Miércoles 18 de Oct de 2017 | 8:14 |
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El excesivo bien como semilla de mal

ENTREVISTA

El prestigioso escritor Martin Kohan, participó de las II Jornadas de Actualización e Intercambio de Prácticas del Lenguaje realizadas en nuestra ciudad entre el pasado jueves y el sábado, ocasión que también sirvió para presentar “Fuera de lugar”, su última novela, publicada por Anagrama. En ella narra la formación de un grupo de personas “normales” -e incluso moralistas- que encuentran un buen negocio en fotografiar niños desnudos para vender a Europa del Este como material pedofílico en un período previo al surgimiento de internet. “Me interesa muchísimo que cierto tipo de moralismo y del bien, fabrica el mal”, afirmó Kohan.

Por Gerardo Goldberg (gerardogoldberg@gmail.com)

 

“Me parece que un texto que pusiese el mal en el monstruo, dejaría al lector en un lugar finalmente confortable, en la medida en que el mal está donde se supone que tiene que estar y en la medida en que el monstruo es monstruoso… las cosas son como tienen que ser. En cambio, me parece que es más perturbador que el mal circule como normalidad, que circule enunciándose como el bien”, afirmó el escritor y docente en una de las charlas.


“Estos personajes de “Fuera de Lugar” están muy convencidos de que están procediendo bien. Y a mí, esa manera en que ciertas modulaciones de la moralidad y del bien se resuelven en la aberración… me interesa ese giro. Y al mismo tiempo me parece que pone al lector en el lugar de ver el mal en un lugar en donde no lo puede acomodar”, sostuvo respecto a la temática que evidentemente lo atrapa ya que vuelve a aparecer obstinadamente a lo largo de sus obras.

Fue acercarme y blanquear que me daba cierto temor entrevistarlo... tanta lucidez analítica, tanto conocimiento académico y tanto currículum frente al modesto repertorio de preguntas que tenía para ofrecer yo... Así que, me presenté y blanqueé. Y lo primero que hizo Martín Kohan fue reírse cuando le dije que él era un "escritor reconocido". Y de verdad que tengo la absoluta impresión de que no lo hizo por falsa modestia. Hasta llegó a contarme más tarde, cuando habiendo terminado las dos charlas que ofreció en el Aula Magna de la Unicen y habíamos ya compartido la visualización del fiasco que resultó el partido entre Argentina y Perú por las Eliminatorias para el próximo Mundial, que cuando debe completar el casillero de "profesión", escribe “docente”. Y que él no se siente "escritor". Me dijo algo así como que escribe para él, sin pensar en si esos textos finalmente se van a publicar o no.

Pero, como ya advertí, eso sucedió mucho después. En un principio fue ese primer acercamiento entre medio de las dos charlas que ofreció en el marco de las II Jornadas de Actualización e Intercambio de Prácticas del Lenguaje organizadas por la Escuela Nacional Ernesto Sábato y el Instituto Superior de Formación Docente N° 10 con el auspicio de la Sala Abierta de Lectura. Una, en la que se enfocaba en el tema de la enseñanza de literatura y el canon literario. La otra, una conversación coordinada por la escritora tandilense Patricia Ratto acerca de "Fuera de Lugar", su última novela.

Allí, en ese primer acercamiento, le formulé el pedido de sacar en ese momento las fotos para ilustrar la nota antes de que quien tenía la cámara para tomarlas se fuera. Hicimos entonces la pantomima de que lo estaba entrevistando. Tuvimos nuestra primera coincidencia: "Todo es una construcción". Pero como no quedaba tiempo suficiente entre una presentación y la otra, convinimos en hacer la entrevista cuando finalizara la segunda charla. De todos modos, había otro tema: dado que a esa hora se estaría jugando el partido de la selección fue él mismo quien me ofreció acompañarlo junto a otros organizadores de las Jornadas hasta el bar en donde cenarían y, en medio de estar viendo el partido, tener nuestro diálogo. Por supuesto acepté, sabiendo que las cosas empezaban a girar en torno a un modo sui generis de nota.

 

"Me parece que es más perturbador que el mal circule como normalidad, que circule enunciándose como el bien"

 

Activada esa modalidad, la nota formal -aunque ese término ya resulte poco aplicable en este caso- empezó caminando por las calles del centro de Tandil rumbo a un bar.

