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Belén Blois - Estudio Inmobiliario - Constitución 651 - Tandil - Tel.: 249 468 1897



Tandil, en clave inmigrante

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El historiador Marcelino Irianni es un apasionado investigador de los procesos de inmigración que se dieron en nuestro país en el siglo XIX y en particular, en el mecanismo que fue poblando y forjando el “Tandil adolescente” como él mismo grafica a la comarca de aquellos primeros años.

En diálogo con ABCHoy, Irianni hace un repaso de las características de ese momento histórico fundamental en la vida de nuestra ciudad, que fue construyendo la lógica de un Tandil pionero y emprendedor, que se sostiene hasta nuestros días.

-¿Hay algún proceso histórico puntual que nos permita explicar este momento de la ciudad?

-Y…, es difícil, porque la historia de los países está siempre inmersa en contextos. Sobre todo en Argentina, que venía de 300 años de colonización, y casi desperdicia el siglo XIX tratando de acomodarse y de conformar un Estado, rompiendo la enredadera de las raíces que venían de la colonia, que habían conformado mentes de virreyes, de dependencia. Eso ya obliga a tener en cuenta dos o más historias: la nuestra y la de Europa, por ejemplo. Es el inicio del Imperialismo y el inicio de las dominaciones. Inglaterra durante muchos años quiso abrir un canal de comercio con América, que estaba monopolizado por España, que no podía administrarlo bien. Y, como siempre, acá había gente dispuesta a venderle a los ingleses y no a los españoles, que pagaban de otra manera, eran menos rígidos, etc. Entonces, nosotros tenemos una capacidad impresionante de romper los moldes, de problematizar las situaciones. Es muy complejo encontrar cómo llegamos hasta acá, desde la misma conformación del país, porque habría que arrancar desde bastante antes. Las inercias son inevitables. Y hay historiadores que hablan de la neocolonización de Argentina, porque el lugar que dejaron libre los españoles, vinieron rápidamente a ocuparlo ingleses y franceses.


Después de 1810, la salida de los metales dejó de darse por acá, porque Potosí quedó en otro sitio, al ocurrir las independencias y ahí, sin los metales que era lo que hacía ingresar dinero a la Aduana, dijeron: ‘¿Qué hacemos?’ Y miraban para todos lados y lo único que había era ganado. Ya había algunas estancias hacia 1750 y la idea era llegar hasta el Salado, reconociendo que más allá del Salado, era todo tierra indígena. Los mapas de la colonia lo muestran. Los españoles se dieron cuenta que no tenían ni las relaciones comerciales, ni los barcos, ni la producción como para impactar en la economía mundial, antes de 1850. Entonces, se dedicaron a expandir la frontera y a la cría de ganado vacuno. Hasta 1850, la oveja era prácticamente desechada. Ese proceso es muy importante, porque un actor clave que aparece es Inglaterra, porque estaba en todo el mundo y era el más capacitado hasta que entró Estados Unidos en escena, para realizar el doble juego de entregarte mercadería para ampliar su mercado local que había quedado chico, que tenía muchos consumidores; y comprarte tu producción, por el otro lado.

-Empezaba a aparecer el capitalismo en nuestra región…

-El capitalismo va de la mano de los consumidores y es por eso que Inglaterra, que había fomentado la esclavitud, ahora tiene que desecharla, porque el esclavo no consume. La Guerra de Secesión de Estados Unidos tiene que ver con eso, el norte industrial quiere sacarse de encima a los esclavistas. Bueno, acá pasaba lo mismo, ¿Cuál era el obstáculo para la inserción del capitalismo? El indio. No solo no dejaba producir en las tierras que atraían a medio planeta, sino porque eran comunidades que vivían en el ámbito del trueque. Había una economía primitiva, precapitalista.

 

-¿Ahí aparece la pelea con los pueblos originarios?

