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"La mesa de la Vida". Una metáfora terapéutica.

ESCRIBE JUAN M. FLORIT $datos[

Las metáforas resultan maravillosas, o al menos a mí me gustan mucho, dado que logran un efecto de condensación de sentido que difícilmente podremos lograr con la literalidad u otros tipos de formas expresivas o literarias. En esta ocasión quisiera metaforizar a la vida mediante una mesa....

Tal vez resulte extraño el ensayo, pero le pido al lector un pequeño voto de confianza, y también espero que valga la pena la lectura.

Antes de comenzar considero necesario aclarar que en esta exposición partiré del apotegma de que todo, absolutamente todo, en la vida se paga de una forma u otra; con esfuerzo, con tiempo, con dinero, con salud, con ignorancia, con dignidad, con ganancia o pérdida de libertad, poder, dolor o sufrimiento, con lo que a cada uno se le ocurra pero siempre se paga. La pregunta es, de qué manera y/o a qué "precio"??.... y el "precio" lo determinara el significado y/o valor atribuido que cada uno le otorga a lo que queremos obtener de la vida, si es que realmente uno tiene la posibilidad de, en algún momento, pensar en ello, algo así como una epifanía en su acepción de revelación no metafísica.

También tomare por verdad absoluta, axiomática,  la idea de que la vida no tiene sentido (como buen agnóstico). Es decir, la vida no viene con un sentido dado en garantía, y a condición, de una existencia supraterrenal. Es nuestro "trabajo" significar nuestra vida a cada momento y es un trabajo que no se detienen nunca. Volveré sobre estas líneas al finalizar la columna para destacar el punto que me interesa concretamente.

Pasemos a nuestra metáfora.....

La mesa de la vida que propongo metaforizar es una de cuatro o cinco patas, podría ser redonda, una pata podría ser la familia extendida (consanguínea), los hijos, el trabajo, otra las amistades, otra la pareja, los hobbies, el cuerpo, el sexo, la cultura, el amor, la ciencia, la fe, las patas que cada uno considere significativas en función de sus valores centrales, de lo que consideramos relevante para nuestra vida....

Cuanta importancia le damos a cada pata, y cuanta presión pueden resistir en su conjunto??

La mesa que yo me imagino, puede ser más o menos grande, más o menos redonda o cuadrada y tener cuatro, cinco o seis patas.

La cuestión es que a esta mesa la comenzamos a construir desde muy pequeños, inicialmente no tiene que soportar ningún "peso" sobre su tablero, ya que los adultos son, o deberían ser, los responsables de eso. Pero, poco a poco, vamos y nos van cargando peso a esta mesa, nos van diciendo de que material tiene que ser, como deben ser las patas, cuantas tenemos que ponerle, y de que tamaño debería ser.

Estos imperativos sociales y culturales, que generalmente son morales y referidos al "deber ser", los asumimos como propios, como una suerte de matriz de la mesa y comenzamos a armarla según estas pautas impuestas culturalmente.

Es de destacar que no nos podemos quedar con la misma mesa toda la vida, ya que la mesa que construimos de pequeños no nos sirve para sostener la presión de todo lo que le vamos poniendo encima a lo largo de nuestro desarrollo personal, en las distintas etapas vitales.

No es que quiera ser impertinente pero...

Como esta hoy tu mesa de la vida??

Lo que pones sobre tu mesa te hace sentir bien sobre lo que pansas de vos mismo, tus expectativas tus sueños, deseos y fantasías??

Partamos de la idea, comúnmente aceptada, de que para "ser feliz" hay que estar satisfecho en todos los aspectos (patas de la mesa) y analicemos sucintamente esta idea. Si a la cuestión la vemos de esta manera, es absolutamente irrealizable, si nuestra concepción de felicidad es esa, somos "elemento ideal" para la depresión ya que, el estado de felicidad constante es definitivamente utópico.

 Es posible reconstruir, ya en la madurez, nuestra mesa de la vida?? 

Las patas que sujetan mi mesa: el equilibrio mente-cuerpo o ideas -emociones.

