Sábado 29 de Enero de 2022 | 10:4 |

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Dr. Gentile: “La manera de comunicar sobre una enfermedad no es el whatsapp”

En las últimas semanas, ha ido creciendo el nivel de alarma por la ocurrencia de algunos casos fatales causados por el germen estreptococo pyogenes, en diversos puntos del país. Al respecto, el Médico Infectólogo Dr. Jorge Gentile (M.P.: 80785), busca llevar tranquilidad a la comunidad al señalar que “no estamos ante una epidemia”.

Por Mariano López Guerrero (marianolopezguerrero@gmail.com)

 

Gentile es un reconocido profesional en su área como Jefe del Servicio de Infectología del Hospital Santamarina y especialista en Infectología del Sanatorio Tandil. A partir de su experiencia, su mirada sobre lo que está ocurriendo en términos informativos con los casos de estreptococo, son entendibles para una comunidad “que se mueve a partir de lo emocional”, pero advierte que las patologías que presenta el germen “raras veces llevan a la muerte”, aunque también reconoce a este microbio como un organismo “impredecible”.


-¿Entonces por qué estamos frente a una especie de psicosis colectiva con respecto al estreptococo?

-Porque el problema somos nosotros, no el microbio. Porque en diez casos confirmados de una enfermedad, que no es lo habitual, pero no es una epidemia desde el punto de vista de los números, ni tampoco este germen es habitual que ocasione epidemias en grandes masas poblacionales. No es la gripe, que se transmite por aire; no es el ébola, que se transmite por aire, por secreciones, por contacto; no es la tuberculosis, que se transmite por aire… No hay miedo de una explosión de enfermos y de muertes. Sí tiene ciertas características, este microbio, que lo hacen, en su genio epidémico, impredecible, y a veces una infección banal, termina en algo grave y a veces la muerte. Y a todos los médicos nos ha pasado. Pero son casos que no los esperas, no son las anginas previsibles, las infecciones de piel comunes, son cuadros que a veces por más medidas anticipatorias que tomes, no lo podés evitar. La única herramienta útil para el control de infecciones en masas poblacionales, es la vacuna. Este germen no tiene vacuna, por lo tanto no es controlable a grandes niveles de población. ¿Y dar antibióticos en forma masiva? Y…, vamos a tener más muerte por alergia a la penicilina e intolerancia, que problemas con el estreptococo.

 

Estas son infecciones que habitualmente son benignas y todos los años, lamentablemente, tenemos casos graves, pero se producen en forma esporádica, no epidémica.

 

-Entonces, como para ir entendiendo, ¿La diferencia de lo que está pasando es que estos diez casos de este año están en la tapa de los diarios y los casos de los años pasados, no?”

-Yo no tengo la autoridad, en un país de 50 millones de habitantes, para decir cuántos casos realmente hubo y cuántos no. La epidemiología es estimativa. Puede haber muchos casos que hubo y que el sistema de salud no los detectó, porque no llegaron, o porque no se registraron como tales. Pero en términos medios, uno sabe que en Argentina existen 17.000 tuberculosis nuevas por año, por ejemplo; que existen 5000 VIH nuevos. Son estimaciones. Con respecto al estreptococo, mortal, debe ser en la cifra que se presume. Quizá se dio agolpada o acumulada, apiñada, esa serie de casos, quizás sucedieron muy seguidos en el tiempo, no en lugares cercanos, pero sucedieron en Mar del Plata, en Buenos Aires, en Rosario. Pero sí en época esperable, como es la primavera. En la primavera, si uno busca en las fauces de los niños, aún en los niños sanos, pueden estar colonizados por este germen y nadie se hubiera enterado jamás. Si uno a todo niño que tenga esta bacteria le da antibióticos, no está tratando nada, porque es habitual que este germen esté, en parte, con el ser humano. Ahora, ¿por qué los casos graves? No siempre tenemos explicación. Son disímiles, desde personas adultos a jóvenes y niños; algunos con angina y otros chicos, sin angina… Este germen puede dar muchas patologías, la mayoría de ellas, benignas. La Escarlatina, la Faringitis, son patologías benignas, de auto resolución espontánea en pocos días, que raras veces progresan y llevan a la muerte. Quizás las veces que más suceden estos casos, es cuando se produce lo que se llama “Síndrome de Shock Tóxico”, que ya no es tanto la infección, sino toxinas. Entonces los antibióticos no tienen un gran efecto. Por eso, bien se ocupó la gente del Instituto Malbrán de tipificarlo y descubrieron que estos gérmenes tienen las toxinas de todos, que no son diferentes, no es una cepa más virulenta o más grave que otras. En cuanto a la información, bueno, se da y una vez que se da, depende de la reacción de las personas.

