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La escuelita de fútbol y comedor de Movediza que teme quedarse sin lugar

ENTREVISTAS

La Agrupación Genaro funciona, en el barrio Movediza, como un espacio de contención de alrededor de 90 pibes, que todos los días entrenan fútbol, pero además, reciben una merienda o la cena y los saca de la calle. La construcción de una senda aeróbica en la zona, amenaza la continuidad de este lugar, según David Lavín, su mentor.

Por Mariano López Guerrero (marianolopezguerrero@gmail.com)

 

David nos llamó para contar su problema. En los últimos días, la maquinaria municipal comenzó a mover tierra en el predio del Centro Integrador Comunitario del barrio, y acumuló montículos en el predio que él utiliza para entrenar a los pibes de la zona, en la todavía incipiente escuelita de fútbol que creó apenas hace cuatro meses, con la intención de generar un espacio para contener a los chicos, imposibilitados, la mayoría de ellos, de acceder a un club formal, para practicar algún deporte.


“Se me ocurrió hacer la escuelita y empecé con cuatro o cinco chicos. Y después de entrenar le pedí a mi mamá que les hiciera la merienda. Al otro día, vinieron más. Al tercer día, eran diecisiete. Pasé de cuatro a diecisiete en tres días”, cuenta David, conciente de que la necesidad de llenar la panza fue un incentivo tan fuerte como la pasión por jugar al fútbol.

Así fue que David convocó a su amigo Leandro “Leo” Escudero, a María José Jofré, a otro “profe” más y a su mamá, Liliana Décima, cocinera y bautizada como “abuela” por los pibes que hoy integran “Genaro”. Después se sumaron otras manos solidarias, que les dan clases particulares y talleres de música y teatro, con los que los pibes también se enganchan.

 

Pero siempre, el alma de la agrupación, es el fútbol. Entonces, el espacio usado por los “profes” para entrenar es el predio del CIC, de La Pastora, Misiones y De La Canal, justo frente al mítico cerro, donde hoy reina la réplica de la Piedra que hizo famosa a Tandil y que le dio el nombre a la barriada.

Los problemas aparecieron hace algunos días, cuando las máquinas comenzaron a trabajar en una senda aeróbica que, en apariencia, rodeará el CIC y según David, “va a cruzar la cancha por el medio. Entonces nos quedamos sin el espacio para jugar”.

 

“Acá, podes poner un comedor cada dos cuadras, porque hay miles de pibes. Hace 20 días, en el comedor no teníamos mujeres y hoy tenemos 17. Hay muchos nenes, cada cinco cuadras podes tener un comedor”.

 

Lavín se enoja porque afirma que “el Municipio sabía lo que nosotros hacemos en ese espacio. Lo sabían porque nos llamaron, porque hace un tiempo nos mandaron un profe, porque los del CIC nos ven entrenar ahí” y sospecha que hubo una acción de cierta malicia en el vuelco de la tierra en el predio, por lo que los chicos ahora están complicados para seguir peloteando todas las tardes, porque el espacio se redujo considerablemente, con varios montículos acumulados dentro del terreno.

“En vez de sacar la tierra, siguen haciendo más cosas en el único lugar que tenemos nosotros para juntar a los pibes”, se queja David, mientras que Leo Escudero, considera que “la senda esta bien, es una obra que sirve, pero la van a cruzar por el medio del lugar donde hoy le estamos dando fútbol a 60 chicos. Para nosotros es una complicación”.

Las actividades en la Agrupación Genaro se basan en la práctica del fútbol y la senda, de cruzar la “cancha” a la mitad, prácticamente “nos cortaría la piernas”, dicen, citando a Maradona, ya que hablamos del deporte más lindo de todos.

David se lamenta porque “hoy, ir a un club sale dinero que estas familias no tienen. Nosotros tratamos de integrarlos de la mejor manera y si ellos hacen esto, nos dejan sin el espacio y los chicos se nos van a ir. Ya de por sí, eso no es una cancha. Pero la usamos como si lo fuera. Si nos cruzan la senda por el medio, nos cortan un poco las piernas”.

 

La escuela de fútbol es un gran anzuelo, para un proyecto en el que los pibes además encuentran un espacio en el que se aseguran la merienda y algunos días, la cena. Y también se brinda ayuda escolar, talleres e, igual de importante para estos chicos, un espacio de contención y un sentido de pertenencia.

