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1 Día para enamorarse

ESCRIBE FLORENCIA LAUGA $datos[

Quienes algo tenemos que ver con comunicar sabemos que el pasado fin de semana la novela Cien días para enamorarse ganó una estatuilla de oro en los reconocidos premios Martín Fierro

Quienes algo tenemos que ver con comunicar sabemos que el pasado fin de semana la novela Cien días para enamorarse ganó una estatuilla de oro en los reconocidos premios Martín Fierro que desde hace años la  Asociación de Periodistas de la Televisión y la Radiofonía Argentinas entrega a los trabajadores audiovisuales de nuestro país (un guiño para usted, que opina como loco de todos los looks pero no tenía ni la más remota idea de lo que APTRA significa). Antes de continuar me resulta inevitable pensar en el destino de aquel objeto: ¿Realmente está hecho de oro? Y después de un tiempito que pasa, ¿No lo venden? Usted lo vendería, yo lo sé.
 

Ahora y desde aquí me alegra profundamente acompañar el reconocimiento de compañeros actores, productores, vestuaristas, iluminadores, etcétera etcéra etcétera, que a manera de equipo vuelven posible una historia que conmueve. Porque conmueve, por eso gana un premio. Algo en ella se destaca, brilla, llama poderosamente la atención o, como más me gusta decir a mí; convoca. Entonces, las demás personas tienen la capacidad de verlo, de destacarlo y distinguirlo. A través de un premio los otros le dicen GRACIAS a todo ese equipo de individuos que durante un tiempo considerable dieron todo lo que tenían a su alcance para contar una historia de amor. Y se brinda (mucho).
 

Ya todos saben que los últimos cuatro años mi lugar de vida fue Ecuador. Guayaquil, particularmente. Esa lejanía terrenal y la transformación que trae la vida hizo que dejara de ver novelas hace mucho tiempo, por lo tanto no voy a opinar respecto al contenido de la que ahora traigo a la mesa. Sin embargo, me sirve de abrebocas para contar acerca del tema que más fascinada me tuvo y me tiene en toda mi vida: el amor (Si no sabe lo que es un abrebocas, no se preocupe, yo tampoco sabía antes: se le llama así al bocado, al canapé, a eso que cuando uno come luego le lleva a querer ir y sentarse a tragar en un tenedor libre hasta morir).


Y a propósito de la decisión que tomó alguno (Sebastián Ortega?) de nombrar así a la multipremiada ficción, a mí me resulta interesante que traigamos esta idea al cotidiano, únicamente para contarle que para enamorarse basta 1 día. Sí. Un día. Me atrevería también a decir 1 minuto; pero temo que nuestros pequeños cerebros reducidos entren en colapso y ese sea el puntapié para que usted determine a partir de ahora no continuar leyendo. Como prefiero que sí, que continúe, entonces negociamos (?).
 

El amor es todo y lo único que existe. El amor nos impulsa cada vez que nos levantamos de la cama (no voy a decir poéticamente cada mañana, señora, porque hay gente que se levanta a las 4 am) y es el motor que nos conduce a preparar el primer mate, decir el primer Buen Día, y ojalá dar el primer abrazo. El amor nos permite (qué hermosa palabra es permitir) salir de nuestra casa luego de tomar la decisión de hacerlo, escuchar al que viene a comprarnos unos tornillos, vender cuernitos, dibujar casas, podar árboles, curar un animal, controlar el frío y quitarle el gas a nuestra cerveza artesanal, hablar en un micrófono, enseñarle a sumar a un niño, bailar en televisión. Es el amor y solo eso lo que –la mayoría de las veces sin que lo advirtamos- nos deja, nos permite existir. Y así como el amor se nos brinda continuamente (y no piensa, como nosotros) esta es una invitación a que también nos brindemos a él; porque con 1 día enamorarse es posible. Y no solo posible sino sumamente hermoso.
 

Me ha parecido (me arriesgo) en este mes que llevo viviendo en Tandil, que el miedo ronda más seguro que el amor. Y por eso y absolutamente en detrimento de esta idea quiero decirles que el miedo es inconducente, que el miedo paraliza, que el miedo no nos nutre y especialmente que no permite. El miedo es posible y lo sabemos, pero cuando el amor aparece no puede tener lugar. Simplemente no caben ambos en nuestro corazón. Es por eso que, si le damos lugar a uno, el otro automáticamente desaparece. Enamorarse es posible –también- y ocurre en un instante. Si se está abierto, pasa uno enamorándose, derritiéndose por las veredas como plastilina en el sol.
 

Es sobre el amor y no sobre otra cosa que hablo en mis charlas y en mis artículos, y siento un profundo privilegio a propósito de esta posibilidad. Por eso me parece importante que pensemos juntos al amor: pensemos. A lo mejor es útil releer este artículo. A lo mejor me invita unos mates y conversamos. O a lo mejor va a mi charla, que es abierta y gratuita el jueves 11 de Julio de 2019, a las ocho de la noche en el Teatro de la Confraternidad (4 de abril 1371) con un alimento para CONIN (Vitina, Maicena, Nestum o Flan en Polvo: NO necesitamos fideos esta vez) y se despacha una sesión auditiva amorosa. Apa, suena bien, ¿No? Al menos, si a mí me dicen “Che, te invito a sentarte una horita gratis para recibir una sesión auditiva amorosa”, la verdad es que no me lo pensaría ni medio minuto de mi valiosa vida. Cerrados los ojos. Yo iría. Digo, a lo mejor se enamora…
 

Bonus 1: Hay una canción en el universo que es nueva y muy hermosa. Se llama Este Misterio, es de Estelares, y viene muy bien escucharla luego de leer estas palabras. A que no se imagina de qué habla?.

Bonus 2: Ah! Y la autora de esta imagen increíble es Dolores Figueroa. A ella le gusta que la llamemos Lola; y su instagram es @dolores.figueroa90 . A seguirla que es un espectáculo!

 

https://www.youtube.com/watch?v=uHHYMX1ck8E

 

Por Florencia Lauga
Licenciada en Comunicación, Actriz, Locutora. Tandilense.

Instagram: @florencialauga 

e-mail: liberaespacioya@gmail.com

 

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