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En el Día Mundial del Medio Ambiente

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En el Día Mundial del Medio Ambiente, una profesora de biología de nivel secundario que integra la Asamblea por la Preservación de las Sierras acerca a este Portal de Noticias una nota sobre el ambiente serrano que distingue a nuestra ciudad.

Las sierras de Tandil forman parte del sistema de Tandilia que junto al de Ventania son las dos formaciones orogénicas de la Provincia de Buenos Aires, mientras que el sistema de Ventania se formó hace 280 millones de años, el sistema de Tandilia lo hizo hace 2200 millones de años, desde cercanías del arroyo Las Flores hasta (pasando por Tandil) Cabo corrientes en  Mar del Plata.  Estas sierras se elevaron cuando ni siquiera se había formado la cordillera de los Andes y por más que no estuvimos en el momento de ambos sucesos geológicos, podemos leerlo en lo que las rocas nos muestran, si observamos la forma de las montañas de la cordillera , éstas son angulosas y muy elevadas, sin embargo comparándolas con las “abuelas” de las sierras de Tandil, son éstas, redondeadas y suaves, de baja altura, no sobrepasando los 550 msnm y es ni más ni menos que gracias a que ha pasado la mitad de la edad de la Tierra sufriendo el desgaste de los procesos que las erosionaron hasta mostrarnos lo que vemos hoy; tuvieron un momento hace mucho tiempo cuando fueron tan imponentes como la Cordillera. Vieron varias glaciaciones e incluso el avance del mar, pues gran parte de la provincia de Buenos Aires ha estado en sucesivas ocasiones sumergida por el avance del mar Argentino. Estos eventos geológicos han tenido profundo impacto sobre la fauna y flora, por lo que si buscáramos fósiles de las especies que han habitado en esta región, se hallarían restos de fauna proveniente del sur (cuando se producía la última glaciación) o fauna más del norte desplazada cuando el clima se tornó más cálido y ahora encontramos el cuis grande y el lagarto overo. Pero si volviéramos tan solo dos siglos atrás, y no 100 que fue cuando terminó la última glaciación, estaríamos presenciando la llegada de grandes masas de inmigrantes europeos, los cuales trajeron consigo una fuerte cultura asociada a los árboles, pues Europa toda, estaba cubierta por bosques muy variados y frondosos, aunque hoy en día es uno de los ambientes más transformados, pues el hombre ha buscado emplazar sus ciudades principalmente en esos sitios pues le brindaban madera para construir sus casas y leña para encender sus fuegos. Así al llegar a la llanura pampeana, se encontraron con un paisaje dominado por pastos, pastos y más pastos, pues los árboles nativos, muy escasos en el pastizal debido en parte, al avance del mar por períodos, a las sequías e inundaciones recurrentes, a los incendios y a la estructura de las raíces de las gramíneas (familia de pastos) crean redes muy fuertes de raíces que no permiten a los árboles jóvenes árboles desarrollarse, solo se han establecido (a lo largos de miles de años, "los tiempos del hombre no son los mismos que los de la naturaleza") en las riberas de los cursos de ríos y arroyos, como el sauce criollo o sobre la región costera se podría encontrar el tala; pero de los cuales la madera no era apreciada y además poco abundante. Por ello el paisaje también fue transformado por arbolado con especies traídas de otras partes del mundo, el Eucalíptus de Australia, con por lo menos cinco especies diferentes; el pino y abeto de Norte América; transformándose en especies que aquí no cuentan con competidores naturales, ni enfermedades o incluso, fauna que pueda alimentarse de ellas y pasan a ser especies exóticas invasivas, que si bien causan servicios ambientales al hombre, al ecosistema local lo transforma hasta el punto de que bajo un pinar o monte de Eucaliptus, no crece prácticamente ninguna especie de planta nativa, e incluso bajo los pinos al caer la pinocha ácida los líquenes que cubren las rocas son lavados y ni siquiera ellos pueden expresar su pintoresco y autóctono tapiz del roquedal serrano. 