-Un elemento que hizo que esto se instalara en la opinión pública con mucha preocupación fue que los primeros casos fatales tuvieron que ver con bebés. Eso tiene mayor impacto.

-Cuando hablamos de mortalidad y de salud parecemos duros y muchas veces originamos una reacción adversa de quien nos está escuchando. Cuando hay enfermedades graves, la comunicación con el médico se rompe. Si yo salgo a decir que hay un enfermo grave internado, a la familia, a la prensa, o a quien sea, la comunicación ya se rompió, porque ya no se está escuchando. Porque son noticias muy feas, pero parece que las hubiera originado el que las dice. Y a veces nos comportamos como una sociedad infantil, que necesitamos un cuidado y una garantía permanente de todo lo que nos sucede. Le pedimos garantías al estreptococo y no a la ruta 226, que tiene mil veces más muertos que el estreptococo. Entonces, estas son infecciones que habitualmente son benignas y todos los años, lamentablemente, tenemos casos graves, pero se producen en forma esporádica, no epidémica. Esporádica es que sale un caso aislado y otro por otro lado y el cúmulo de casos en una semana fue lo que está ocasionando esta preocupación. La preocupación también es en los sistemas de salud: si un 5% de la población decide consultar, ya entorpece la atención habitual de toda la enfermedad esperable. Los infartos, la neumonía, los accidentes… Y si el 10% de la población consulta, saturó y rompió el sistema de salud porque no lo puede atender.

 

Sí tiene ciertas características, este microbio, que lo hacen, en su genio epidémico, impredecible, y a veces una infección banal, termina en algo grave y a veces la muerte.

 

-¿Notó un incremento respecto de esto?

-Si. Me lo dicen los médicos. A nosotros nos piden nuestros colegas médicos: “Che, hablen ustedes”. No lo frenás a eso, es muy difícil porque lo mueve la emoción. Entonces es muy difícil decir “no, no, usted no tiene que consultar”. Nosotros decimos que ante un cuadro de fiebre y faringitis y con ganglios y molestias, consulte en la Guardia y el médico decidirá si hace hisopados o no, si hace test rápido o no y si medica o no medica. Si el criterio del médico es que es una infección, probablemente viral, no lo va a medicar y es así como se diagnostica en todo el mundo. Si alguien tiene catarro, picazón de ojos, bronquitis y laringitis, 99% de las veces no es un estreptococo, entonces puede decirle “espere que el cuadro tenga resolución”. Puede suceder que la persona exija un antibiótico para sentirse segura, le puede hacer el hisopado y determinar si sí o si no y bueno, manejarlo. Pero cuando hay emoción es muy difícil, porque se pone por delante la vida y que es un riesgo y que no quieren pasarlo. No lo atenuamos a ese riesgo dándole antibióticos a todo el mundo.

 

 

-¿Hay un método establecido para comunicar epidemias en estos casos?

-Bueno, no es el whatsapp. Eso origina más mal que bien.

-Pero hubo un silencio del sistema sanitario en el arranque de esta situación. ¿No termina eso alimentando lo que circula en whatsapp?

-Un sistema de salud tiene que ser muy prudente con lo que dice, porque incluso hablando con la veracidad, se ocasionan miedos y angustias y pánico; y si encima uno lo incendia, malgastamos el tiempo de la gente y también el trabajo y desgastamos al sistema de salud. Segundo: uno tiene que estar con todos los números firmes, antes de salir a dar información, y para el criterio epidemiológico básico, los números tardan de 15 a 20 días en acumularse y confirmarse. El saber algo minuto a minuto no existe en Medicina. Una persona tuvo un contacto, ese contacto tarda cinco o diez días en manifestarse y después sucede la infección. La infección puede, o no puede, ir al sistema de salud, el médico puede o no, registrarlo y comunicarlo. Todo eso, después sigue un curso que llega hasta la autoridad de salud. A la autoridad llegan los casos comunicables y severos, no toda la enfermedad que vemos los médicos. En esto soy oficialista y mis colegas también. Si la autoridad de salud dice “muchachos, tienen que reportar todas las anginas que se están viendo”, se reportan. Por ejemplo, habitualmente la hepatitis, la tuberculosis, las neumonías graves, los hantavirus, todo eso se reporta. Pero si no, sería una carga asombrosa y una información que no tiene mayor valor. Presumo que si hay un brote, como puede, porque yo todavía no puedo decir que no, sobre esto, bueno pues se acumulará información y dado que no hay vacuna para prevenir, lo que hace el ministerio, es dar una alerta a los efectores de salud para que manejen los enfermos y a la persona, pautas de alarma para que consulten cuando es apropiado.

