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Adolfo Campeggi: “Soñé con Franco, que me decía que estaba bien”

ENTREVISTAS

En pocos días más, se cumplirán diez años de un crimen que no ocurrió en Tandil, pero tuvo un impacto muy fuerte en nuestra comunidad, porque afectó a uno de los vecinos más conocidos. Dos malvivientes asesinaron a Franco, el hijo del humorista Adolfo Campeggi, cuando entraron a robar a un ciber, en Moreno. Próximo a cumplir 62 años, este permanente animador de peñas y eventos, accedió a repasar este tiempo transitado enmascarando con humor, el dolor más profundo.

Por Mariano López Guerrero (marianolopezguerrero@gmail.com)

-¿Cómo fueron estos diez años que han pasado del que seguramente fue el golpe más difícil de tu vida?

-Sí, fue muy duro. Yo ya había tenido la experiencia de perder una nena, Brenda Milagros, que nació de 7 meses y estuvo internada en Mar del Plata, en neonatología y lamentablemente, por un virus hospitalario, falleció. Eso también fue difícil, pero lo de Franco fue más fuerte, por supuesto. Pocos antes, él había estado acá en Tandil y me acuerdo que me fuimos de vacaciones a Claromecó con mis otros dos hijos, mi mamá y la perra, me acuerdo. Pasamos unos días maravillosos y después se fue para allá y el 23, pasó lo que pasó.

 

“Allá”, es la localidad de Villa Trujuy, Partido de Moreno, y el 23, es el fatídico 23 de septiembre de 2007, cuando Franco Campeggi y su medio hermano Elías, habían conseguido permiso para ir un rato al ciber que quedaba cerca de su casa, a jugar on line. En ese momento, entró a robar, armado y completamente enajenado, Fernando Avallay, quien al no conseguir nada de valor en el local, disparó a quemarropa y en la nuca a Franco, en ese momento de 12 años, quien seguía concentrado en su juego y no se había dado cuenta de lo que ocurría a sus espaldas.

 

 

-Era el cumpleaños de Elías, el hermano por parte de la mamá. Les dio permiso para ir al ciber un rato antes de cortar la torta. Ahí fue que aparecieron estos dos faloperos y empezaron a pedir plata y el del ciber les dio 60 pesos y les dijo que no tenía más y el delincuente empezó a amenazar con matar un pibe y justo le tiró a Franco.

 

 

A mí, después de lo de Franco, la cabeza me hizo un ‘click’ y trato de estar tranquilo y en soledad.

 

 

-Imagino que no lo habrás podido creer cuando te dieron la noticia…

-El drama fue después ir al lugar y ver lo que había quedado. Fue terrible. Muy dramático y muy duro. Mi ex mujer estaba devastada, los hermanos... Franco era un pibe maravilloso. Pero bueno, a la semana yo estaba arriba de un escenario. Y la fuimos llevando. Uno por fuera demuestra cosas distintas a las que le pasan a la noche. Yo tengo fotos de Franco por todos lados y las veo todo el tiempo.

 

-Recuerdo que los asesinos cayeron casi enseguida.

-Tuvimos la suerte de agarrarlos. La verdad que nos ayudó un poco Aníbal Fernández, pero el que más ayudó fue un almacenero, al que quisieron asaltar después de lo del ciber.

 

La referencia tiene que ver con un comerciante al que Avallay y su cómplice, Carlos Godoy, trataron de asaltar minutos después de matar a Franco, en una demostración cruda y nauseabunda, del profundo desprecio por la vida de esos dos malvivientes, que rondaban los 30 años en aquel momento. En ese segundo intento de asalto, Godoy apuntó con su arma a la cabeza de una de las hijas del almacenero y amenazó con matarla sino obtenía más dinero. En ese caso, por suerte, el comerciante pudo ponerlos en fuga.

 

-Cuando este señor fue a la comisaría a hacer la denuncia, al otro día, se encontró con el tipo que le había apuntado a su hija, presentándose como testigo en el caso de Franco. Era una maniobra para desligarse, porque no era el testigo, era e cómplice del asesino. Ahí nomás avisó que esa persona lo había asaltado y quedó detenido. Y así pudieron dar con el asesino de Franco. El fiscal se disfrazó de linyera y simuló comprar botellas y lograron detenerlo.