“Para nosotros, es primordial que les vaya bien en la escuela. A la tarde vienen al fútbol. Ya son 92 chicos que participan de todo lo que hacemos. A las seis de la tarde nos juntamos todos. Vamos Leo y yo y la profe que trabaja con las nenas. Y ocho y media vienen los más grandes. Pero ahora, con esto que está pasando, no tenemos un lugar para entrenar, acá no hay un club cerca, el mas cercano es Ferro. Y no hay otro predio en Movediza para hacerlo. Es el único lugar que tenemos para sacarlos de las cosas de las que los estamos sacando. Si nos cortan el predio al medio, nos dejan sin lugar. Y trasladarnos es imposible, los nenes no tienen recursos para moverse a otro lugar”, relata, angustiado, David, quien a veces usa el predio frente al CIC, ubicado en la base del cerro, donde está la Capilla Nuestra Señora de Loreto, “pero no tiene luz”.

Este joven, que vive en el barrio y convirtió su casa de calle De La Canal en el comedor y virtual “sede del club” Genaro, pone reparos cuando se le pregunta por qué cree que ocurrió este asunto de la tierra en la “cancha” y la senda intrusa. Y recuerda el episodio sucedido hace algunas semanas, “que cortaron la luz de todo el predio del CIC. No teníamos luz. Eran todavía los días cortos así que oscurecía temprano. Estuvimos tres días sin luz. Nos movimos por todos lados, tocamos lugares, contactos, hasta que la Usina reconectó la luz. Por qué el CIC estuvo tres días sin la luz, no tenemos idea”.

Al respecto, David dice que desde el Municipio quisieron reunirse con él, “pero yo no puedo ir, porque a la mañana trabajo. Creo que tendrían que venir ellos a ver lo que hacemos y cómo lo hacemos, que le estamos dando una mano a un montón de chicos” y todavía recuerda una charla telefónica con una funcionaria de Desarrollo Social, cuyo nombre no recuerda, “que me dijo que iban a venir a conocer el lugar antes de septiembre, pero todavía los estamos esperando”.

 

“Se me ocurrió hacer la escuelita y empecé con cuatro o cinco chicos. Y después de entrenar le pedí a mi mamá que les hiciera la merienda. Al otro día, vinieron más. Al tercer día, eran diecisiete. Pasé de cuatro a diecisiete en tres días”.

 

De todas maneras, aclara que “nosotros estamos abiertos a dialogar con todo el mundo, pero yo lo que no quiero, es que me pongan un cartel del Municipio acá. Esto lo hacemos de corazón y por los pibes. Las cosas las conseguimos nosotros, vamos, pedimos, compramos, mi mamá les cocina y estamos abiertos a todos los que quieran colaborar. Aunque ya hay mucha gente que nos ayuda, del barrio y de afuera del barrio”.

La relación con el ámbito municipal, es, se infiere, entre distante y tensa. “Ellos saben lo que nosotros hacemos, me llamaron, me dijeron que estaban contentos con lo que hacíamos, pero me dijeron que la Municipalidad tiene gente paga para estas cosas y me mandaron un profesor de educación física, que les quería dar rugby a los chicos. Los pibes quieren jugar al fútbol. Se quedó con solo tres chicos que querían jugar rugby y le tuve que decir que no siguiera porque sino los pibes se me iban”.

También dice que le ofrecieron una cocinera con conocimientos en manipulación de alimentos, pero tampoco prosperó.

 

“DOS ARCOS EN VEZ DE UNA SENDA”

 

“Si no entrenamos, los nenes se empiezan a ir para otro lado y lo que priorizamos es el bienestar y que puedan tener continuidad. Que les vaya bien en la escuela, así pueden venir. Tenemos planeado un viaje para fin de año. Pero todo eso se construye con estabilidad emocional que tratamos de dársela en base a un deporte. Y estas cosas, ponen todo más cuesta arriba”, interviene Escudero.

 

Y David insiste: “lo único que quiero del Municipio es el lugar, en el CIC, que obviamente, es municipal. Pero después, nosotros trabajamos por nuestra cuenta.

Dos veces por semana damos la merienda y tres veces por semana la cena”, aunque su compañero Leo aclara que “no es que no queremos saber nada con el Municipio, nosotros estamos abiertos a charlar, pero hasta ahora no han venido. No buscamos ayuda económica ni material, pero sí que se acerquen, que conozcan, que vean”.

