Lunes 19 de Nov de 2018 | 20:42 |
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“Tandil debe entender que tiene un problema porque ha crecido muchísimo el consumo de droga”

ENTREVISTAS

Los homicidios que sacudieron a la opinión pública en los últimos días, expusieron, detrás de donde apuntan las luces de la noticia, un flagelo del que poco se habla: los niveles de consumo de droga se incrementan exponencialmente entre los más jóvenes. Gastón Canale desarrolla un fuerte trabajo territorial, rescatando chicos de ese infierno y en esta nota, nos advierte que “como sociedad, debemos despertar”.

Por Mariano López Guerrero (marianolopezguerrero@gmail.com)

Gastón es un hombre de 41 años, padre de dos hijas y tiene los pies en la tierra. Aunque más bien, en el barro. Ex adicto, cuando logró zafar de las garras de las drogas, decidió que su objetivo de vida sería ayudar a otros pibes a salir del abismo y para eso, recorre, a diario, junto a un equipo de trabajo, los barrios de la ciudad, donde el consumo de marihuana y cocaína, según observa, “ha crecido muchísimo en estos últimos años”.

A partir de su tarea en la Iglesia Peniel y en la Fundación Pequeños Hogares, fue contratado por la Secretaría de Protección Ciudadana, para tratar de llegar a cientos de chicos que necesitan ayuda. Gastón cuenta con valores tangibles que consolidan la potencia y credibilidad de su mensaje: sabe de qué se trata la adicción, tiene “calle” y habla un lenguaje que los pibes advierten como, “del palo”.


-¿Qué está pasando con el tema drogas en Tandil, Gastón? Todos sabemos que tenemos ahí un problema, pero no creo que lo conozcamos en profundidad…

-Mirá, hace dos años que estoy trabajando con el Municipio, pero hace 11 que trabajo con el tema de la adicción. Yo estuve 18 años en el mundo del consumo. Un día fui a la Iglesia, me ayudaron, cambié y desde ahí, me dediqué a ayudar. En estos 11 años, yo veía que algunos tomaban cocaína, que estaban en el “faso”, lo que sería el consumo normal. No estoy diciendo que sea bueno, pero dentro de todo, es lo habitual. Pero en los últimos 4 o 5 años, he visto una degradación y hoy estamos en cualquier cosa. Hoy vemos chicos tomando “merca” a los 11 o 12 años. Yo creo que en parte, toda la cultura “tumbera”, que antes estaba reservada, salió a hacer películas, documentales y eso generó que, en vez de educar, fomentó o maleducó. O malinterpretaron. Porque capaz que el sentido de eso, fue educativo, pero lo malinterpretaron. Y como hoy no hay educación, se perdió la educación, un pibe se fuma un “porro” y se cree con derecho a romper un colectivo. Entonces, cuando la cultura villera se mete, genera villas, por más que vivas en un lugar piola. Porque en Tandil, no hay villas, pero se metió la cultura. Hoy trabajamos en barrios, donde la mentalidad ya es “tumbera”. Vemos una educación tóxica, que sumado a la droga, lo contaminó todo.

 

La secuencia es: droga, violencia, delito, suicidio. Hace 15 días, y sabe Dios que no miento, en Tunitas, a cuatro pibes los bajaron de las sogas, que no se alcanzaron a matar.

 

-¿Es decir que lo que está expresando parte de la cultura, está profundizando el problema?

-¡Sí! Hubo un auge de la cumbia villera, de series como Tumberos, Marginal, que los pibes las ven sin filtro. Creen que está rebueno ser “tumbero”, estar en cana. Lo que se quiere enfocar y mostrar en el programa, lo negativo, los pibes no lo ven así. Ven lo otro. Y que eso está bueno. ¿Eso por qué? Porque al no tener una educación moral, con valores, el pibe ve eso y cree que puede ser famoso estando en la cárcel. Ve lo contrario. Es una cuestión de educación. Sobre todo a nivel familia. Cuando no tenés eso, que se perdió, tenés problemas. Vos fijate que en adicción, la causa más grande es la paternidad dañada. Padres ausentes, padres abandónicos, padres golpeadores. Madres también, que antes no se veía y ahora pasa. Entonces un pibe llega a los 11 o 12 años solo, y se cría como puede. Por eso es importante la escuela, pero hoy, la escuela es un trabajo insalubre. Nosotros trabajamos en las escuelas y hay un montón de chiquitos que les preguntás que van a ser cuando sean grandes y te contestan que van a ser chorros. Por eso es que hay que hacer una intervención urgente.

