Miércoles 11 de Dic de 2019 | 6:34 |

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Carta abierta: “El camino fácil de la justicia”

A Juan Rosso se le dictó prisión preventiva por la denuncia de abuso sexual en un jardín y es necesario decir algunas cosas. Tal vez se cree que quienes lo defendemos lo hacemos porque lo conocemos y es buena persona, pero no es así. Lo defendemos porque hasta ahora no existen pruebas convincentes, sino más bien endebles.

Enumeraré las razones de su inocencia en orden de importancia, tal como lo hizo ayer mismo el abogado defensor Calles.

1) Si buscan en google (insto a no tener pereza) verán que todas las primeras denuncias del padre y la madre en notas periodísticas dicen que el hecho sucedió el martes 2 de julio, y que lo detectaron tras el partido Brasil-Argentina. Ese día Juan Rosso NO FUE AL JARDÍN, no dio clases, no estuvo. Luego, al tiempo y a medida que el morbo y la necesidad de un culpable se apoderó de la escena pública y mediática, apareció el cambio de fecha: lunes 1 de julio. ¿Por qué, cómo…? No lo sabemos, pero quisiéramos saber por qué y desde cuándo se cambió la fecha, y si eso es manipulación de pruebas.

2) El relato del niño en Cámara Gesell nunca es preciso ni concluyente.


3) Es falso que el relato de los otros tres niños en Cámara Gesell concuerden con la denuncia: no sólo no inculpan a Juan si no que uno de los alumnos reconoció en fotos a otro profesor como autor de los hechos.

4) Con respecto a la calificación legal, no sería abuso gravemente ultrajante, teniendo en cuenta que el presunto hecho no se prolongó en el tiempo y las circunstancias “no indican en modo alguno un hecho gravemente ultrajante” (aclaración necesaria: la acusación es de haber metido un dedo en la cola).

5) Con respecto al día lunes 1 de julio, tal el cambio de fecha en el informe de la jueza, la clase que dio Juan ocurrió en el SUM y dos docentes que allí estuvieron toda la clase declararon que nunca salió del lugar, nunca fue al baño.

6) La pericia médica al niño no halló ninguna prueba, ningún indicio de lo denunciado.

7) Agrego: ningún culpable espera tan tranquilamente a la justicia, como lo hizo Juan.

Ahora bien, nos podemos preguntar por qué la denuncia. Podemos suponer todos que algo ocurrió con ese niño. Y aquí se pueden conjeturar muchas cosas que se hilvanan con muchas denuncias falsas que se vienen levantando en el país (muchas, por favor busquen) contra docentes de jardín, mayoritariamente docentes de arte y educación física. Y aquí nos encontramos con que en la mayoría de los casos hay una gran presión pública, una violenta presión pública mejor dicho, que no se atiene a las búsqueda de pruebas si no a señalar y linchar un culpable de buenas a primeras, pasando por encima de todo derecho y presunción de inocencia. También, con que según estadísticas en la mayoría de los casos el abuso es intrafamiliar y, obviamente al señalar a otra persona, se taparía al verdadero abusador. Todo esto deriva en un ataque que pone en jaque a la labor docente misma, como si al ser docente no le preocuparan esos hechos y se dedicaran a encubrirlos y, si vieran, cada vez son más los y las docentes que directamente no quieren trabajar en jardines porque tienen miedo a este tipo de denuncias, a esta locura, a tanta paranoia.

Como ocurrió hace mucho con el SIDA, el efecto de esta epidemia de denuncias es: no nos toquemos, hasta que nadie quiere tocar ya a un niño en un jardín. Creo que Juan es inocente y que, una vez más, como tantas otras, la justicia se equivoca. Pero bueno, la justicia es humana… Mientras tanto, el camino fácil de la justicia lleva a un inocente a un calabozo y, de yapa, deja un caso grave y ominoso sin resolver.

Gustavo Primucci

DNI 92337870

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