“Hace diez años, Movediza estaba lleno de canchitas de fútbol, hoy no hay ni una. Si como Municipio veo que alguien esta haciendo este trabajo con los pibes, le hubiese puesto dos arcos, en vez de cruzarle una senda peatonal. Y dejar los montículos de tierra, que fue innecesario, porque ahora cuando pasen la máquina, nos va a romper toda la canchita, lo poco que nos quedó”, reclama nuevamente David, quien remarca que “el lugar quedó muy reducido, muy chiquito. El miércoles tenía 64 chicos, de entre 6 y 14 años, en medio de los montículos de tierra. Nos tuvimos que volver enseguida”.

“No queremos pensar mal de la otra parte, pero el Municipio tenía claro que ese lugar lo usábamos para que entre 60 y 90 pibes jueguen al fútbol todos los días. Lo sabían porque la gente del CIC nos ve y porque incluso ellos me mandaron al profe este que te comento del rugby”, dice Lavín, quien advierte también que el comedor y la agrupación tienen apenas unos meses y que recién están comenzando los trámites para formalizar el proyecto, aunque las urgencias de los pibes, pasan por otros lados, menos burocráticos.

“Nosotros lo que hacemos, lo hacemos de corazón. No hay un sueldo para nadie. Nos levantamos pensando en esto y nos acostamos pensando en esto. Vamos, ponemos la cara, pedimos el pan, pedimos la leche, pedimos o compramos una bolsa de papa, lo que haga falta”, dice David, quien se motivó a ayudar, al no poder mantenerse indiferente a la realidad social que transita sus mismas calles, todos los días y que, como asegura, “afecta a miles de pibes”. Y enseguida sumó al resto de colaboradores que conforman la agrupación.

 

“La senda esta bien, es una obra que sirve, pero la van a cruzar por el medio del lugar donde hoy le estamos dando fútbol a 60 chicos. Para nosotros es una complicación”

 

“Acá, podes poner un comedor cada dos cuadras, porque hay miles de pibes. Hace 20 días, en el comedor no teníamos mujeres y hoy tenemos 17. Hay muchos nenes, cada cinco cuadras podes tener un comedor”, señala.

“Estamos abiertos a todos los que se quieran incorporar, porque no es una mano para mí, es para ayudar a toda una generación que viene en el barrio, que son muchos, muchos pibes. Imaginate que si en invierno somos esa cantidad, ahora en primavera, ¿Cuántos nenes vamos a tener?”, indaga, imaginando que serán muchos más los chicos que acudan por la taza de leche y por la posibilidad de divertirse detrás de la pelota, tan salvadora siempre. Incluso, la agrupación ya ha empezando a participar en encuentros con otros clubes en infantiles. También han conseguido hacer juegos de camisetas, lo que supone, para estos nenes, cuyas edades van de los 4 a los 18 años, un proyecto en serio.

“Lo que quiero, es que me saquen la tierra y no me hagan la senda por el medio del lugar donde juegan los chicos. Eso nos perjudica, porque no tenemos otro lugar. Sinceramente, esto no es por hacer política ni nada de eso. Nuestra política es ésta, ayudar a los pibes, sacarlos adelante y hablarles de lo que es el trabajo, no dejar la escuela, no drogarse, no andar robando y muchos padres ahora vienen y nos cuentan, que antes eran las 3 de la mañana y los chicos estaban con el teléfono. Ahora, a las 12 de la noche están durmiendo. Nosotros, en las horas de entrenamiento y acá en el comedor, no los dejamos usar el teléfono. O vienen los padres y nos dicen que a alguno le fue mal en la escuela; y si bien nosotros no somos nadie, le decimos que no puede entrenar ese día, o que no van a un encuentro. Y la verdad es que se ponen a estudiar, vienen a particular. Y les cambió el vocabulario también. Completamente. Esto es sacarlos de la calle y de muchas cosas que se ven acá en Movediza. Estamos trabajando sobre la generación que viene. Donde vemos un pibe, tratamos de sumarlo, no esperamos que venga, porque de alguna manera, siempre se llega con la comida, siempre alcanza”.

Belén Blois - Estudio Inmobiliario - Constitución 651 - Tandil - Tel.: 249 468 1897

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