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La autora de “Zama”

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Cómo fue la experiencia de rodaje, teniendo en cuenta que esa "territorialidad textual" inherente a esa etapa de la peli estaba también nutriendo y conviviendo con otros lenguajes, como el documental de Manuel Abramovich y el diario de Selva Almada?, le preguntó la organización.

-Al principio, me resistí a algunas propuestas de documentales sobre el rodaje. Para un equipo que está trabajando en lugares difíciles, con una enorme responsabilidad, no es cómodo que haya alguien dando vueltas con un micrófono y una cámara. Muchas personas del equipo son amigos, y los conozco bien, y sobre ese tema pensamos lo mismo. Con Manuel, finalmente, acordamos que haría un corto, durante una semana, y que tenía que ser lo más invisible posible. Es un director muy delicado y comprometido con lo que documenta, no quería frustrar su idea. Un año después me manda un link para que vea el corto...que duraba 70 minutos. Durante meses ni lo miré, porque no quería enojarme. Finalmente lo vi. Y si bien no me gustó verme, como me imaginaba, vi una película sobre unos aspectos de hacer cine que no son glamorosos ni divertidos, que es la espera en el cine. Una cosa que hay que saber cuándo uno decide ir por este camino. Y era tan delicado lo que había hecho que muy a mi pesar, acepté. Manuel es un gran narrador de cosas difíciles de ver. A Selva la conocía, habíamos trabajado juntas. La admiro, es una mujer sin estridencias, que no calma, le gusta escuchar a la gente, respeta a las personas. Una escritora delicada, atenta, con mucho humor. La idea de este libro fue de los chicos de REI. Las visitas de Selva eran imperceptibles. Estuvo en el lugar que cualquiera que hace cine quiere estar: la periferia del rodaje, con la gente que se acerca al cine por curiosidad, porque no perdieron el deseo de jugar, que no aspiran a una carrera, sino a una buena experiencia de vida. Algo que siempre hay que recordar: un rodaje tiene que ser una buena experiencia de vida. Selva camina por las huellas que deja una película, antes de ser vista.

"Zama" tiene una historicidad específica pero recorre los dramas humanos universales. En esta suerte de "torre de Babel" y de relato global que vivimos, cuál es la trampa: creer que la hipernarracion global no admite una mirada local o creer que podemos narrarnos abstraidos de esa mirada global?

-Me parece que la mirada global es una quimera de nuestra época. La hipernarración es nuestra fortaleza y nuestra debilidad. Para cualquier cosa es necesario escribir un “perfil”. Y los algoritmos hacen su loca tarea de deducir quiénes somos, qué queremos, quiénes pueden ser nuestros amigos. Pero la gente no es ingenua. Tan ingenua. El problema con nuestra especie es creer que hay adultos. Lo único que nos distancia de los niños es la responsabilidad. Nada más.  Respecto a "Zama" y los dramas humanos, hay una confusión, muy común en la industria cultural, que pretende dramas universales. Los únicos dramas son los personales. No existe la tragedia a escalas universales. El Big Bang no es un trauma. El sufrimiento, la angustia, son cosas muy locales y orgánicas. Ir en busca de lo universal inevitablemente nos aleja de nosotros mismos. Es como navegar en el Google Earth, vamos de Roma a Tierra del Fuego, sin conocer nada. La categoría de lo global es una categoría útil para el mercado, no para los humanos.


En una entrevista definiste a esta peli como un intento de ir "a campo traviesa" de lo que determinan las categorías en las que nos enrolamos cuando asumimos una identidad. Sentís que tu trayectoria artística y profesional también es una búsqueda permanente de "desmarcarse" de las etiquetas que propone la industria?

-No hago un esfuerzo para salirme del molde. No tengo tanto tiempo ni tanta energía. Maria Isabel, mujer de Manoel de Oliveira, me dijo un día, después de subirse con gracia, a los 94 años, a una barca en Venecia: “sólo hago lo que puedo hacer”. No hay mucho más para decir.

Estás trabajando en los bocetos de una ópera en el Colón, ¿qué nuevos estímulos te impulsan a indagar en otros registros?

-Estoy escribiendo la puesta en escena de esta ópera en los aeropuertos y en los aviones. Ni siquiera en una habitación de hotel, porque vuelvo tarde. Pensé que a mi edad ya podía dejar de ir a apoyar los lanzamientos de las películas en el exterior, pero no es así. Las películas que no tienen claras posibilidades de mercado, necesitan de mucho más trabajo. Pero descubrí la ópera, me alegra tanto! Era un mundo incomprensible. Ahora sé exactamente lo que es. No soy erudita, por supuesto, pero entendí algo esencial de la ópera. Me gustaría hacer
una. No sé nada de música, es un impedimento, pero no suficiente para desalentarme. Todavía estoy demasiado cerca como para hablar de esto, pero sigo, no sé cómo se rodeó de tanta solemnidad, es un espectáculo que podría ser más popular. Es como cuando uno va a un museo, tan serio, tan caro, para ver lo que pintaban borrachos, adictos, invertidos, es decir, gente con la que me llevaría muy bien, y ahora están ahí, sin nada de música.

"Zama" fue elegida como representante argentina para los Oscar y los Goya, ¿qué le dirías a un novel espectador de tu obra que festejó como un gol de la selección el Oscar a "El secreto de sus ojos”?

-Le diría lo que dice Zama: "no" a sus esperanzas. No depende de mí ser elegida. A quién no le gustaría dar alegría a la gente? ¿Pero será el Oscar una alegría relevante para nuestro país? No creo. Pongámonos a trabajar seriamente en lo que sí depende de nosotros.

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