-Cuando los dirigentes de la época se lanzan a construir el Estado, tras terminar las guerras con los países limítrofes, Avellaneda, Vélez Sarsfield, Sarmiento, también buscan conquistar las tierras más al sur. No es casualidad que en esos próximos cinco años se da la batalla de San Carlos, en Bolívar, entre el cacique Cafulcurá y el Ejército, donde es derrotado el cacique más poderoso que hubo en la región; y también se da el proyecto del ministro de Avellaneda, Adolfo Alsina, que propone una zanja de 600 kilómetros, que iba desde la zona de Bahía Blanca, hasta San Luis, con la idea no de matar a los indios, sino incorporarlos. Y la forma de incorporarlos, era sacarle el ganado. De alguna manera, entorpecer el malón. Cuando no tuviera más sentido el malón, intentarían asentarse. Esa era la idea. De hecho, dio algún resultado porque los malones aminoraron y algunas parcialidades se asentaron y estratégicamente, entendieron que les convenía. Eso va mostrando que el Estado se va a conformar en 1880 con la Campaña de Roca y ahí, parece que nuestro vínculo con el mundo comienza a ser más “serio”, más “firme” y empiezan a venir muchos extranjeros a adquirir tierras, se empiezan a mover los saladeros de Buenos Aires a Mar del Plata y a otros sitios, por los problemas de las epidemias y al no estar más el indio y haber cierta pacificación en la zona de la Pampa, hacia el 1850 en adelante, llega una oleada importante de extranjeros, de forma masiva. Los manuales hablan de 1880 a 1930, pero en realidad, comienza en 1840 y son fundamentales esos 40 años de inmigración. Nosotros tenemos inmigrantes en Tandil desde 1850. Entre ellos, nada menos que Juan Fugl, Ramón Santamarina, etc. Y cada pueblo tuvo este tipo de personas, que hicieron mucho por las ciudades. Yo soy un apasionado de la etapa temprana de la inmigración, me atrae mucho y soy un convencido que es el cimiento de lo que viene después.

-Esos personajes que son considerados pioneros, prohombres de la ciudad, ¿llegaron con esa idea, la de quedar en la historia, o en realidad vinieron a ver qué pasaba y se encontraron con un escenario favorable para poder desarrollarse?

-Las dos cosas. Cuando tomás el conjunto, claramente hubo un gran porcentaje de inmigrantes que consiguió cosas que no iba a conseguir en su pueblo. Nos olvidamos de eso. ¿Qué es hacerse la América para alguien que no comía todos los días en Irlanda? Comer todos los días. Tenemos cierto prurito de que todos los que venían querían tener cinco leguas de tierra, y no es así. Había quienes vinieron a ser artesanos, jornaleros, cualquier cosa. Eran personas que sabían hacer un poco de todo, venían de minifundios de muchas partes de Europa. Es difícil decir si venían pensando que podían progresar o hacer esto o lo otro, o se encontraron con un escenario favorable. Los pioneros no tenían mucha idea de qué iba a pasar acá, pero se encontraron con una economía precapitalista, en donde podían desarrollar los oficios que allá ya no alcanzaban para competir con las fábricas. Hay registros del censo en Tandil de 1869, de que había 12 zapateros vascos. ¿Por qué? Muchos habían huido de la coyuntura del País Vasco, porque no podían competir con la fábrica que tiraba cien pares por día. Ya no tenían lugar.

-Pero hay como una idea de que eran tiempos en que fácilmente uno se convertía en terrateniente.

-Sí. Por ejemplo, el Estado nunca tenía sobrantes de dinero. Siempre lo estaba gastando, lamentablemente, en guerras o armamento, porque era la coyuntura de ese momento. Entonces, ¿Cómo pagaban después de una campaña como la de Rosas? ¿O cuando el Ejército conseguía algún logro que era bueno para el Estado? Pagaba con tierras. La mayoría de ellos, dicen las fuentes, nunca fueron a verlas. Eran en Río Negro, en tierras no conquistadas. Era como si te regalaran un lote que ni el Estado sabía donde estaba, ni el que lo recibía y andá a saber si se podía encontrar. Una cosa imaginada, pero que era parte del juego. Algunos iban y vendían ese papelito en Buenos Aires a un precio irrisorio. Pero hubo gente como Santamarina que hizo muchísimos viajes en carretas, aprovisionando a los fuertes, a los indios amigos cada tres meses, y nunca le pagaron, hasta que un día le pagaron con tierras. Y llegó a tener todas las estancias que tuvo. (Pedro) Luro, igual. Llegó a tener 400 mil hectáreas.

