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Centros de jubilados: Esos refugios de la Tercera Edad

ENTREVISTAS

En Tandil, hay varios. Todos cumplen un rol social clave para un sector de la comunidad, que muchas veces no encuentra su espacio. Talleres, cursos, encuentros, viajes, forman parte de la estructura de instituciones dedicadas a hacer del retiro, una etapa más llevadera. ABCHoy charló con las dirigentes de dos de los Centros de Jubilados y Pensionados más reconocidos de la ciudad, para tratar de ver cómo funcionan y qué hacen, estos lugares de abrazo listo y charla abierta, para cientos de abuelos.

Por Mariano López Guerrero (marianolopezguerrero@gmail.com)

 

Yolanda Colombo es, desde hace ya unos años, la Presidenta del Centro Tandilense de Jubilados y Pensionados, el más antiguo y el de mayor masa societaria de Tandil.


 

Yolanda fue antes Secretaria y en una primera etapa, Vocal. Y sostiene que “este es un Centro que gracias a Dios funciona muy bien, trabajamos mucho y creo que la gente sabe cuándo en un lugar se los quiere. Por ejemplo, vos ves que en las reuniones se juntan, conversan, están contentos y nos aprecian bastante y nosotros también los queremos muchos a ellos. Nosotros somos una institución sin fines de lucro, no lucramos con nada y de lo que tratamos siempre, es de ayudar.

Y siempre estamos trabajando con la Municipalidad, con Anses, con PAMI, estamos a disposición, desinteresadamente, por el bien de los jubilados”.

Una de las actividades que se desarrollan habitualmente en el espacio de 4 de Abril y Garibaldi, es la entrega “de cien bolsos de PAMI, que los entregamos acá”.

Pero también hay tertulias todos los domingos, además de talleres de Biodanza, Crochet, Folclore, Tango, Gimnasia, Teatro, Yoga, Artesanías, Enfermería, Peluquería, Coro, etc.

Yolanda revela que “en algún sentido, a los jubilados tenés que apoyarlos, porque no se pueden quedar. Por eso son importantes los cursos y las actividades. El que siempre es reacio a hacer este tipo de cosas, es el varón. La mujer es más abierta. El hombre es más solitario cuando se jubila. A ese hay que ayudarlo, animarlo a venir a las tertulias, a pasarla bien”.

 

LOS PROBLEMAS DE SIEMPRE

 

Pasarla bien, parece un tema difícil, lamentablemente, para la tercera edad de nuestro país. “Siempre hay problemas para los abuelos”, argumento.

Y Yolanda reafirma que “los problemas son los que siempre tuvieron los jubilados, con el PAMI, con el dinero que no alcanza…”.

 

Tenemos abuelos en una situación de mucha vulnerabilidad. Hay gente que viene y te cuenta cada cosa que te dan ganas de llorar. (Yolanda Colombo)

 

Cuenta que “al Centro últimamente se han acercado muchos jubilados con la cuestión de la Reparación Histórica. Acá había un señor que los ayudaba a hacer el trámite de manera gratuita y los asesoraba”.

 

Y añade que esa medida “la gente lo tomó con alegría, ilusionados. A la mayoría le llegó una reparación. Yo no soy quién para opinar, pero creo que eso va a llevar mucho tiempo porque cada caso es distinto, cada jubilado tiene una situación distinta. Pero creo que les va a llegar a todos. Es algo que estuvo bueno”.

Por otro lado, advierte que “con PAMI, a veces hay dos campanas. Acá hay gente que está conforme y gente a la que le ha ido mal. Pero no es que la gente de PAMI atienda mal, porque los chicos de acá son buenísimos, no hay nada que decir. Lo que pasa es que se atrasan en los pagos, siempre hay problemas con los turnos, etc. Pero también es cierto que Tandil se ha extendido mucho, es muy grande, pero ante una necesidad de salud, uno quiere que lo atiendan ya, es normal. Pero a veces hay que entender que Tandil está muy grande. A veces la gente demanda y demanda. Es como lo que pasa con la Municipalidad y las calles, que veo que la gente reclama, pero creo que tenemos que tener un poquito más de paciencia. Es lo que yo pienso”.

Digo que en la Argentina, si algo han tenido históricamente los jubilados, es paciencia y la Presidenta de esta institución, creada en el año 1974 y que muestra la friolera de más de mil ochocientos asociados, lo reconoce. “Seguro, seguro. Es feo que te avance la edad y no tengas soluciones en algunas cosas. Y es peor cuando ves que hay gente muy desvalida. Hay personas que no tienen nada y ese es el que está apurado y desesperado”.

