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“Contás que no te dejan ver a tus hijos y no te creen, dan ganas de esconderse y comerse el dolor”

ENTREVISTAS

La historia de Nicolás Befumo fue disparadora para que se conocieran muchos otros casos similares. Después que ABCHoy diera a conocer la situación de ese papá que desde hacía tiempo luchaba por volver a ver a su hija, varios otros hombres se comunicaron con el medio, para contar que viven sumidos en una angustia parecida.

Por Mariano López Guerrero (marianolopezguerrero@gmail.com)

Tiempo después, se animó a hablar Felipe Orbe. Ahora, Cristian González y Víctor Schagen, son otros dos papás, entre muchos otros, que le ponen rostro a un reclamo dolorosamente frecuente. Víctor y Cristian se conocieron recién cuando ABCHoy los reunió para realizar la entrevista. No se habían visto antes, aunque transitan un drama parecido. Incluso, había un tercer papá convocado, que también se comunicó pidiendo contar su historia, aunque a último momento, desistió. Es comprensible. No es fácil poner el cuerpo en un medio de comunicación, para contar que desde hace mucho tiempo, por los motivos que sean, un padre es impedido de ver a sus hijos.

Seguramente uno empieza a pensar si no será contraproducente, si no se enojarán los actores judiciales involucrados en su caso, que son los mismos que parecen no mover un dedo para respetar los derechos violentados del niño que no puede ver a su padre y viceversa, si el medio contará bien la historia, si la exposición no lo distanciará más en la irrecuperable relación con la ex pareja…


Como sea, Víctor y Cristian, se animan. Como Nicolás, poco antes de fallecer. Como Felipe, que también le contó su historia a ABCHoy y ahora está abocado en reunir a los padres en la misma situación, advertidos de que su historia no es singular, sino que forma parte de un colectivo silenciado, postergado y como reconoce Schagen en un tramo de la charla, “discriminado por la justicia, por ser hombre”.

 

Mi hija me solía llamar a escondidas, hasta que la descubrieron. Teníamos largas charlas. A pura risa. Pero la descubrieron y se cortó. (Víctor)

 

Víctor llega a la cita un rato antes que Cristian. Y se lo nota desesperado. Aunque habla pausado y en un tono más bien bajo, empieza a contar detalles de su relación con su hija, hoy suspendida; de algunas actitudes que debió soportar por parte de su ex; y de la inacción judicial frente a la interminable espera por un fallo en un juicio por la tenencia de la nena, hoy de 8 años.

 

-¿Vos estás peleando la tenencia de tu hija, Víctor?

-Víctor Schagen: Yo presenté en septiembre de 2013, hace cuatro años, la demanda por la tenencia de mi hija. Se fundamentó en algunos cambios de comportamiento de la nena y en algunas narraciones y expresiones que tenía. Eso estuvo apoyado en un trabajo que hizo una psicopedagoga, que descubrió una serie de actitudes, que según esa profesional, necesitaba que no siguiera viviéndolas y se daban básicamente en la casa de la madre. La demanda nosotros las tuvimos que tramitar en Azul, porque los abogados de mi ex mujer se presentaron allá. Y el Juzgado de Azul, lejos de mantener el vínculo entre papá e hija, dilató el tiempo y ya llevamos cuatro años. La vista de causa fue el 1 y 2 de noviembre del año pasado y ahora no nos queda más nada para hacer que esperar la sentencia. Y hace diez meses que esperamos eso.

-¿Cuánto llevás sin verla?

-V.S.: Llevo un año sin verla. Y el último contacto telefónico fue en febrero, cuando cumplió años. Hablamos diez minutos hasta que alguien entró al lugar donde ella estaba y se vio obligada a cortar.

-¿O sea que cuándo hablaste con ella, fue en una especie de clandestinidad?

-Sí. Exactamente. Inclusive ella me solía llamar a escondidas, hasta que la descubrieron. Teníamos largas charlas. A pura risa. Pero la descubrieron y se cortó. El vínculo con mi hija se mantuvo más o menos bien hasta febrero de 2014. Ahí no la pude ver por 85 días. Ni siquiera sabía dónde estaba. Hasta ese entonces la veía todos los días. Y se quedaba conmigo tres días de la semana. Yo aprovechaba el jardín para llevarla e ir a buscarla, para verla un ratito los días que no se quedaba conmigo. En 2014 comenzó el impedimento de contacto y la única decisión drástica que tomó el Juzgado de Azul fue ordenarle a la madre, por escrito, a que permita que retomemos el contacto.

