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Modaffari: “Si tomamos la población de Tandil, tenemos un problema importante de ludopatía”

ENTREVISTAS

El Dr. Martín Modaffari (MN 92769 – MP 112358), es médico psiquiatra y actualmente, es el Coordinador del Centro de Atención al Ludópata*, que ha estado en el centro de la escena hace algunas semanas por las versiones de su posible cierre.

Por Mariano López Guerrero (marianolopezguerrero@gmail.com)

En una charla con ABCHoy, el profesional aborda algunas precisiones respecto de ésta problemática, que afecta a más personas de las que se cree. Igualmente, se muestra “optimista” respecto del futuro del espacio de ayuda. Además, el crudo relato de un ludópata recuperado.

-Mucha gente descubrió la existencia del espacio de ayuda al ludópata cuando se habló de cerrarlo. ¿Tiene que ver con que es un problema que también tiene poca difusión?


-No es solamente que ocurrió por falta de divulgación, porque se trabajó mucho desde hace un año en esto. Tuvimos un momento muy delicado, donde ni siquiera teníamos panfletos. El 0800 se difundió mucho en su momento y tenemos el cartel en el Casino, que es el lugar donde tiene que estar. Pero tuvimos tiempos de mudanzas, tiempos de falta de cartelería y folletería y difusión, porque no tenemos el aparato. Ahora la Licenciada Andrea Romano nos ha dado una mano grande, pero siempre se carece de presupuesto suficiente.

 

Pero es verdad que el tema está invisibilizado, además, porque atañe a que es un tema muy nuevo, un tema que estuvo en un apartado de los manuales de psiquiatría, como algo nuevo que venía, cuando el problema del juego existe desde hace muchos años.

 

-¿Hay un momento histórico en el que la ludopatía aparece como un problema muy serio?

-Diría que en los años ‘70 u ‘80, cuando empieza a enmarcarse el sujeto de la globalización y del consumismo, con un cuadro distinto al jugador de antes. El jugador de hoy, el ludópata, es alguien que está bajo la impulsión, la no espera, la instantaneidad y la satisfacción de un goce autoerótico imparable. Esto tiene sus años, pero no tuvo un abordaje específico.

 

Hay un gran problema, que es que hay que acotar el tiempo de juego. Porque éstos son sujetos que tienen una debilidad.

 

-¿Y cuándo se decidió encarar ese abordaje?

-En la provincia se instaló este programa de Centro de Ayuda al Ludópata, del cual yo fui partícipe activo, junto a otras personas, para trabajar en esto y ajustar los equipos que se formaron. Hoy hay 10 centros de atención al ludópata en la provincia, con cierto manejo clínico de la cosa, que es harto compleja.

 

 

-¿Es decir que el ludópata es una figura relativamente nueva en la salud mental?

Sí. Tiene que ver con los ‘70 u ‘80, cuando empieza a imperar el consumo y el capitalismo globalizado, donde el sujeto constantemente tiene que dar la talla. Tener que tener un montón de cosas. Tener que consumir. Eso lo impulsa imperativamente a no poder parar. Y eso se hace para no angustiarse. Y ese sujeto, hipermoderno, le hace ‘pito catalán’ a la angustia consumiendo Coca Cola, consumiendo Rivotril, consumiendo máquinas tragamonedas, consumiendo marihuana, cocaína, alcohol, consumiendo cuerpos ajenos y el propio. Y así vamos. Entonces las subjetividades y los cuadros clínicos han cambiado todos, no solo la ludopatía.

 

-¿Y en qué se diferencia de un jugador de antaño?

-Ludópatas hubo siempre, pero hay caballeros ludópatas que pagan las deudas. El de hoy tiene un acento más cínico y canalla, donde no se hace cargo de sus deudas. Es un sujeto que se endeuda para no pagar. Y es muy trabajoso hacer entrar en un dispositivo terapéutico a alguien que no quiere saber nada con la angustia que es estar en falta con respecto al otro.

