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Hernán Alonso: “Aún guardamos las cosas de mi abuelo, porque lo estamos esperando”

ENTREVISTAS

Este 3 de diciembre se cumplen 5 años de uno de los tantos misterios irresueltos de Tandil. Aquel día, en 2012, los rastros del vecino Abel Rubén Barbero, en ese momento de 77 años, se desvanecieron, causando una herida profunda en su familia, sus allegados y en una comunidad, que sigue preguntándose, cada tanto, cómo puede alguien desaparecer, esfumarse, evaporarse, ante los ojos de un Estado incapaz de explicar lo ocurrido.

Por Mariano López Guerrero (marianolopezguerrero@gmail.com)

Hernán Ariel Alonso, es el nieto “de corazón” de Don Abel. Desde un primer momento asumió el rol de representante de la familia damnificada por la ausencia, que todavía hoy, se pregunta qué pasó aquel lunes por la tarde, cuando mientras sus allegados suponían que dormía la siesta, algo o alguien, lo envolvió de incógnita y enigma.

Bajo la carátula que lleva el número 3578/12, se acumula un voluminoso expediente, que hasta aquí, poco explica sobre la suerte y el destino de Barbero. Sin embargo, todavía quienes puedan aportar algún elemento que permita desentrañar esta maraña de fojas y pericias, pueden comunicarse al 0249 4423147 / 4424646.


 

Mientras, a Hernán solo le queda mantener la fe y hablar, para recordar…

-A cinco años de aquel día infame, ¿cómo lo llevan?

-Lamentablemente, como muchas cosas, se diluye con el paso del tiempo. Lo que nos ha pasado, como a otros que tienen familiares desaparecidos, es que a poco a poco empezás a convivir con esa ausencia. Y lo digo con un poco de angustia, por no saber qué pasó y por asumir también esa convivencia. El recuerdo es día a día. Para los que lo vivimos más de cerca, estas fechas son más sensibles.

-El tema se ha corrido completamente de la agenda. ¿Se han sentido abandonados?

-La realidad es que pasaron cinco años y nosotros tuvimos todo el apoyo. Todo el apoyo. Desde el Municipio, la justicia, etc. Y lo tenemos, ¡eh!. Mucho acompañamiento. De todos. Del área de prevención ciudadana, de la DDI que fue la que nos acompañó durante el primer año y las declaraciones se hicieron todas ahí. También la justicia.

-¿De la justicia también?

-Sí. La causa está en la UFI 21 y el fiscal inicialmente era Marcelo Fernández. Después él pasó a Azul y quedó en manos de Gustavo Morey. Y siempre tuvimos contacto nosotros. Siempre nos atendieron. Siempre que llamé me dieron la información que yo pedía, porque cada tanto tenés que llamar para saber cómo va, si se avanzó.

-¿Y se avanzó? ¿Vos dirías que lo siguen buscando?

-Bueno, hay una cosa que es relativamente nueva, que es importante. Desde que asumió el nuevo Ministro de Justicia de la Nación, se creó el área de Búsqueda Federal de Personas Desaparecidas. Esto depende del ministerio. Era una propuesta de la Corte Suprema, del Dr. Lorenzetti, porque en realidad hay varias asociaciones de familiares de desaparecidos. Hay personas desaparecidas en todo el país, lamentablemente. No es algo raro. Y lo que más preocupa, es que es cada vez común que las personas desaparezcan. Yo hablo con muchos familiares y de hecho, hemos generado una asociación, para poder estar más articulados y está lleno de casos, por equis causas, de género, de edad, de inseguridad. Hay muchísimos y no se resuelven.

-El tiempo conspira contra las chances de encontrarlos…

-Sí. Pasado un lapso de tiempo, los casos no se resuelven más. Lamentablemente. Nos pasó a nosotros y les pasa a muchas familias. Si no resuelve en el momento, no se resuelve más. Cuánto más pasa el tiempo, es más difícil.

 

-Pero mencionabas un organismo nuevo que se creó.

-Esta área está trabajando en una especie de digesto o de catálogo, en el cuál está reuniendo y organizando toda la información de todas las personas que están desaparecidas. Ellos requirieron a todas las fiscalías, todos los datos que están en las causas judiciales. Eso me ha creado expectativas. Creo que al centralizar la información, se podría encontrar algún patrón, o algo, que pueda determinar que si aparece alguien, por ejemplo, en otra provincia, en tal fecha y ahora cruzar información. Es una mínima esperanza. En el caso puntual de mi abuelo, yo tengo mis dudas que se haya perdido, pero independientemente de eso, es bueno que la información esté centralizada, porque las provincias son independientes y hoy pasa que si alguien vio a una persona en La Pampa o en Córdoba, tengo que ir a hacer la denuncia a La Pampa o a Córdoba. Con la información centralizada sería distinto.

