Sábado 7 de Dic de 2019 | 16:59 |

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Volver

ESCRIBE FLORENCIA LAUGA $datos[

Volver siempre tiene que ver únicamente con volver a uno mismo. No hay un lugar específico, el tiempo no existe y las hojas de los árboles se caen cuando deben caerse; ni un segundo antes ni uno después.

Volver siempre tiene que ver únicamente con volver a uno mismo. No hay un lugar específico, el tiempo no existe y las hojas de los árboles se caen cuando deben caerse; ni un segundo antes ni uno después. Cuesta entender que como individuos no tenemos el control de las cosas; por ejemplo, de la caída de esas hojas. Pero nos gusta vivir creyendo que sí y por eso nos tragamos el cuento de los planes, de que la vida es orquestada y todo nos ocurre bajo nuestras propias directrices.

Volví a Tandil hace dos semanas después de catorce años. Y aunque nunca me gustaron estas palabras, a lo mejor lo hice porque es aquí “de donde soy”. ¿Somos, en verdad, de algún lugar?

Conducía un programa de televisión en Ecuador; terminó. Tenía un novio en Ecuador; terminó (¿Dónde queda, Ecuador?) Y como en Tandil vive mi familia y parece que esta no ha terminado, vine al encuentro de unos brazos en los que sin importar lo que acontezca me reconozco amada (a nadie le creeré cuando me diga que no quiere sentirse amado, asi es que, desde ahora, no malgasten esas palabras conmigo). Por ende y como era de esperarse comenzaron a inundarme toneladas de amor,  y con ellas horas también de un silencio pensado simplemente para que yo pueda, quién sabe, decir algo, hacer un duelo, llorar, patalear, y especialmente llevar a cabo una actividad específica en la que los argentinos, hace muchísimo tiempo, nos destacamos enormemente (sí, sí, yo sé, además de todas esas otras que están pensando ustedes): quejarme.


 

 

Interrumpo mi relato, un momento, para preguntar: ¿No están cansados de quejarse?

Continúo.

Volver es mirar para dentro, volver tiene que ver con regresar al centro, allí donde el corazón y la cabeza son una sola cosa. Porque eso es lo que somos, una unidad completa, suficiente, íntegra, hermosa y tan increíble que nos da un miedo tremendo. Volví a Tandil buscando refugio y encontré refugiados volviendo, misterio, un diario digital valioso que me da permiso de aparecer entre sus masculinas letras, un teatro que me abre las puertas para que dé charlas, una revista que me pintó de universo para su tapa, los amigos que estuvieron siempre y –al menos- unos veinte seres nuevos que ya me han dado varios litros de mate y alegría.

 

Interrumpo nuevamente (lo siento): ¿De qué debería, entonces, quejarme?

Continúo.

Pues bien. Si tomo la decisión de escuchar a la Flor que quiere quejarse, no me alcanzarán las páginas de este diario para volcar los motivos, rulos y maneras que se me ocurrirán para quejarme (soy extremadamente creativa, juro que quienes me conocen darán fe). Sin embargo; escribir estas letras es elegir el otro camino, que vendría siendo el mismo que escuchar –escoger- a la Flor que festeja este momento, a la que baila, a la que ve todo como una oportunidad, a la que adora a la gente nueva, a la que es feliz en Tandil y por eso se tomó un avión y volvió de prisa, sabiendo que el amor le gana al miedo todas y cualquiera de las batallas.

Parece entonces que esta es una presentación y un inicio, una invitación a que nos conozcamos y -por qué no- nos hagamos amigos (mi mamá dice que de chiquita no me costaba nada, asi que ahora...creería que tampoco). Es una puerta que les abro a compartir, a descifrar algún enigma. Escribo este artículo con la intención primera y única de que ahora entonces, allí donde están sentados, piensen un momento si les está haciendo falta volver a algo. Claro que podrán decirme que ese algo toma miles de diversas formas, sin embargo –y lamento desilusionarlos, pero la vida está llena de decepciones- sepan que volver tiene que ver con una sola cuestión, y yo ya me tomé el trabajo de  aclararla al comienzo de este artículo.

Queremos regresar a mirarnos, TODOS, para acordarnos por qué y para qué estamos en el lugar que estamos, para darnos cuenta de que cada paso lo vamos eligiendo. Nos hace falta urgente retornar a la felicidad que da la certeza de que somos una misma cosa, una ilusión, la búsqueda incansable de sentido. Nos viene bien detenernos y pensar dónde está la alegría para nosotros, que al mismo tiempo de similares somos diferentes y por eso podemos escoger caminos y ciudades, parejas, trabajos, mascotas, tipos de cerveza y de zapatos. Vivimos desconociendo el rumbo, pero entendiendo que no pasa mucha agua debajo del puente sin que nos preguntemos por dónde andamos.

Y si usted es de los otros, de los que ahora desconcertado reconoce no sé cuántos almanaques arrancados sin haberse preguntado nada, que sepa que nunca es tarde y que la mejor manera de continuar viviendo será volver: y vendrá un amigo, y un momento, y la casa donde el amor trasciende todas las barreras y lo vuelve a uno invencible. Ah, no me diga, ¿No tiene esa suerte? Pues bien, parece que es momento de que se ponga a crearla. Es más, a lo mejor le suena arrogante; pero no importa. Yo le diría que, si quiere ser feliz, no le queda otra. Póngase las pilas, y acá lo acompañamos.

Es promesa.

Y Bienvenido.                                                                                 

Por Florencia Lauga
Licenciada en Comunicación, Actriz, Locutora. Tandilense.

Instagram: @florencialauga 

e-mail: liberaespacioya@gmail.com

 

 

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