 

-Imagino que como en otras adicciones, hay un rol de la familia que debe ser fundamental…

-Ésta es diferente a otras adicciones. El adicto a las drogas, por ejemplo, pone el cuerpo y entonces es más fácil tomarlo, cuando está agotado físicamente y necesita de la atención médica y psicológica. Ahí la familia sufre mucho. En el caso de un obeso, es alguien que incluso puede llegar a ser engordado por la familia, sin tratamiento. En reverso a eso, una persona anoréxica, no quiere nada de la familia, ni nada de nada. Pero el ludópata, estraga a la familia en primer término. Cuando nos llegan a nosotros, vienen con deudas cuantiosas, de las que nadie sabía nada de nada, porque lo hacen muy en secreto, es muy sutil, muy privado, de un goce que en general es muy trabajado por el ludópata. Es una persona que va pidiendo, sacando, tapando agujeros, es una persona que tiene un circuito muy complejo, en el que busca conseguir para la apuesta, esperar el resultado y volver compulsivamente a la repetición. Eso hace que estafe, incluso a su familia.

 

-Es decir, que el ludópata no juega para ganar, sino que juega para jugar.

-Exactamente. En un punto, lo que importa es la escena de la apuesta y posterior a eso, satisfacerse de la deuda, pero para no hacerse cargo. Es alguien que no puede parar. Pero se trata de alguien que está enfermo, no es porque sea un monstruo. Hay que tratarlo y es algo de alta complejidad. Hay gente que se ha quedado sola y en la calle y hay quienes se han quitado la vida por esto.

 

Cuando está la necesidad de ir al otro día a tratar de recuperar lo perdido y eso se reitera, yo le diría que se acerque al centro.

 

 

-¿Cómo se encara un tratamiento de este tipo?

-Tenemos que hacerlo entrar vía la palabra. Y hay que hacerle entender a la familia lo que está pasando. Es de una complejidad mayor y hay que evaluarlo muy bien. Es una persona que no puede parar de fabricar deuda, para dejársela a otro. Con el tratamiento vamos desandando, tratando de descubrir de donde viene el origen, pero es un trabajo muy minucioso, aunque a veces hay que proceder hasta con una internación, para evitar el alto riesgo que un ludópata puede presentar, que puede ser un pasaje a un acto suicida u homicida.

En el Centro de Ayuda al Ludópata, entre otra mucha gente, trabajan dos psicólogos, en la práctica del análisis lacaniano, que son la licenciada Alba Dabach y el licenciado Marcelo Iturralde y yo soy el psiquiatra.

 

 

-¿Y hay un perfil más o menos concreto del ludópata?

-En general, es un sujeto que no habla. El ludópata es un mudo que no quiere ni hablar del tema. Llega totalmente shockeado, porque cuando es descubierto en su rutina impulsiva del juego, de la deuda, o no quiere hablar o habla a borbotones para no decir nada. Es una forma de ser del sujeto hipermoderno de hoy. Es el cambio de las subjetividades lo que hay que analizar, porque hoy ha cambiado todo.

Hay que entender la contemporaneidad que estamos viviendo y que el sujeto es así. No hay que poner a nadie preso porque va al Casino. Hay que analizar la modernidad del sujeto, su subjetividad, su empuje al consumo y después, ahí, poder entrar en eso y dar vía a la palabra. Recibirlo, escucharlo, ver qué quiere hacer y siempre ofrecemos la palabra. Ahí aparece una vía posible de cura. Y además del tratamiento individual, se hacen tratamientos de pequeños grupos.

 

-¿Se da más en alguno de los dos sexos? ¿En alguna edad específica?

-Tal vez hoy se vean un poco más de mujeres. Pero es muy parejo, está muy repartido casi por igual. Los hombres tienen en general más inclinación por el turf, las cartas, ese tipo de cosas. Las mujeres son más propensas a las tragamonedas. Pero va muy parejo. Y de todas las edades.