Lo primero fue consultarle si se encendía en él, al momento de escribir, cierta autocensura o propios prejuicios pensando en qué cosas le podrían traer inconvenientes una vez que esos textos se publican. O si, por ejemplo, el provenir de una familia judía lo ponía en ese lugar cuando en su obra realizaba críticas a cierto liderazgo eclesiástico.

Kohan comentó que escribe "sin calcular lo que pueden llegar a ser ciertos arsenales de prejuicios o con qué carga previa te pueden llegar a leer. A veces me encuentro eso a posteriori. Pero mi apuesta es a que los textos funcionen. Y con qué me meto o no, tiene que ver con ciertos dispositivos que yo estoy pensando en el texto. Si alguien de afuera después va a reponer que yo "esto o aquello", no entra para mí como variable en el sentido de que pienso en la libertad absoluta para que cualquiera escriba sobre lo que se le antoje".

"¿Y que después venga lo que venga una vez publicado?", le pregunté. "Depende de qué se trate, llegado el caso se da la discusión que se pueda o no dar con las lecturas que se puedan suscitar", contestó. "Yo ahí me siento siempre más cómodo en lo que pueden ser debates sobre textos ajenos porque es difícil entrar en ciertos debates cuando se trata de lecturas de textos propios. Es difícil cuando estás en desacuerdo con alguna lectura, sobre todo por cómo hacer para marcarlo sin que parezca que porque sos el autor te crees como el propietario del texto. Yo no lo pienso así. Yo soy crítico literario y no considero que el autor de un texto tenga soberanía sobre las lecturas posibles. Entonces soy muy cauto en las intervenciones que puedo llegar a tener". Confesó luego que "a veces me gustaría que ciertas lecturas fuesen de un libro de otro para poder dar una discusión franca o frontalmente y no la puedo dar siendo yo mismo el autor, que además sonaría defensivo. Pero pretendo que, en todo caso, las discusiones que se generen se den por la lectura de los textos y no por lo que yo sea o deje de ser".

Continuando con el tema de la diversidad de sentidos que otorga el lenguaje, el reconocido escritor -aunque él se ría de esa etiqueta- agregó que "el lenguaje no es unívoco. No lo es ni aún en ese tipo de usos del lenguaje o de géneros discursivos como el uso judicial, que ambiciona la univocidad más plena del lenguaje y aun así no logra despojarlo de cierta carga ambivalente... y estamos hablando de un discurso jurídico. En la literatura, por el contrario -que estaría en este sentido en las antípodas- es abordar el lenguaje a partir de su carácter de apertura de sentido diferido y potencialmente infinito. Uno no controla por completo los sentidos de lo que dice en ningún caso. Uno siempre está diciendo menos de lo que quisiera decir y a la vez más de lo que quería decir... más y menos a la vez. En un sentido decis "yo quería decir y dije menos" y en otro sentido decis "no quería decir tanto y resulta que dije". Si eso además lo llevamos a la literatura, que es el tipo de construcción de lenguaje, de construcción de tramas narrativas o de disposición de las palabras y del lenguaje que busca un nivel de complejidad o de elaboración mayor que cualquier otro uso social, entonces eso verdaderamente se potencia y es lo que tiene de extraordinario la literatura. Que realmente suscita en cada lectura ciertas posibilidades o ciertos órdenes del sentido que, en la medida en que den cuenta del texto, que puedan poner a funcionar esos sentidos desde la lectura en el texto, son perfectamente válidos. Toda restricción que haya sobre esa potencia de sentido de la literatura me parece represiva, sea cual sea. Entre otras posibles, la del prejuicio de que el autor es dueño del sentido del texto, cosa que por lo que estamos diciendo, obviamente estoy totalmente en contra”.

 

"Pretendo que las discusiones que se generen se den por la lectura de los textos y no por lo que yo sea o deje de ser"

 

Ahora que desgrabé lo que me contestaba mientras caminábamos rumbo al bar, me parece inverosímil que este tipo haya podido no sólo tener la claridad supina en los conceptos que transmitía y en la forma de redactar esos argumentos oralmente sino que mientras ello pasaba, su cabeza estuviese preocupada por la incógnita que suponía si el bar hacia el que caminábamos tendría un televisor para alcanzar a ver -aunque sea- el segundo tiempo del partido. La incógnita quedó latente pero desarticulada al descubrir algo peor: el bar estaba cerrado. Seguimos caminando entonces hacia otro bar, siempre guiándonos por Patricia Ratto, que caminaba unos metros adelante nuestro. Al menos a mí, no me daba la cabeza para estar prestando atención a lo que me iba respondiendo, estar pensando la siguiente pregunta y, a la vez, saber para dónde había que rumbear.

