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Mirando Latinoamérica a través de una Lupa

ENTREVISTA

El artista tandilense Eugenio Deoseffe –quien fuera uno de los integrantes del trío de clown Tri Tri- se zambulló hace tres años en el mundo de los muñecos. El año pasado salió de gira por seis países con su espectáculo “Lupa, mundos para mirar de cerca” y durante 2017 visitó, en diez meses y realizando 118 funciones, México, El Salvador, Chile, Colombia, Ecuador, Brasil, Perú Guatemala y Cuba.

Por Gerardo Goldberg (gerardogoldberg@gmail.com)

 

Tres años atrás, Eugenio Deoseffe no se hubiera imaginado que el 21 de diciembre de este año pondría una imagen en su perfil de Facebook con el texto “Me acabo de enterar que ganamos el Premio Villanueva de la crítica en Cuba con Lupa, Mundos para Mirar de Cerca como Mejor Espectáculo Extranjero en Cuba del 2017! Eeeeesaaaaa!”.


Conocedor de los escenarios de teatro luego de participar por 13 años del trío de clown Tri Tri, en 2014 se sumergió en el mundo de los títeres y las marionetas y creó el espectáculo “Lupa, mundos para mirar de cerca”.

En lo que se terminó convirtiendo en la función de cierre de esa extensa gira, se presentó el pasado martes 19 de diciembre en el Teatro del Fuerte, de forma gratuita debido a las gestiones de la Subsecretaría de Cultura y Educación del Municipio y a la voluntad de la mismísima " Compañía de muñecos Lupa", que él mismo dirige.

Y allí estuve. Viéndolo por primera vez. La percepción que tuve es que el disfrute suyo arriba del escenario es inmenso. Para usar una frase hecha, se mueve como un pez en el agua. Parecía un niño, encantado por sus muñecos y, a su vez, encantándolos con sus manos. Puede ser por ello que me sorprendió el tono serio con que comenzó nuestro diálogo telefónico. Pero claro, era lógico, si no nos conocíamos.

 

“Ya hace varios años que estrené Lupa, en el 2014. Después, en 2015, hice un laboratorio en Chile con una maestra rusa llamada Natacha Belova con la que aprendí la técnica de estos títeres de tamaño humano, como Humberto, a quien diseñé justamente en ese laboratorio”, me contó Eugenio en el inicio de nuestra charla.

Humberto es una especie de alter ego de Deoseffe. Ese martes, en el Teatro del Fuerte, se apagaron las luces y se empezó a escuchar una voz. A los segundos, los espectadores descubrimos sorpresivamente que un reflector iluminaba a un títere de tamaño humano en el pasillo, pero a la altura de las últimas filas de la sala. Era Humberto, el títere al que está “adosado” Desosffe. Y ahí se produce la magia: uno puede ver a quien maneja al muñeco pero de todos modos decide (o se siente atraído por más de conocer el mecanismo) mirar al muñeco y no al actor.

Eugenio Deoseffe relató que el laboratorio al que asistió en Santiago de Chile duraba dos meses, lo que implicaba “dos meses sin generar dinero y estando en otro país. Pero, a partir de eso, las cosas empezaron a cambiar. Antes de irme me ofrecieron trabajo para volver allí para hacer otro espectáculo y eso hacía que yo tuviese que decidirme”.

Es que él tenía un trabajo en el que había pedido dos meses para poder realizar el laboratorio con Belova, pero este ofrecimiento significaba cumplir una gran ilusión pero también una gran incertidumbre.

“No podía pedir otros dos meses, así que volví y tuve que renunciar a ese trabajo y desde ese momento estoy viviendo de las funciones del espectáculo y de unos seminarios intensivos que doy de teatro de animación a lo que mezclo con teatro de clown”, continuó.

El marionetista no sólo hizo los propios títeres para su espectáculo sino que además, realiza títeres para otras compañías. “Este año hice unos títeres para el espectáculo “Colores” de Reina Reech, hice otros títeres para la tele”, aclaró.