 

Ludópatas hubo siempre, pero hay caballeros ludópatas que pagan las deudas. El de hoy tiene un acento más cínico y canalla, donde no se hace cargo de sus deudas.

 

 

-Sin dudas, hay espacios que favorecen este comportamiento, ¿no?

-Hay un gran problema, que es que hay que acotar el tiempo de juego. Porque éstos son sujetos que tienen una debilidad. Si no se acota el horario y encima se le suministran comidas y bebidas y premios y plus y todo eso, para que jueguen más, es un problema. Y además, se ven cosas como poner un cajero automático dentro de los Casinos. Pero en España, por ejemplo, lo que es peor, es que hay lugares donde se puede jugar mientras se come. Ésta es la instantaneidad de la era de la imagen y de la sensación de la hiperconectividad, que en realidad, deja a un sujeto en total aislamiento. Alguien comiendo solo y a la vez jugando en las máquinas, ahí ya no tiene ningún lazo con otro, ese otro que puede ser la esposa, el marido, un hijo, el padre, la madre, etc. Esa imagen pinta en toda su textura al sujeto hipermoderno, en el máximo grado de consumo.

Y no depende de que haya más o menos casinos. No es un tema de oferta. Depende del sujeto, que es el que decide ir a buscar más para obtener todo, para en verdad quedar en la nada y dejarle la nada al otro.

 

-¿Cualquiera puede caer en la ludopatía? ¿Aunque hoy no tenga ninguna inclinación por el juego?

-No, porque hay gente que está enlazada a otra cosa. Hay gente que quiere saber y se hace preguntas. El ludópata no quiere saber de nada. Pero el que se pregunta, se angustia. En general, está salvado de la compulsión y de los excesos. Está salvado de eso, pero no de la angustia.

 

 

-¿Cuándo alguien puede advertir que tiene un problema con el juego?

-Hay jugadores que lo hacen como un divertimento, que es alguien que juega con cierta regularidad y hasta puede que tenga dispuesto cierta cantidad de dinero de su sueldo para apostar; puede ser social, que alguien vaya con sus amigos y decidan jugar algo de dinero. Eso no genera ningún problema. Hay señoras mayores que van todos los días a jugar algunas fichas y a tomar el té al casino y para ellas es una terapia.

El monstruo no es el Casino, ni las maquinitas. El problema no es la oferta. El monstruo es la globalización, la hipermodernidad, la instantaneidad, la necesidad de dar la talla y de querer tener algo que no se puede.

Porque después está el jugador problema, que lo llamamos así. Para que se entienda: solo hay un 1,2 a 2% de la población que es ludópata. Y entre el jugador problema, que es alguien que ya empieza a jugar y a apostar para recuperar lo perdido, pero vuelve a jugar; y la ludopatía, hay una franja muy difusa. Alguien que tiene ese comportamiento, yo le diría que ya busque ayuda. No necesita ni estar fundido, ni endeudado, pero cuando está la necesidad de ir al otro día a tratar de recuperar lo perdido y eso se reitera más de 10 o 20 veces en pocos meses, yo le diría que se acerque al centro.

 

-Es clave poder tratar a tiempo…

- Sí. Porque cuando alguien ya es un ludópata, es más difícil tratarlo, recuperarlo, porque ya estamos ante una enfermedad mental, para decirlo más crudamente. Esta es una diferenciación que hay que explicar.

 

-¿En general, es un tratamiento muy largo?

-Y muy difícil. Pero hemos tenido resultados favorables. Nosotros abordamos desde el psicoanálisis lacaniano y eso nos ha dado respuestas. Hemos utilizado otros métodos y no nos ha resultado bien. La farmacología se usa, porque no tenemos una posición antipsiquiatrica, al contrario, se usan los fármacos que se deben usar, pero no en forma protocolizada como si fueran lo principal del tratamiento. Se medica en momentos críticos, cuando el sujeto está en la idea de sublimar la culpa y la deuda con un acto contra sí mismo. Y hemos internado a pacientes que han estado en ese estado.

 

-¿Tandil tiene un problema de ludopatía?

