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Ver de cerca el árbol para entender el bosque

ENTREVISTA

Ayer por la noche fue el estreno en Tandil de la segunda película de Pablo Giorgelli, director de la premiada "Las acacias". Su obra, "Invisible", que trata sobre el desamparo al que se ve sometida Ely -una adolescente de 17 años embarazada- se vio por primera vez en nuestro país casualmente el 8M, entre medio de las marchas a favor y en contra de la legalización del aborto.

Por Gerardo Goldberg (gerardogoldberg@gmail.com)

 

La película muestra el desamparo que sufre esa joven en particular (desde lo familiar, lo institucional y la ausencia del Estado) para dar cuenta de muchos otros desamparados. Se proyectará nuevamente hoy y mañana, a las 20, en el Espacio INCAA Unicen.


 

Cada vez que coordino una entrevista tengo presente que luego deberé desgrabar ese audio y que cuanto más larga sea la charla, más costoso será mi trabajo posterior. Pero hay ciertos casos en los que uno tendría ganas de seguir y seguir charlando. Eso ocurrió con Pablo Giorgelli, realizador de la multipremiada "Las acacias", ganadora de la Cámara de Oro en el Festival de Cannes 2011. Este fin de semana se encuentra en Tandil para presentar "Invisible", su segunda película.

 

Uno tiene una entrevista en la cabeza en la previa al llamado telefónico. Pero luego la charla toma vida propia y finalmente la próxima película en la que ya está trabajando (una adaptación de "Trasfondo", la novela de la escritora tandilense Patricia Ratto) emerge como primer tema, quizás atraído por el fuerte vínculo entre Giorgelli y Tandil. Es que desde hace 15 años está en pareja con la montajista María Astrauskas, oriunda de nuestra ciudad, con la que son padres de dos niñas.

"En algún modo, Tandil es como mi ciudad. Ya la adopté como propia desde hace tiempo. Hace 15 años que estamos juntos y ya fui a Tandil doscientas mil veces", me dijo desde el otro lado del teléfono cuando aún se encontraba en Buenos Aires, previo a su viaje hasta la serranía. "Tenemos amigos, familia... además vamos todo el tiempo que podemos", agregó.

"El otro factor que desde ahora en adelante se volverá un nexo importante entre Tandil y vos es que vas a hacer una película basada en "Trasfondo", de Patricia Ratto", le propuse.

"Es parte de lo mismo", me aseguró, "porque a Patricia la conozco a través de mi suegra (Alicia Martignoni) cuyos libros estaban en su casa. Y, justamente, en esos días y fines de semana en Tandil, uno le hurga la enorme biblioteca que tiene y ahí estaban los libros de Patricia".

 

"Cuando leí "Trasfondo" no lo podía creer. Me dije: "acá hay una película espectacular". Y eso fue ya hace como tres o cuatro años. Me lo leí casi en una noche, de un tirón. Teníamos una nena pequeña que no dormía y yo estaba en el living, desvelado. Creo que ya al otro día le pedí a mi suegra que me contactara con Patricia. Y cuando lo hizo, le dije que me había encantado y que me parecía muy cinematográfica. Desde entonces que vengo con eso en la cabeza. Ahora, en etapas más avanzadas: ya estuve trabajando un guión, ya hay una posible primera película en los papeles, en algo más desarrollado que un boceto. Y en los huecos que me fue dejando "Invisible" estos años, le fui metiendo cabeza y corazón a la posibilidad de hacer esa película", reconoció.

Así como le pasó con el tema del aborto y el contexto casual en que se estrenó su película, le ocurrió con el anuncio de que haría una película sobre la novela de Ratto, que se basa en la experiencia real del submarino ARA San Luis en la Guerra de Malvinas. El cineasta hizo ese anuncio a los medios cuando estuvo en el Festival de Venecia, en septiembre pasado, para la premiere mundial de “Invisible”. Dos meses más tarde acontecía la trágica desaparición del submarino argentino con sus 44 tripulantes a bordo.

Giorgelli confió que está "tratando de descubrir cómo será esa película, que sin duda será diferente a la novela. La literatura y el cine son lenguajes diferentes y entonces las versiones tienen que ser distintas. No estoy trabajando en una adaptación literal y fiel. Lo que tomo es el espíritu de lo que ella hizo y, por supuesto, el hecho real detrás".

 

"Siempre me pasa lo mismo: tengo un período de intentar descubrir cómo va a ser esa película que intuyo pero aún no conozco. En "Invisible" y "Las acacias" fue igual. Fueron un par de años de tratar de descubrirlas. Cuando se me revela, ahí empiezo a trabajar en la siguiente etapa que ya tiene que ver con el casting, con la puesta, con cómo implementar ese guión que fue apareciendo durante esos años", me contó y luego confesó estar "entusiasmado con esa posibilidad porque, además, el tema del submarino es todo un género".