-¿La causa ha movido algo? ¿Está activa?

-En los últimos dos años no tuvimos ninguna novedad. Lo último que hay en el expediente es un episodio ocurrido en el Casino, donde una persona denunció que discutió con alguien que le dijo ‘vas a terminar como Barbero’. Esa persona declaró, la que lo amenazó fue identificada, pero no se pudo comprobar que tuviera alguna relación con lo ocurrido a mi abuelo. No había ningún tipo de conexión. O al menos no pudo establecerse.

 

Una criatura a la que se le desapareció el padre, lo vive muy mal, muy mal. Porque cuando es alguien más joven, es como que la ausencia se nota más.

 

-¿Es decir, que la última foja data de dos años atrás?

-En el último tiempo no tuve acceso al expediente, pero sí a charlar con gente de la fiscalía, que siempre me atienden y me responden lo que uno consulta y están a disposición. Pero eso es lo último de lo que yo tengo conocimiento.

-Vos decías que uno aprende a vivir con la ausencia. Tengo la impresión de que la justicia también aprende a vivir con la frustración de no encontrarlo.

-Bueno. Eso es lo que uno tiende a pensar. Pero yo debo decir que cada vez que me he comunicado, o querido hacer alguna consulta, lo que fuere, están en el tema. Y uno se da cuenta, porque si no estuvieran encima del tema ni se acordarían de algunos detalles. Obviamente, no es lo mismo al inicio, donde tenés mucho trabajo por hacer, todo por armar; a después donde ya tenes todo mas o menos visualizado, pero llegaste hasta un punto donde no podes avanzar más. Pero la fiscalía, debo decirlo, está en el tema y siento que el caso lo continúa y lo sigue. No he sentido una desatención. Eso sí, con los recursos que tienen.

-¿De la Policía dirías lo mismo?

-La Policía es un auxiliar de la Justicia. Por lo tanto, todo lo que hizo la policía fue por orden de la justicia. Y siempre he tenido la mejor de las atenciones. Es más, todos los rastrillajes, los peritajes, se hicieron en presencia mía. Me avisaron siempre y yo fui a todos lados con ellos. En las pericias con canes, a las pericias con luminol en el auto, en el departamento, siempre estuve con ellos y el trabajo de la DDI ha sido destacable. No tengo tampoco mucho que decir. Soy prudente y no cuestiono la labor de la justicia ni de la policía, porque yo sé que trabajaron con lo que tenían. Me consta porque estuve encima, todo el tiempo, presté mucha atención.

-¿No te quedan dudas?

-Bueno, la gran duda es qué pasó. Lo que queremos saber es qué pasó. Con todas las pericias que se hicieron, no se pudo avanzar demasiado. Lo que sí puedo decir, es que el auto de mi abuelo, donde apareció, no lo llevó él. De eso estoy seguro. Por cómo estaba el auto, no lo llevó él y eso es raro.

 

-¿El auto te lo devolvieron?

-El auto se lo dieron en custodia, a un familiar de mi abuelo. Yo soy nieto de crianza, no tengo un vínculo sanguíneo, por lo tanto, es una relación de afecto, de amor.

-Alguna vez escuché que en la familia hubo una división a partir de la desaparición.

-En realidad…, ni sí ni no…

-¿Fue por tu rol como vocero de la familia? ¿Por tu presencia en los medios?

-No, no. Siempre nos acompañaron. Lo que pasa es que estos hechos desmiembran a las familias. Lo hemos charlado mucho incluso con otros familiares de personas desaparecidas. Las familias entran en conflicto, porque no todos reaccionan de la misma manera. Algunos se paralizan, otros se ponen al frente, hay de todo. En nuestro caso, algunos tomamos una posición un poco más activa, pero siempre tuvimos el acompañamiento de su familia sanguínea, que es gente mayor. Mi abuelo no tenía hijos, sino que había adoptado a mi mamá, por eso yo soy un nieto de crianza. Pero para la ley, existe el vínculo de sangre, no el del afecto. Y a veces, el vínculo afectivo es más cercano y más fuerte.