 

El régimen de visitas lo cortó mi ex. Entonces me presenté nuevamente para pedir que se restituyera. Y la burocracia de la justicia hizo hasta la fecha, nada. (Cristian)

 

 

“NADIE SE FIJA EN LO QUE SUFRIMOS LOS PADRES”

 

En esta instancia se suma Cristian González, un hombre que transmite la tristeza en el rostro, porque cuenta, también con signos de desazón y cansancio, que “yo hace tres años que no tengo vínculo con mis hijos (dos varones de 17 y 8 años; y una nena de 7). Ni con ellos ni con su madre. Y así estamos con la justicia, que no generalizo, pero con la justicia de Tandil yo estoy muy mal. A nivel jueces, a nivel de los abogados de la parte materna. Nadie parece fijarse en los padres que también sufrimos. Son tres años sin ver a mis hijos. Los he visto en alguna placita o a las corridas”.

 

-¿Vos tenés algún impedimento judicial para ver a tus hijos?

-C.G.: Tengo restricciones de familia como si fuera no sé qué. Yo soy una persona de trabajo y nada más que eso. No soy un tipo que toma, que ando en cosas raras. Me dedico a trabajar, a depositar la plata que corresponde religiosamente, tenga o no trabajo. La cuota alimentaria la deposité siempre y jamás puse un pero para eso. Y no los veo. Agoté todas las instancias. Cambié de abogadas varias veces, porque pensaba que fallaban ellas, pero la verdad que viendo como son las cosas en la justicia, me di cuenta que no era ese el problema.

 

A mi hija le diría la frase que me salió la anteúltima vez que la vi, que fue que digan lo que digan, hagan lo que hagan, yo la adoro y soy su papá y quiero estar con ella. (Víctor)

 

-¿Dónde está el problema?

-C.G.: La justicia cansa. Y bastante. Mucho tiempo de mi trabajo lo tuve que dedicar en los últimos años, a audiencias. Fueron muchísimas audiencias en las que no lograba nada por parte de la justicia. No puede ser que la justicia me dé un régimen de visitas en una placita. Y si llueve en un supermercado. Yo tengo mi vivienda y soy un hombre de trabajo. Y mi ex mujer me los traía cuando quería, no cuando correspondía. Y ahora hace más de un año que ni siquiera tengo contacto telefónico. Desgraciadamente, los padres solo estamos para la cuota alimentaria. Así lo vivo yo. Y hablo por mí.

-Es decir, ¿vos tenías un régimen de visitas?

-C.G.: Claro. Ordenaron que los viera los domingos en una plaza. Y ese régimen lo cortó mi ex. Entonces nos presentamos nuevamente para pedir que se restituyera. Y la burocracia de la justicia hizo hasta la fecha, nada. Sólo sé que están bien porque van a la escuela. Pero nada más. Mi ex los sacó del vínculo familiar paterno. Ni con los abuelos, ni nada.

-Marcás el tema de que cumplir con la cuota alimentaria, que es lo que corresponde, claro. Pero tanta instancia judicial no debe ser nada barato, ¿no?

 

-V.S.: Tenés que pasar la cuota, pagar los abogados y subsistir vos. En un momento es algo que te puede llevar casi a la quiebra.

C.G.: La parte laboral es donde más te afecta. Yo hoy tengo trabajo, pero no es algo fijo. Hace dos meses me despidieron de la empresa en la que trabajaba, por achique de personal. Y estuve dos meses sin trabajo, pero la cuota siempre estuvo. ¿Por qué no la parte de dejarme ver a mis hijos?

Además, a mí la jueza me impuso que tengo que ir al psicólogo. Tengo que ir una vez por semana y, por supuesto, me lo tengo que pagar yo. Son $500 por sesión. Hace varios años que estoy así. ¿Y si dejo de ir, porque no lo puedo pagar? Estaría en falta yo para la justicia.

 

No puede ser que la justicia me dé un régimen de visitas en una placita. Y si llueve, en un supermercado. Yo tengo mi vivienda y soy un hombre de trabajo. (Cristian)

 

-¿Ustedes fueron denunciados por maltrato familiar, o por alguna otra situación que justificara por qué no se les permite acercarse a los chicos?

-C.G.: Yo, a la fecha, no. Pero tuve dos años en los que mi ex me cruzaba en la calle y decía que la molestaba y me pedía una restricción. Tuve dos años de muchas restricciones. Eran mentira. A eso me refiero con el tema de la justicia. Nadie evalúa nada, nadie trata de comprobar si es cierto o no. Te da mucha impotencia. Yo si veo a mis hijos en la calle, paro a saludarlos. Lo tengo que decir: mi hija me llegó a decir una vez que la encontré en una placita, ‘papito ándate que mamá nos dice que te tenemos que tener miedo’. Las madres llegan a un punto dónde no entendés qué pasa y por qué esa manipulación. Son cosas muy bravas. E insisto, nadie evalúa esas cosas.

V.S.: En mi caso, la mamá de mi hija solicitó en dos o tres oportunidades, una restricción de acercamiento, pero no se la dieron. Ella argumentó violencia, pero no existió. A tal punto no existió, que la policía que tomó la denuncia me pidió disculpas porque le daba vergüenza ajena.

