Miércoles 14 de Nov de 2018 | 20:37 |
Una empresa de OSDE - Binaria Seguros, Seguro de vida, Seguro con ahorro, Seguro Empresas

Vivero El Cerrito. Av. Avellaneda 1140 - Tandil - Tel. (0249) 442-3641. Servicio de diseño de paisajes, Construcción de áreas verdes, plantaciones, movimientos de suelo, iluminación y riego.



“En Cáritas, la demanda de alimentos y abrigo ha aumentado y tiende a crecer”

ENTREVISTAS

Días atrás se conoció que el Obispado de Azul dispuso el traslado del padre Marcos Picaroni, tras más de 22 años de sacerdocio en nuestra ciudad. A pocas semanas de dejar la Iglesia Matriz, el párroco analizó su tarea pastoral, la falta de sacerdotes y la actual situación social en la que, asegura, “hay cada vez más gente desamparada”.

Por Mariano López Guerrero (marianolopezguerrero@gmail.com)

 

Marcos Picaroni nació en Azul el 17 de abril de 1966 y se ordenó el 17 de septiembre de 1993 en la Catedral de Azul. En 1996 llegó a Tandil para ser parte del equipo sacerdotal de la parroquia Santísimo Sacramento, trabajando codo a codo con Raúl Troncoso. Hace algunos pocos días, el Obispo Hugo Salaberry dispuso que Picaroni deje Tandil y se traslade a continuar su tarea espiritual en Olavarría. ABCHoy lo convocó, para una última charla, antes de partir.


-Se nos va, Padre Marcos, después de 22 años en Tandil. ¿Como le cayó la noticia del traslado?

-Mirá, nosotros tenemos como una doble pertenencia. Una es hacia la parroquia en la que uno está, en la que uno cumple su mandato, su misión. Te vinculás territorialmente con las familias, las instituciones, etc. Y a su vez, hay otra pertenencia, que es la diocesana, tomando a la Diócesis como una familia grande. Por ejemplo, la Diócesis de Azul, son 14 Partidos, con 450 mil habitantes. Y eso también lo vamos llevando entre todos, cada uno desde su lugar. Y uno cumple las distintas necesidades pastorales. Cada parroquia tiene sus particularidades, y nosotros nos sentimos parte de todas ellas. La característica del cura diocesano, es justamente su vinculación con la Diócesis y bueno, este año estuve acá, después estaré por allá…

 

Nosotros, desde las puertas de Cáritas, vemos la necesidad de alimentación, que es en lo que cotidianamente más se está ayudando.

 

-Entonces, de algún modo, uno está como esperando que le toque en algún momento.

-Claro, porque nuestra pertenencia es así. Después, cuando estás en un lugar, das lo mejor, lo que uno puede, lo que sabe, sin dejar de lado, lo diocesano. Yo he estado en equipos diocesanos de la Pastoral de la Juventud, desde el año 99 hasta el año pasado, con una tarea de recorrer la Diócesis, apoyar a los dirigentes, apoyar a los chicos y pensás en el todo, en el conjunto.

-De todas maneras, es inevitable sentir un efecto de desarraigo. ¿No?

-Sí, por supuesto. Como cualquier persona que cambia de trabajo y va de un lugar a otro, o probás otros horizontes. Siempre tenés que soltar y por supuesto, afectivamente uno tiene un montón de lazos, de afectos, de amistad.

-¿Qué aspectos remarcaría entre la ciudad que encontró hace 22 años y la que deja ahora?

-Lo más notorio, lo que más recuerdo, es después de la crisis de 2001/2002, que al ritmo de crecimiento que ya tenía Tandil, se agregó tanta gente que quería venir a vivir acá desde otros lados, como Buenos Aires y Gran Buenos Aires, buscando otros horizontes, mayor seguridad… Ese crecimiento demográfico lo vi muy marcado. Y también el posicionamiento de instituciones muy nuestras, como la Universidad, cada vez más incorporadas a la vida local. Y el fortalecimiento, por vocación y por necesidad, de muchas organizaciones de la comunidad, que salieron en forma creativa al cruce de pilas de necesidades, que surgieron por cuestiones de salud, de alimentación, de trabajo con niños, educativas. Muchas instituciones. A veces las crisis te ponen a prueba y lo mejor de la creatividad de una comunidad, de trabajar juntos, sale allí. De hecho, la mayoría de las instituciones que perduran, son fruto de un trabajo compartido, asociado. En la vida parroquial tenemos experiencias de varias de ellas, que perduran por convicción y compromiso y con un trabajo asociado, como el Banco de Alimentos, las Cáritas, Casas de la Esperanza, la Pastoral Universitaria que aloja a 30 estudiantes que vienen de afuera, Pajaritos de la Calle, el Rincón Solidario… Todas han surgido y se han fortalecido, respondiendo a distintas necesidades puntuales.