-¿Y notás un crecimiento en esto?

-Un crecimiento muy preocupante. Por eso es que con la Secretaría de Protección Ciudadana empezamos a trabajar en las escuelas. Nos unimos a la Fundación Pequeños Hogares, que trabajamos un montón en Villa Italia, en Tunitas y nos dimos cuenta que teníamos que empezar a hablar urgente con los pibes. Ahora estamos articulando desde el jardín, para la entrada en la escuela. El tema es este: a la maestra se le perdió el respeto, porque hay alguien que sabe más ahora. Por medio de Google, de Facebook, lo que sea. Pero no alcanzaste a poner un filtro, y se mete todo por el corazón del chiquito. Entonces, según quién lo aplauda, está bien para él. ¿Comprendés? Entonces, hay droga en las esquinas, creen que fumar marihuana es normal, después viene el alcohol, estás reloco y a los 15 años, sos un adicto. Tristemente. Capaz que le estoy poniendo un tinte medio oscuro a lo que cuento, pero es la triste realidad.

 

(El caso Bustamante) creo que es un llamado de atención, para que veamos que por la droga, se puede llegar a matar.

 

-En definitiva, cuando pensamos en delitos, viste que siempre se habla del “móvil” de un crimen, de un asalto, ¿En la mayoría de los casos, los pibes que delinquen lo hacen para comprar droga? ¿La droga es el móvil que subyace?

-En realidad, mirá, hay cinco causas fundamentales que generan el consumo. Porque primero tenemos que entender por qué está la droga. Es un ansiolítico que te calma emocionalmente, calma el quilombo que tiene en el corazón ese pibe. Por eso nosotros, cuando le hablamos a los chicos, les hablamos al corazón y no tanto por el consumo. Pero las causas, son: Paternidad Dañada; Duelos, porque se les murió la mamá, la abuela, el vínculo fuerte que tenían, que en familias con problemas, es un montón; Conflictos Sexuales, hay muchos chicos abusados, hay mucha degradación sexual, vemos lamentablemente muchos chicos, muy chicos, con impulsos de manosear a sus compañeras. Si no tenemos parámetros educativos, el pibe toma todo y hace cualquier cosa por instinto, más en la droga, que te saca todas las contenciones morales, educativas, todo, porque están en la cabeza, se cae todo y aflora lo que tiene adentro y termina matando o robando por un gramo de “merca”.

 

Otra causa son los Conflictos Espirituales, porque está muy de la mano el consumo con lo que uno cree y adora. Por ejemplo, crecieron muchísimo, como nunca antes, dos dioses para muchas personas, que son San La Muerte y el Gauchito Gil. Otras deidades te dicen que tenés que cuidar el cuerpo, ¿no?; en éstas no importa, tenés que estar “escabiado”, para tomar coraje, fumarte un porro, tomarte unas “pastas”, porque ese es el lenguaje, para ir a robar. Entonces, si el Dios mayor en el que vos creés, te cuida así… ¿Se comprende? Esto creció un montón y ya formó una mentalidad entre los pibes de que no hay moralidad, está todo bien o todo mal, dependiendo de si el Gauchito me perdona, porque robé y traje droga para los pibes, listo, está todo bien. Entonces, ¿dónde está la conciencia o el límite? Y se perdió la noción de que toda acción tiene una consecuencia. Yo siempre les digo a los pibes: ‘todo bien con el Gauchito, yo te lo banco y todo, ¡pero están todos en cana!”. Con San La Muerte, que se ve muchísimo, capaz no en público, pero está en las casas, los ves que lo están invocando y ves que en algún momento pueden terminar matando a alguien porque lo viven patente, lo tienen incorporado. Y una quinta causa es la Cultura Narco, que gracias a Dios en Tandil no hay, no la he visto. Pero hay ciudades que ya tienen una cultura de consumo, y cuando eso pasa, no lo podés parar. En Rosario ahora bajaron a “Los Monos”, pero ellos ¿Cuántos sembraron? Y todos te van a decir “yo vendo droga, porque con diez ‘tiros’ me gano 15 lucas por día. ¿Vos me vas a pagar 15 lucas por día?”. Cuando lo narco se metió y ya te dio bienestar, te dio derechos, popularidad, plata, que ni el Estado puede hacerlo, pasa lo que pasa en Colombia, por ejemplo, que a Pablo Escobar lo siguen adorando.

