Una empresa de OSDE - Binaria Seguros, Seguro de vida, Seguro con ahorro, Seguro Empresas

Vivero El Cerrito. Av. Avellaneda 1140 - Tandil - Tel. (0249) 442-3641. Servicio de diseño de paisajes, Construcción de áreas verdes, plantaciones, movimientos de suelo, iluminación y riego.



La vida migrante: Romper la rutina y los miedos

ENTREVISTAS

Cada vez más, cobra fuerza el movimiento de gente que decide desprenderse de ciertas ataduras (a la rutina, al conformismo, a la zona de confort) y sale, más bien despojada y ligera de equipaje, a ver, a conocer, a descubrir. Un cambio de vida que demanda mentes abiertas, capacidad de adaptación y desapego de lo material.

Por Mariano López Guerrero (marianolopezguerrero@gmail.com)

 

Esta es la historia de Humberto Linares (venezolano, 28 años); y Selene Lodi (italiana, 34 años). Ellos son pareja, se conocieron en Bolivia, lugar desde el que partieron hace tiempo, en busca de algo que no encontraban en la vida autómata y predeterminada que, advirtieron, el destino les había preparado.


Así, subidos a una de las siempre entrañables Kombis de Volkswagen, andan por Argentina, tras haber dejado Chile (donde se sumó Tobby, el perro más amistoso del continente), mientras piensan en Uruguay, Brasil y seguir hacia el norte, en un proyecto que por ahora, tiene destino final en México.

De paso por Tandil, Humberto y Selene se prestaron a charlar de la vida que llevan, de ese primer paso que siempre da miedo y de cómo ya, será imposible volver atrás.

-¿De qué se trata este proyecto que tiene que ver con la migración, pero sobre todo con vivir como migrantes?

-Humberto Linares: Bueno, el proyecto se trata sobre la migración. Es algo que iniciamos en Bolivia dando información y haciendo vivencias de las personas que están migrando ahora en Latinoamérica. Decidimos hacerlo con una Kombi de la Volkswagen, ya que es como un icono en América Latina. Y hay bastante ayuda sobre el tema en grupos y bueno, en parte es eso. Y llegamos a Tandil gracias a unos chicos que conocimos también que andan de viaje (Sonia y Maxi, ver aparte). Los conocimos en Madryn. Resulta que ellos pararon acá para hacer algunos arreglos en su auto y decidimos visitarlos ya que habíamos quedado en contacto y nos dijeron ‘vengan que Tandil es muy turístico’ y como estaba en la ruta para llegar a Mar del Plata, decidimos pasar por acá y acá estamos.

-Selene Lodi: Estamos hace varios días. De hecho un par de semana más o menos. Hemos ido y regresado de Mar del Plata por asuntos migratorios, pero la idea es quedarnos acá un par de semana y después seguir siempre aquí alrededor y esperar la temporada de verano y ver qué sale o aquí o si no, por la costa uruguaya.

 

Somos dos realidades migratorias diferentes y lo que nos gusta, además de llevar adelante una vida muy nómade, es contar cómo es la migración.

 

-O sea que el avance se va dando, digamos, con algunas interrupciones en el sentido de que por ahí hay que juntar algo de dinero, o un lugar les gusta más, lo van decidiendo un poco sobre la marcha…

-H.L.: Sí. Prácticamente aparte de lo que es el proyecto de migración, tomamos esto como un estilo de vida, lo que es el movimiento “Vanlife”, que trata sobre las personas que les gusta vivir dentro de una camper, una van, una kombi y si se lo pasan viajando.

-S.L.: Es un cambio de vida en el sentido que bueno yo llego de cinco o más años en una oficina y el estilo de vida que llevaba yo, era lo que llevan un poco todos, ¿no? Sólo que algunas personas a veces llegan a un punto donde se preguntan qué están haciendo de su vida y llegan a un punto en el cual la pasan cansados o trabajando sólo con un fin puramente material y al final se dice ¿Qué hago ahora?

 

-¿Esto te pasó en Italia?

-S.L.: Sí, eso me pasó en Italia.

-Porque supongo que un día uno se mira en la oficina y se da cuenta que es posible que dentro de 20 años siga sentado en la misma oficina y ahí tenes que decidir, ¿No?

-S.L.: ¡Sí! Y haces cosas a las que probablemente no les encuentras el significado de lo que estás haciendo. Yo empecé haciendo voluntariado por ejemplo y de allá dejé el propio trabajo e hice algunos años como voluntaria en Asia y en África y donde nos conocimos, en Bolivia, fui con otro proyecto social con migrantes, con niños, y fue donde nos conocimos y donde la idea de comunicar la migración, nació. Somos dos realidades migratorias diferentes y lo que nos gusta, además de llevar adelante una vida muy nómade, es contar cómo es la migración, que el hecho de la migración es un contacto, una interacción entre las personas y no es nada de amenazante o nada para tener miedo.