 

“LA JUSTICIA ESTÁ ATRASADA”

 

Tanto Víctor, como Cristian, apuntan poco contra sus ex parejas, a pesar de que, claro, les recriminan el impedimento de contacto con los hijos en común. Sin embargo, el enojo más contundente, en ambos, va dirigido a la justicia (o sistema legal, como aclara Víctor, porque “en un sistema judicial, hay justicia. Acá no hay justicia”). Entendiendo que son protagonistas de un conflicto, que debe resolverse en el ámbito de los juzgados, ambos padres claman, imploran, por un sistema que contemple fundamentalmente el derecho de un niño de poder tener una relación fluida con su papá y, especialmente, que no se tome un tiempo que se siente eterno, para emitir una decisión. “Los chicos crecen y los vínculos se pierden”, advierten.

-¿El problema son los tiempos judiciales para decidir? ¿O la forma en que decide la justicia, que raramente, en estos casos, falla en favor del varón?

-V.S.: Creo que ambas. En Tandil yo no me sentí discriminado. Pero en el Juzgado de Azul, sí. La verdad que sí. En varias oportunidades. Y se toman un enorme tiempo y más allá de que existe una enormidad de causas, no están preparados. De hecho, en Azul no existe un perito psiquiatra. Es difícil de entenderlo en un Juzgado de Familia. Y la justicia argentina, para estos casos familiares, está muy atrasada. Creo que el tiempo se les va, porque no entienden los casos. Y eso perjudica a los chicos, que crecen en medio de esto y los afecta.

 

C.G.: Yo digo que si el tiempo que se toma la justicia, fuera para algo positivo para los padres, estaría bueno que se tomen estos tres años y me den a mis hijos, o un régimen de visitas. Pero hoy, se están tomando mucho tiempo, sin ninguna respuesta para mí.

-¿Por qué creen que sus hijos quedaron atrapados en esta situación?

-V.S.: Creo que los adultos a veces somos inmaduros. Nos dejamos llevar por el odio, el resentimiento, las culpas, la vergüenza…

-C.G.: Los grandes hacemos las cosas mal, muchas veces. En estos casos, en general, son las madres las que desvinculan a sus hijos de los padres. Los chicos quedan en el medio de estas cosas y no debería ser así.

 

Tenés que pasar la cuota, pagar tus abogados y subsistir vos. En un momento es algo que te puede llevar casi a la quiebra. (Víctor)

 

-Estos testimonios, el de ustedes y el de Felipe que hicimos hace algunos días, surgieron después de que saliera en ABCHoy la historia de Nicolás Befumo. ¿Qué sintieron cuándo se enteraron de su muerte?

-C.G.: Eso te transmite impotencia. Mucha. Por el chico, porque te preguntás por qué un papá se tuvo que morir sin ver a su hija. Y también, esa hija que no pudo ver a su papá. Es terrible. Muy triste. Es tan terrible sacarle un hijo a una madre, como sacárselo a un padre. Muchas veces nos olvidamos del sacrificio que hace un padre también. Por eso cuándo vi lo que había pasado con Nico, me comuniqué con ustedes, para decir que era una vergüenza lo que estaba pasando y que yo estaba viviendo lo mismo. Cuando estoy solo, a mi hija me parece que la veo. Se me aparece. Más de una vez. Más de una noche.

-V.S.: Son sensaciones contrapuestas. Por un lado te sentís respaldado, porque ves situaciones que se parecen a la tuya, con puntos en común. Y por otro lado, una gran vergüenza, porque uno cuenta estas cosas y no te creen. Es difícil de expresarlo y que se puedan creer. Dan ganas de no contarlo, dan ganas de esconderse, de comerse el dolor, de no levantarse. A mí también me pasa de imaginarme a mi hija al lado mío. Es muy común dormirme saludándola. Esto no se lo cuento a nadie. Y cuando ves que otros hombres están en la misma y se animan a salir, te preguntás, ¿por qué no me animé yo antes? Las situaciones convergen en lo mismo, en un sistema legal, que se encarga de mirar hacia un costado. Eso es lo que me parece que tenemos que cambiar.

-Si tuvieran a sus hijos acá, ahora, ¿Qué les dirían?

-V.S.: A mi hija le diría la frase que me salió la anteúltima vez que la vi, que fue que digan lo que digan, hagan lo que hagan, yo la adoro y soy su papá y quiero estar con ella.

C.G.: Coincido. Y yo también le pediría a la parte materna y también a nuestra jueza (por la Dra. Silvia Monserrat, titular del Juzgado de Familia), que se fije en los padres más a fondo, para después juzgar y que podamos estar con nuestros hijos.

 

Las madres llegan a un punto dónde no entendés qué pasa y por qué esa manipulación. Son cosas muy bravas. (Cristian)

 

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