 

Y fue a partir de ese momento de decisión trascendental que se empezaron a abrir las puertas para viajar.

“El año pasado armé una gira por seis países y este año fue la segunda pero fue mucho más larga. Presenté en Instituto Nacional de Teatro un proyecto y fue aprobado. Y eso me permitió tener una ayuda para pagar los pasajes”, me dijo.

En total fueron diez meses de gira que incluyeron visitar dos veces México, El Salvador, Chile, Colombia, Ecuador. También estuvo presentándose en Brasil, Perú Guatemala y Cuba.

“Fueron muchos festivales internacionales pero también hice funciones en otros lugares no convencionales. En El Salvador hice funciones en un penal de mujeres y en otro de adolescentes, en Guatemala el festival era recorriendo escuelas”, recordó.

Agregó que “en total fueron 118 funciones y, más allá del trabajo, fue tener la experiencia de poder estar en distintas realidades y poder darme cuenta de algunas cosas de Latinoamérica ya que una cosa es verla por televisión y otra es vivirla”.

A mí me comenzó a intrigar cómo había sido la reacción de la gente inmersa en esas diferentes realidades ante un mismo estímulo como es el espectáculo “Lupa, mundos para mirar de cerca” o ante la charla con Humberto. Y se lo consulté.

“Yo me tomo siempre un tiempo en los días previos para ver cómo es el humor del lugar, qué cosas están pasando. Muchas veces lo saco a Humberto a la calle como para empezar a charlar y poder darme cuenta por dónde va la cosa. En general, la idea es trabajar un humor universal. Pero por ejemplo, en Brasil, fue un gran desafío porque era en otro idioma. Yo hablo un poco en portugués pero no sabía qué iba a pasar con Humberto, pero funcionó super bien. Es irse adaptando al lugar y ver qué chistes se pueden hacer”, me respondió.

Siguió su reflexión afirmando que “hay varias cuestiones que influyen. La cultura, las experiencias que han tenido los países. Por ejemplo, El Salvador es un lugar en donde hay mucha violencia o en Cuba se vive en otro sistema y esas cosas son las que pueden modificar las situaciones. Pero en realidad a todos nos está pasando un poco lo mismo y la necesidad de reír o de poder olvidarse un poco del cotidiano es necesaria para todos. Sea en Chile o en Cuba, dos países que están dos extremos de sistemas, la gente tiene la misa necesidad que es escapar un poco de su realidad o de su rutina. Y el espectáculo viene bien en ese sentido”.

Pero volvamos a aquel martes, al Teatro del Fuerte (aunque debe haber pasado más o menos lo mismo en cada punto en el que se presentó). Humberto fue avanzando hacia el escenario entablando charlas con los espectadores y éstos, muchas veces chicos, le preguntaban cosas o le contaban otras. Como en una línea paralela, a través de ese “diálogo intimo” escuchado por el sistema de parlantes de la sala, Humberto (o Deoseffe, una especie de Dr. Jekill/Mr. Hyde pero sin ningún tono lúgubre) fue lanzando comentarios que divertían a los chicos pero que tenían un doble sentido para los grandes, que también entrábamos en el juego.

“Humberto a mi me sirve para romper el hielo de la función y saber más o menos cómo va a ser. Ya me doy cuenta si la gente está predispuesta o no, si hay muchos chicos o no. Y a la vez, eso ayuda a distender. En eso ayudan mucho los chicos, porque no tienen las barreras de la solemnidad o el respeto. A los chicos, si el espectáculo no les gusta no hacen como los grandes que se quedan sentados… Ellos empiezan a correr, a gritar. Entonces esa mezcla es interesante porque el grande se contagia del chico, se anima, se ríe y se arma una cadena", mencionó.