Le dije que cuando leí la novela me pareció que el fuera de campo sonoro (aquello que escuchamos, ya sea una voz o un sonido, pero no se ve de dónde proviene) era un personaje más y que en "Las acacias" (aún no pude ver "Invisible"), el sonido tenía un particular trabajo. "Si, espectacular y es así. Lo que se escucha me resulta algo muy poderoso y potente para el cine. Te obliga a parar la oreja, a prestar más atención. Esa ausencia visual tiene un poder que me gusta trabajar. En "Invisible" también está trabajado el fuera de campo sonoro con mucha presencia. Y en "Trasfondo" diría que casi es eso por excelencia. La manera de manejar un submarino es a través del sonido. Escuchan, no ven. Uno de los puestos más importantes justamente es el del sonarista. Eso me pareció algo muy estimulante. Y la versión que estoy trabajando se apoya mucho en lo que se escucha. De hecho, la película comienza con un sonido que todos buscan. Luego, hay varias charlas que suceden -muchas veces en voz baja- pero la cámara está en otro lado. Se escucha que hablan de si vienen, si no vienen, de qué va a pasar. La estoy trabajando mucho por ese lado porque claramente el sonido es un elemento igual o diría hasta más importante que la imagen. "Las acacias" e "Invisible" fueron como pasos previos en este camino de trabajar el sonido casi al mismo nivel que la imagen o dándole la misma importancia y el mismo tiempo de trabajo", analizó.

Mencionó que "el proceso de sonido en "Invisible" fue largo. Me tomó mucho tiempo y, en general, la producción cinematográfica siempre deja un período acotado para la mezcla de sonido, casi como si fuera una ilustración de lo que se ve. Entonces tenés pocas semanas para armar el sonido y pocas para mezclarlo, porque estás al final del proceso y ya no tenés guita. Pero también por una cuestión de mala tradición de que te gastaste todo antes y bueno... ".

"Yo trato de revertir eso, de que el sonido sea una parte de escritura de la película, lo mismo que el montaje. Ahí uno encuentra, redescubre y potencia la película. Así que vamos a tener que luchar para conseguir fondos, pero le tengo fue. No sé cuánto me tardará: "Las Acacias" e "Invisible" me tardaron cinco años y espero que esta salga un poquito antes porque en realidad, a este ritmo... laburo de otras cosas", concedió.

La charla fue lentamente incluyendo un punteo sobre distintos aspectos de trabajo en el proceso de realización de sus dos películas y de la tercera en gestación. Por ejemplo, hablamos de si hay lugar para la improvisación en sus rodajes o si en el montaje (que realizó en ambos casos María Astrauskas) deja espacio para cambiar la idea original que venía desde el guión. "Muchas cosas que son claves en "Invisible" las encontró María en el montaje. En las dos películas hubo un guión muy desarrollado, sólido y detallado. Me gusta trabajar de ese modo, tener la película clara ya desde el guión. Pero es una hoja de ruta. El guión no es el producto final de una película sino que es un primer paso. La reescritura de la película sigue en las otras etapas. (El director de cine español Fernando) Trueba me decía que una película se escribe en tres fases: en el papel, en el set y en el montaje. Y es un poco eso. Uno va afinando, redescubriendo y definiendo la película en cada nueva etapa. Pero siempre parto, hasta ahora al menos, de un guión muy detallado. En el caso de "Las acacias" hubo un poquito más de espacio para la improvisación porque había una bebé y eso te obliga a estar un poco más suelto y atento a cosas que sucede en el set", indicó.

Como ejemplo de los sutiles afinamientos que sufre un guión inicial, propuso el caso del casting: "cuando aparece el actor -en el caso de "Invisible", la actriz- ese cuerpo que va a encarnar al personaje que hasta ese momento estaba sólo en mi cabeza y en el papel, hay que reescribir. Porque ese cuerpo tiene una voz, porque se mueve de un determinado modo por más que haya una interpretación, hay cosas que no se pueden evitar y reescribo las cosas en función del actor definido. Con las locaciones ocurre lo mismo. Y en el set, también. Algún diálogo que no suena o que no funciona, lo cambio en el momento. Y luego, la gran reescritura es el montaje. Esa es la escritura final y la verdadera, porque es lo que queda y porque tiene una cantidad de posibilidades que para los que no se dedican a esto sería difícil entender".

