Lunes 18 de Nov de 2019 | 18:40 |

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La edad

POR FLORENCIA LAUGA $datos[

Bienvenidos al club de quienes somos felices en cualquier década

Hace poco una amiga nueva me dijo: la edad es un dato. Parece que era una frase que venía de una tal Martina que por miles de años fue su psicóloga, a ella le vino al pelo, y cuando me la pasó a mí me vino tan al pelo también que empecé a repartirla por el mundo (COMO AHORA),

 

A esta altura del partido necesito (preciso) que mis lectores comprendan que en estos artículos míos (tiene algo propio, usted?) no hay falta de ortografía posible, ni error posible, ni es que mi editor o yo desconocemos el uso de la ñ, por ejemplo. Simplemente somos amigos de la libertad,


Continúo:


Entonces con esa frase voy hace dos meses por la vida (la de la edad). Como el jueves fue mi primera charla en un teatro un amigo músico y genio del amor me mandó esa mañana un escrito en el que me contaba que una vez se hizo amigo de un niño de cinco años. El tenía más de veinticinco. Es decir, se llevaban dos décadas,

 

Me dirá usted: ¿Se comprendían? A lo que responderé: ¿Qué le parece?

 

Tengo una madre que baila danza clásica a sus más de cincuenta, amigas que a los sesenta han descubierto su vocación. Uno de los grandes amores de mi vida tenía veinte años arriba que yo y ahora me interesan los menores, (jaja)

 

Con todo esto quiero decir que me parece que este y no otro es un momento oportuno para comenzar a considerar la posibilidad de que la edad es una pavada atómica, un invento del ser humano, un condicionamiento extraño, una especie de cárcel, una huevada, una cosa sinsentido, una i-dea de momias, y quizás lo más interesante es reconocerla como lo peor en lo que puede convertirse: un TE-MOR,

 

Si tememos a nuestra edad (Ay, a mi re que me encantan mis cumpleaños pero cuántos cumplo no se pregunta), si nos parece que el número que hoy designa nuestra historia de vida (tiene, usted, alguna historia de vida?)  nos coloca en un lugar y no en otro, si estamos pensando que con tantos años no se puede hacer no sé que cosa, estamos perdidos,

 

Voy a contar una pequenia historia:

 

Mi mamá es profe de educación física (antigua profesión) y la mejor diseñadora de interiores de Tandil (vocación & profesión actual) . Toda la vida nos inculcó a mí y a  mis tres hermanos menores (benditos los padres cuando piensan en tener más hijos para que una tenga hermanos) que hiciéramos algún deporte. Conmigo lo logró. Siempre. A los 12 años comencé a patinar artísticamente en el Club Gimnasia & Esgrima que queda en la calle Sarmiento (yo no me acuerdo la altura pero usted sabe perfectamente dónde es). Habré ido unos tres meses. Luego mi papá Oscar se enfermó de cáncer. Le apareció un tumor cerca del cerebelo (me parece que el sábado 20 el tema puede ser la muerte? Ah, no, es el día del amigo, ya sabemos el tema) y comenzó a tener muchos problemas (de ánimo) de motricidad, entre otras cosas. Ya no pudo manejar –por ejemplo- por lo tanto llevarme hasta el club a mis clases de patín se hizo imposible. Vivíamos lejos. En mi corazón quedó el recuerdo de lo hermosas que eran las clases de patín artístico,

 

Hace dos meses volví a Tandil (no hay novedad) y ahora la bendita red social Instagram me hizo conocer a Romi, que es profe y me contó que tiene unos patines para prestarme. No solo eso, sino que también conocí a Fabiana que tiene varios años más que yo y que quiere ir conmigo a las clases,

 

Alguno de ustedes piensa que se nos puede ocurrir contaminar ese deseo e ilusión inmensa con la cuestión de la edad? Porque si es así, puede leer y releer este artículo para que sepa muy clarito que todo lo que dejamos que entre a esta idea es la emoción de saber que pronto vamos a volver a patinar (yo soy muy buena, lo aviso desde ahora) y con eso sonreiremos y brillaremos (sí, aún más),

 

Todo esto para decir que si usted tiene alguna cuestión etárea ya podría ir dejándose de hinchar y poniendo manos a la obra. No hay edad para tatuarse, ni para desnudarse, ni para aprender sobre vinos, ni para escalar el Aconcagua,

 

Vaya y haga,

Que nosotros lo aplaudimos.

Es promesa.

 

 

BONUS:         

El bendito García,

que igual que yo,

es más joven cada día,

 

Por Florencia Lauga
Licenciada en Comunicación, Actriz, Locutora. Tandilense.

Instagram: @florencialauga 

e-mail: liberaespacioya@gmail.com

 

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