-¿Todas esas apariciones marcan también la ausencia del Estado en materia social?

-Creo que tiene que haber una colaboración, porque el Estado tiene su misión principal, por supuesto, pero también la organización de la comunidad le aporta una mística propia, que no tiene que ser una competencia, sino una articulación, una coordinación. Nosotros tenemos buenas experiencias de acciones articuladas, que se potencian bien. Lo que nosotros planteamos desde la Doctrina Social de la Iglesia, es el principio de Subsidiaridad, donde aquello que uno puede hacer por sí solo, debe hacerlo.

-O sea que, aunque el Estado está más o menos presente, ¿Las organizaciones de la comunidad deben estar igual?

-Yo creo en todo lo que dinamiza el proceso de una comunidad y a veces, distintas formas de asociación te ayudan a que las distintas necesidades y derechos, se plasmen. Combinando la subsidiaridad, con la solidaridad, ¿No? Es decir, ni que nadie haga nada, ni tampoco dejarle al Estado que haga todo.

 

Debemos pensar en la juventud, en cómo ayudarlos a realizar y alcanzar un modo de vida que tenga sentido, ante un cambio de época, donde hay muchos valores que ya no se transmiten.

 

-Tandil es una ciudad que vive la espiritualidad de una manera muy particular y tiene como prueba de ello la forma en que se celebra, por ejemplo, la Semana Santa. Pero volviendo a la pregunta de los cambios que ha observado en Tandil, en estos años, ¿Se ha vuelto ésta una ciudad menos espiritual, menos religiosa?

-Bueno…, las formas religiosas no son una cosa fija, fósil, digamos. Van tomando distintas expresiones. Uno va al Calvario y ve los pañuelitos atados a las barandas como una forma de expresar una promesa o una plegaria. Lógicamente, la religiosidad es la forma cultural por la cual un pueblo expresa su relación con Dios y la va haciendo de acuerdo a su cultura, que está determinada por su geografía, por el lugar, etc. En Buenos Aires, por ejemplo, es muy fuerte la figura del Patrono del Pan y del Trabajo. Aquí, es muy fuerte el Calvario. No hay formas uniformes y debemos valorar esa religiosidad espontánea, no como algo supersticioso o que vale menos, sino como un potencial que tiene un pueblo y lo expresa desde la fe.

-¿Se va conforme de su tarea sacerdotal en Tandil?

-Bueno, faltó mucho (se ríe). Siempre hay cosas por hacer. Pero me voy contento de haber pertenecido a una comunidad que ha crecido. Me incorporé a una parroquia que ya venía con un proyecto pastoral, con un culto descentralizado, y así fue el surgimiento de muchas capillas. Cada una tiene su riqueza, su vida comunitaria. Me tocó entrar en ese sistema y acompañarlo. Las capillas han crecido en su vida propia, en su llegada a los vecinos. Un proyecto donde la fe se tiene que mostrar con obras. Y esas obras tienen que ver con la alimentación, con la tercera edad, con los niños, con las situaciones de fragilidad. Y uno aprende mucho de la gente que lo lleva adelante. Esta es una comunidad donde he visto mucho protagonismo del laicado, de gente que sinceramente tiene compromiso religioso, que se traduce en un compromiso humano, social y comunitario. Hay gente muy valiosa, con nuevos talentos que se despiertan y son para la comunidad. En estos momentos hay en la parroquia, que antes no había, cuatro diáconos, hay ministros, distintos responsables de las capillas y obras que se llevan adelante, que es lo que te permite que una comunidad siga creciendo. No creemos en los proyectos unipersonales, sino que todo lo que se hace de manera compartida puede crecer, perdurar y dar frutos. ¿Si estoy conforme? Sí, con todas las cosas que salieron. Y con las que no salieron, volveremos a intentar. Siempre hay cosas por hacer y cada época tiene su exigencia.

-En estos cambios de modos de expresar la espiritualidad aparece también cierta crisis en la profesión del sacerdote. ¿Es cierto que están faltando?

-Sí. Sí. Faltan sacerdotes.

-¿A qué lo atribuye? ¿La Iglesia lo está analizando de algún modo?