Esta punto me resulta fundamental, ya que todos nosotros necesitamos varios puntos de sujeción, anclaje o parapeto que sustenten nuestro equilibrio social, emocional y cognitivo.

Está claro que en las distintas etapas vitales, sobre nosotros "se posan" diferentes cargas: unas son más pesadas, otras están solo durante un corto periodo de tiempo, pero lo que está claro es que si no tenemos una buena base, cualquier situación relativamente conflictiva nos puede desmoronar y provocarnos mucho malestar. Una vez que se ha derrumbado nuestro "tablero”, levantarlo supone un esfuerzo mayor que haberlo mantenido en pie. Por eso es interesante valorar a menudo el estado de nuestro “mueble interior”.

Es posible reconstruir nuestra mesa de la vida en función de nuestras necesidades y valores!

Hay una cosa que, frecuentemente, supone mucho sufrimiento psicológico para la mayoría de la gente, lograr una mesa “estándar” según la cultura y época en la que vive. Es decir, construir nuestra mesa de la vida según normas establecidas de lo que se espera de nosotros, el Tan mentado "TU DEBES", las escamas del dragon de Zaratustra de Nietzsche, el imperativo moral que nos ordena externamente.

Limitar nuestro equilibrio a un solo pilar nos hace frágiles

Las patas pueden representar muchas cosas cada persona debería decidir qué sustento quiere en cada momento, en cada etapa vital, es cierto que unas patas tendrán más grosor o se situarán en puntos estratégicos de equilibrio, pero lo realmente importante es la aceptación de la diversidad en el mobiliario, ya que lo que para una persona puede suponer un gran apoyo emocional, para otro no y establecer una base de vida en algo que no es decisión propia sino “imposición social” en lugar de colocarse en la parte de abajo de la mesa y ayudarte a ser feliz, se vive como un peso en la parte superior, suponiendo mucha insatisfacción.

Otro punto a tratar, en la metáfora, es el lugar en el que se encuentra el protagonista (usted), hay quien decide situarse debajo de la mesa y asumir la responsabilidad de su propia vida, quien se sitúa encima, dejando en manos de otros la carga y quien cual espectador se limita a vivir la vida desde un plano externo, asumiendo el papel que considera que debe, pero sin una implicación personal en la decisión.

Es interesante que observes tu propia mesa, ¿cómo está ahora?, ¿qué diseñó te gustaría que tuviese? y ¿qué “patas la sostienen”? así como el grosor de éstas, si crees que necesitas más apoyos o engrosar alguno de ellos, buscalos o construilos y descarta las patas malas (las que no sostienen ni suman) sean estas; pensamientos, personas o actividades. Plantéate cual, cómo tallarlo, porque los amigos, el trabajo, la pareja, la familia… no se quedan para sujetarte sino los das el valor que corresponde, cualquier pata necesita un grosor adecuado, y este se establece dando la responsabilidad y el valor coherente que vos decidas establecer.

Somos seres sociales, por ello necesitamos apoyos sociales, de ahí que limitar nuestro equilibrio a un solo pilar nos hace frágiles, la desaparición de cualquier pata importante nos supondrá mucho dolor, aunque mientras existan más sujeciones nuestra mesa continuará en pie.

"elegimos" exponernos a las experiencias (y ver que pasa) o protegernos de un posible o hipotético sufrimiento.??....

Ahora, traigo a colación nuevamente lo expuesto inicialmente sobre el precio a pagar por lo que queremos y valoramos. Construir nuestra mesa de la vida en función de nuestros valores es, a mi criterio, la mejor forma de pagar el precio por lo que queremos obtener de ella.

Crea tu mesa, elegí tu patas y aligera el peso, cargando sobre la misma solo lo que realmente para vos es importante, lo que los demás quieran cargar en tu mesa es cuestión de ellos y de sus valores....

 

 

Juan Martin Florit. Lic. en Psicología.

  • Psicólogo clínico.
  • Coordinador de tratamiento integral en trastornos alimentarios y adicciones.
  • Orientador en el Centro de Dia Procedere.
  • Coordinador de grupos de socialización, integración y autonomía en discapacidad intelectual.
  • Director de Tratamiento MITA en TGD  Asperger.

 

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