 

Acá se ve que la mayoría de los que se jubilan, están contentos cuando les llega el momento. Hay un cansancio ya. A veces hay una necesidad de jubilarse. (Yolanda Colombo)

 

Un dato interesante del Centro Tandilense de Jubilados y Pensionados, es que es el poseedor de un complejo de viviendas en la zona de Quintana y La Pampa, donde residen abuelos en situación de vulnerabilidad económica. “Son dieciséis módulos, ocho para hombres o mujeres solos/as y ocho para matrimonios. Es gente que no tiene donde vivir, que la jubilación mínima no les alcanza para un alquiler. Esas personas se anotan acá esperando un lugar allí, para ver si nosotros podemos darles una mano. Lamentablemente, en este momento no hay nada desocupado. Y tenemos una lista de espera larguísima. Esas cosas te dan un poco de impotencia, porque sería muy lindo poder tener más lugares para ofrecerles”, dice Colombo, quien detalla que cuando alguien fallece o por determinadas circunstancias, decide retirarse del lugar, se abre un nuevo cupo que es llenado por el siguiente en la lista.

“Pagan expensas y se tienen que cubrir los servicios, porque nosotros no podríamos, no damos abasto. Y la única exigencia que les pedimos es que se hagan socios del centro, que es pagar una cuota de 20 pesos por mes”.

Y subraya Yolanda que “los que están viviendo ahí, son abuelos en una situación de mucha vulnerabilidad. Hay gente que viene y te cuenta cada cosa que vos no sabes qué hacer. Te dan ganas de llorar. Una vez vino una señora que contó que estaba viviendo en un sótano. No hace mucho vino otra que dijo que estaba durmiendo en un sillón en una casa en la que la habían amparado. Y vos no sabés qué hacer, porque en este momento no hay más disponibilidad”.

“¿Hay muchos casos de abuelos abandonados por sus familias?”, se me ocurre preguntar ante esos dos ejemplos, aunque Colombo me responde que “la verdad que no vemos tanto eso. Lo que pasa es que nosotros estamos en la zona del centro. Y la verdad es que no tenemos casos de ese tipo”.

 

Seguramente es muy feo estar solo, y por eso, lugares como este funcionan como un refugio para encontrarse con otros. (Yolanda Colombo)

 

Cada tanto se escucha, con mayor o menor veracidad, que se rumorea la posibilidad de una reforma jubilatoria, que haría, eventualmente,  que las personas se jubilen a mayor edad.  Le pregunto sobre eso a la representante de los mil ochocientos asociados de esta entidad, quien opina que “es verdad que la edad de las personas se extendió mucho. Pero en eso habría que tomar cada caso. Porque no todos a los 65 o 70 años están bien. Yo por ejemplo, pertenecí al IPS y uno ahí se jubila temprano. Pero es un trabajo desgastante también. Cuando cumplí la edad, lo primero que pensé es ‘me tengo que jubilar ya’, porque además, uno como docente, sabe que detrás de uno hay muchos otros docentes que quieren trabajar. Y siempre fue mi pensamiento, el de jubilarme cuando me llegara el momento, para que trabaje otro. Pero tal vez en el hombre es distinto. Uno siempre piensa que el hombre es más fuerte, pero no sé si es tan así. Las mujeres estamos siempre más empeñadas en seguir adelante. El hombre se achica un poco cuando deja de trabajar. Y acá se ve que la mayoría de los que se jubilan, están contentos cuando les llega el momento. Hay un cansancio ya. El organismo no es el mismo a los 20 o 30 que a los 60 o 70. A veces hay una necesidad de jubilarse”.

 

A VECES HAY MUCHA SOLEDAD

 

Me detengo otra vez en la diferenciación del género que hace Yolanda, entre cómo encaran esta etapa de la vida las mujeres y cómo lo hacen los hombres, que parecen vivir más dificultades para adaptarse al retiro. “Les cuesta más incluirse en otros ámbitos sociales. Aceptar hacer cosas que antes no hacían, salir a pasear, juntarse con amigos, hacer algún curso… Nosotros tenemos cursos especiales para hombres, por ejemplo, pero es muy difícil que se anoten. Es como que les da vergüenza. Nosotras, las mujeres, venimos, nos disfrazamos, bailamos, nos divertimos, el varón no lo hace”, explica.