-¿Cuándo dejaste tu trabajo?

-S.L.: En el 2014.

-¿Y te pasó en algún momento que te arrepentiste?

-S.L.: No. En ningún momento.

-Te lo pregunto porque es una vida que también está cargada de incertidumbre

-S.L.: Sí. Mucha. Y muchos piensan que viajar es “Ah Sí, ¡Qué suerte!”. En Italia está la costumbre de decir “Ah, tú puedes hacerlo porque tienes plata o porque tienes esto, porque tienes lo otro. Yo no puedo”. En realidad es quitarse todas las estructuras primeramente, sociales y familiares que te van, digamos, echando en toda tu vida. Porque yo he crecido con el hecho de hacer la Escuela, la Universidad, la Graduación, voy a trabajar, trabajo a tiempo indeterminado y todo así.

-H.L.: Se trata cómo de, minimizar, lo que es una estructura de tener un auto, tener una casa, De repente bueno, en mi caso, por ser de Venezuela, allá estamos pasando una situación donde la migración es la única opción. ¿Qué pasa? Que muchos salimos con algún estudio, con alguna carrera, pero nos obligan a tener, simple, algún trabajo. Nosotros lo que estamos haciendo es minimizando todo en un simple auto, para viajar, conocer y ayudar a las personas y ahí es donde tienes lo que necesitas y creo que vamos disfrutando mucho más también.

 

EL DINERO

-¿Cómo van definiendo los destinos?

-H.L.: Y bueno, sí tenemos un destino trazado. Vamos a tal parte y quizás la fecha no sea la correcta, pero siempre nos van invitando “vengan, pasen a tal parte, conozcan esta parte turística de Argentina”, que nos ha pasado mucho y vamos y duramos un día más y nos quedamos.

-S.L.: Y hay lugares que conocimos a través de Internet y los visitamos.

-Bueno, nadie los apura, ¿No?

-S.L.: Si. Por ejemplo, ahorita la duda es, después de un par de semanas aquí, qué hacemos, si vamos hacia San Luís, que tenemos un contacto, o nos vamos hacia Mendoza, que puede ser que allá el trabajo sea un poquito más estable.

H.L.: Nos queda mucho por recorrer del norte, que es muy turístico y nos lo han recomendado bastante, pero todavía no sabemos si hacerlo ahora o de regreso por Brasil.

S.L.: En Chile trabajamos fijo tres meses, en temporada, recaudamos los fondos, la plata necesaria para seguir. Entonces la idea también es esa. Parar 3 meses, o 4 y estar más tranquilos después.

-Una gran estructura, un enorme miedo que unos siempre tiene, está vinculado a no tener dinero. Supongo que con esta vida, eso les pasa seguido. ¿Cómo lo van manejando?

-H.L.: Bueno, ya por lo menos, llevamos un año de viaje y en ese aspecto como que nos hemos adaptado a cada país. Porque en cada país hay una forma diferente de buscar el dinero. Pero es como dice ella, llegamos a un lugar, buscamos algún trabajo y si se nos da el trabajo, seguimos. Sino ofreciendo algún servicio con lo que es fotografía, talleres que nos ayuden…

-S.L.: Sí, cosa que en Chile, por ejemplo, ni una vez hicimos. En Chile trabajamos fijo. Yo trabajaba en una cafetería y en una heladería…

-H.L.: Y yo en un parapente, cuando hacer parapente también, era una cosa que ni me imaginaba que iba a hacer, pero me gustó y fue una forma de trabajo también.

-S.L.: Y en Argentina llegamos y la cosa fue completamente diferente, porque aquí llegamos en temporada no de verano. Y empezamos a pensar qué hacíamos y bueno, nada, dimos la vuelta la situación y un chico también que viaja nos dijo “Chicos: disfruten, empiecen a hacer lo que les gusta, a contarlo y hacer talleres para los otros. Entonces empezamos a hacer talleres de jabones, de fotografía…

-H.L.: Porque prácticamente somos malos para estar en la calle y vendiendo o llegarle a una persona. Digamos que tenemos esa timidez aún, entonces nos adaptamos a hacer talleres y de repente, con la fotografía, nos colocamos a dar un curso, un taller básico de fotografía, de repente con la migración, vamos hablando sobre la migración, de repente con los jabones, y así. Vamos haciendo muchas cosas y con el viaje también, queremos aportar lo que hemos vivido, en talleres, en conferencias, a personas o grupos, lo que sea.

