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La temperatura pone en emergencia al planeta

OPINION $datos[

Advertencias de la ONU y la mirada de un experto de la Facultad de Ingeniería de la UNICEN. La salud del planeta entró en una fase perturbadora. El aumento de la temperatura está provocando graves desequilibrios climáticos, con consecuencias que no solo son ambientales, sino también económicas y sociales.

En 2015, en París, todos los países de la ONU se pusieron de acuerdo en la necesidad de reducir las emisiones contaminantes. Ese compromiso tiene el objetivo de mantener el aumento de la temperatura media global por debajo de los 2 grados centígrados, con relación a los niveles previos a la Revolución Industrial. Y aun así, el verdadero desafío es que ese aumento no supere los 1,5 grados. “Es una situación alarmante porque hay acuerdos para reducir las emisiones a la mitad en un contexto donde siguen creciendo”, sostuvo el ingeniero Gabriel Blanco, docente e investigador de la Facultad de Ingeniería de Olavarría, experto en cambio climático y representante de Argentina en diversos foros mundiales sobre ambiente.


El calentamiento del planeta es una situación concreta que está provocando eventos climáticos extremos como inundaciones, sequías, incendios forestales, huracanes, desertificaciones. Cuando aumenta la temperatura se eleva el nivel del mar, y eso afecta directamente a las zonas costeras y causa cambios catastróficos en el equilibrio del ambiente.


La ONU, a través del grupo de expertos y técnicos que integran el Panel Intergubernamental sobre Cambio climático (IPCC), difundió días pasados un informe especial sobre las consecuencias que tendría para el planeta si se superan los 1,5 grados entre el 2030 y 2040. “Desde la Revolución Industrial la temperatura aumentó 1,2 grados, así que para llegar a los 1,5, en términos históricos, no falta nada”, calculó Blanco, quien tiene a su cargo la Diplomatura en Energías Renovables y Tecnologías para el Desarrollo Sustentable que se dicta en la FIO.


 

Contrarreloj

El informe del IPCC corrobora información de todo el mundo, articula las tendencias, reúne cálculos globales sobre la situación de cada sector. Habla de plazos y de posibilidades. No ofrece recomendaciones políticas, pero es el sustento científico para que los líderes políticos tomen las decisiones fundamentales para revertir esta situación.


Para Blanco, “los impactos del aumento de temperatura que estamos viendo diariamente son tremendos. En Argentina con gran cantidad de tornados, olas de calor. Tornados en el Mediterráneo, huracanes en Europa. Es cada vez más evidente el cambio en el sistema climático”.


En este escenario, existen posibilidades de evitar el aumento de temperatura. “Se requieren dos cosas”, adelantó el ingeniero. “Primero un gran esfuerzo de todos los países para reducir las emisiones. Y por otro lado entender que no es suficiente con la tecnología para enfrentar el efecto invernadero, sino que se deben revisar los modelos de producción y consumo que imperan en el mundo”. Es la primera vez que este tipo de informes advierte abiertamente sobre la necesidad de modificar este esquema.


“Es muy interesante esta mirada”, subrayó Gabriel Blanco. “Porque hace foco en qué se produce, cómo se produce, cómo se consume. Donde además se contemplan las desigualdades, que son enormes”.


En su intercambio de experiencias y panoramas con otros funcionarios y expertos de diversos países, Blanco apunta que “hay una movida muy interesante por volver a una dimensión más local, a la pequeña escala”. En principio “se piensa en descentralizar el poder político, que no todo sea tan vertical, ya que eso ayuda a mejorar la cuestión local. Y también se alienta la desconcentración de los bienes que se consumen. En vez de tener el hipermercado, fomentar la producción más pequeña, donde en los puntos de venta puedas encontrar productos locales elaborados. Si bien muchos productos necesariamente tienen un circuito de producción muy difícil de equiparar, para otros casos más simples la idea es que haya más injerencia de la producción local. Se requiere otra forma de consumir, otros modelos de empresas. Hay que cambiar los patrones de producción y consumo”, subrayó el docente de Ingeniería.


Un concepto en ese sentido es el de desarrollo sin crecimiento. “Es la idea de desarrollarse desde lo humano, como sociedad, sin necesidad de un crecimiento económico material permanente. Pero para eso se necesitan voluntades, convencimientos”, apuntó Blanco.


¿Y Argentina?

En temas ambientales, Argentina está atrapada en su propia contradicción. Funcionarios del actual gobierno, y también de los anteriores –según Blanco- sostienen que nuestro país no es parte central del problema. Podría ser una postura correcta, si no fuera que el resto de los países del mundo, salvo Estados Unidos y China, también emiten pocos gases contaminantes. Y sería más entendible si no hubiéramos firmado ningún acuerdo para reducir nuestras propias contaminaciones. La verdad es que nos comprometimos ante el mundo, y no estamos cumpliendo. Los esfuerzos por cambiar nuestra matriz energética y usar otro tipo de energías, todavía es muy incipiente.
Blanco pone en el centro de la discusión el yacimiento petrolífero Vaca Muerta. “Por un lado nos comprometemos con todos los países a reducir nuestras emisiones, y por el otro fomentamos soluciones a partir de Vaca Muerta, para llenar a Argentina de gas y petróleo. En algunos casos vamos en sentido opuesto al mundo”, indica.

 

 

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