 

El momento es grato para el público pero también para el actor. “Vamos a cortarla porque si no, no empezamos más”, dijo “Humberto Deoseffe” cuando ya había hablando con una veintena de personas. Y subió al escenario. Desde allí, el muñeco pidió que si nos íbamos a reír lo hiciéramos "para afuera" y no "para adentro". En otro momento, el mismo personaje observó que la mayoría de las veces que en un chateo alguien escribe “jajajaja”, la realidad es que no se está riendo. Símbolo de los tiempos… la apariencia parece ser lo esencial.

Durante su espectáculo, hay ciertos momentos en los que Eugenio Deoseffe “aparece” e interactúa con los muñecos, pero en otros su figura queda invisibilizada, a pesar de estar ahí. El mecanismo está a la vista pero uno no puede sacar los ojos a la marioneta, como abstrayéndose del artilugio, incluso a pesar de que es el mismo mago el que lo está haciendo visible.

La charla telefónica, con el correr de los minutos, dejó esa forma acartonada que tenemos los seres humanos cuando la misma incertidumbre nos mantiene precavidos y formales.

“Se trabaja para lograr eso”, me explicó el actor respecto de sus apariciones y desapariciones. “Es muy loco eso porque en realidad el ego de los titiriteros es un poco extraño. La idea no es que me miren a mi sino que miren al títere. El objeto genera una atracción particular. Si entra un actor y se rasca la cabeza en el escenario uno se queda como “bueno, ¿y qué más?”. En cambio si eso lo hace un títere ya te atrapa y uno no puede dejar de verlo. Pero si técnicamente no está bien es como el mago al que se le notan los trucos y ya pierde la magia”, puso como ejemplo.

Me imaginé esas sesiones de magia en las que más de uno pone el foco en ver cómo es el truco más que en dejarse embelesar por la magia. En el caso de los muñecos de Deoseffe, todo el artilugio está a la vista. No hay nada para descubrir. Y el embelezamiento nace. De pronto, ese conjunto de hilos, trapos y demás elementos cobran vida y uno acepta, por ejemplo, que un pedazo de tela naranja en conjunto con una pequeñas bolas de madera se conviertan en un perfecto maestro zen que es sometido contra su voluntad a hacer distintas pruebas.

Le consulté luego si habrá más “Lupa” en 2018, pero me informó que “el año pasado estrenamos una coproducción con una compañía francesa (Compagnie Traversière). Un espectáculo que duró un tiempo determinado pero ya el año que viene vamos a estrenar uno o dos espectáculos en los que estamos trabajando".

Con la Compagnie Traversière hizo un espectáculo de títeres para adultos que se llamó “Algún día todo esto será tuyo” que estrenaron en Tandil y también presentaron en Buenos Aires y en Valparaíso (Chile). Pero fue un proceso acotado, por determinada cantidad de funciones.

“Va a ser un año de no viajar tanto y de producir cosas nuevas para poder después salir y también andar por acá. Ahora es un momento de parar un poco con tanto viaje y darse un tiempo para crear”, definió.

Al finalizar la función, hizo también en Tandil una especie de tradición de la que nos anoticiamos los espectadores con un video exhibido minutos antes de que comenzara el espectáculo. Una filmación en la que se ve en primer plano a Deoseffe diciendo en donde está en ese momento y en la que luego muestra al público que grita y grita desaforado.

Aquel martes, el destino quiso que haya que repetir unas tres o cuatro veces esa pequeña grabación, cosa que en lugar de desinflar la alegría, enfervorizó al público, que gustoso se sumó a esa complicidad.

 

Desde hace unos años Eugenio Deoseffe decidió mirar de cerca el mundo de los títeres y marionetas. Eso lo llevó a mirar de cerca varios puntos de Latinoamérica. El 2018 será para explorar otros mundos. Lo bueno es que, en cada exploración, nos invita y nos acerca la posibilidad de conocer otros mundos de su mano. Y, tratándose de un marionetista, que sea de su mano no es una frase hecha.

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