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Si alguna vez viajaste en el Rojo, seguro te llevó “Nito”

ENTREVISTAS

Después de 54 años al volante de los coches de la línea roja de colectivos, Ángel Alberto “Nito” Sacian decidió retirarse. A los 72 años, el más longevo de los choferes de micros de la ciudad repasa su vida al mando de ese “mundo de 20 asientos”, arriba del que vio a Tandil transformarse y crecer.

Por Mariano López Guerrero (marianolopezguerrero@gmail.com)

 

“A vos te veo cara conocida”, me lanza Nito cuando llego a su casa para entrevistarlo y parece que, efectivamente, sus dotes de fisonomista le permiten semblantear a la gente y enseguida saca si lo llevó o no. Puede ser que me tenga visto, solía tomar el rojo en Montiel y Marconi y seguro que, en tantos años de chofer, he viajado bajo el mando de “Nito”, como miles de tandilenses.


Reconoce estar “cansado, por eso decidí retirarme. Porque a los choferes a los 58 años los bajan y los jubilan. Y yo me jubilé a la edad, pero me dejaron seguir. No sé por qué, será porque nunca tuve problemas con nadie… Ni una multa tengo, y choques tampoco”.

El lunes 19 fue el último día. En la última recorrida, sus compañeros lo esperaron en el lugar donde los colectivos de la línea recargan combustible y le prepararon una despedida sorpresa, digna del decano de los colectiveros locales. “Me hicieron de todo, jajaja. Vos sabés que llegué y estaban todos reunidos, como haciéndose los distraídos, que miraban algo y cuando me acerqué se me vinieron y me empezaron a saludar”, recuerda, en una noche que quedó reflejada en algunas de las fotos que acompañan este artículo.

 

“Nito” empezó a los 18 años y todo el tiempo pone como ejemplo a su padre, que también se dedicaba al transporte de personas. “Yo aprendí a manejar con un colectivito que tenía 11 asientos. Era muy chiquito. Desde los 8 años andaba con mi papá. Él tenía 12 años y ya era guarda. Andaba en uno de los primeros colectivos que hubo, que tenía la carrocería hecha de madera, por un tío de mi mamá, de apellido Loidi”.

“En ese tiempo se podía empezar a los 18. Hoy no. Hoy tenés que tener 21 para ser chofer”, advierte sobre la juventud con la que comenzó a manejar el micro de la vieja Línea 1, en el año 1964.

“A los 18 años me largué. Pensá que en ese entonces, el carné te lo daban por diez años, después fue por cinco y ahora, hasta los 45 años, lo dan por dos años y después de los 45, es cada uno”.

 

El día anterior, en la oficina de la empresa, dijeron que yo me retiraba después de 54 años y todos los que estaban se pararon y me aplaudieron. Ahí si me agarró algo, ahí aflojé. Me agarró como una tristeza.

 

Y “Nito” dice que le fue bien en la profesión, “porque mi viejo me dijo: ‘vos tenés que hacer esto, esto y esto. Y me lo dijo una sola vez. E hice las cosas como me dijo y estoy tranquilo. Mi viejo era un tipo derecho y eso me ayudó. Él anduvo 42 años arriba del colectivo y se jubiló en el ‘77”.

 

 

SIN PROBLEMAS CON NADIE

Sacian, es padre de Rodolfo, de 42 años y de Malena, fallecida hace tres años (“el golpe más duro de mi vida, ahí dejé de manejar por unos meses porque estaba muy triste”), pero que le dejó un nieto, Axel, hoy de 20 años; y está en pareja hace dos décadas con Noemí, quien el lunes pasado fue una de las que estuvo en su despedida, para abrazarlo, mientras sus compañeros, como dijo, le “hacían las mil y una, me volvieron loco”.