Le dije que la lectura de "Fuera de lugar" me había dejado reflexionando –aunque no porque la obra lo trate en particular- acerca de cierto cambio que la sociedad tuvo en las últimas décadas respecto al uso de imágenes y vocabulario "permitido" en los medios masivos. Que, no necesariamente hablando de sexualidad, pasamos de un mundo de erotismo a un mundo pornográfico, explícito. Por ejemplo, en que antes no se veía sangre o cuerpos mutilados o que jamás se usaban malas palabras por los medios, cosas que ahora sí se daban. Entonces le consulté si le parecía una evolución, un retroceso o si no había que hacer una evaluación al respecto.

Con el fútbol evidentemente en su cabeza, recordó que cuando él era chico "y había cantos con insultos en las tribunas de fútbol, se bajaba el audio. Y ahora los dice el relator". Sobre la pregunta subrayó que "no propondría una evaluación al respecto en estos términos. Sí diría que siempre es valioso o necesario contar con la posibilidad de algo que llamaríamos transgresión. Es decir, la puesta en circulación de un tipo de imagen o la puesta en circulación de un tipo de palabra, que desacomode, que transgreda, que atraviese los parámetros y que produzca el sacudón de cuando estamos frente a una imagen que no está en el orden de la economía de circulación de imágenes aceptadas o una palabra que circula por fuera del orden de la economía de circulación verbal aceptada. A mí me parece muy importante contar con esa posibilidad de transgredir, desacomodar, descolocar. En todo caso, los que van cambiando son los parámetros, porque lo que producía ese efecto de irrupción y de disrupción, se neutraliza por completo. Porque en esta proliferación de imágenes o en esta "pornograficación" generalizada, no es que entonces estamos en estado de transgresión permanente. Pasa a ser la regla y tiene el carácter normativizado, estabilizado y neutro de las reglas. Entonces el desafío pasa a ser cómo constituir un modo de transgresión, en qué consiste un modo de transgresión. Como decías vos, no lo pondría con una carga valorativa. No lo veo ni como una decadencia ni como un progreso. Me parece que es un cambio de los parámetros y que, al mismo tiempo, forma parte del desarrollo de cualquier sistema de convenciones sociales".

En este punto, estábamos entrando en el bar en el que por fin comeríamos, pero -por sobre todo- podríamos ver el segundo tiempo del partido. Mientras nos acomodábamos en la mesa le dije eso de que estaba siendo una entrevista muy sui generis, pero Kohan -al que a esta altura y por producto de su sencillez y cierta “familiaridad” que al menos yo ya había adquirido respecto de él, me resultaba más a gusto nombrar como Martín- me contestó: "Esto que estamos haciendo es muy mío: la calle, los bares...". Pensé que sin siquiera advertirlo estaba obteniendo un Martín mucho más auténtico que el que hubiera obtenido con la "formalidad" de por medio.

 

"Diría que siempre es valioso o necesario contar con la posibilidad de algo que llamaríamos transgresión"

 

De aquí en adelante, lo que quedaba de charla a grabador encendido se dio con los ojos puestos en el televisor, situación que no alteró en absoluto la lucidez del entrevistado, tal cual se puede apreciar a continuación. Sólo omito en la desgrabación ciertos "ahí viene el gol. Uh, no. La tapó el arquero" o frases similares que entrecortaban momentáneamente la línea de pensamiento.

