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Reflexión tras los episodios ocurridos alrededor de la farándula

Nadie sabe que decir por miedo, no se que decir por miedo. Por miedo a que esos comentarios que vuelan en las redes sociales lleguen a nosotros y nos lastimen, nos etiqueten. Nos tilden de ignorantes y maleducados, de inhumanos, de malas personas, de egoístas y narcisistas.

No hay malas intenciones, nunca las hubo. Quizás la gente más grande olvido lo que se siente tener 17 años y vivir tu último año. Quizás olvidan lo mucho que afectan las críticas y los comentarios y más cuando son así de masivos. Nosotros no lastimamos a nadie y no queríamos que nadie salga herido. No fuimos ni responsables ni culpables, y a todos y a cada uno nos llegó al corazón la tragedia del sábado. Todos lloramos ese día, todos sentimos ese vacío. Todos pensamos “podría haber sido yo” y todos deseamos que Tomás se recupere, porque aquel día éramos todos iguales, éramos todos chicos con ilusiones construidas desde hace años, con ojos brillosos y rodillas temblorosas, con ojeras de días y miles de recuerdos acumulados, con ganas de divertirnos, de dejarlo todo, al igual que él. Y por eso, más que nadie, sabemos el sentimiento que quizás, los adultos que hablan como si supieran en cada red social que encuentran, olvidaron.

El 28 de octubre, ahí sobre el asfalto, cayeron en picada 900 ilusiones, y los ojos brillosos se convirtieron en ojos llenos de lágrimas y las rodillas temblorosas tocaron el piso, y si prestabas atención se escuchaban los corazones rotos sonar todos juntos.

Todos juntos por Tomás, todos juntos por nosotros.


Porque la Farándula Estudiantil quizás no es más que eso, pero desde adentro, lo es todo. Es el proceso que comienza en Julio o tal vez Agosto, son las horas de ensayo, las charlas en el galpón, los nuevos amigos, las segundas oportunidades, la confección de vestuarios, los nervios, las ganas.

Porque nunca se trató de competir, de mejores o peores, de violencia o malas intenciones, nunca se trató de la exclusión o el egoísmo. Justamente este proceso nos hace olvidar de todo esto, nos une de maneras que no imaginábamos, nos hace sentir iguales, nos hace sentir lo mismo.

Me preguntaron una vez ¿Que es mejor?¿El proceso o el resultado? Y no puedo contestar eso, no se lo que se siente vivir la farándula ese día, no se lo que se siente mostrar todo lo que preparamos durante meses llenos de emociones, no se lo que es cerrar el proceso. Solo siento el vacío que queda, este vacío que quedó de ese día donde nos pidieron retirarnos, y de este día donde nos avisaron que probablemente no podamos cerrar nunca esta etapa.

Porque es lo que queda, es lo que nos queda, esta herida abierta en el cuerpo de todos, que no sana y no se cura porque el vacío no lo deja.

La Farándula nos une a todos como uno y nos hace más fuertes, es una etapa de la vida que no podemos dejar inconclusa, es una experiencia que nos merecemos tener porque al igual que todos, sentimos y queremos sentir.

Julieta Molina, alumna de la Escuela Normal

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