“Cuando empecé, parábamos la línea 1 y la línea 2, juntas. En la Estación. Y tardábamos 18 minutos al Parque. (Se ríe). Eran solo ocho colectivos que recorrían toda la ciudad. Y claro, con hoy, nada que ver. Hoy capaz que somos 200 mil habitantes, porque se agrandó mucho. Es impresionante. Y la cantidad de vehículos que hay. Es muy complicado andar ahora. Y más estos ‘bichitos’ que miden 11 metros. Hay veces que vas a doblar en una esquina y tenés que hacer marcha atrás porque no pasas. En Belgrano y tenés que doblar en Chacabuco, ¡mamita querida! Lo mismo que en Las Heras y Colón. Hay veces que tenés que meter la trompa, hacer para atrás… ¡Si no, no pasás!”.

 

Sobre sus inicios, asegura que “en ese entonces, los colectivos no se pintaban y como venían de Buenos Aires, salían. Después fue José Silva, de acá de Tandil, el que definió los colores de cada línea. Eran Silva y Santillán y los fileteadores eran Valor y Solari”, rememora.

“Yo empecé en la línea amarilla, hasta el ’78. Y desde ahí, me fui a la línea roja y estuve hasta hoy. 40 años”, repasa.

Y afirma que “jamás me pelee con un pasajero. Nunca. Mi viejo era igual. Nunca se peleó con nadie” y cuando le digo que muchas veces los pasajeros se quejan de cierto destrato de parte de los choferes, responde: “y…, hay algunos que sí. Y son más maleducados los jóvenes que la gente grande”, aunque también apunta al rezongo de los pasajeros. “A veces te dicen que tardaste mucho en llegar y yo le decía ‘¿Qué quiere que haga? No ando en una bicicleta ¿Por el centro cómo paso? Y me dicen ‘¡Ay, Nito!’ Nunca contesto de mala manera. Pero nunca me faltaron el respeto tampoco”.

Y trata de pasarle esa conducta a sus compañeros más jóvenes, “pero ellos dicen que yo soy especial y no me enojo nunca. Y bueno, es mi carácter así. Nunca tuve problemas con nadie”.

Otro casillero que “Nito” ha sorteado con buena suerte, es el de la seguridad. En 54 años, nunca sufrió un asalto, uno de los mayores miedos entre sus colegas. Aunque reconoce que la implementación de boleto electrónico ha jugado a favor de la seguridad de los choferes. “Nunca me pasó que me asaltaran. Sí me acuerdo una vez uno que era patrón, que lo asaltaron en Tunitas y se lo llevaron hasta la Quinta Belén y le robaron la plata, la radio. A mí nunca me pasó nada. He tenido suerte, capaz. Ahora, con el tema de la tarjeta, al no andar con plata en el colectivo, se anda más seguro. Eso sí. Además, antes era recibir la plata, cortar el boleto, dar el vuelto…”.

 

Es muy complicado andar ahora. Y más estos ‘bichitos’ que miden 11 metros. Hay veces que vas a doblar en una esquina y tenés que hacer marcha atrás porque no pasas.

 

Sobre su último día de trabajo, el pasado lunes 19, después de 54 años metiendo cambios, pidiendo que vayan para el fondo y esquivando autos, motos y bicicletas, dice que lo vivió sin nostalgias ni angustias. Con normalidad. “¿Sabés que pasa? Estaba cansado. Saturado. Son muchos años. Yo me jubilé en 2008 y me dejaron seguir hasta ahora. Y me dejaron porque nunca tuve problemas con el patrón, con nadie. Incluso el día anterior, en la oficina de la empresa, en Uriburu al 1100, dijeron que yo me retiraba después de 54 años y todos los que estaban se pararon y me aplaudieron. Ahí si me agarró algo, ahí aflojé. Me agarró como una tristeza”.

“Pienso que hay algunos compañeros que hoy están manejando colectivos, que yo los llevaba a la escuela. ¡Calculá!”, cuenta “Nito”, al que ese cansancio del que habla, le habrá llegado un poco por su edad y otro porque, como relata, “ahora todo cambió mucho. Antes, cuando empecé en la Línea 1, ibas por Rodríguez y en el único lugar en que había un poquito de tránsito era el centro. Después andabas tranquilo por cualquier lado. No tenías problemas de atracar donde querías. Al colectivo le respetaban las paradas. Ahora vienen y se te meten. Eso sí, antes estaba el ‘zorro’ Capristo, que no te perdonaba una”.