También la agricultura  transformó de manera drástica en la fisonomía del pastizal de llanura reemplazándolo por trigo, girasol, maíz, etc. La ganadería fue una de las primeras actividades que se introdujo y que no sólo alteró profundamente la diversidad y riqueza de especies de plantas nativas sino que también, grandes depredadores como el Yaguareté (Panthera onca) y el puma (Puma concolor) eran cazados por representar una amenaza, hasta el punto de extinguir al Yaguareté que también era y es buscado por la belleza de su piel y el puma verse reducido a escasas zonas aisladas.

En Tandil, había un recurso más, uno escaso y valorado en la región y era la piedra, por ello la actividad canteril fue muy importante en nuestra ciudad, hasta el punto de hacer desaparecer cerros enteros, como sucede en Cerro Leones donde al llegar a la arteria de la sierra (sus napas de agua) inundaron los huecos dejados impidiendo continuar con la extracción. La cantera Montecristo, ubicada detrás del cerro El Centinela, se esconde tras una cáscara de sierra que oculta una gran cava de vacío y silencio.


 

Desde la declaración de la Ley de Paisaje Protegido de la Poligonal, se logró que las canteras encerradas entre la Ruta 30, 74 y 226 detuvieran su actividad. Pero el sistema de Tandilia es mucho más extenso que lo que y se explota sin considerar sus características geológicas y ecológicas. Incluso no existe en todo el sistema acciones concretas de conservación, que protejan extensas áreas con parques y reservas. Y como si no faltaran daños al ambiente, la construcción sobre las sierras avanza sin ningún freno, aceleradas desde que cesaron las canteras cercanas a la ciudad.

 

¿Qué queda entonces por conservar?

Por su relieve y características únicas en la región las sierras han funcionado como verdaderas “islas de biodiversidad” por generarse especies únicas en ellas y por resguardar de la agricultura y ganadería a muchas otras reducidas o incluso extintas en las zonas bajas. Por ello actualmente conservan una gran biodiversidad, además de la belleza de su paisaje único, siendo el pastizal serrano el ecosistema autóctono a valorar y proteger.

Existen especies nuevas sin descubrir aún y otras conocidas que no se sabe que habitan aquí. Es el caso del hallazgo por científicos de Mar del Plata, de la lagartija Liolaemus tandilensis como una especie endémica del sistema de Tandilia y otra como la Theius ocullatus que no se sabía que habitaba también aquí.

El problema del deterioro acelerado de las sierras es un problema que todos deberíamos abordar con prontitud y replantearnos preguntas como: ¿qué entendemos por progreso y calidad de vida? ¿Somos conscientes de nuestro accionar sobre ellas y el impacto sobre sus formas de vida? ¿Quiénes son los responsables de conservar un patrimonio natural único? Entre tantas otras cuestiones que constantemente deberíamos debatir como sociedad para lograr hallar las respuestas a un problema que crece día a día.

Particularmente, pienso que los verdaderos dueños de las Sierras son quienes las habitan hace millones de años, desde los líquenes que tapizan sus rocas gastadas, hasta la mariposa  de alas transparentes y doradas, el Hada del Cortaderal (Heliconisa pagentescheri),  la cual  sale puntualmente todos los fines de febrero buscando  exclusivamente las colas de zorros (Cortadeira selloana) para depositar sus huevos; o los sapitos de las sierras (Melanophriniscus aff. montevidensis) que esperan las primeras lluvias de primavera para dejar sus huevos en los charcos que se forman entre las rocas. También los gavilanes mixtos (Parabuteo unicinctus) sobrevolando los pajonales a la espera de algún cuis o rana.

Ellos son los herederos naturales del pastizal serrano. Y nosotros, como visitantes recientes, tenemos el deber de aprender a preservarlo como patrimonio natural de las generaciones actuales y futuras.

Por ello conmemoramos el 2 de Octubre como Día de la Preservación de las Sierras de Tandil, porque es una oportunidad más para reflexionar sobre nuestro lugar y accionar en la naturaleza.

“La preservación de las sierras no es sólo una utopía de naturalistas, sino  un derecho de quienes las esperan en el futuro”.

 

Gabriela Soler - Profesora de Biología de nivel secundario e integrante de la Asamblea por la Preservación de las Sierras

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