 

Avallay fue condenado a prisión perpetua por dar muerte a Franco Campeggi; mientras que Godoy, fue condenado a 25 años, al ser considerado coautor, ya que instigó a su cómplice a disparar contra el menor.

 

-¿Qué recordás del juicio?

-Que fue terrible. Elías tuvo que declarar siendo menor de edad. Los abogados defensores de estos tipos eran hienas. Te daban ganas de cualquier cosa, porque encima los tenías a dos metros. Y a nosotros nos salvó balística, porque ellos argumentaban que el arma se había disparado accidentalmente y los peritos de balística dijeron que no, que el tipo tiró. Y los condenaron. Pero uno de los tipos, el cómplice (por Godoy), ya se escapó dos veces. Las dos veces lo volvieron a agarrar. Después se comentó que lo habían apuñalado en la cárcel, pero ya no sabemos nada de eso.

 

Yo ya estoy bonus track. Solo pido salud y trabajo y espero el momento de juntarme con mi hijo.

 

-¿Les siguen el rastro para saber si continúan presos y cumplan las penas?

-Sí. Mi ex mujer está pendiente de eso. Hay que estar encima, pero no se sabe, porque es muy difícil el tema de las cárceles.

-¿Creés que alguno de ellos se arrepintió?

-No. No. Aparte cuando el juez les dijo si querían decir algo en el juicio, el que lo mató a Franco se paró y siempre mirando al piso, dijo que “le quiero pedir disculpas a la familia”. Lo único que dijo. Fue una experiencia muy fea, muy dura. Y lo sigue siendo.

-¿Cómo se convive con ese duelo?

-Uno trata de entretenerse. Yo me refugio en el humor. Para la mamá de Franco es más difícil. Para colmo ella sigue con algunos dramas personales, con su nueva pareja, que falleció. Y el mismo Elías, que está con una enfermedad. Y a él, el crimen lo golpeó muy duro.

 

LA CABEZA HIZO UN “CLICK”

 

Campeggi ha podido amortiguar el duelo de la pérdida de Franco, en sus otros hijos. Con Claudia Moreno, su ex mujer, tuvo cuatro hijos, entre los que estaba Franco, además de una hija de una pareja anterior de Claudia a la que Adolfo quiere y cuenta como propia; luego vinieron otros dos hijos en Tandil, con otra mujer; más una criatura a la que el humorista está criando actualmente. Y diez nietos.

 

-Con todos ellos me llevo muy bien. Estoy contento. Pero yo soy muy solitario. Me llaman y yo voy. Si necesitan algo y puedo, se los doy. Pero no soy muy de estar encima. A mí, después de lo de Franco, la cabeza me hizo un ‘click’ y trato de estar tranquilo y en soledad.

-¿Cómo te modificaste a partir de ese ‘click’?

-Te cambia la vida. La empezás a ver de otra manera. Ya no discuto. Trato de mantener buenas relaciones con mis ex, con sus nuevas parejas. Y me tomo distinto los problemas. Yo vivo al día, pero a esta edad, uno está bonus track, así que salgo, voy a bailar, voy a una peña, a cenar con amigos. Salgo y disfruto. Veo tipos que viven pendientes del laburo, de que no les alcanza la guita, y eso te come. Y no vale la pena. Me di cuenta de muchas cosas y ya no dramatizo.

-¿Te cambió la percepción del tiempo también?

-El tiempo pasa volando. No sé si lo siento por la edad o qué. Pero me resulta increíble cómo pasan los días. Pero estoy tranquilo.

-¿Soñás con Franco?

-Una vez lo soñé. Soné que corría y saltaba en un campo y me dijo que estaba bien. Lo lloré mucho.

 

A nuestros shows ahora ya vamos a divertirnos nosotros. Ya no nos preocupa si va un tipo y no se ríe. Pero sí es más difícil el humor ahora.

 

-Supongo que algo de alivio habrá traído la condena a sus asesinos

-Puede ser. Porque si no, estaríamos buscando justicia todavía. Tuvimos suerte. Pero hay un montón de gente que no. Claudia trabaja con Madres del Dolor. A nosotros esa agrupación nos ayudó mucho. Pero te das cuenta que hay mucha gente que le pasa. El día que mataron a Franco, habían matado a un chico en Hurlingham. Y yo lo llamé al padre. El tipo estaba destruido. Entrás en un mundo en el que ves que hay un montón de casos y te das cuenta que le puede pasar a cualquiera. Y a veces, sino te pasa, no te das cuenta. Y la inseguridad es cada vez mayor. Ahora las chicas están siempre en riesgo, las secuestran las violan, las matan. Es terrible. Y no para más.