-Fueron visionarios…

-Claro. Entonces, la inmigración tiene su complejidad. Cuando ves todo el cuadro, podés ver algunas cosas, si había más hombres que mujeres, si trabajaba más gente en el campo que en la ciudad, etc. Pero cuando te acercás, empezás a ver los individuos que están haciendo cosas distintas. Un Luro, un Santamarina, un Fugl. Fugl no hizo dinero, pero porque no quiso, se dedicó a otra cosa. Y en determinado momento se volvió con su familia, ni más feliz ni más infeliz. Se volvió a Dinamarca y vivió bien. Si hubiera querido, hubiera podido ser un latifundista, pero no era su estilo ni le interesaba.

En el caso de Santamarina, vino sin nada. A los 12 años el padre se suicida delante de él, cerca del mar. Arranca mal, psíquicamente, imaginate. Era el hermano mayor y el padre le dejó la consigna de que tenía que ayudar a su familia. ¡12 años! Y viene a América y empezó a trabajar en el puerto, con los carros que llevaban cosas de los barcos. Y en un momento se hizo de un carro propio, más tarde compró dos o tres. Y después se armó de diez o doce carretas para aprovisionar al interior, hacía mudanzas, etc. Era un visionario. Ahora, no era un empresario. Tenía 12 años cuando vino.

-¿Eso refuerza ese paradigma de que venían “con una mano atrás y otra adelante”?

-Lo que pasa es que esas frases a veces no nos dejan ver la realidad. Algunos traían oficios; otros, algún ahorro, otros traían herramientas. Yo he recorrido hoteles de inmigrantes, en los que lo que se llamaba “la baulera” era una habitación enorme, impresionante. Y uno se pregunta ¿qué traían en los baúles? Muchos traían telares, tallercitos de alpargatas, por ejemplo, que entraban en una valija. Y cuando se dice una mano atrás y otra adelante, cuando fui a investigar al País Vasco, los archivos indican que los que se podían ir, no eran los que estaban en el último escalón, sino que tenían que tener algo para poder irse. Pensá acá en el 2001, ¿quiénes se fueron? No se fueron los que no tenían nada, sino el que tenía por lo menos algo para vender. Allá fue igual. Se fue el pequeño propietario, el que tenía algo para vender. El que no tiene nada, tiene que quedarse.

-¿También son responsables esos inmigrantes de alguna mejoría cultural en la región?

-Bueno, es llamativo que entre las cosas que hay que revisar, es que muchos, la mayoría de esos inmigrantes, en realidad, eran tan atrasados y primitivos como los habitantes de este lugar. Incluso los curas. Los curas que bajaban de Galicia, Andalucía Navarra, y estaban algunos meses en un Monasterio y salían para América, no iban por vocación. Eran muchos hermanos y el que no iba al Ejército, iba a un Monasterio, porque todos no se podían quedar en un caserío, que generalmente heredaba el hermano mayor. Las mujeres se casaban y se iban a otro caserío o se quedaban solteronas. Y entre los varones menores, era común el celibato. Es decir, si te quedabas en el caserío de tu familia, te quedabas soltero, sino al Ejército o al Monasterio. Cuando aparece la puerta de América, se vienen todos para acá. Y en ese caso, si te venías, el hermano mayor te tenía que dar algo.

-¿Y acá, cómo se daban las relaciones?

-Antes de las formaciones de los centros de gallegos, de los vascos, de italianos, los espacios de sociabilización son las asociaciones de socorros mutuos, pero antes de eso incluso, estaban las fondas, los almacenes y los hoteles. Allí mantenían el contacto con los paisanos, mantenían el lenguaje, sociabilizaban, se conocían con hermanas o hijas de otros inmigrantes para casarse y de esa manera se paliaba la melancolía. El mercado matrimonial era bastante limitado, porque venían más hombres que mujeres.

-¿Los primeros inmigrantes de Tandil son los vascos?