-Es algo que no es de acá solo, supera las fronteras de nuestro país. Es un tema importante, que tiene que ver con la vocación, con la juventud y con el proyecto de vida. Este año, se ha propuesto un Sínodo Mundial, con los representantes de todas las Iglesias del mundo católico, para pensar justamente el tema de la juventud, de cómo ayudarlos a realizar y alcanzar un modo de vida que tenga sentido, ante un cambio de época, donde hay muchos valores que ya no se transmiten de una generación a otra, donde hay muchos valores nuevos y también muchos antivalores. Creo que es un desafío no solo de la Iglesia, sino de todas las instancias educativas de la sociedad. Un ejemplo muy simple: cuando están cerradas las oportunidades de trabajo, es imposible pensar en un proyecto de vida. Una cosa lleva a la otra y tanto las crisis económicas, los desarraigos por las guerras, las faltas de oportunidades, todo eso pone en crisis los proyectos de vida. Es un tema mundial. Y sumado a distintas expresiones de crisis de fe, que también agudizan este problema. Yo recuerdo que cuando me tocó a mí entrar al Seminario, en la década del 80, tras el retorno de la Democracia, todas las Iglesias estaban repletas de grupos juveniles, de misioneros, con un ansia de toda la sociedad de participar, de involucrarse. Había juventudes políticas con mucha participación. Después decayó y a partir del 2003 se volvió a reactivar, pero ese volcarse de la juventud a participar, no ha sido siempre igual y eso influye en un planteo vocacional religioso.

 

El sacerdote, es fruto también de la vida de una comunidad. Se acompañan mutuamente.

 

-¿Hoy ve a los jóvenes con otra mirada respecto de lo que puede considerarse “participar”?

-Es menos masiva la participación. Había épocas en que todas las parroquias tenían su pastoral juvenil. Hoy ves una tendencia creciente, pero no es mayoritaria. Hay participación, pero no es masiva. Hay llegada a los jóvenes, de distintas maneras o formas, pero no es que tenés las parroquias repletas de jóvenes, ni mucho menos.

-Bueno, también hay profundos cuestionamientos a la figura del sacerdote, que antes tal vez no había.

-Sí, por supuesto. Hoy se cuestiona todo. ¿Te acordás la frase “que se vayan todos”? Hay un descrédito de la política, de todo lo que sea institución. En épocas de escepticismo, hay que remarla para proponer espacios de participación que realmente construyan. También es posible que haya una mayor tendencia individualista, “yo hago la mía”, que es culpa de los adultos que la hemos propuesto a lo mejor. Entonces, cuentan más los proyectos colectivos y comunitarios. Si bien uno ve muchas expresiones, tanto de organizaciones sociales, creciente participación política nuevamente, ve un anhelo, una tendencia, pero que no es mayoritaria.

-¿Tal vez esa participación hoy se busca por fuera de los templos?

-Sí, también es una característica de esta época, esas búsquedas que van por fuera de los caminos institucionales, o tradicionales. Eso también está, sí.

-¿Y cómo se va a resolver esta crisis sacerdotal?

-Bueno…, el sacerdote, es fruto también de la vida de una comunidad. Se acompañan mutuamente. En la medida que una comunidad es creyente, que vive de un modo fervoroso su fe, que una familia transmite de modo fervoroso su fe, también es terreno para que surjan. Porque de última, hay algo sobrenatural, que es el llamado directo de Dios. El tema es cómo, como comunidad, podemos facilitar ese llamado. Hay épocas en que somos más sordos. Esa es mi opinión. Hay épocas en que algunas propuestas son más atrayentes que otras. Pero es un llamado, es una vocación. No es la única. La palabra vocación es amplia. La vocación principal es la vida, después participar, construir un mundo mejor, y después, uno lo realiza en familia, en una congregación religiosa, como sacerdote, o como soltero. Hay distintos caminos para llevar una vida de espiritualidad y de servicio. No hay una receta. Por eso es un tema que como Iglesia, se lo plantea, porque no se trata de repetir recetas viejas o de otro momento.

 

Por estos días, hay gente que está en la Terminal, durmiendo. En otro momento no teníamos gente durmiendo ahí.

 

-¿Una de esas recetas que pueden ser revisadas, es el celibato, por ejemplo?