-¿Eso te generó trabas?

-Y sí. Si bien yo soy el denunciante de la desaparición, no pude presentarme como particular damnificado. Y eso me impide el acceso al expediente. Que después lo tuve igual, porque en eso la justicia ha sido sumamente considerada, porque sabe que hay una relación familiar, más allá de lo sanguíneo. Para mí, mi abuelo es un familiar directo.

 

“UNA DESAPARICIÓN SE TIENE QUE INVESTIGAR DISTINTO”

 

-¿Qué pudieron reconstruir de lo que ocurrió?

-Mi abuelo desapareció el lunes 3 de diciembre a las 4 de la tarde. En pleno Sarmiento casi Rodríguez. Y algo lo hizo bajar de su departamento. No fue una llamada telefónica, porque no aparece en la sábana. Hubo algo que lo hizo bajar y esa es una parte que nos falta. La cuestión es que después se ve la pasada del coche en la cámara del Banco Galicia, aunque no se alcanza a ver el interior. Y de ahí, la desconexión. Y el auto es dejado, una hora y media después, en San Lorenzo al 900, con un vidrio un poco bajo. Una hora y media después, abandonar el auto, es rápido. Nosotros lo encontramos al auto el miércoles 5 a la mañana. El vehículo llamó la atención de los vecinos por estar dos días parado ahí, medio mal estacionado, con un vidrio bajo. Entonces llamaron para preguntar y entonces la policía lo encontró y nos llamó.

-Recuerdo que me llamó la atención en su momento, que muy rápido se dijo que del auto no podían tomarse rastros porque como los vidrios estaban bajos y había llovido, se habían perdido. ¿Fue así?

-Sí, ese día llovió. Pero no impidió que se tomaran muestras. Del interior se tomaron muestras del tapizado, que se cortó, porque el luminol arrojó que había un fluido en el asiento del conductor. Después, el resultado arrojó que no era sangre. También se tomaron muestras de cabello del asiento trasero. Huellas dactilares, no me acuerdo que hayan aparecido. Lo más extraño, que es por lo que yo concluyo que el no manejó el auto hasta ahí, es que el asiento del conductor estaba corrido hasta la mitad y mi abuelo era una persona bajita, que manejaba con el asiento bien contra el volante. El que manejó por última vez, tiene que haber sido una persona de más de 1,70 y pico. Las alfombras tampoco estaban. Y el cargador de batería de la parte de atrás, estaba destapado y mi abuelo jamás uso el cargador de batería. Algo pasó y alguien dejó el auto ahí.

-O sea que el auto aportó bastante

-Uno, dentro del momento que estaba viviendo, trató de prestar atención a esas cosas. Lamentablemente, en ese momento en Tandil había solo 12 cámaras de seguridad, de las cuáles, había algunas que no andaban. Había muy poca cobertura. Hoy hay más. Más distribución. Por eso se pierde el rastro del auto. Hoy yo creo que las cámaras serían de muchísima ayuda para estos casos.

-También surgió la hipótesis de que podía tener que ver con su actividad comercial.

-Mi abuelo era jubilado y también se sustentaba con la compra y venta de vehículos. Pero yo desconozco los detalles. Conocía a algunas de las personas que comerciaban con él, pero no las condiciones y de qué manera. La gente grande tiene una forma de ser que no cuenta las cosas. En general, una persona mayor, si no te pones a hablar de un tema específico, no te cuenta lo que hace. Y yo la verdad, desconocía los detalles de su actividad.

-¿Se investigó?

-Sí. No apareció nada. Era muy ordenado con los papeles. Si existió, seguro que lo tenía anotado, pero no surgió nada de eso. Yo presencié cuando vino el perito contable de Azul, que revisó todo y no encontró nada de eso. Yo nunca ahondé con él sobre sus negocios y ese fue un problema, porque si yo hubiese sabido más, hubiese tenido más elementos para poder avanzar un poco más.

-¿Se trabajó con el sistema de recompensas?

-Sí. Está vigente todavía. Lo que pasa es que en aquel momento, se ofrecían 20 mil pesos, era una suma irrisoria. Es un tema discutible, porque no hay un solo caso, por lo menos de los que yo conozco, que se haya resuelto por el sistema de recompensas. Capaz que se me escapa alguno, pero de los familiares que conozco, con los que he charlado, es así. Pero bueno, es un incentivo.