 

Primero tenemos que entender por qué está la droga. Es un ansiolítico que calma emocionalmente, calma el quilombo que tiene en el corazón ese pibe.

 

-Bueno, parece un panorama muy complejo como para intervenir…

-Los chicos se sanan hablando. Si vos agarrás a más de una persona que salió de la droga, te va a decir que sanó cuando pudo hablar. Porque “adicción” significa no poder hablar, “no entiendo cuál fue la raíz, sí que me metí en todo esto y no sé cómo salir”. Pero ya te digo, Tandil es un oasis que recién comienza con brotes, con pequeñas cosas, todavía podemos hacer mucho, tenemos una ciudad culta. Hay cosas que podemos hacer porque la ciudad está “sana”, digamos. Vos vas a Rosario y te van a matar por un par de zapatillas.

-Acerca de eso, lo que pasó con Jorge Bustamante, ¿Puede tomarse como un síntoma?

-Creo que es un llamado de atención, para que veamos que por la droga, se puede llegar a matar. Eso que en Rosario pasa muy seguido, acá es un hecho aislado, pero ojo…

 

-Vos sabés que para la mayoría de la sociedad es muy difícil, no solo entender, sino aceptar, que alguien pueda matar a otro por conseguir un poco de droga.

-Sí. Pero yo estuve en la droga. Y sé lo que es la abstinencia. Una vez tuvimos acá una abstinencia obligada porque no bajaban droga porque habían pinchado los teléfonos de los que la traían y la vendían. Entonces cortaron y nos dejaron “remanija”, como se dice. Sé lo que es andar por las paredes…, y pensás cualquiera. Y si ves alguno regalado, pensás “ya fue”. Porque es así, ya tenés adentro tuyo, algo que es más grande que vos. Tenés mil voces adentro, y terminás bardeando. Porque el alma, adentro, precisa ese remedio, precisa esa solución, porque el problema real es el odio, la falta de perdón, la bronca contra la vida, el orgullo, eso está dentro del corazón. El que se droga, lo hace porque tiene algo contra alguien, que no le da el coraje para hablarlo, para actuar y entonces se evade, se escapa.

-¿Cómo es el tema del comercio acá?

-En eso, te digo, somos medio un paraíso. No tenés un narco que venda toda la droga en Tandil. Acá tenes tipos que van a Mar del Plata, viajan, vienen, venden. La marihuana se siembra mucho en las casas. No tenés un narcotráfico. Ahora, si un día llega eso, olvidate. Por suerte no tenemos una cultura de droga, como Buenos Aires o Rosario.

-Marcás mucho la cuestión de la “cultura”. Y pensaba que muchas veces también alentamos y celebramos algunas canciones, series, películas, donde se muestra que el éxito es de quienes están en esa…

-Y…, la cultura es por donde se propaga el mensaje y los pibes le dan bola a eso. Vos en el consumo tenés la experimentación y el consumo, digamos, “responsable”, en el que alguien se fuma un porro y está todo bien. Se calma, y no se agarra a piñas con nadie porque esté fumado. Pero al que está dolido, todo le hace mal. No le sirve el deporte, no le sirve la marihuana, no le sirve nada, porque esa persona está mal, porque fue abusada, golpeada, rechazada. Hay mucha gente sola, muchas familias rotas. A esas personas, cualquier cosa que les des, hace que exploten. Yo de todas maneras, no creo que una canción o un artista haga que alguien mate, pero hay “chabones” que por droga, matan.

-¿Cómo encaras a los pibes a la hora de intervenir? Porque no debe ser fácil llegarles.

-Yo les digo a los chicos que el tema es cómo estamos por dentro. Ver cómo reiniciamos la vida, por más que nos haya ido mal. No todo el mundo nació rico, ni todos los ricos son felices. Hay pobres que son felices y esos pibes van a aprovechar su oportunidad, si se les presenta; pero hay otros que están resentidos con su pobreza y desde esa bronca, piensan que al que tiene, hay que voltearlo. Hay una identidad que se forma, en contra del otro que prospera. Y, en realidad, lo que hay que hacer es sanarse y buscarse las oportunidades.