 

Las vacunas son un bien social. La vacuna no se da para que se salve uno, se da para proteger a millones. No darla es un error.

 

-Es decir que respecto del  tema puntual del estreptococo usted lo que envía es un mensaje de tranquilidad. No volverse loco.

-Tranquilidad. Hay veces que por más mensaje que haya, no tiene efecto tranquilizador. Eso lo vemos en la Guardia del Hospital Santamarina. Uno, por día, tiene varias peleas con cuestiones que no lo merecen, no lo ameritan, pero cuando alguien está emotivo o mal, bueno, lo hace. Segundo punto es que, cuando sucede una muerte, siempre parece que el sistema de salud tiene la culpa. Eso no está muy bien focalizado y es tendencioso, particularmente con este germen. Porque una cosa es no atender un accidentado y otra, muy distinta, es tener un fallecido por estreptococo beta hemolítico, porque es un germen que cuando está en sangre es terriblemente grave, terriblemente rápido, y pese a que estudiamos, asistimos a cursos, tratamos de incorporar novedades, los enfermos que se morían por esto hace 15 años, se siguen muriendo hoy, porque no avisa, es imprevisto y es extraordinariamente veloz. Entonces, eso siempre va la tapa de los diarios, por más que no queramos. Es una persona joven, un chico que estaba jugando al fútbol y en seis horas está en una terapia intensiva. Y un adulto, lo mismo. Nos ha pasado, en nuestra ciudad, y a lo largo de 30 años, varias veces. Y todos quedamos perplejos y no podemos comunicarlo, pero el problema no es el sistema de salud, ni el médico, es el tipo de enfermedad que no da mucho aviso. Un cuadro de sarampión clásico, avisa. Tiene fiebre, se pone con pintitas, tiene catarro nasal y nos damos cuenta lo que está pasando. Una tuberculosis también: la persona pierde peso, expectora sangre, tiene fiebre, adelgaza y bueno va al sistema de salud, se diagnostica. Estos casos muchas veces suceden en personas sin ninguna predisposición especial, son sanos. Entonces origina todo ese cimbronazo que no lo podemos evitar. No culpo a la población, porque cuando ve que se mueren chicos en un corto lapso, hay inquietud.

 

VACUNAS

-Dr., desde hace tiempo noto que vuelve una discusión que yo creía zanjada, que tiene que ver con la vacunación contra algunas enfermedades. Se plantea esta discusión de algunos padres que deciden, por una cuestión ideológica o por filosofía de vida, no vacunar a los chicos y empiezan a aparecer casos de enfermedades que creíamos desterradas. ¿Qué mirada tiene sobre eso?

-Así como las enfermedades infecciosas, transmisibles, tienen un impacto social y causan epidemias, o sea, afectan a mucha gente, a pueblos, las vacunas son un bien social. La vacuna no se da para que se salve uno, se da para proteger a millones. Entonces si yo no me la doy, yo no me enfermé, el germen pasó por mí, a mí no me pasó nada, pero a otro que es más susceptible de eso, sí. Lo que pasa es que la vacuna tiene que abarcar toda la franja etaria, a toda la población, tiene que llegar al 95% de la población, para tener efecto. Y el no darla es un error. En eso, los planes de vacunación son claves y Argentina tiene, lejos, el mejor plan de vacunación de Latinoamérica, copiado por muchos países del exterior. El no dar la vacuna es un mal social, porque permitimos los brotes. Sucede en Venezuela, está sucediendo en los países en los que refugiados llegan a un país, sin estar vacunados, aparece el sarampión, la tuberculosis, la tifoidea…

 

No lo frenás a esto, es muy difícil porque lo mueve la emoción. Entonces es muy difícil decir “no, no, usted no tiene que consultar”.

 

-¿Ese sujeto que no está vacunando, puede igualmente contagiar a alguien que sí esta vacunado?

-No, al que está vacunado no.