-¿Vos creés que no para más?

-Mirá, yo hablé del tema con Solá, con De Narváez. Para mí, hay que cambiar las leyes. Los pibes de 16 años no pueden matar y entrar por una puerta y salir por la otra. Tienen que bajar la imputabilidad. Tienen que ir en cana. Matan porque saben que no van presos. Y matan a cualquiera. Esa es mi opinión.

 

EL SHOW DEBE CONTINUAR

 

A menudo, Adolfo esconde la angustia detrás de un chiste. Breve. Casi imperceptible. Es su válvula de escape. Y su principal carta de presentación.

 

-Me quedé con eso de que una semana después, tuviste que subir a un escenario.

-Sí. Tanto Juan (Guerricacheverría, su socio y amigo en Dúo Memorándum) como yo necesitábamos la guita. Pero fue bárbaro hacerlo. Fue como una catarsis. Aparte, Franco siempre me acompaña. Nunca me ha ido mal. Ni en los shows que hago solo, ni con Memorándum.

 

-Pensaba es que ese dolor, un persona con un laburo cualquiera, lo puede llevar encima y a la vez hacer su trabajo. ¡Pero vos tenés que hacer reír en medio de un duelo personal! ¿Cómo hacés?

-Y…, considero que es un don que uno tiene. Y lo utilizo. Y llevarme una sonrisa de los lugares donde voy, me alimenta el corazón. Es fundamental. Si no fuera por las risas y la alegría, sería difícil. Soy un tipo bastante divertido y la sé llevar.

 

-¿Usaste el humor de refugio?

-Sí. Pero hace muchísimos años que hago humor. Cuando laburaba en Morón, en Phillips, en todos los asados tenía que ir a contar chistes. Y con Juan Guerricacheverría nos conocimos una vez, hicimos algo en una reunión, improvisado, que salió muy bien. Y a los años nos volvimos a encontrar en un colectivo y dijimos “che, tenemos que hacer algo juntos” y le dimos para adelante. Eso fue en el ’92 y ahora vamos a festejar los 25 años de Memorandum.

 

-¡Epa! ¿Cuándo? ¿Dónde?

-El 14 de octubre, en el Centro Cultural Universitario, en lo que fue el Cine Alfa. El lugar es el regalo de cumpleaños del rector, que nos lo cedió. Y viene Alfredo Silva, el humorista del momento, va a estar Sergio Liera, posiblemente Yesica Alonso venga a cantar. Vamos a hacer un par de horas de humor y las entradas ya van a salir a la venta.

 

-¿Está difícil hacer reír ahora? ¿Le ha cambiado el humor a la gente?

-Lo que pasa es que me parece que la gente no se acuerda de los chistes. Hay muchos chistes en las redes sociales, pero la gente no los memoriza. Los lee en el momento, se ríe y se olvida. Después vos se los contás y se ríen igual. Hay humoristas que siempre cuentan los mismos chistes.

 

 

Fue terrible. Muy dramático y muy duro. Mi ex mujer estaba devastada, los hermanos... Franco era un pibe maravilloso.

 

 

-Crear el clima debe ser importante también…

-Para eso yo tengo buena manera de romper el hielo. Que es algo que a otros humoristas a veces les cuesta. Y para nosotros, fue una cosa antes de Tinelli y otra después de Tinelli. Después de eso era más fácil porque el público iba con otra predisposición. Y en teatro y en festivales nos fue maravillosamente bien. Hicimos muy buenos shows.

 

 

-¿Aprovecharon bien el éxito que tuvieron con Tinelli?

-Y…, nos podríamos haber quedado con Juan allá. Hubo alguna oportunidad. Pero queríamos venir a Tandil, porque Buenos Aires es otro mundo. Acá es un paraíso, todavía. Y yo no me arrepiento porque vi lo que es el ambiente artístico. Es terrible. No es lo que se ve en televisión. Se matan, se odian, es terrible. Yo lo viví.

 

-También me refería a si es más difícil hacer humor ahora, porque hay muchos temas que se han puesto más sensibles, como chistes sobre sexualidad, machismo o racistas, en los que podes encontrar gente que se enoje, o se sienta ofendida.

