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Sábado, homenaje al músico “Pájaro” Gómez

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El martes último, mansamente, se apagó la vida de Jorge “Pájaro” Gómez, quien contaba con sólo 66 años. En ese lapso, cultivó pasiones tan importantes en la vida, como hacer música y hacer amigos.

Por tal motivo, para este sábado a las once en el cerrito, al pie del monumento a San Martín, su familia y el Club de Amigos de Alfredo Zitarrosa, han organizado un homenaje. Tras el momento especial de arrojar sus cenizas en ese lugar, que él frecuentaba en su niñez, será despedido con música, poesía y canciones.

 

Jorge “Pájaro” Gómez, al piano


Pequeña semblanza para el gran pájaro...

(Por Rafael Rodríguez, músico y cantante)

Conocí a Pajarito no hace muchos años, en el mostrador de La cautiva. Tenía allí un sitio especial junto a una botella de Vasco viejo y un amigo ocasional a quien servir una copa e invitar a tocar. Era especialmente linda su presencia los domingos, no sé bien por qué. Así como era muy extraña la noche en que no se divisaban por la vidriera de la calle Yrigoyen, primero el Renault 18 blanco y luego su figura desgarbada con las llaves en la mano, y la expectativa intacta en el rostro de que le dijeran de bajar el piano para tocar.

Lo vi algunas veces en otro contexto, levantando pedidos de un quiosco de la vuelta de mi casa, sobre la calle Rosales en Villa Gaucho. Y en esas ocasiones me generaba cierta tristeza. Era apenas el resultado en papel carbónico del hombre que era en los ambientes peñeros, y del que había sabido ser (según me contaron) con el amor a flor de piel para su compañera y para su piano.

En muchas oportunidades me hacía acordar a mi viejo. Ciertas respuestas de la misma generación, pero sobre todo ciertas malas pasadas del destino, que los dejaron chuecos a los dos, de cuerpo y alma. Desde hacía varios años, lo encontré feliz, y yo fui disimuladamente feliz con él. Estaba enamorado y lo amaban. Volvió a las rutas argentinas del interior profundo, ese que él aseguraba guardaba los tesoros más prolíficos del folklore nuestro, y los paisajes y seres más entrañables.

El vio nacer mi amor por mi compañera, se enamoró también de ella y de su lago, piedras moras, amó a mis hijos y a mis canciones. Y yo no puedo pedirle más que eso a nadie.

Sólo me resta agradecerle el camino compartido, los vinos, sus palmas y los acordes con novenas.

¡Hasta siempre, Pajarito! Fue un placer haber sido de los tuyos...

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