 

Lo último que hay en el expediente es un episodio ocurrido en el Casino, donde una persona denunció que discutió con alguien que le dijo ‘vas a terminar como Barbero’.

 

-No parecés muy conforme.

-Porque la desaparición de una persona es un caso muy específico, que requiere otro abordaje. Esperemos que con esta área que se creó, se capacite personal en ésta temática. Es distinto a un hecho de inseguridad en la calle, donde vos tenés todo a la vista. Una desaparición es distinto, tenés que investigar de otra manera, tener recursos, tecnología, si no, pasa lo que pasa. ¿Cuántos casos conocemos de desaparición? Nosotros estamos siempre en contacto con la familia de María Cash y de otros chicos y la verdad es que no se resuelven. Y lo que pasa es que cada uno labura con los elementos que tiene. Yo entiendo que es muy complejo.

-Es antipático decirlo, pero imagino que a esta altura, debés esperar más saber qué pasó, que encontrarlo. Siempre hay esperanza, pero es un trabajo arduo mantenerla.

-Y…, mirá. Mientras charlamos uno va recordando un montón de cosas. Hace un tiempo, hubo una persona que apareció en La Plata, camino a Berisso. Era un hombre que hoy miro la foto y no se parece en nada a mi abuelo, pero en ese momento, para mí, era mi abuelo. Llega un momento donde uno está muy mareado. Yo te juro que comparaba las fotos y veía a mi abuelo. La policía me decía, mirá que el corte de cara es distinto, la estructura física. Y lo pudimos ubicar al hombre y era un vagabundo, oriundo de Ayacucho, que hacía muchísimos años que andaba en situación de calle. Entonces, sobre la esperanza, siempre que aparece algún abuelo, uno piensa que es él. Es cierto que pasaron muchos años y mi abuelo hubiese cumplido 82 años el 15 de septiembre, o sea que aunque estuviese, sería complejo saber en qué condiciones de salud. Ojalá que esté bien y lo podamos encontrar bien. Pero obviamente, con el paso del tiempo, las expectativas son menores y así como convivís con esa ausencia, convivís con la probabilidad de que esa ausencia sea definitiva. Lo ideal sería poder cerrar el caso y saber qué pasó. Y que se haga justicia.

-Pero no hicieron un duelo…

-No. Conservamos todas sus cosas. Las que pude. El departamento que él alquilaba tuvimos que desalojarlo al mes. Imaginate. Con esa situación. Fue horrible. Pero tanto mi abuela como yo, le guardamos sus cosas para cuando vuelva. Nosotros lo estamos esperando y lo estamos buscando. Con nuestras posibilidades. Y esperando que se de el milagro también, porque en esta situación, ya es bastante complicado.

-Cada caso de desaparición que aparece en los medios, debe ser un “trompazo” para ustedes, ¿no?

-Siempre es revivirlo. Y más que nosotros, los familiares de desaparecidos que estamos en contacto, todos los días, que pasamos por eso y lo seguimos viviendo, nos damos manija. A mí me parece que se trabaja con mucho amor y pasión, pero hacen falta recursos, capacitación y tecnología. Hoy, vos con un drone podes barrer un campo con precisión y no es lo mismo que tener que sacar a 300 personas a hacerlo. Hay tecnología para detectar cambios de densidad en el suelo, pero eso tiene que estar disponible, para la policía, la justicia. Está el tema de los perros, que me pasó, porque el perro tiene muy buen olfato, pero si vos llegaste antes que llueva. Nosotros recorrimos un montón de lugares con los perros, pero no detectaron nada. Porque en el medio había llovido dos o tres veces. Y no hay división canes en Tandil y tenemos que recurrir a Mar del Plata. Y hay otro tema que es muy grave también, es el de las cámaras de seguridad privada. Las que tiene los comercios y bancos, son de muchísima utilidad. Yo dije varias veces que la justicia tendría que tener un registro de esas cámaras privadas. Entonces, cuando pasa una cosa así, vos no tenés que andar preguntando uno por uno a ver quién tiene cámara y quién no. Fue lo que nos pasó a nosotros. La policía tuvo que barrer todo el centro preguntando quién podía aportar imágenes. Eso lo tenes que tener registrado. Y ahí viene una segunda etapa, porque si vos tenes el dato de quién es el prestador del servicio, podes ir directamente ahí, para que te den las imágenes. El problema son los bancos y entidades financieras. A nosotros, el Galicia nos tardó casi 50 días en darnos las imágenes. Imaginate para una búsqueda lo que son 50 días. Y con orden judicial.