 

-Está claro que este espíritu aventurero no es para cualquiera. Y seguramente de la gente que lea esta nota, algunos pensarán con sana envidia, cómo no se animan a hacer lo mismo; y muchos van a criticar este estilo de vida y les parecerá una locura. ¿Les pasa de encontrarse con las dos posturas?

-H.L.: Sí, sí, hemos encontrado de los dos, y a muchos que se están animando ahora, que van a salir. Es como un oleaje, porque ya esto va como por generación. Ya la primera generación salió hace 20 años atrás, que ahora llevan libros, llevan un montón de cosas. Nosotros no sé qué generación llevamos, pero digamos que todavía tenemos para bastante rato y bastantes aventuras que contar y esperamos que las personas se animen y se quiten las dudas. Quizás con nosotros, que nos pregunten.

-S.L.: Y bueno, los que en realidad, no es que no aceptan, sino que no ven esta como una posibilidad de en la vida, en realidad es porque simplemente todavía no han llegado o nunca llegarán, esto no se puede saber, al punto en el cual no cuenta, al final, lo que tú tienes, sino que lo que tú vives como experiencia. Entonces ya te das cuenta que la plata te sirve para comer, para el mínimo esencial, en nuestro caso para la nafta y bueno, no más de esto.

 

En realidad es quitarse todas las estructuras primeramente, sociales y familiares que te van, digamos, echando en toda tu vida.

 

-¿Cómo te animaste vos a romper esa estructura en la que vivías en Italia?

S.L.: Yo…, no sé. Pasé los últimos seis meses de mi trabajo prácticamente pasando de la casa al trabajo, casa al trabajo, durmiendo, llegaba de casa al trabajo y dormía. El día después, era la misma cosa. Esperaba el fin de semana para hacer nada, porque estaba desmotivada, estaba cansada. Me daban 15 días de vacaciones, donde me decían cuándo hacerlas. A mi me gustaba ya viajar mucho e incluso me cansaba mucho más porque el viaje lo hacía como mochilera, entonces era otra cosa más. Y bueno, llegué a un punto donde empecé a acercarme mucho también al mundo del voluntariado, de lo social, y vi que en mi trabajo no lograba lo que quería. Yo trabajaba en una escuela de música, entonces la finalidad para mí era que los jóvenes tenían una oportunidad enorme de vida musical y de futuro, pero no veía más esta finalidad por visiones diferentes con los dueños. Entonces vi que la cosa no era para mí, porque veía que mi aporte no era sino a un nivel económico. La empresa quería crecer a nivel económico, ganar, ganar, ganar, pero faltaba toda la parte humana. Era un poco lo que en Europa hay ahorita como un problema. Entonces, por ejemplo que aquí lo que tú decías de las personas que dicen que esto es de locos. Yo creo que lo he encontrado más en Europa que acá. Acá las personas te dicen que quisieran hacerlo. No lo hacen, pero te dicen “qué lindo chicos. Qué bueno. Quería hacerlo yo también”. Pero nunca encontré aquí una persona que me haya dicho “¡Estás loca!”. Cosa que sí puede pasar en Europa.

 

VENEZUELA

-Humberto, en tu caso, ¿Esto surgió un poco empujado por la situación de tu país? ¿O siempre tuviste en mente ser un migrante?

-H.L.: Para nada, para nada. Todo fue surgiendo. Yo viajaba, digamos, en algunas vacaciones que me tomaba. Tenía una empresa propia que me podía ayudar de algo. Ya cuando la situación va empeorando, decidí quebrar la empresa y nada, me tocó el día que tuve que salir a conocer mucha más cultura, más experiencia y como que me fue gustando un poco más. Nunca tuve lo que era un “jefe”. Lo conocí fue cuando salí por la necesidad de tener un alivio, digamos, económico, por la situación de Venezuela, pero todavía me quedo lo de no tener jefe y poder disfrutar un poco de los viajes y de las culturas y de los paisajes y todo lo que son los países.

-¿Cómo era la Venezuela que dejaste?

-H.L.: Yo salí hace tres años y sí estaba bastante complicada. Y cada vez me decían “se está colocando peor, se está colocando peor”, hasta el día de hoy, tengo amigos que me han seguido, gracias a consejos que yo le pude haber dado. Recibimos también estando en Bolivia, a un amigo que llegó a Córdoba buscando también una mejora para él y su familia. Tengo primos también que están bien, que acaban de llegar. Actualmente, ver las noticias de Venezuela se me hace difícil, porque sé que está cada vez peor. Entonces no busco esa parte, sino ayudar a los que puedo, como puedo.