Respecto de los abuelos como “blancos predilectos” para los nefastos “Cuento del Tío”, Yolanda asegura que “siempre les estamos diciendo que se tienen que cuidar. Tratar de no confiarse. Te da mucha lástima cuando te enterás de esos casos. A un abuelo, de improviso, se le aparece gente, vestida con la ropa de la Usina, por ejemplo, y le dicen que los deje pasar que tienen que revisar no sé qué. No sé si es que a uno lo agarran con la guardia baja, que no sabe cómo reaccionar y los dejas que pasen”.

Arriesgo que un factor puede ser que a los abuelos les gusta la charla. Y si aparece algún inescrupuloso dando una buena conversación, terminan confiándose. “A veces un abuelo se siente solo y está como esperando que pase algo en el día. Lamentablemente, hay delincuentes que se aprovechan de eso”, digo.

 

La mujer es más abierta. El hombre es más solitario cuando se jubila. A ese hay que ayudarlo, animarlo a venir a las tertulias, a pasarla bien. (Yolanda Colombo)

 

Entonces, Yolanda reconoce que “a veces hay mucha soledad. Te cuento algo: a mí siempre me llamó la atención y me preocupaba, cuando veía en los bancos a los abuelos haciendo cola desde muy temprano, para cobrar la jubilación. Con frío en invierno, con el calor en verano. Van tempranísimo, aunque saben que el banco va a abrir a las 10. Y un día le comenté a un chico de Anses, la pena que me daba ver esa situación y él me dice: ‘muchos van contentos, porque ya han hecho amistad entre ellos y están toda la mañana conversando, mientras esperan que abra el banco’. Y tiene razón”.

“Hay resistencia al cajero automático. Hay gente que le tiene como un rechazo. Pero creo que la mayoría de los abuelos prefiere la cola del banco para conversar, porque si no, no se justifica el esfuerzo de tantas horas esperando en la calle. Esta persona de Anses, incluso un día les preguntó a algunos jubilados por qué iban tan temprano, y le respondieron eso, que ahí podían conversar con otros”, agrega.

Finalmente, Yolanda, que se encontraba preparando los regalitos para la tertulia del próximo domingo, cuando se celebre el Día de la Madre, reflexiona que “seguramente es muy feo estar solo, y por eso, lugares como este funcionan como un refugio para encontrarse con otros”.

 

VILLA ITALIA

 

Justa Di Raddo preside el Centro de Jubilados y Pensionados de Ameghino 334, en pleno corazón de Villa Italia.

 

La mañana está tranquila en el edificio, con algunos abuelos que van a hacer yoga y llegan a pura charla invadiendo con su ánimo, el grabador. En realidad, la mayoría, tal vez todas, son mujeres. Y Justa tiene la teoría, bastante comprobable, de que “la mujer hoy está viviendo más su vida. Antes estaba más sujeta al matrimonio, a la casa, a los hijos, a los nietos. Hoy es distinto. Y se acercan a este tipo de instituciones. Muchas veces es por amistad, por relaciones, o porque viene una y les cuenta a las amigas. También pasa mucho que el médico les dice que no se tienen que quedar quieta, que tiene que hacer gimnasia, que moverse, hacer yoga”.

Y aprovecha para “enumerar”: “Acá tenemos Yoga, Biodanza, Gimnasia, Artesanías, Manualidades, Tejidos, Recreación y Memoria, Computación, entre otros. Y los socios, tienen pedicuría de PAMI. Y hay otras actividades, pero con un pequeño abono, como masajes, peluquería, manicuría, etc. Es un lugar con mucho movimiento, continuamente hay gente haciendo cosas”.

Un espacio vivo, es la referencia de Justa. Un lugar donde la vejez se vive con la mayor plenitud posible.

Como su colega Yolanda Colombo, Di Raddo me reclama que allí también les cuesta que se sumen los varones. “Hoy veo a la mujer liberada para hacer cosas y además, encuentra un lugar dónde hacerlas. Antes, si uno no iba a pagar, no lo podía hacer. Aparte, moverse de la casa era más difícil. Hoy es más fácil. Los centros de jubilados, o las ONG’s, los centros vecinales, el Municipio, ofrecen muchas cosas, entonces la gente se mueve mucho. Y se está animando a hacer esas actividades”.

“¿Costó hacer que se animen a hacer cosas como pintar, o entrar a un coro?”, pregunto.