 

Nosotros trabajamos en escuelas y hay un montón de chiquitos que les preguntás que van a ser cuando sean grandes y te dicen que van a ser chorros. Hay que hacer una intervención urgente.

 

-Muchas veces vinculamos el consumo de droga solo a la pobreza, pero es claro que también está en las clases medias y altas.

-Pero seguro. Lo que pasa es que un chico humilde, se va a drogar lo mismo que alguien con dinero. Compran en el mismo lugar, tienen la misma droga, todo. Con la diferencia que el de clase alta no necesita salir a robar para comprar más droga. Tiene el dinero. Porque puede haber alguien de clase alta que es readicto, es violento, una basura en su casa, pero tiene buen estatus. A ese, es como que lo aceptamos, porque huele bien. Es una porquería, pero con Chanel. Y tal vez tiene un nivel de consumo problemático, pero no molesta al otro en el sentido de que la va a comprar sin necesidad de “salir de caño”, porque tiene poder económico. Pero la condición del corazón es la misma. Por algo están tomando “merca”. La persona sana, no necesita meterse nada en el cuerpo.

-¿Cómo te sanaste vos?

-¡Uh!... Con las herramientas que trató de darles a todos. Entendiendo que la vida tiene cosas buenas y cosas malas. Que uno no puede vivir lleno de odio. Yo me volví punk, quería ser anarquista, romper todo. Iba a hacer una marcha a favor de la droga acá. Pero me di cuenta un día, que toqué fondo, que no había nada, que mi filosofía no servía, y que yo era una bola de bosta porque nunca perdoné a mi viejo, al que siempre dije que un día lo mataba. Y menos mal que cambié, porque sino, capaz que lo mataba. Hay cosas que me pasaron con él, que no era nada malo, simplemente que de chico yo siempre me sentí desvalorizado por él y que prefirió siempre a mi hermano. Y entonces, crecí pensando que en la vida eran todos una manga de basuras, menos yo. Y pasé por un montón de cosas, estuve internado, estuve en situación de calle, nació mi hija y no podía tenerla porque no sabía lo que era ser padre. ¡Un desastre! Y llegué a la Iglesia, por consejo de un amigo, que me mandó después que tuve un sueño en el que Dios me hablaba. Yo tampoco creía en Dios, era anarquista, ¡Imaginate! Pero se ve que yo lo necesitaba, porque me encantó lo que me pasó. Salí de un mundo muy oscuro. Y en la Iglesia entendí que yo era el problema, que me tenía que perdonar, perdonar a mi viejo y cuando empecé a perdonar, se rompió todo en mi vida. Todo. Y no precisé más tomar. Ahí dije ¡Qué boludo! Y eso es lo primero que nosotros tratamos de hacer con los pibes. Que entiendan la situación, replantear, volver al eje. Se van reputeando, pero al mes vuelven y me dicen, “¿Sabés que lo que me dijiste?, ¡Tenés razon!”. Bueno, ¿Querés cambiar?, tenés que perdonar a los demás, perdonarte a vos mismo, sacarte la bosta, no podes seguir tu vida lleno de culpa…

-¿Y cómo ves el tema de los tratamientos, digamos “tradicionales”, que a veces no parecen tan eficaces, que tienen muchas recaídas, que hay encierro...?

-Porque están basados en la psicología. Yo a la psicología la respeto un montón, pero para mí, es el segundo punto. Yo comienzo por la parte emocional. La adicción es emocional. Los pibes saben que la droga está mal. No necesitan que se los digan. Al loco le tenés que tocar las emociones. Es como el dicho ese de “muerto el perro, se acabó la rabia”. No. Matá a la rabia, que el perro es bueno. Casi todos los casos que he visto, lo que está adentro es odio, es rencor, eso te amarga la vida y tenés que tomar algo para eso. El odio, el rencor y la amargura, son tres cosas que nosotros tratamos de sanar para que los pibes salgan bien. Después debe venir la psicología, para combatir las ganas, porque el cuerpo y el cerebro ya experimentaron, pero también saben, por dentro, que tiene paz. Cuando tenés paz adentro, sabés que no precisás y le podes decir a tu cuerpo: ¡Basta!