 

Algunas personas a veces llegan a un punto donde se preguntan qué están haciendo de su vida, la pasan cansados o trabajando sólo con un fin puramente material y al final se dice “¿Qué hago ahora?”

 

-En este viaje te pasará seguramente, en Chile y acá, de encontrarte con un montón de compatriotas…

-H.L.: Sí. Y eso que no he pasado por los más afectados ahora, que son Colombia, que es una de las fronteras; y quizás Perú, donde también han llegado bastante. Y aquí en Argentina también está llegando esa oleada. Ahora que están cerrando un poco las leyes de migración en Chile, obviamente el país más cercano es Argentina, entonces como que van llegando muchos más todavía.

-¿Cuándo vivías allá, intuías que iba a ocurrir este colapso en el país?

-H.L.: Mira, yo estudié Comercio Internacional y veía parte de Economía, que era una materia que la vi tres veces, porque eran tres niveles. Resulta que muchos profesores nos colocaban a pensar de todo esto y ya se sabía lo que iba a pasar. Y es una situación que entre alumno y profesor decíamos “no es algo que se va a acomodar de un día a otro. Si llega a caer el gobierno, llega a cambiar el gobierno, tiene que haber, por lo mínimo, 10 años de reestructuración para poder nivelar la economía”. Y ya yo veía eso como un estancamiento. Entonces, ¿Qué iba a hacer yo con un título, sin poder trabajarlo, porque el gobierno tiene todo? Entonces ya ahí empecé a buscar otras soluciones y digamos que no he estado en países buscando trabajar de lo que yo me gradué, pero he aprendido mucho más de lo que hubiese aprendido estando allá. Creo que me siento satisfecho en ese aspecto y sí, ya en ver qué es lo que iba a pasar, he aprendido más.

-Bueno, ¿Y el futuro? ¿Se ven asentados en un lugar, quietos?

-S.L.: El futuro es mañana. (Ríe)

-H.L.: Por los momentos, no sabemos. Entonces, es algo que no sabemos. Tampoco podemos decir que no. Y los lugares de América Latina son lindos e inmensos.

-¿Pero les pasó de encariñarse con algún lugar y pensar que el día de mañana se quedan a vivir ahí, cuando se termine el combustible?

-H.L.: Siempre nos pasa.

-S.L.: Siempre nos pasa, pero siempre hay algo más que ver. Entonces, hasta que no ves todo, no puedes decidir. Porque te encariñas con un lugar, porque no sabes qué hay más allá, ¿No?

Humberto y Selene vuelcan sus experiencias en las redes sociales y la web “Pasos de Migrantes”, donde también pueden ser contactados por los interesados en conocer más sobre la migración.

--- --- ---

ENTRERRIANOS NÓMADES

En el mismo predio de calle Pedersen, estaban los también viajeros Sonia Aversa y Maximiliano Galindo, una pareja oriunda de Gualeguaychú, que hace un par de meses “patearon el tablero”, se deshicieron de todo lo que los ataba a la ciudad y a bordo de una motor home, armado sobre el chasis de una Estanciera, del año ’70, salieron a recorrer el país primero y Latinoamérica, después, con el objetivo final de llegar a Alaska, dentro de tres años.

Retenidos momentáneamente en Tandil, por reparaciones en el vehículo, Sonia y Maxi se contactaron con Humberto y Selene, teniendo en cuenta que entre quienes eligen este tipo de vida, se forma una suerte de comunidad que se ayuda y se aconseja.

Sonia cuenta que “tardé siete años en convencerlo a Maxi para que hiciéramos esto. Ahora me dice que cómo no lo hicimos antes”, respaldando una decisión de la que no se arrepienten.

Sonia no extraña su trabajo en una casa de venta de celulares; ni Maxi su cancha de Fútbol 5, así como tampoco la seguridad de aquella Gualeguaychú, a la que volverán de visita, pero ya nunca, parece, a quedarse nuevamente.

En Tandil, pareja está hace algunas semanas, mientras Alberto Salvá, el tandilense dueño del predio y del taller donde paran las dos parejas de viajeros, termina la reparación del motor home. “Hacemos calcomanías, alcancías, ese tipo de cosas y las vendemos. Hemos estado en la Plaza, y en el Castillo Morisco”, cuenta Sonia, quien también deja, para quienes quieran revisar su travesía y conocer más de la vida migrante, la posibilidad de visitarlos en el Facebook “locosxamérica”.

Vivero El Cerrito. Av. Avellaneda 1140 - Tandil - Tel. (0249) 442-3641. Servicio de diseño de paisajes, Construcción de áreas verdes, plantaciones, movimientos de suelo, iluminación y riego.

Comentarios