 

-¿Hubo pocos testigos?

-Se acercó gente diciendo que lo había visto. Hubo quien se confundió de día, quién se confundió de persona. Otros lo confundieron a mi abuelo con su hermano, que son muy parecidos. Todo eso está en el expediente. Los vecinos fueron todos muy responsables. Declararon. Lo de las cámaras es una cosa como el pedido de sábanas de teléfono. Es un tema que tarda muchos días y en estos casos se necesita que haya otra celeridad. Debe haber una gestión política en estas cosas, me parece. Cuando la justicia le pide información a una compañía de celulares, hay que hacer algo para que las empresas no puedan tomarse tanto tiempo en responder. Los bancos, lo mismo. Hay mucho por trabajar y mejorar.

-Me pregunto cómo se le explica a los chicos de la familia una desaparición, que es muy diferente a explicar una muerte.

-Sí. Es difícil. Yo siempre quise preservar a los chicos, pero ha sido complicado, porque genera un efecto de inseguridad, en nosotros, personal y en la familia. Es difícil de explicar. Pero los chicos entienden todo. Honestamente, no me he sentado a hablar directamente de lo que pasó, pero ellos lo fueron interpretando a medida que iba pasando el tiempo y el caso se hizo conocido. Y los chicos van creciendo y se van dando cuenta. Aparte uno se pone sobreprotector también. Fue una cosa muy rara. Yo soy tercera generación, digamos, pero me ha pasado de hablar con el hijo de una persona desaparecida y lo viven muchísimo peor. Una criatura a la que se le desapareció el padre, lo vive muy mal, muy mal. Porque cuando es alguien más joven, es como que la ausencia se nota más. Cuando falta un padre en una casa, se nota mucho. Cuando falta un abuelo también, pero no sé si por la edad, uno lo toma de otra manera. Cuando se pierde alguien joven es muy complicado.

 

Soy prudente y no cuestiono la labor de la justicia ni de la policía, porque yo sé que trabajaron con lo que tenían. Me consta porque estuve encima, todo el tiempo, presté mucha atención.

 

-¿Ustedes descartaron completamente la posibilidad de una ida voluntaria?

-Y…, mirá, es el 2% de probabilidades. Es recontra mínima. No se llevó ni los documentos, ni dinero, ni sus llaves, nada. Aparte yo hablé por teléfono con él un rato antes y estaba bien. Había almorzado y se iba a acostar a dormir la siesta. No noté nada raro que me hiciera pensar que se iba a mandar a mudar. O que haya tenido algún incidente mental, que se perdiera y se subiera a un colectivo o algo. Pero si fue eso, en algún lado aparece, alguien lo ve. Con una mano en el corazón, ojalá se haya perdido y esté en algún lugar, bien. Me cuesta mucho creerlo. Y ¿por qué el auto apareció como apareció? Sería muy raro.

-Ya el año pasado no hicieron ninguna marcha por el caso. Este año tampoco. Las anteriores no fueron muy masivas. ¿No las hacen porque sienten que la sociedad ha perdido en interés en Abel Barbero?

-No, no. Nosotros, en los primeros dos años, fuimos a fiscalía. Fijamos ahí un punto de reunión al conmemorarse los aniversarios. Pero no a modo de marcha o movilización, sino a modo conmemorativo. Consideramos que era el lugar al que teníamos que ir. Porque entendíamos que estaban trabajando bien. Es muy difícil hacer una marcha cuando vos no tenes realmente una crítica objetiva de la investigación. Esa es la realidad. No tenemos nada que criticar. Si tuviese algo para marcar que se hizo mal, lo diría, pero la verdad es que no tengo demasiado para decir. Y yo siento que siempre hemos tenido el apoyo de los tandilenses, hasta hoy. Y estoy seguro que lo tendremos. Desde ya que nosotros tampoco hemos hecho demasiado ruido, pero siempre está la pregunta, el acompañamiento, y creo que los vecinos están involucrados en el caso. Pero como te decía antes, todos vamos aprendiendo a convivir con esa desaparición. También la sociedad. El tema es no bajar los brazos. Los que queremos que se resuelva, saber qué pasó y que no pase nunca más, no tenemos que bajar los brazos. Y seguimos necesitando de la solidaridad de quienes puedan saber algo de lo que ocurrió, que se acerquen a la fiscalía del Dr. Morey, porque cualquier dato nos puede acercar un poco más a la verdad.

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