"Por eso los productores en la industria cinematográfica norteamericana tienen lo que se llama el corte final", acoté. "Exacto, y no es casual que así sea. Uno sabe que en el montaje, si quisiera, hasta podría cambiarle el sentido a algunas cosas. No fue el caso en ninguna de las dos películas y en ambas el proceso de montaje fue muy largo. En las dos, las películas terminaron de encontrar ahí su verdadera esencia. En "Las acacias", el tono, el tempo fue encontrado allí y en "Invisible", cosas mucho más importantes como, por ejemplo, la ausencia visual de ese mundo adulto que no vemos pero sí escuchamos. Había una idea inicial pero ese trabajo sonoro que tiene fue algo que se terminó de encontrar en el montaje", reveló.

 

Finalmente, como si estuviésemos sentados en un bar sin apremios de tiempo -aunque yo ya debía en breve ir hacia otra nota y a él le sonara el teléfono para una cita en algunos minutos- llegamos específicamente a la película que vino a presentar a Tandil. "En "Invisible" hay dos andariveles. Por un lado el mundo íntimo de la protagonista, Ely. La cámara está encima de ella toda la película. Visualmente enfocamos en su rostro y en su cuerpo y la acompañamos. Y, por el otro lado, está el contexto con el que Ely debe lidiar. El político, el social, el económico, que para mí es indivisible de su realidad. Uno es porque el otro es de ese modo y ese contexto debía estar presente y fue muy difícil de encontrar. Justamente gran parte de eso se cuenta a través del sonido y fue trabajado en el montaje", dijo.

El tema central de la película es el desamparo. En particular el de aquella adolescente. Pero el contexto en el que fortuitamente se dio su estreno llevó a que sea conocida como una película "sobre el aborto". Giorgelli me dijo entonces que "la etiqueta de "la película del aborto" es algo que tiene que ver con el contexto en el que nos toca estrenar (el 8M y el debate en el Congreso Nacional sobre la legalización o no de la práctica). Inmediatamente se relacionó a esta casualidad, esta especie de destino. Pero la película la empezamos a escribir hace cinco años", argumentó.

Le marqué que hay alguna cuestión muy fuerte en sus películas y los contextos en que se estrenan o anuncian, porque en Brasil también ocurrió lo mismo en el momento en que se estrenó "Invisible" (se trataba justo por esos días que el debate no llegara al Congreso) y a eso se le puede sumar lo del ARA San Juan y "Trasfondo"... una especie de timing no buscado.

"Sí, ya me da un poco de miedo seguir pensando películas...", afirmó entre unas pequeñas risas. "No es algo tan común. Pocas veces sucede que una película se toque tan de cerca con la realidad presente. Uno no tiene la distancia para analizar o pensar en eso que está ocurriendo ahora. Sí sobre la temática, que fue lo que ocurrió con "Invisible". La empezamos a escribir en 2012 y los primeros dos años fueron exclusivamente de escritura de guión y de investigación, de charlar con profesionales y adolescentes que habían pasado por situaciones parecidas. En ese momento debí resolver cómo abordar esa temática y cómo la iba a contar. Era una temática enorme, compleja. Pero la película no surge de ahí. En realidad, después de "Las acacias" estaba con ganas de hacer algo con la adolescencia. No tenía muy claro qué. Tenía algunas notas, algunos personajes desarrollados de un viejísimo guión anterior a "Las acacias" que había retomado porque no sabía bien qué hacer. Y ahí empieza a aparecer el personaje de Ely y la idea del desamparo. Y eso es lo que me genera el deseo de meterme en el gigantesco quilombo que es hacer una película. Si uno no tiene ese enamoramiento casi ciego, es muy difícil meterse en un proceso tan largo y sostenerlo. Al menos yo necesito estar realmente enamorado hasta los huesos para poder transitar la cantidad innumerable de dificultades que te vas encontrando y te hacen pensar en abandonar", resaltó.

Insistió en que "la idea del desamparo en la adolescencia fue el motor de esta película. Y que el personaje estuviese con un embarazo y la consecuente posibilidad de un aborto apareció después. Me pareció que era algo ideal para contar ese desamparo. Sobre todo por la situación del embarazo adolescente en la ilegalidad del aborto en nuestro país. Si hubiese sucedido en otro lugar, tal vez hubiese elegido otro elemento, pero acá era perfecto para terminar de contar el desamparo. La película intenta contar ese desamparo particular, el de esa adolescente, en la ciudad de Buenos Aires, hoy día, con esa realidad, con esa condición social, con esa madre. Por supuesto, como la cuestión del embarazo y la posibilidad del aborto es algo tan fuerte y evidente en la película, es lo primero que se ve y lo que más resalta. Pero la película excede ese tema, aunque lo trata y de un modo riguroso", sostuvo.

