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El doloroso trabajo de reconstruirse a uno mismo

ESCRIBE JUAN M. FLORIT $datos[

En la columna de hoy describiré los componentes y aspectos más relevantes de la herramienta terapeutica por excelencia de la psicoterapia cognitiva llamada reestructuración cognitiva.

(EL PROCESO TERAPEUTICO DE LA PSICOTERAPIA COGNITIVA)

Las creencias nucleares constituyen el eje de lo  que nosotros somos, nuestros valores, nuestras  creencias más firmes e inconmovibles, nuestra identidad, justamente por eso es que nos  dan estabilidad y nos permiten saber "quiénes somos"

 

Por   Juan Martin Florit Lic. en Psicología.

J. P. Sartre  "un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él"

En la columna de hoy describiré los componentes y aspectos más relevantes de la herramienta terapeutica por excelencia de la psicoterapia cognitiva llamada reestructuración cognitiva. Esta técnica terapéutica es uno de los procesos terapéuticos más complejos y difíciles de aplicar y también es el mas radical en relación al cambio que busca generar. Se trabaja sobre las creencias centrales y los esquemas mentales, se busca darle una estructura nueva a los mismos que permitan lograr que el paciente pueda tener una interpretación saludable o positiva de los fenómenos del mundo y de sí mismo en el. Esto, a la postre modificara sus cogniciones y estados afectivos y decantara en la mejoría y el bienestar  perdurable (idealmente).

Las estructuras cognitivas

Las formas en las que organizamos nuestras ideas o pensamientos se relacionan con los esquemas, los procesos cognitivos con la atribución de sentido que se da a partir de los esquemas. Los resultados cognitivos se relacionan con las creencias, que son el resultado del proceso que se da entre los esquemas y la realidad, dichas creencias a su vez influyen en el mismo proceso.

Esquemas

Desde que somos niños buscamos la manera de explicar la realidad. Estudiamos el mundo y sus complejas relaciones con la esperanza de encontrar nuestro lugar en él. Por ello, cuando creemos haber entendido algún aspecto de la vida, construimos un esquema mental que lo explica y nos sentimos tranquilos y confiados con esa certeza y ese mundo estable que construimos detrás de ella.

Para A. Beck (el "padre" de la psicoterapia cognitiva), los esquemas son patrones cognitivos (reglas o formas de construir e implementar las ideas) relativamente estables que constituyen la base de la regularidad de las interpretaciones de nuestra realidad. Las personas utilizamos nuestros  esquemas mentales para localizar, codificar, diferenciar y atribuir significaciones a los datos del mundo. Los esquemas también fueron definidos como estructuras más o menos estables que seleccionan y sintetizan los datos que ingresan a la mente mediante reglas.

Estos esquemas nos permiten tener una concepción estable del mundo, es decir, un esquema estable en un mundo inestable. Esa estabilidad de los esquemas que construimos nos tranquiliza ya que, sean realistas o no, nos permiten explicarnos ante nosotros mismos como funciona el mundo, natural o humano y nosotros en el. Ello nos posibilita predecir cierta estabilidad y disminuye la incertidumbre que tanta ansiedad y malestares le genera al humano moderno.

A los grandes esquemas mentales, que son compartidos socialmente, los llamamos paradigmas, como a los paradigmas científicos o los religiosos. Es decir grandes cúmulos de ideas concatenadas que utilizamos para explicar simplificadamente un sinfín de complejísimos fenómenos de lo que percibimos como "la realidad".

Se presentan en forma de silogismos del tipo  SI.......... entonces......... y los puntos suspensivos son el lugar en el cual se depositan las creencias nucleares.

Todas las personas contamos con una serie de esquemas que nos permiten seleccionar, organizar y categorizar los estímulos de tal forma que sean accesibles y tengan un sentido para nosotros, a su vez también posibilitan identificar y seleccionar las estrategias de afrontamiento o evitación que llevaremos a la acción.

Los esquemas podemos pensarlos en un continuo que va en cada persona de lo activo a lo inactivo y de lo modificable a lo inmodificable. En función de la valencia decimos que los esquemas que están siempre activos son hipervalentes y aquellos que lo hacen en situaciones particulares son latentes.

Los esquemas son adaptativos (lo que no significa que sean todos saludables) y van tomando su forma mediante las relaciones que las personas van estableciendo con el medio (su historia de vida), a partir de allí y de los determinantes genéticos se van constituyendo las pautas propias de los mismos.

Primeramente tuvieron un fuerte sentido adaptativo intentando la supervivencia tanto psicológica como física de la persona, pero en algunos casos las formas que se utilizaron para sobrevivir en una época son utilizadas de manera automática, generalizada, rígida y desadaptativa (patología) en cualquier situación, lo que puede llegar a ocasionar trastornos psicológicos severos y por tanto un profundo sufrimiento.

