Viernes 15 de Nov de 2019 | 19:58 |

Centro Médico Veterinario Villa Italia



Anestesia

ESCRIBE FLORENCIA LAUGA $datos[

En ningún libro, manuscrito, pergamino, cinta de video, recorte o grabación mundial está expresado como verdad absoluta el hecho de que la vida es sencilla. Lo sé y no es tampoco mi tarea la de ir por allí intentando convencer a las personas de que no hay complejidad en existir.

Sin embargo, creo fervientemente que tomar la decisión de asumir la experiencia por completo tiene que ver con la valentía. ¿Y quién no quiere, a sus amigos y amigas, asegurarles que es un individuo bien valiente?

 

Inmersos en esta idea, somos nosotros los que hemos inventado los caminos para dormirnos, una anestesia que nos permita por el lapso de tiempo necesario corrernos de la cuestión, salir, respirar, y específicamente tener acceso a una sensación que supone alivio y dice mucho de lo que nos pasa con vivir: olvidar.


 

Queremos olvidarnos de lo que entendemos como nuestros problemas, del dinero, del amor que a lo mejor no corresponde tan sincera entrega (ya lo dicen La Vela Puerca & Cayó la Cabra en “Al Sur del Atardecer”: -Hoy tengo miedo a perder, a que no pase más nada, el miedo más natural, de cantar mi serenata, y que no abras la ventana). Queremos olvidarnos de estar, de vernos bien, de que tocar a otro supone un riesgo, de nuestra hija que no podemos ver. Silenciar, apagicuar, desconectar.

 

Y la droga y el vino y las sustancias que fabricamos acompañan el envión de la a-dicción; que significa únicamente lo no-dicho. ¿Lo sabía? Parece que queremos callar, también, a las ávidas multitudes de palabras que hacen fila detrás de nuestro corazón –como si este fuera una locación, sí- esperando su turno de hacerse oír, cada palabrita con sus piernitas y bracitos saltando desesperadamente, ansiando su momento preciso de acción, su instante de casting, su minuto de importancia.

 

Debo confesar, a propósito de esta catarata de terribles acusaciones a mis queridos lectores, que soy una amante empedernida del fernet –porque además en mi consciencia mi entrañable amiga Débora no me dejará continuar escribiendo sin asumir este asunto públicamente-, del choripan, del vino cosecha tardía y algunos etcéteras y etcéteras que no le importan a nadie más que a mí cuando voy al supermercado. Con esto únicamente pretendo recordar la condición humana que amo y que me permite –también- escribir estas letras y reafirmar que no existe el bien y el mal. ¿Está mal, entonces, tomar unos cuantos litros de cerveza tirada? Bueno pues, para nada lo vamos a catalogar.

 

Sin embargo, la intención mayor que atraviesa el momento en el que escojo escribir este artículo tiene que ver con invitarlos a prestar atención al modo en que eligen consumir. Consumo es una palabra manoseada, que para 2019 ha tenido tantos giros que está muy cansada de ser nombrada. Estaba en mi fila, hace un rato, y me ha pedido que la dejemos en paz. Le prometí que la mencionaría en este artículo (me tocó agacharme, sí, porque la encontré en cuclillas) y que luego trataría de que descanse. Se alegró cuando le dije que comunicaría lo que, según mis creencias, debe únicamente tener que ver con ella: la felicidad y nunca la anestesia.

 

Es momento de que pongamos atención a lo que estamos decidiendo. Cualquier cosa que dañe nuestra integridad, nuestro pensamiento, nuestro corazón, nos conducirá únicamente a una experiencia de vida pobre, descolorida, angustiante y tenaz. Es momento de atender los por qué y los para qué –como decía Freud- escogemos cada cosa que entra a nuestro organismo. Porque yo no he visto a nadie drogarse con cocaína sin antes acceder al polvo y sin antes haber pensado: -Voy a acceder al polvo-. Porque anestesiarse para no saber quién es uno es un embole, y una pérdida tremenda de amor, porque el tiempo no existe y lo único que queremos los terrícolas es amar y ser amados.

 

Ahora dígame una cosa (piense antes, por favor): ¿Usted cree, realmente, que anestesiado es un ser humano atractivo? ¿Todavía piensa, en serio, que las más fuertes e increíbles sensaciones de placer corporales se alcanzan bajo los efectos de las sustancias? Tranquilo, tranquilo, que esta no es una discusión. Son solo preguntas flotando, pensamientos que siembro, el amor propio, que le mando.

 

Miremos lo que hacemos con nosotros. Escojamos consumir responsablemente, pero no me estoy refiriendo tan siquiera al otro (si va a manejar, no beba, bla bla) sino que la responsabilidad sea con nuestro ser, que el nivel de amor más inmenso nos permita elegir sustancias que nos acompañen a seguir viviendo, cantidades precisas, equilibrios mágicos. Y cuando lo encuentre en la góndola, leyendo estas líneas en la pantalla de su móvil, solo esperaré que termine el artículo –por supuesto- y que después, al verme de frente, me invite a su asado. No se preocupe; el vino lo llevo yo.

 

A su SALUD,

 

Por Florencia Lauga
Licenciada en Comunicación, Actriz, Locutora. Tandilense.

Instagram: @florencialauga 

e-mail: liberaespacioya@gmail.com

 

Bonus: Si aún no no conoce “Al Sur del Atardecer”, hágase un favor y búsquela en YouTube.

 

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