Ahí se me ocurrió que Giorgelli había intentado dar vuelta la conocida frase que habla del árbol que tapa el bosque. Acá se trataba de ver un árbol en particular -y bien de cerca- para poder entender más cabalmente la noción de que el bosque está formado por esas particularidades. Y no hacerlo desde la racionalidad sino desde la sensibilidad.

 

En "Las acacias", la ausencia de música incidental era una fuerte decisión estética de esquivar el golpe bajo, el efectismo de decirle al público "acá debes llorar, acá no". Indagué sobre si había también trabajado de la misma manera en "Invisible" y sobre si la película tenía una mirada juzgadora, moralista o con una determinada "bajada de línea".

"Mirá, la película está contada desde el punto de vista de ella. Y entones, una cosa que descubrí ya desde el inicio -y fue trabajado ya desde el guión- es que la escritura debía respetar ese punto de vista del personaje. Entonces, todas las decisiones del personaje debían tener que ver con su posible mirada del mundo. Y eso me hizo dar cuenta rápidamente de que yo -Pablo, el autor que está detrás de esta construcción, de esta ficción- debía desaparecer, correrse. Y para eso, tenía que entender a mi personaje y en función de eso decidir. Varias veces en la película pasa que la decisión de Pablo hubiese sido otra, distinta que la de Ely. Porque soy un hombre, porque tengo 50 años, porque tengo una condición social diferente a la de ella. Entonces, la película intenta contar esos días de Ely a través de sus ojos. Y eso es algo que me costó porque muchas veces entraba en conflicto conmigo mismo o aparecía mi opinión. Y ahí es cuando uno está interviniendo. Todo el tiempo tuve que estar chequeando que solapadamente no apareciera el autor detrás. Y eso fue lo definió toda la película: el tono, lo que se cuenta, el modo en el que se lo hace y el planteamiento estético", enumeró.

Continuó diciéndome que "antes del estreno comercial armamos distintas proyecciones para diferentes grupos y colectivos vinculados con la temática. En general, las opiniones son muy buenas y la película creo que realmente tiene algo y es enfocarse en el drama íntimo de esa adolescente y evitar deliberadamente el discurso militante, más allá de mi posición personal. Siempre la aclaro por las dudas: mi opinión es que el aborto debe ser legal. Pero la película es otra cosa. Primero, porque es un hecho artístico. Y en segundo lugar, no me interesaba hacer un instructivo de cómo pienso yo que deben ser las cosas respecto al aborto o el embarazo sino tratar de adentrarme en esa intimidad de es adolescente que ve el mundo desde ese lugar".

"Eso hace que la película realmente tenga un gran porcentaje para ser completado por la mirada y la ideología del que la ve. Algunos ven una cosa, otros ven otra y eso es algo que me interesa. Pero la película tiene, sin embargo, una postura crítica sobre un montón de aspectos. No es una película neutra", consideró.

Por último, mencioné que uno de los desamparos a los que se ve sometida Ely es a la ausencia del Estado e indagué si, según su parecer, el cine nacional también sufre actualmente ese desamparo estatal.

"Sí, diría que sí. Es algo que está sucediendo y que nos inquieta. Pero me parece que es más grande. Hay un montón de sectores que están sufriendo ese desamparo y tiene que ver con el presente. Y también con el pasado, porque hay algunas cosas que vienen de larga data", contestó.

Añadió que "claramente el Estado, por una decisión consciente, está retirándose de algunos lugares. El cine es uno de ellos. Hay otros, incluso más importantes y graves para la sociedad. Ahí la película tiene una opinión en ese Estado ausente que no protege a sus adolescentes como debiera o no les da las herramientas necesarias. Ese desamparo se ve en un montón de cuestiones: en lo institucional (a través del colegio), en lo laboral, (a través del tipo de trabajo que una adolescente como ella puede tener) y, por supuesto, a nivel salud (con un hospital que prácticamente la expulsa). Pero ese desamparo es extensivo a muchas otras cosas y el cine es una de ellas. Por eso estamos atentos y alertas a que nuestra Ley del Cine, que está vigente, no sólo no sea olvidada sino que no se cumpla en todos sus puntos, que es algo que sucede".

Ya estaban poniendo las sillas patas arriba en aquél bar imaginario en el que estábamos sentados, como haciéndonos dar cuenta de que ambos llegaríamos tarde a nuestras respectivas tareas posteriores. El apuro del final sirvió como presagio de alguna otra charla futura, en algún otro bar, imaginario o real.

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