-Diría que mayoritariamente, los vascos están en las primeras oleadas. En 1823, quedan 400 soldados, más los colonos que llegaron junto con las carretas. En 1836 ya había 689 personas. Ahí, todavía no había inmigrantes. Luego, el primer registro de 1854, muestra 2850 habitantes, de los cuales había alrededor de 200 inmigrantes. En 1855 se da un despoblamiento interesante, porque hay un malón y la mayoría de la gente se va hacia Dolores; y se desarma el Fuerte en 1864. Es un símbolo, porque sin embargo, luego hay más malones. En Tandil, hay epidemias de enfermedades en 1867, 68, 70, 71, de difteria, cólera, fiebre amarilla y luego en el 74 viene la viruela, que fue un golpe feroz a las tribus indígenas, porque no estaban preparadas para ese tipo de enfermedades. Eran años en que nacían muchos, y también morían muchos. Y volviendo a la pregunta, en 1869, sobre 4800 habitantes, 470 son vascos. Y de esos, hay más españoles que franceses, cosa que no pasa al principio, cuando era al revés. En el 95, ya hay un millar de vascos, sobre 15 mil habitantes, que es el año en que Tandil pasa a ser de pueblo a ciudad, porque ese era el piso de habitantes.

-¿Hay en ese siglo XIX algún momento de quiebre en ese proceso?

-Diría que la década de 1870 es bisagra, en muchos aspectos. Termina el concepto de estancia extensiva, aparece el alambrado en el 75, 76; y aparecen otras formas de trabajo, los galpones, por ejemplo. Hay más comercio. Florece un abanico de posibilidades que ofrece el Estado, poco a poco, que estiran un poco la vida y eso lleva a que podamos decir que Tandil era un pueblo adulto antes de 1900, lo que no quiere decir que hoy sea una ciudad adulta.

-¿Cómo ve a Tandil hoy?

-Es una ciudad pujante, o lo era al menos. Fuimos una fábrica de adoquines para todo el país; y después de haber sido un polo metalúrgico tan importante, cuesta acostumbrarse a ser una ciudad turística. En este momento, Tandil es eso, además de ganadera, claro está. Aunque, ¿hace cuánto que no nos sentimos una ciudad ganadera nosotros? Hace mucho. Pero no se discute que la ciudad tiene rubros de avanzada. Es claro. Pero tiendo a ver la ciudad como un todo, con una periferia empobrecida, o al menos que no puede crecer. Y va a haber logros, porque Tandil tiene una Universidad de 9 mil alumnos. La zona es pujante. Parecería que nosotros no sentimos las crisis como se sienten en otros lugares del país. Pero el Tandil de hoy, es hijo de una crisis. La del 2001. Cuando apareció el corralito y el dólar se fue a 4 pesos, el turismo dejó de ir hacia fuera y vino hacia adentro, los hijos dejaron de irse a estudiar lejos y vinieron a estudiar acá, los de la región. Hoy tenemos una ciudad hermoseada, hecha para el turismo. Este proceso empezó ahí. Una crisis general que a nosotros nos mejoró. El turismo reconstruyó sobre los escombros de esa crisis, una ciudad para esa actividad. Y hoy hay gente que descubre la belleza de nuestra ciudad, pero que no se da cuenta que no es eterna y en Tandil, no preservamos casi nada.

-Hablando de preservar, también hay una crisis respecto de eso en la conservación de edificios históricos, ¿no?

-Si, sí, lo que pasa con el patrimonio histórico es lamentable. Y me consta, porque hace muchos años que estamos tratando de recuperar arqueológicamente, lo que haya quedado del Fuerte Independencia y los alrededores. Nos costó mucho llegar a conseguir un subsidio, y muchísimo más, conseguir permisos para poder excavar en los lugares donde sabemos que hubo algún tipo de actividad histórica. Y también pasa con las fachadas de las casas que se están tirando abajo. Si hoy un turista pregunta, ¿Cuál es la parte vieja de Tandil? No hay parte vieja, lo más viejo que hay es la Estación. Creo que es algo que nos sobrepasó.

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