 

Antes, a los 60 años, la gente ya estaba con la vejez a cuestas. Hoy ha cambiado. Y la actividad, moverse, ayuda mucho a eso. (Justa Di Raddo)

 

Y Justa explica: “Yo llevo seis años en el Centro y desde que estoy, se ve cada vez más ingreso de gente para estos cursos. La gente va cambiando su manera de ser y creo que los médicos inducen mucho a que la gente salga y haga actividades. Entonces ellos van buscando y mucha gente nos dice ‘gracias a Dios que encontré un lugar, porque me cambió la vida’. Muchos hijos vienen y nos dicen, ‘les agradezco porque mi mamá es otra persona’. Lo que pasa es que no es lo mismo estar las 24 horas en la casa, que tener que salir a hacer una actividad, después por ahí surge una reunión, un asado, se hace algo a la canasta y eso ya cambia. El otro día se hizo un encuentro de algunos centros de jubilados, en la Uni y los socios de acá se disfrazaron, se divirtieron, hicieron una actuación del Circo de Gaby, Fofó y Miliki y ahora están entusiasmados y están preparando el encuentro del año que viene”.

 

 

LA VIDA NO TERMINA

 

Sin dudas, la situación de vitalidad de las personas ha cambiado y los 60 o 65 años de tiempo atrás, no son los mismos de hoy, en los que generalmente, las personas tienen otra plenitud y al respecto, la titular de este espacio opina que “antes el que se jubilaba, directamente se quedaba en su casa. Si no era alguien a quien siempre le había gustado hacer gimnasia, de la casa no se movía. Y ha cambiado mucho la edad vital. Antes, a los 60 años, la gente ya estaba con la vejez a cuestas. Hoy ha cambiado. Y la actividad, moverse, ayuda mucho a eso. Lo que pasa es que cuesta mucho dar el primer paso. Ahora, una vez que se movió…”.

Pregunto por lo que se charla en el lugar sobre PAMI y Justa me cuenta que “se ven muy trabadas las cosas. Hay que esperar mucho tiempo. El tema es que hay muchísimos más jubilados. Antes se jubilaba únicamente el que había tenido aportes. Después, con la moratoria, se abrió mucho y se jubilaron muchísimas mujeres, que antes no se jubilaban, porque si no habían trabajado no tenían aportes. Entonces, se abrió mucho y hay muchos más jubilados. Pero sí, PAMI sigue andando tan mal como siempre o no sé si no anda peor, porque los plazos son cada vez más largos, las ambulancias que lleguen cuestan un Perú, etc.”.

“¿Y la Reparación Histórica?¿Impactó?”

“Sí, mucho. A la mayoría le cambió su haber inicial. A algunos muy poquito y a otros más. Pero les cambió. Hay muchos jubilados que están muy contentos. En mi caso no, porque yo ya había hecho juicio mucho antes y todavía estoy esperando”, dice.

También le pido una consideración a Justa sobre esas versiones que a veces se escuchan de modificar la edad jubilatoria y ella, responde: “Antes a los 60 años, si es que llegabas. O llegabas muy viejito. Hoy la expectativa de vida es de 85 años. Entonces, si van a vivir 85 años, se cae de maduro que no van a querer mantener la jubilación tantos años. Por ese lado, tiene cierta lógica. Pero hay que pensar que un varón, a los 65 años, en una fábrica, para jubilarse con más años de aporte, ya no le rinde a la empresa si tiene que estar hasta los 67 o 70 años. Ya no tiene la misma capacidad de trabajo. Entonces, la vida puede llegar a los 85 años, pero el cuerpo no rinde para trabajar hasta los 70. Para una persona, que trabaja en una fábrica, estirarle la edad jubilatoria tres o cinco años, no está bien. Y tampoco para un trabajo administrativo, porque uno cree que es estar sentado en un escritorio, pero la mente también se va agotando”.

 

Mucha gente nos dice ‘gracias a Dios que encontré un lugar, porque me cambió la vida’. Muchos hijos vienen y nos dicen, ‘les agradezco porque mi mamá es otra persona’. (Justa Di Raddo)

 

La llegada de la jubilación a veces es celebrada, pero en ocasiones, hay personas que no lo viven bien y Di Raddo me lo confirma. “Acá, a algunos sí les gustó jubilarse. A otros no. Acá vino mucha gente que el médico la mandó, porque sintieron que cuando se jubilaron se les terminó la vida. Hubo un señor que prácticamente no salía de la casa ni para ver a los nietos. Se pasa los días mirando televisión. El hijo lo trajo un poco a la fuerza, por orden del médico y lo anotó en el taller de Memoria, pero vino una sola vez y no vino más. A ese señor, se le terminó la vida, porque se jubiló y pareciera que se siente un inútil. Otros, están esperando jubilarse para hacer planes con los nietos, viajes, es distinto”.

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