 

Los coches fueron ganando en tecnología y en seguridad, aunque también en tamaño y “Nito” explica que “nunca me costó adaptarme a esos cambios, porque yo, cuando podía manejaba camiones de 19 metros. Cuando empezaron a venir estos colectivos de 11 metros, algunos compañeros andaban con un susto bárbaro, pero a mí, la experiencia de manejar camiones con acoplado me ayudó. Yo manejé también tolvas, jaulas, de todo. Cuando tenía alguna vacación o algo, agarraba viaje con algún amigo y me iba a manejar”.

 

“NITO” PARTERO

Entre las miles de anécdotas que “Nito” atesora en estos años arriba del colectivo, elige contar la de la mujer que hace muchos años, en pleno viaje, se le acercó, descompuesta y le dijo: “¡Nito, estoy por tener familia! Ahí nomás salí para el hospital y ¿Sabés dónde tuvo el chico? ¡Arriba del colectivo! Llegamos justo al Hospital y los médicos subieron y la atendieron ahí, lo tuvo en el asiento. ¿Sabés lo que fue limpiar eso, después?”.

 

Y si bien nunca sufrió un asalto, también recuerda que un día “me subí al coche y le di marcha…, y nada. ‘Qué raro’, dije. Me fui a ver el motor, estaba todo bien. Pensé que tendría aire el gasoil, así que me puse a bombear y el combustible venía. No entendía. Y se me dio por mirar por la tapa de la caja de cambios y ¡se la habían llevado! ¡Completa! Eso sí, me dejaron todos los tornillos en el piso, bien prolijos. ¡Qué increíble!”.

 

Yo aprendí a manejar con un colectivito que tenía 11 asientos. Era muy chiquito. Desde los 8 años andaba con mi papá. Él tenía 12 años y ya era guarda.

 

También repasa tiempos bravos, “como en el 2001, que hacíamos cien boletos por día. Parecía que desaparecían todas las líneas. Después la cosa se revirtió y hoy tenemos casi todos los vehículos cero kilómetro. Y ahora, iban a traer un cero y no pudieron, porque era una barbaridad lo que salía. Tuvieron que traer un 2015. Está complicado de nuevo”.

Después de ocho horas diarias, sentado al volante, “Nito” muestra otra “suerte”. Tantos años de trabajo sentado, no le dejaron secuelas físicas. “Tengo compañeros que sí. Uno que se tuvo que operar de la columna. Lo que pasa es que yo siempre fui muy flaco, encima jugaba al fútbol, yo jugaba en Ferro. Nunca tuve problemas de riñones ni nada. Una suerte”.

Y sobre el final, deja una mirada, propia de un hombre que trabaja de recorrer la ciudad y observar los comportamientos sociales y señala, “hoy está el tema del celular, que es un problema. Hay mucha gente que se larga a cruzar la calle y va mirando el celular. La otra vuelta a uno, le frené ahí. Y hay choferes que andan mirando los mensajes, que está prohibido. Yo hoy voy en el auto y si me suena el celular, estaciono y lo miro. Pero si andaba en el colectivo, no le daba ni pelota”.

Y reafirma una consigna que todos sabemos: “¡Qué mal se maneja en Tandil! ¡Qué mal! Todos. La gente no usa los espejos, no meten balizas, nada. Pero tiene que ver con que hay mucha falta de respeto por el otro”.

Para cerrar, sobre este tiempo que se avecina, con la jubilación, ahora sí, efectiva, no se amilana y cuenta que “lo que menos estoy, es en mi casa. Tengo el Fluminense al lado y me voy a jugar al Mus. Me voy a tomar mate con los compañeros. Aparte me gustan mucho los coches de carrera, con locura. Voy a todos lados que puedo”.

“Nito”. 54 años recorriendo Tandil, transportando vecinos por toda la ciudad y viéndola cambiar (para mejor y para peor), desde el parabrisas de su “bondi”.

El más veterano de los choferes (“no sé si en la provincia de Buenos Aires habrá alguno que haya estado tanto tiempo”, avisa), “colgó el volante” de la Roja, para bajarse a descansar.

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