Como lograr que nuestros hijos hagan lo que les pedimos?
Lunes 20 de Agosto de 2018 | 13:14 |
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Como lograr que nuestros hijos hagan lo que les pedimos?

ESCRIBE JUAN M. FLORIT $datos[

Hay que hablarles a los hijos, hablar, hablar y hablar interminablemente... FALSO!!! El primer error de los psicólogos, hablar mucho y hacer muy poco. En las terapias contextuales la motivación no "esta" ni dentro del "sujeto" ni en el ambiente, sino en el futuro. No es algo contradictorio esto?? pues no, pase y vea.

Lic. Juan M Florit. Psicólogo Clínico

La falacia voluntarista

Hay que hablarles a los hijos, hablar, hablar y hablar interminablemente... FALSO!!! 


El primer error de los psicólogos, hablar mucho y hacer muy poco.

Muy frecuentemente, y cada vez con más frecuencia, observamos que en nuestra cultura y por tanto en nuestra sociedad la cuestión de la apelación a la voluntad se expande como reguero de pólvora, lo observamos en todos los niveles institucionales y por supuesto en las familias.

Si consideramos que la "cuestión voluntarista" refiere innegablemente a un posicionamiento mentalista -es decir, a la idea de que todo lo que hacen o dejan de hacer las personas esta determinado exclusivamente por "su voluntad" y por tanto por sus procesos internos- entendemos que estamos dejando de lado la cuestión contextual y, por tanto, social.

La "voluntad" desde el contextualismo  "La Zanahoria en la punta del palito".

En las terapias contextuales la motivación no "esta" ni dentro del "sujeto" ni en el ambiente, sino en el futuro. No es algo contradictorio esto?? pues no, pase y vea.

Podríamos plantearlo del siguiente modo. Cada ser humano es motivado a actuar en función de su historia personal (valores, creencias, ideas, en fin innumerables condicionamientos ambientales) y su estado actual o lo que podríamos llamar sus "necesidades".

La mejor forma de motivar a un niño (y dejar de hablar y repetir interminablemente lo mismo una y otra vez) es conectar (contigüidad temporal) sus acciones con los estímulos subsiguientes a la misma de forma inmediata. Lo que se busca es que la recompensa (adquiera cualidad reforzante) oficie de refuerzo de la conducta deseada. Aclaramos que una recompensa o premio no es necesariamente un refuerzo sino que puede funcionar como el mismo o no.

Si cada vez que un niño no junta sus juguetes o ropa, un padre lo hace y la conducta de no juntar sus cosas se repite en el futuro, esa acción (del padre) de juntarle la ropa probablemente este reforzando la conducta de no hacerlo del hijo. Como vemos aquí refuerzo y premio/recompenza no son lo mismo (aunque pueden serlo)

Podemos utilizar refuerzos positivos y negativos para facilitar o motivar a los niños a realizar determinada acción como hacer algo en el hogar o estudiar tal o cual materia.

Tanto en las escuelas como en los hogares encontramos padres que les ruegan a sus hijos que "tengan ganas" ya sea; de ayudar, de respetarlos, de no agredirlos, de agradecer lo que les damos, de hacer las tareas de la escuela, de tirar la basura, de contestar el celular, de regresar a casa a la hora acordada etc...

Lamentablemente, y no solo en nuestra sociedad, pareciera que la puja entre el racionalismo y el empirismo la ha ganado Descartes. Estamos casi obsesionados en explicar todos los fenómenos psicológicos y sociales a partir de la razón, la voluntad y/o cualquier otro constructo mentalista perdiendo de vista el tan útil contextualismo funcional.

Como sociedad nos cuesta entender que con la razón y el amor no alcanza. Si bien es deseable hablar con nuestros niños y avisarles que ciertas cosas que hacen o que no hacen nos hacen mal, nos molestan o nos hacen sufrir, una vez dicho o expresado esto ya no hace falta repetirlo nuevamente, simplemente hay que "actuar adecuadamente".

Muchos padres ante las desavenencias de sus hijos nos comentan "y ahí que hago, le tengo que dar un tortazo" cuando es infinitamente más civilizado, sencillo y practico tomar una acción o conducta concreta, como consecuencia de la acción de ese hijo como retirarle el celular una semana (no creo que nada les moleste mas) sumado a no hablarles por ese mismo periodo de tiempo. Si no entendemos que a algunos niños o adolescentes les estamos enviando un mensaje equivocado permitiéndoles creer que a los padres nos pueden faltar el respeto, maltratar o agredir y que eso no traerá ninguna consecuencia negativa e inmediata, les estamos haciendo un daño inimaginable no solo a ellos sino a nosotros mismos, ya que el clima familiar se tornara insoportable.

Cuando estos problemas se han reproducido durante años y no podemos encontrar elementos que los justifiquen, no resulta útil ni relevante buscar la génesis o "el hipotético momento traumático" en el que esto comenzó, sino cuales son los "elementos" (conductas y por tanto comunicacionales) que sostienen y reproducen el problema al interior del sistema familiar.