Creencias

Las creencias son los contenidos de los esquemas, las creencias son el resultado directo de la relación entre la realidad y nuestros esquemas. Podemos definir a las creencias como todo aquello en lo que uno cree, son como mapas internos que nos permiten dar sentido al mundo, se construyen y generalizan a través de la experiencia y a veces (muchas veces) también construimos los contenidos de los esquemas mentales, es decir las creencias nucleares y supuestos básicos evitando las experiencias; es así como desarrollamos una clara idea sobre lo que somos, lo que nos podría pasar, sobre cómo nos podríamos sentir, pensar o hacer, sin haber vivido ni vivenciado la situación en particular. Así construimos una creencia que introducimos en nuestros esquemas mentales sobre una hipótesis tentativa de una experiencia imaginada, razonada y ficticia. Para empeorar las cosas, no nos resulta grato modificar los esquemas mentales que construimos, ya que estos nos generan tranquilidad por el hecho de que nos dan la falsa certeza de un mundo estable y sin incertidumbre.

 Existen diferentes tipos de creencias, clásicamente hablamos de:

Creencias nucleares: son aquellas que constituyen el self o el YO de la persona, son difíciles de cambiar ya que las construimos desde muy pequeños, le dan el sentido de identidad al sujeto, generan la sensación de estabilidad y son "relativamente idiosincráticas" o propias de cada uno y su cultura. Ej.: Yo soy varón porque tengo pene, aunque me sienta mujer .

Creencias periféricas: se relacionan con aspectos más secundarios, son más fáciles de cambiar y tienen una menor relevancia que las creencias nucleares.

Ej.: La vida siempre te da una segunda oportunidad o su opuesto; el tren pasa una sola vez en la vida, ya no tengo esperanza.

Las creencias nucleares constituyen el núcleo de lo que nosotros somos, nuestros valores, nuestras creencias más firmes e inconmovibles, justamente por eso es que nos dan estabilidad y nos permiten saber quiénes somos. En cambio las periféricas o secundarias son más satelitales y no involucran a los aspectos centrales de la personalidad, por lo tanto pueden modificarse con más facilidad.

Obviamente entre estas dos posibilidades existirá una escala amplia, en cuanto a la importancia o centralidad que cada persona le atribuya a las creencias.

Las creencias nucleares nos permiten decir quiénes somos, por ejemplo al decir “soy varón” aunque parezca una verdad obvia, es una creencia fundamental, más que una verdad se trata simplemente de una creencia, ya que hay personas que siendo varones biológicamente hablando, creen o sienten que son mujeres y viven como tales, por lo tanto la afirmación sobre nuestro género, es una creencia sostenida sobre una convención social respecto al género. Al ser una creencia nuclear no la cuestionamos y la damos por supuesta, nos da estabilidad (lo que llamamos estabilidad del yo-mundo) como personas y nos permite a partir de allí construir nuestra propia imagen, identidad y proyectarnos como seres humanos. Sobre esta afirmación y creencia básica es que se asientan otras creencias centrales tal como la de “soy varón y me gustan las mujeres” o “soy varón y me gustan los varones”, estas dos opciones marcarán dos caminos distintos, pero la identidad de género no entra en juego, en los dos casos la afirmación central sobre el género ya está hecha. En el primer caso un varón se dirá ‘soy heterosexual’ y en el segundo caso se dirá ‘soy gay’ y a partir de allí se irán constituyendo otras creencias que dirán "quiero que mi vida sea de esta manera o de esta otra". En este ejemplo vemos como las creencias se van consolidando a partir de ciertas afirmaciones nucleares, primero las creencias de género, luego las de orientación sexual, etc.. Podemos ver como las creencias comienzan a constituir un entramado de significaciones que van dando densidad a nuestra personalidad.

Si las creencias nucleares son puestas en duda se genera una sensación profunda de inestabilidad y angustia, porque todo lo conocido pasa a ser cuestionado, es como si se movieran los cimientos de un edificio, toda la estructura se mueve. Por eso cuando una persona se cuestiona sobre cuestiones nucleares como su orientación sexual (o cualquier otra creencia central) es frecuente que se angustie, mucho más aún cuando se cuestiona su género.