-Dentro de la población que tiene Tandil, el problema está y es bastante. Aunque no comparable con otros problemas como las drogas y el alcohol. Y el cigarrillo. Eso está muy por encima en urgencia y en volumen. Creo que en términos de ludopatía, hay más personas con este problema de las que vemos, pero no como la cantidad de problemas que vemos con las drogas y el alcohol. Lo que pasa es que el ludópata es alguien que no pone el cuerpo, entonces es más difícil captarlo. Pero es algo que va a empeorar, porque el sujeto está empujado a consumir.

 

El ludópata, es alguien que está bajo la impulsión, la no espera, la instantaneidad y la satisfacción de un goce autoerótico imparable.

 

 

-O sea que es imposible analizar la ludopatía, sin entender este momento histórico…

-Esa es una parte. La otra parte es la que nosotros vemos sujeto por sujeto. Si alguien se hace ludópata, habría que ver por qué, también. Qué pasó en su historia, en sus lazos, en su psiquis, etc. También se trata la singularidad, porque si no seríamos una maquinaria puesta al servicio de los estragos del juego. Y no somos eso. La maquinaria de la psiquiatría provocó lo peor.

 

 

-¿Cómo es eso?

-Claro. Porque se estandarizaron tratamientos que para determinados trastornos, se toma tal pastilla, más otra y otra. Eso generó una maquinaria peligrosa. Yo no la he instalado. Tengo una consciencia ética y como profesional tengo el aval de los directivos de provincia, para abordar estos tratamientos desde otro lugar, desde la palabra. Nuestro método es escuchar, intervenir en el momento justo y tratar de tocarlo para ver si el paciente se abre.

 

-¿Qué va a pasar con el Centro de Ayuda? ¿Hay un riesgo real de cierre?

-Las versiones provocaron una tensión muy fuerte en todos los que trabajan en los diez centros de la provincia. Primero se habló de un cierre, cuando se pronunciaron las autoridades del Instituto de Lotería y Casinos. Luego fueron desmentidas. Luego se entró en una conciliación. Luego entraron los gremios en acción. Yo creo que se va a llegar a una solución prontamente. Soy optimista. Hay mucha tensión, muchas personas angustiadas. Este enjambre que se generó se va a ir desandando y espero que podamos seguir continuando como trabajadores de la salud pública, actuando por el bien de las personas. Yo creo que va a quedar todo como estaba y que vamos a seguir trabajando como lo venimos haciendo. Pero sí vamos pedir que se nos mejoren algunas condiciones de difusión, de promoción del centro y en el mismo edificio.

 

-¿Cuánta gente se atiende habitualmente allí?

-Para dar una idea, en lo que va del año, han pasado por el Centro, alrededor de 80 personas, entre urgencias y tratamientos. Y en tratamiento continuo, firme, hay alrededor de 50 pacientes. Es muchísimo.

 

 

M.L.: “EL JUEGO ES UNA DROGA SIN SUSTANCIAS”

 

“A los 16 años me jugué en los dados un cajón de herramientas que no era mío. Era de mi patrón”, cuenta M.L., un hombre que se atreve a relatar en primera persona el calvario que transitó en su vida por su adicción “a la timba”.

Por razones obvias, convinimos con nuestro entrevistado que en esta nota su nombre estaría identificado solo por sus iniciales y sin fotografías. Sin embargo, no tiene pruritos en reconocer que “perdí fortunas, y cuando gané, también me las jugué”.

“Lo primero que debe hacer un jugador es reconocer que está enfermo y debe decir la verdad. Yo, hoy estoy recuperado pero sigo jugando. Pasé de ser un jugador compulsivo a ser un jugador pasivo y es muy distinta una cosa de la otra”, aclara este hombre de 70 años, agradecido al trabajo del Centro de Atención al Ludópata y al Dr. Modaffari, a quien califica como “un amigo, más que un doctor”.