 

-Veo que tu método apunta mucho a lo espiritual, a comenzar desde el perdón.

-Nosotros somos espíritu, alma y cuerpo. En el espíritu está la fe, la vida y la identidad. Y en el alma, las emociones, las sensaciones, los recuerdos, etc. Por eso, fijate que más que nunca, en este momento entre los 12 y los 14 años, es la iniciación del consumo. Cuando el chico no ha desarrollado quién es. Entonces está más abierto a todo lo que le digan y que los influyan. Antes empezaban a los 15 o 16. Entonces, si se mete una raíz de amargura, algo que no sabes digerir porque sos chico todavía, no estás formado, empieza a meter dolor, resentimiento, bronca y se empieza a romper el corazón. Ahí es dónde hay que sanar, donde está quebrado. Y como la mente está conectada al corazón, el pibe no puede pensar más en nada y a través de la boca o la nariz, ingiere cosas para calmar el dolor del corazón. Por eso, cuando pueden perdonarse, se sacan una opresión de encima y la mente vuelve a pensar y se da cuenta de cómo estaba.

 

En adicción, la causa más grande es la paternidad dañada. Padres ausentes, padres abandónicos, padres golpeadores. Madres también, que antes no se veía y ahora pasa.

 

-¿Es frustrante lo que se puede rescatar en relación al tamaño del problema?

-La proporción es muy pequeña, porque somos pocos laburando. Pero creo que va a crecer porque estamos sembrando esto en un montón de chicos. Primero estamos trabajando en la vinculación, que es llegar al barrio y conectar. La Secretaría de Protección Ciudadana tiene un equipo técnico de 6 o 7 personas que estamos en los barrios, continuamente. Primero tenemos que poder acercarnos para poder decirle al pibe que lo queremos ayudar y que él entienda. Después viene un tratamiento en el que el pibe viene acá (en la sede de Las Heras 781 donde Gastón recibe a muchas familias angustiadas por este flagelo), o nosotros vamos a la casa. Buscamos que sanen. Pero lleva tiempo. Ahora, creo que de acá a dos o tres años, habremos sembrado un montón, porque los pibes quieren salir. Todos. Quieren salir. Pero tenemos que entender que tiene que haber una sociedad que los entienda. No todos los chicos que quieren salir, cambian. Uno tiene que ser sincero. No todos los que quieren, realmente cambian. Porque se precisa un Estado, se precisa la sociedad ayudando. Por eso para mí, hablar de “reinserción social” es una falacia. Si nunca estuvieron adentro, ¿Qué vas a reinsertar? Por eso en su momento nos criticaron por, entre comillas, “ayudar a los chorros”, y yo digo que la única manera de cuidar tu casa, es si yo lo ayudo al loco éste a curarse, porque él es el que te roba. Tenés que ayudarme vos a que yo lo ayude. ¿Se entiende? Porque con una cámara ¿Cómo lo paro a este loco, que anda afanando para comprar droga? Entonces, tenemos que entender que los cambios tienen que ser genuinos y verdaderos, porque no todo el que sale, cambia. Pero el que está en la droga, y está libre, quiere zafar. Es más difícil si entró en la cárcel, porque ahí, se degradó mucho más y sale con la ley del más fuerte.

-Hace un par de años el entonces sacerdote Fernando Mendoza emitió palabras parecidas a las tuyas y fue criticado. ¿Lo recordás?

-Sí. En ese momento, yo estuve de acuerdo con que había droga y eso. No me pareció y no me sigue pareciendo que haya cocinas de paco y demás. De hecho, yo paco no he visto en Tandil, sinceramente. Ahora, que de aquel tiempo hasta ahora, se incrementó el “pipazo”, que hay mucha mas droga, no lo puedo negar. Lo que dijo en ese momento ese hombre, fue en 2016. A hoy, se incrementó muchísimo. Yo lo veo. Yo ando por los barrios y lo puedo decir. Hoy, la gente está pidiendo ayuda por la droga. Nos llaman de las escuelas. Y ahora, está el “pipazo”, que es fumar la cocaína, con bicarbonato de sodio. Fumarla es más destructivo, es tremendo. Pero no puedo decir que haya cocinas de paco porque nunca las vi, ni he visto chicos con paco, porque enseguida tenés en el hospital chicos con problemas de respiración, con síntomas, etc. Ahora, el hábito de fumar cocaína ya es casi como el del paco. Esa cultura ya está.