-Todo se puede revisar. Yo no he escuchado directamente que sea algo que esté evitando el acercamiento de los jóvenes al sacerdocio. Sí, por ejemplo, que hay nuevos espacios de participación, como el diaconado, que es permanente y está abierto a personas casadas. Acá contamos con ocho diáconos en la ciudad, que llevan una vida de familia y una vida de fe, y prestan un hermoso servicio como personas casadas, como papás, como abuelos, etc. Es otro espacio de participación, no necesariamente sacerdotal, pero de compromiso, de servicio, muy importante también. Pero sí, yo creo que todo se puede revisar. El Papa Francisco nos habla de una conversión pastoral y ponernos en sintonía. Y aquellas cosas que no sirven para evangelizar, hay que sacarlas. Y aquellas que sirven, hay que hacerlas crecer. Entonces, ¿Qué cosas de la vida de una comunidad hacen que sea fervorosa, atractiva, creyente? ¿Y qué cosas hacen que en vez de eso, expulse o divida? Bueno, eso permanentemente está en revisión. Yo creo que el principal crítico de la vida de la Iglesia, es el propio Papa, que nos ayuda a vivir en un espíritu de conversión pastoral. Si la vida de una comunidad es poco fervorosa, poco misionera, poco servicial, poco comunitaria, poco comprometida, esa comunidad no atrae. Entonces, la evangelización crece por atracción, no por propaganda. Ahí, tenemos que ver cómo se presenta a un Cristo que atrae. Porque entonces, el joven que se encuentra con un Cristo que atrae, se cuestiona, se pregunta... Si no atrae, ese joven busca el sentido de la vida en otro lado.

 

 

IGLESIA Y TERRITORIO

 

-Una cosa que sigue teniendo la Iglesia, es una presencia importante en el territorio. ¿Cómo analiza el contexto actual en los sectores donde las organizaciones sociales desarrollan su tarea?

-Bueno, Cáritas es un lugar muy sensible, porque vos te encontrás con las necesidades directas. Si bien uno sale a caminar por el centro y ve un local que cerró, una empresa que cierra, una pyme que cierra porque tiene que competir contra la importación y no alcanza a pagar los servicios. Todo eso repercute a todos por igual. Al comerciante, al empresario, al trabajador. Nosotros, desde las puertas de Cáritas vemos la necesidad de alimentación, que es en lo que cotidianamente más se está ayudando.

-¿Esa demanda ha aumentado?

-Sí. Eso ha aumentado. Lo podemos ver también con el Banco de Alimentos que no ha reducido su tarea, sino que la ha agrandado porque la demanda está. El tema de la alimentación lo vemos vos y yo cuando vamos al supermercado. Los comedores barriales, los merenderos, suelen ser termómetros de estas necesidades, aunque allí también son lugares de promoción humana y de transmisión de valores. Pero bueno, alimentación, abrigo y personas solas con necesidad de un lugar de vivienda, también es lo que más se ve. En resumen, el causal es la falta de un trabajo propio. La mamá que está con sus chicos, el hombre que hace changas, todas estas situaciones… Si no podés tener un trabajo fijo, que te de una previsibilidad, ahí me parece que es dónde está el punto más débil. Y si bien hay iniciativas, políticas concretas, programas, lo macro es tan avasallante, que un día tenés diez puestos menos de trabajo en un lado, otros diez por otro, una fábrica que cierra, ahí no tenés forma de contrarrestarlo.

-¿Es decir que ese volumen de pedidos de ayuda hoy está creciendo?

-Sí. Hoy está creciendo, lamentablemente. Por ahí, con distintas características. Por estos días, hay gente que está en la Terminal, durmiendo. En otro momento no teníamos gente durmiendo ahí; o menos gente en situación de calle y ahora tenemos más gente en situación de calle. No hay gente durmiendo en la calle, pero sí gente con desamparo. No tenemos chicos en la calle, porque hay toda una red de instituciones, pero sí hay gente con un mayor desamparo. Y se ve una tendencia creciente, también.

 

A veces las crisis te ponen a prueba y lo mejor de la creatividad de una comunidad, de trabajar juntos, sale allí.

 

-¿El abordaje que la política y el Estado hacen sobre la pobreza, está bien? ¿Es el correcto?

-No se decirte, pero pienso que si se lo abordara bien, tal vez ya habría soluciones.

-¿Cuándo deja Tandil y qué espera encontrar en Olavarría?

-Bueno, yo en Olavarría ya estuve, en la misma parroquia que cuando empecé. Voy al barrio CECO, que tiene su Iglesia que se construyó entre el 82 y el 87. Comenzó como un barrio de 1136 casas y ahora es una enormidad, es la sexta parte de la ciudad, con barrios nuevos que se han edificado y con más de 23 mil habitantes en esa zona. Cuando estuve en el 85, había una capilla y ahora ya se está techando la cuarta. Demográficamente, es un sector de Olavarría creciente, así que me imagino un lugar de mucha tarea, de mucho trabajo y es un desafío. Y si bien no tengo el día, creo que me voy de Tandil en la primera quincena de agosto. Ya han empezado muchos afectos a despedirse, gente de todas las edades, y las instituciones, a las que hay que apuntalar para que sigan trabajando en esta transición con las mismas ganas, el esfuerzo y compromiso.

Belén Blois - Estudio Inmobiliario - Constitución 651 - Tandil - Tel.: 249 468 1897

Comentarios