contarle mi idea. Miré, yo lo quiero porque usted además exhibir los colores de mi club en todos los lugares donde vivió, con su pluma me hizo viajar por esos paraísos terrenales a los que solo nos pueden llevar seres con una mirada tan despierta como la suya, capaz de narrar las historias más pequeñas que nos hacen entender el mundo de un vistazo”.

“Sabe, yo nací en un barrio que pide a gritos ser parte de una de sus novelas. Así que - disculpe el atrevimiento - ¿no podría bajar y tomar la máquina de escribir una vez más, por favor? Recién terminé de jugar con los muchachos. ¡Qué cosa hermosa! Le tengo que presentar a Marcelo, el hijo del Loco Guerra, el policía y poeta de mi pueblo. Usted tiene que escucharlo”.

“Usted tiene que escucharlo al Pini, un crack que juega como Diego en el 86, en serio, no exagero, y tiene más calle que todo Buenos Aires. Hoy estábamos en ronda y los dos parecían insuperables hasta que intervino Alfaro, el vecino más longevo, con sus sentencias de maestro orillero y sabiondo, para explicarnos lo que en la escuela nunca nos contaron. Cada tanto el Cevolla Delgado, el mejor director de cine del mundo dentro de poco, nos ilustraba y se cagaba de risa con nosotros, unos burros de primera”.


“En un momento el Cevo nos explicó que la tierra gira a 110 mil kilómetros y no sé quién gritó: "¡se va a cagar fundiendo, loco!" Imagínese, Don Osvaldo, casi que ni me acuerdo que mi equipo, un rejuntado de matungos, había ganado por tres. De vez en cuando la vida nos besa en la boca y hoy ese beso vino con olor a canchita, a chori y a vino de damajuana debajo de un viejo sauce. Por eso le digo... ¿por qué el sábado que viene no se acerca y conoce a estos locos lindos y les escribe algo? Creo que le va encantar ver sus gambetas y escuchar sus bolazos. Yo, le juro, me siento como un niño llevado por su padre a caballito a ver qué dejaron los reyes magos”.

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