 

-Tengo la impresión, entonces, que los volúmenes de droga que alcanzan a secuestrar las autoridades es irrelevante en relación a lo que circula en la ciudad.

-Hay allanamientos, hay denuncias. Yo al fiscal Fabio Molinero lo veo trabajar un montón. El otro día, agarraron una banda con bastante cocaína. El tema es que Tandil está rodeado de cárceles y eso es algo que tenemos que pensar de acá a 20 años, qué vamos a hacer, porque si no entendemos eso… Hay un fenómeno que es el pariente que viene a visitar a un preso en Barker, por ejemplo, y ve que esto es un paraíso. Que acá estamos todos “regalados”. Tenemos cierta inocencia en eso. Hay que reforzar algunas cosas. En la Terminal tenés que meter perros, más policía. ¡Nosotros comprábamos la droga en la Terminal! ¡Venía en encomienda! Tiene que haber más control y tenemos que entender que en Tandil, hay droga.

 

En los últimos 4 o 5 años, he visto una degradación y hoy estamos en cualquier cosa.

 

-¿Qué más falta?

-Y…, no tenemos un centro de día en Tandil para tratar las adicciones. Nada. Estamos nosotros en la Fundación Pequeños Hogares, en avenida Pujol, haciendo un centro de día para aquellos pibes que quieren salir del ámbito del consumo, porque tenés que sacarlos de ahí. Pero tampoco podes internar a todo el mundo. Porque hay que entender que cuando internas, el chico está ahí adentro, todo amor y paz, está buenísimo. Lo sacaste a la esquina y al de la esquina ¿Qué le importa?, le vende de nuevo. Porque vos no formas una identidad en el pibe. Lo refugias. Nosotros hacemos lo contrario, tienen que empezar a trabajar, ganarse el mango, a convivir con que la droga está ahí, porque el mundo no va a esconder la droga porque vos necesites cambiar. Es como un entrenamiento. Pero en Tandil no tenemos centro de día, no tenemos el Sedronar, estamos haciendo lo posible desde la Fundación para que vengan, pero nos dicen que hay recortes y que sé yo… Bueno, no damos abasto.

-¿Dirías que el panorama es desalentador?

-Hay que concientizar a la sociedad. Que despierte y que entienda que tenemos una problemática que está avanzando. Y si no hacemos nada, lo va a seguir haciendo. Tenemos que educar, tenemos que invertir, porque la secuencia es: droga, violencia, delito, suicidio. Hace 15 días, y sabe Dios que no miento, en Tunitas, a cuatro pibes los bajaron de las sogas, que no se alcanzaron a matar. Porque alguien los encontró justo. Eso fue más o menos para el Día de la Madre. Hace un mes un muchacho se colgó en el dique. Antes se mató el chico C… (Gastón lo menciona pero por respeto a su memoria y su familia, es preferible obviar su apellido). La mayoría de los suicidios, especialmente de jóvenes, es por profundas depresiones, vinculadas a la adicción. Mientras la droga está, hace como un colchón. Pero cuando deja de tener efecto, porque ya te acostumbraste, asimilaste, ya no te cambia la vida, entrás en la depresión, y ya ni la droga te sostiene. Y terminás con el suicidio. Otra: ¿Sabés cuántos pibes y pibas tienen los brazos con tajos, como si se quisieran cortar las venas? Y uno se pregunta ¿Por qué tantos pibes? ¿Qué está pasando? Los chicos ven a los padres que se quedan sin laburo, que no alcanza para comer…, todo influye. Y hoy los pibes no pueden creer en nada, ni en la política, ni en nada. Y se preguntan: “¿Qué sentido tiene la vida?”. Ninguno. Es muy difícil. Perdón por el pesimismo, pero son muchos casos y esto está pasando. Necesitamos profundizar el trabajo, educar, prevenir, la prevención ayuda un montón, y el Estado y la Sociedad no pueden hacer oídos sordos a esto.

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