Recordemos que uno de los factores que genera más estrés es la incertidumbre, por eso no saber algo central respecto de nosotros mismos puede ser tan angustiante. Habitualmente las personas van a terapia porque alguna de las creencias básicas que le daban sustento, estabilidad y tranquilidad es puesta en duda. Si una persona tiene la creencia: “Soy feliz con mi pareja”, puede sentirse muy contenta, tranquila y satisfecha, pero si a esa misma creencia le agrega un simple signo de pregunta, las cosas cambiarían drásticamente: “Soy feliz con mi pareja?” ya no suena tan lindo ni nos da la misma certeza que antes. La duda y la incertidumbre respecto de alguna o varias creencias suele ser uno de los motivos por los cuales las personas comienzan terapia. Es común que las personas se angustien y estresen mucho cuando no saben cuáles son las reglas de juego o no sepan aspectos importantes de su vida o su self/yo, cuanto más relevante y nuclear sea lo incierto más angustia generará. En las relaciones afectivas por ejemplo, es importante para reducir la incertidumbre y hacer predecible dicha relación, establecer ciertos parámetros y reglas de funcionamiento, por eso necesitamos ponerle un nombre a la relación, ya sea decir somos novios, amantes, amigovios, esposos etc., habitualmente cuando no sabemos bien qué tipo de relación tenemos el nivel de incertidumbre aumenta y puede transformarse en un foco estresogénico. Si no se sabe bien quien es el otro para nosotros y qué tipo de relación tenemos, tampoco queda claro que podemos esperar del otro o que se espera de nosotros mismos respecto de dicha relación.

La dinámica entre las creencias (ideas) y los esquemas (reglas lógicas o silogismos sobre cómo aplicar las creencias a nuestra realidad interna) son la base de sustento de los síntomas (el malestar) según la Terapia Cognitiva, por lo tanto el trabajo sobre las creencias y los esquemas es una labor central en este tipo de abordaje.

Pensamientos automáticos

En general se dice que el pensamiento se relaciona con el fluir de la conciencia y que tiene tres elementos:

La direccionalidad: hacia donde está dirigido dicho pensamiento (tema).

El curso: o la velocidad del pensamiento, algunos son tan cortos y evanescentes que no los detectamos y solo nos queda el afecto negativo que generaron en nosotros.

El contenido: es lo que se piensa concretamente que es un derivado de las creencias sobre uno mismo y el mundo.

En el caso de los pensamientos automáticos, estos se definen por su carácter impuesto, son pensamientos que aparecen en el fluir del pensamiento normal y condicionan su dirección o curso; se les atribuye una certeza absoluta, por eso no son cuestionados y condicionan la conducta y el afecto. En general son breves, telegramáticos, pueden ser verbales o aparecer en forma de imágenes, a la persona se le imponen, por eso son automáticos.

Los pensamientos automáticos son fugaces, conscientes y en ocasiones inconscientes o al menos no del todo consientes (preconscientes), pueden entenderse como la expresión o manifestación clínica de las creencias (es decir que son sintomáticos).

En general las personas no son plenamente conscientes de sus creencias, pero sí lo son o lo pueden llegar a ser de sus pensamientos automáticos. Un ejemplo de pensamiento automático podría ser el de una mujer que estando en un evento social mira a un hombre que le atrae y se dice: “Estás fea y sos boba”, "No vales lo suficiente" “ No te va a dar bola”, “Igual te vas a quedar sola” o “ Seguro te va terminar dejando, no vales la pena”.“No merezco el amor de nadie, "no valgo nada" "me voy a morir sola” Estos pensamientos automáticos emergen de las creencias nucleares y/o secundarias o periféricas como: "Solo las mujeres hermosas son felices".  "El éxito de una mujer depende del hombre que consiga"  "una mujer sola es un fiasco" etc..

La Psicoterapia Cognitiva trabaja (nosotros en el consultorio) con esos diálogos internos que todos tenemos y que son la manifestación de nuestras creencias nucleares así como las consecuencias afectivas de estas, gran parte de nuestra vida la pasamos hablándonos a nosotros mismos, este fenómeno que ya sorprendió a los griegos es responsable de muchas de las cosas que nos pasan, tanto las buenas como las malas. Al repetirnos (o repetir y creer lo que nos dijeron nuestros padres) tantas veces los mismos contenidos, terminamos creyendo con un nivel muy alto de certeza, lo que ellos afirman, sin someterlos a un juicio crítico. En el siguiente chiste queda clara la importancia de los pensamientos automáticos y las creencias que sostienen los mismos.

Bernardo y "su critico"

 

 

Espero el articulo de hoy les haya resultado al menos interesante. Continuare torturándolos con mas trastornos raros y conceptos extravagantes  el domingo que viene.

Saludos!!

 

Juan Martin Florit. Lic. en Psicología.

  • Psicólogo clínico.
  • Orientador en el Centro de Día Procedere.
  • Coordinador de grupos de socialización, integración y autonomía en discapacidad intelectual.

 

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