Quizás por estar viendo al seleccionado argentino -o porque se me antojó saber su postura- comenzamos a hablar de la situación del país y de la tan nombrada "grieta" que pareciera no admitir grises. Martín expresó que para él "lo que es insatisfactorio en ese dispositivo no es sólo que no pueda haber grises -que es un aspecto- sino que no puede haber otros lados que no sean esos dos o los intermedios. Es como si pensáramos en el título de ese cuentazo de (João) Guimarães Rosa que se llama "La tercera orilla del río", porque el problema es ese. No es sólo la dicotomía "K- Anti K" y qué pasa con los intermedios. Es que hay posiciones que no son ni las de esa grieta ni tampoco intermedias. Son terceras, cuartas o quintas respecto de esa dicotomía. Y bajo el esquematismo binario de esa dicotomía, estás en un lado, en el otro o en el medio. Y hay posiciones que no son ni un lado ni el otro ni el medio. Me parece que eso es lo reductivo que tiene la grieta concebida de tal modo. No un campo de diferencias, conflictos, disidencias, sino dos términos: K, Anti K, y la única alternativa es estar en el medio de los dos", analizó.

"Hay ahí también una penalización desde los dos lados… como si estar en el medio fuese ser tibio...", acoté y él coincidió y reiteró que eso le parecía reductivo. "Con la figura totalmente errada de Corea del Medio, como si el mundo fuese como Corea, o sea, estuviese dividido en dos. Corea está dividida en dos pero el mundo no. Las posiciones posibles en el campo ideológico político argentino no están divididas en dos. Entonces, confunden su monomanía -sobre todo los fanáticos antikirchneristas- que no logran pensar absolutamente nada, ni en el cine, ni en el fútbol, ni en la literatura, ni en la política... todo pasa por ahí. No conciben que uno pueda tomar una posición que no es ninguna de los dos polos ni ningún matiz intermedio, sino un tipo de contraposición o una posición de disidencia que no pasa por la dicotomía K- Anti K, ni es intermedia, ni es tibia con respecto a la dicotomía. Plantea otra forma de confrontación. No lo pueden concebir… porque hasta tal punto creen que el mundo entero son las dos Coreas y creen que la realidad entera se puede encuadrar así, que no logran concebir sino eso: la tibieza. "No se juega". Jugarse puede ser marcar una posición que esté por fuera de esa dicotomía, no en el medio", enfatizó. Y uso el verbo enfatizar porque creo que es el que mejor describe la pasión con la que dice todo lo que piensa. Es un apasionado y se lo nota en sus tonos, en sus movimientos. Lo confirmaré minutos más tarde al terminar la grabación y descubrir en él a un bostero fanático. A tal punto que me confesó que no grita los goles argentinos -que por otro lado nunca llegaron aquella noche- si es que los hace algún jugador que no pertenezca al club xeneize. Que el histórico gol de Martín Palermo -justo ante Perú- en las eliminatorias para el mundial 2010 no lo gritó sino hasta que estuvo seguro de que lo había hecho su tocayo.

Exhaustivo conocedor de la obra de Jorge Luis Borges, en una de las charlas nombró "El Aleph" y lo hizo como en verdad debe pronunciarse esa letra hebrea: con el acento en la letra a y no en la letra e, como se lo suele escuchar. Con ese recuerdo en mi mente volvimos hacia el judaísmo y, a pesar de no ser un "escritor reconocido", le pregunté si por su exposición pública debió vivir episodios antisemitas. "Me he encontrado algunas veces con hostilidad antisemita, sí. Hay algunos sectores fascistas. Yo no creo que exista el "hacerse el nazi". Para mí es una característica nazi "hacerse el nazi". Son esos casos en donde la ficción es verdad. No existe el "disfrazarse" de nazi. ¿Qué es reivindicar a Hitler e insultar a un judío en la web? ¿Es "hacerse el nazi"? No, es ser nazi. Y no creo en el jueguito del "personaje". Para mí, si vos en Twitter -o donde sea- construís un personaje nazi que agrede a judíos, sos nazi. No me pliego en esa coartada”, aseguró. Dicho esto, aclaró que “tampoco diría que me encuentro condicionado por esa situación. No lo vivo como una situación de hostigamiento sino que cada tanto aparece un tarado y agrede por ese lado", observó.