 

 

-¿Pero entonces no se supone que si yo me vacuno, tengo una barrera contra los que no se vacunan y pueden contraer el germen?

-Si, pero esa barrera tiene que llegar al 90% de la población. Si el escudo es bajo empieza a diseminarse. Igualmente, si bien las vacunas son casi 100% efectivas, no hay nada de efectivo ni 100% seguro. No existe en Biología. Entonces, yo por más que vacuno, puede haber casos de sarampión, porque la vacuna tiene una tasa baja, pero tiene tasas de fallas y por defecto del sistema de salud, o porque la vacunación no llegó a una zona o la madre que llegó tarde y no lo pudo vacunar, o en el colegio no se hizo la vigilancia. Puede pasar. Lo importante es que para que una enfermedad sea erradicada por vacunas, las tasas de vacunación tienen que ser muy altas y sostenidas en el tiempo. Yo no puedo vacunar un año y después olvidarme tres años más de vacunar. Tiene que ser política de salud y acá es política de Estado, la vacunación.

-Bueno, pero ahora se está hablando de algunos recortes y vacunas que se van a sacar, como la de la meningitis. ¿Está preocupado?

-Sí, pero la de la meningitis es una vacuna, todavía discutida. Si vos me preguntás qué países la tienen. Acá la tenemos por una inclusión al calendario, pero esto lo podemos poner entre paréntesis, por que hay opiniones controvertidas. Los países más ricos del mundo no dan la vacuna contra la meninge, porque no es costo-beneficio, tampoco. Yo tengo que gastar en lo que tenga rédito. O sea, cloacas, agua potable, nutrición, vacunación. A eso se debe el promedio de vida actual. Si no tenes acceso a eso, el resto hace muy poco.

-¿Usted considera que la política de vacunación sigue siendo buena?

-Sí, sí. Porque se ha mantenido a través de los diferentes estamentos de gobierno. Es buena. Es como el plan de VIH, del que muchas veces se habla. Van a pensar que soy oficialista, pero en ese aspecto también lo he sido con otros gobiernos. El Plan de Vacunación del gobierno anterior era bueno y este lo siguió.

 

Uno tiene que estar con todos los números firmes, antes de salir a dar información, y los números tardan de 15 a 20 días en acumularse y confirmarse. El saber algo minuto a minuto no existe en Medicina.

 

-Hace menos de diez años, hubo una situación con la Gripe A, que fue grave y casi no se podía salir a la calle. Ahora se dan algunos casos y ni siquiera se informan a la población. ¿Eso es porque la enfermedad está controlada?

-Mirá, hace 30 años que estoy en Tandil. La única epidemia que viví, fue la de la Gripe A. No hay comparación con otra situación. Desbordó los hospitales, llegábamos y había 15 enfermos sentados, sin atención, con máscaras, enfermos que tenían que estar en Terapia Intensiva, estaban en los pasillos. Lo de la Gripe A fue una epidemia, fue sumamente grave, porque cuando la población no tiene inmunidad, afecta a un 15 o 20% de la población que es una monstruosidad. Un 15% es inmanejable, imagínate que la gripe puede llegar a afectar 40 o 50. Se satura todo el sistema de salud. Ahora hay vacuna desde el 2009, entonces quizás no tenemos dimensión de lo eficaz que es el sistema de vacunas. La epidemia fue en 2009 y en el 2010 ya había vacunas. Esa gripe va a seguir circulando, porque la vacuna no la puede erradicar. Va a seguir circulando, pero a menos tasa. Este año sucedió que la gripe apareció más tarde. Está circulando en estos momentos. Habitualmente el periodo máximo es entre fin de junio y principios de julio, o a agosto puede llegar. Este año vino tarde pero no es que haya ocasionado más de lo que ocasiona habitualmente, por eso quizás no se han suspendido colegios y actividades. Ahora: el mundo cambió, la sociedad cambió, y las enfermedades infecciosas tenemos que acostumbrarnos a que no va a haber menos. Hay un intercambio de geografía y de poblaciones, que es admirable. Hoy ves cuatro ómnibus de jubilados que viajan juntos a algún lugar y pasan mucho tiempo encerrados en ese espacio; o los aeropuertos, donde pasan millones de personas, en este momento hay cientos de millones volando, encerrados en una caja durante diez o doce horas. Es un mundo que cambió. Entonces, puede haber un paludismo pasado mañana en un lugar del Ártico porque las enfermedades circulan.

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