-Por ejemplo, nosotros antes hacíamos humor político, con Menem. Y nos iba bien. Ahora no hacemos humor político, ni de fútbol. Y en otros temas, haces un monólogo de la suegra, de mi mujer, de algo que pasó en la calle, de que hablamos mal, ‘-hola, hablo con el hotel, -no señora, habla con el conserje, el hotel no habla’. Esas boludeces rompen el hielo. ‘-Fui a pescar, -¿fuiste en carpa?, -no, boludo, en camioneta, si voy en carpa no llegamos más’. O la chica que le dice a la madre ‘-mamá, estoy embarazada, -y ¿cómo fue?...’ Y la gente se ríe. Siempre hay algo que funciona. Y después los años te ayudan. Yo he contado chistes al revés, o me he olvidado el final y la gente se ha reído igual.

 

-Para un humorista, la experiencia pasa a ser un elemento clave si el público se pone difícil…

-Y sí. Una vez Juan se calentó con uno que le gritó no sé qué. Un día fuimos a Tres Arroyos y un tipo no sé qué gritó y ya con experiencia, Juan se le acercó y le puso el micrófono y dijo, ‘bueno acá el señor va a contar un chiste y va a cantar con nosotros’. El tipo se puso verde y no jodió más en toda la noche. Ya no nos pasa nadie por encima.

 

-La sangre fría lleva tiempo…

-Lleva tiempo. Pero ahora ya vamos a divertirnos nosotros. Ya no nos preocupa si va un tipo y no se ríe. Pero sí es más difícil el humor ahora. Y va a ser más difícil, porque están saliendo muchos humoristas y mucho stand up, pero el stand up dura quince minutos. Nosotros hacemos musicales, tenemos al Topo de Los Sultanes, a la Granada Santiagueña, que es la prima de la Bomba Tucumana, pero como no nos da el presupuesto, traemos a la Granada. Y Juan vestido de mujer y sin dientes, es un animal. (risas).

 

 

-Vos me decís, ‘hacíamos chistes de Menem y nos iba bien’. ¿Por qué ahora prefieren no hacer chistes políticos?

-Ahora no se puede. Está muy enfrentada la sociedad en la política ahora. Si hablas bien de uno, te miran con cara de culo la mitad. Yo fui a verlo a Tarico a un show y todos los chistes eran sobre Cristina. Y me enojé, porque no es así. Tenés que equilibrar. Hoy está difícil y el tema político en el show prefiero obviarlo.

 

-Pero no en las redes sociales. Ahí te veo con una actividad intensa…

-Lo que pasa es que en las redes sociales, yo los hago calentar y después se terminan peleando entre ellos. Pongo ‘¿Dónde está Vidal?’ y me empiezan a poner de Scioli. Lo que yo digo es que lo criticaban a Scioli cuando había inundaciones y ahora no critican a Vidal. Y hay gente que me putea y gente que me apoya. Lo que yo les hago ver es que ellos hacen lo mismo que hacíamos nosotros cuando el gobierno era otro. Había gente que del gobierno anterior no les venía nada bien. Todo estaba mal. Ahora que pasa lo mismo, pero con otro gobierno, en algunas cosas, no en todas, parece que avalan lo que antes criticaban.

 

 

Si no fuera por las risas y la alegría, sería difícil. Soy un tipo bastante divertido y la sé llevar.

 

 

-¿Tus opiniones te costaron que te putearan en algún show o en un evento?

-No, no. Esas peleas quedan ahí. En el Facebook. Alguno se ha metido con mi vida personal en algún comentario. Pero los freno, o los bloqueo. Que pongan que no están de acuerdo con lo que yo digo y listo. Y en el fútbol me pasa lo mismo. Pongo una cargada y me putean. Pero en definitiva, también me divierto mucho con algunas reacciones.

 

-La última, a esta altura y después de aquel ‘click’ del que hablaste antes, ¿Qué le pedís a la vida?

-Yo ya estoy bonus track. Solo pido salud y trabajo. Me tendría que hacer un chequeo médico. Ya viví, tengo mis hijos, mis nietos, la paso bien mientras la salud me dé, me tiño el pelo, disfruto mucho de ir a la radio, hay un buen grupo en la 1180 y tengo un programa en la FM 92.5, de 7 a 9, que se llama ‘Entre Mates y Folclore’, que me da algunas publicidades y voy sobreviviendo. Pero ya está. Yo ya espero el momento de juntarme con mi hijo.

 

 

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