"Tengo formación judía. Fui a un primario judío en donde recibí educación judía, historia judía, religión judía, y Estado de Israel. Mi adolescencia, en los años en que uno empieza a tomar posiciones políticas, coincide con los años del restablecimiento de la democracia en la Argentina. Por lo tanto, de apertura, de discusión política muy intensa y de efervescencia social general. Y yo ya era ateo. Mi ateísmo, si es que no existió un poco intuitivamente desde siempre, tuvo una marca crucial en el hecho de que yo no hice el bar-mitzva al terminar mis siete años de escolaridad judía. Y eso supuso conflicto: familiar, social, escolar. Y después, en términos políticos, ciertas políticas del Estado de Israel a las que no adhiero y que no suscribo. Entonces hubo un momento -a los 15, 16 años- en el que me pregunté qué pasaba con mi judaísmo. Porque en mi formación judía eran dos pilares muy fuertes la religión e Israel. Cuando empiezo a repensar sionismo y política israelí, cuando ese Dios no era un Dios para mí, fui recomponiendo una identidad judía -que considero totalmente consistente en mí- sobre la base de un tipo de memoria, levemente imaginaria como todas las memorias colectivas, un tipo de tradición que asumo como propia, ciertas inflexiones, músicas, culturas, que siento que me interpelan". "Una identidad cultural...", propuse. "Exacto. Mi judaísmo es ese", concluyó.

 

"Bajo el esquematismo binario de esa dicotomía ( K- Anti K) estás en un lado, en el otro o en el medio. Y hay posiciones que no son ni un lado ni el otro ni el medio"

 

"El interés que tenés a lo largo de tu obra por la cuestión moral y de cómo desde el estricto bien puede venir el mal, ¿no tendrá una raíz quizás judaica?", interrogué.

"Quizás... habría que pensarlo. Mis novelas funcionan a partir de ciertas instituciones dominantes. Lo pienso siempre en clave de instituciones de poder, se trate de cierto tipo colegios o la Iglesia. Yo los interpelo como ciertos lugares de poder social y no los he abordado desde el judaísmo. Y, al mismo tiempo, el Dios del Antiguo Testamento es tan malvado...", opinó.

Y añadió: "Estoy pensándolo ahora a partir de lo que vos preguntás... En mi caso, escribí distintas variaciones siempre orientadas a una desestabilización de identidad, desintegración de identidad. O sea, yo escribo sobre cuestiones ligadas a la identidad -sobre todo a la identidad nacional- pensando en desarticular los dispositivos de la identidad en vez de afianzarlos. Y di vueltas desde el colegio al que yo fui hasta al Padre de la Patria. Y con el judaísmo no encontré una resolución literaria. He pensado en algún momento una novela sobre judaísmo -y no la descarto- pero no terminé de visualizar cómo podría ser eso. Pero en relación a lo que preguntás y a mi misma formación, yo creo que hay algo y que es la crueldad del Dios del Antiguo Testamento, que imparte el bien pero hace cosas malísimas, empezando por las diez plagas. Entonces, probablemente ese componente esté más presente de lo que yo, hasta esta conversación, había advertido".

Todavía quedaban varios minutos por jugarse del segundo tiempo. Hice alguna otra pregunta pero dado que "todo es una construcción", convengamos en que ya no las hubo. Lo vi pararse y acercarse al televisor ante algunas jugadas más peligrosas, lo vi coincidir en que Messi sería idolatrado si metía ese tiro libre en los últimos minutos o criticado por hacer goles en Barcelona y no en Argentina si -como efectivamente ocurrió- no lo metía, lo vi mirar la tabla de posiciones consumado el empate, lo vi pedirse una milanesa con puré de papas, lo vi ponerle mucho jugo de limón, lo vi usando mi celular para chequear sus mails, lo vi frente a una enorme copa colmada de ensalada de frutas, lo vi enumerar escritores argentinos para constatar que casi sólo Borges y Bioy eran porteños y finalmente lo vi irse caminando solo por la vereda de las naranjas amargas. En el inicio lo había encarado con un respetuoso temor y en los últimos minutos ya lo sentía como hasta con un cierto grado de amistad, aunque también ese término resulte poco aplicable en este caso.

Tal vez por esa especie de mar de frases entrecortadas y besos que se genera cuando unas diez personas comienzan a despedirse y en el que uno pierde la cuenta de a quién ya saludó y a quien aún no, no nos despedimos. De todos modos, eso lo puso todo en su correcto lugar. Por Yrigoyen ya se iba caminando quien de a poco volvía a llamarse Kohan. El reconocido escritor, Martin Kohan, a quien –increíblemente- fueron a escuchar en la charla libre y gratuita que ofreció en el Aula Magna, apenas unas 60 personas.

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