En algunos casos podemos destapar la olla o la caja de pandora mas bien y encontrar un historial de abusos físicos y agresiones de todo tipo, no solo de parte de los padres sino de las madres. En algunos casos el odio que desarrollan los hijos no solo nace por el maltrato paterno, sino por la inacción materna a tales agresiones y lo que es muchísimo peor la negación de la historia familiar, la negación de los abusos y de la desprotección.

Pero en estas líneas no estoy haciendo referencia a estos casos, que los hay, me refiero a las familias que piden, ruegan, imploran por que sus hijos ayuden el algo, a los padres que solicitan el cese de la agresión, de la guerra fría, los padres que si su hijo les contesta un "buen día" sienten que se les abre el cielo y que la semana ya es maravillosa, padres que han naturalizado tanto el maltrato de sus hijos que piden o exigen demasiado poco y con eso se conforman.

Muchos ingenuos podrán retrucar "entonces Ud dice que hay que volver a fajarlos a los chicos?",  usted verá, pues no!!.

Estoy completamente en contra del grito y el golpe como método educativo o de crianza. Lo que algunos no pueden entender es que los refuerzos, los E aversivos, o las actividades inversivas son mucho mas útiles, practicas y moralmente aceptables que golpear a un niño o permitir que este golpee a sus hermanos, padres o compañeros de clase. Por supuesto que aquellos que postularon y sostienen la eliminación de las "penitencias", asumo que consideran moralmente aceptable que niños y adultos padezcan la violencia de otros niños, eso sí es ser un "buen adulto", tener valores y proteger a los niños!?? mire usted, yo creo que no.

Enseñarles a tolerar la frustración. El terrible daño de la satisfacción inmediata de la posmodernidad.

Enseñarle a un niño a tolerar la frustración, a desilusionarse (y continuar adelante), así como a desarrollar la empatía, es uno de los asuntos de crianza más significativos para su desarrollo saludable sea social o intelectual. Tanto la tolerancia a la frustración como el desarrollo de la empatía son procesos que están sostenidos por las llamadas FUNCIONES EJECUTIVAS que involucran la mayoría de las funciones mentales superiores como; autocontrol, memoria de trabajo u operativa, concentración o atención selectiva, abstracción, organización y planificación, solución de problemas, flexibilidad de pensamiento o creatividad.

Resulta fundamental, para generar un clima familiar saludable para TODOS los integrantes de la familia, introducir la espera o tolerancia muy progresivamente desde el año y medio, comenzando con periodos de 10 o 15 segundos que pareciera insignificante pero no lo es. Con estos sencillísimos ejercicios estimulamos las funciones ejecutivas desde muy pequeñitos y el control voluntario e incluso la inhibición de conductas en proceso. Luego comenzamos a extender los tiempos de demora y cuando esta se tolera tranquilamente reforzamos el estado de calma. El hecho de enseñar a esperar, no es algo insignificante ni mucho menos. La tolerancia de la espera o el retardo de la satisfacción inmediata, es otra de las adquisiciones importantes para la socialización, control emocional y el desarrollo cognitivo general adecuados. Con estos sencillos ejercicios estamos enseñándoles que si uno hace las cosas bien y tiene paciencia todo llega, e indirectamente evitamos que se desarrollen creencias de incompetencia e ineptitud y frustraciones exageradas sobre el resultado de sus acciones a corto plazo.

Aceptación y validación

Aceptación y validación del "SER" del niño no significa aceptación de sus conductas agresivas. No somos solo lo que hacemos!!

Es decir, no podemos definir "EL SER" de un niño en función de una sola cualidad como la conducta. Asumir que un hijo es malo, agresivo o cruel por cómo se comporta implica dejar de lado una significativa cantidad de factores y cualidades que determinan lo que llamamos  "el SER". y lo más grave en no percatarnos de que su conducta es una consecuencia de su contexto en el cual el principal factor son los padres.

Entonces si nos referimos a la "cuestión Ontológica" (la definición del ser) es preferible separarla de las conductas disruptivas de nuestros niños de su esencia o SER.

Recuperando el Rol y la confianza en las propias capacidades de crianza.

La implicación de la familia es un factor clave o determinante para el éxito del programa terapéutico, porque la convivencia no es cosa de una sola persona sino del sistema familiar. Necesitamos que los padres vengan, participen del tratamiento, realicen las actividades que les prescribimos y de esta manera desarrollen las capacidades para afrontar las dificultades que nos impone la crianza. Cuando los padres comienzan a ver que estas acciones funcionan se sienten bien en la recuperación de su rol y adquieren seguridad en relación a la crianza de sus niños y mejora el clima familiar general.

 

Espero que la columna de hoy les haya resultado interesante y útil.

Continuare torturándolos con mas conceptos extraños y teorías extravagantes el domingo que viene.

Buen domingo!!!!

 

Juan Martin Florit. Lic. en Psicología.

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  • Columnista del Diario ABChoy.

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