“El jugador no va a buscar fortunas para tapar las que perdió, sino para poder seguir jugando. Pasa por ahí un poco el tema. Es una droga sin sustancia”, señala M.L., que llegó a entender la raíz de su impulso ludópata, gracias al trabajo psiquiátrico y psicológico al que se sometió en el Centro, donde terminó descubriendo que en su infancia, observaba muchas veces a su madre enterrar monedas en la quinta de su casa y eso lo afectó de una manera inesperada.

 

Cuando escuché que pensaban cerrar el Centro, me pareció una locura. Es un lugar que salva vidas.

 

“Es como si en algún lugar de mi psiquis, hubiera quedado instalado que el dinero no es importante. Que no lo es, pero tampoco es para desperdiciarlo. Es como si inconscientemente, para mí la plata era para enterrarla. No sé si me entiende. Es algo que parece que me quedó marcado, aunque parecía algo sin importancia”, explica.

M.L. trabajó toda la vida, pero hoy reconoce que “podría estar mucho mejor de lo que estoy” y grafica algunas de sus actitudes, recordando la añeja anécdota en la que un socio “me dio todo el dinero necesario para comprar una maquinaria. Tenía que ir a Buenos Aires. Salí de la empresa y me fui a la timba. Cuando salí de ahí, lo único que tenía en el bolsillo era el boleto de colectivo para Buenos Aires. Me fui igual, sin un peso, y me traje la máquina. Porque el que juega, se las rebusca siempre para ir tapando agujeros y poder volver a jugar. El jugador siempre tiene mucha astucia y para poder jugar, es capaz de matar, aunque yo no llegué a eso”.

Nuestro entrevistado pasó 4 años bajo tratamiento en el Centro de Atención al Ludópata, formando parte de los grupos de ayuda y ruega, implora, “que no se cierre ese lugar. Cuando escuché que pensaban cerrar el Centro, me pareció una locura. Es un lugar que salva vidas. En los años que yo estuve participando, algo más de 4, vi que salvaron del suicidio por lo menos a 100 personas. Ahí, muchos jugadores encuentran en otros jugadores, la familia que tal vez perdieron por culpa del juego”.

 

Respecto del punto de que ese lugar “salva vidas”, M.L. no lo dice exageradamente. “Yo llegué ahí cuando por mi cabeza empezó a rondar la idea del suicidio. Anduve muy cerquita. Mucha gente que me rodeaba me vio muy mal y me llevaron. Fui sin estar convencido, pero después empecé a ver las cosas desde otro punto de vista”. Sin embargo, aclara que “el suicidio aparece como una salida cuando te quedás sin formas de conseguir más plata para jugar. No por culpa”.

“Si alguien tiene problemas con el juego, que no dude un segundo en recurrir a esta gente”, recomienda este hombre, de trato amable, que habla sin rodeos de sus penurias por culpa de sus vicios. “Tengo muchos, pero el que más me costó dejar, es el del juego, sin dudas”.

“Que cierren el Centro de Ayuda me parece una injusticia, no solo por los profesionales que están trabajando ahí, y muy bien, sino por los que van ahí, a buscar contención, donde va mucha gente que tiene la soga al cuello”, insiste.

 

No te importa el día después. Lo único que te importa es cómo y cuándo jugar hoy. Y te convertís en el mentiroso más grande del mundo.

 

En esta charla, desarrollada en su lugar de trabajo, este exludópata cuenta que “uno, cuando es jugador, cree que se juega la plata de uno, y no se da cuenta que hay una familia que lo rodea, que sufre y se ve afectada por lo que uno despilfarra”.

M.L. asegura que hoy su vida cambió y está contento, pero considera que “no puedo decir que soy un jugador curado, porque eso no tiene una cura”, y recuerda que “en los grupos que se formaron en el centro, salieron adelante muchos chicos jóvenes que estaban muy perdidos”.

“Al jugador no le importa la plata, le importa el juego. Yo tenía locura por los dados. Hoy voy los domingos, un rato, juego y listo. Pero de una manera pasiva. Ya no estoy esperando la hora que abra el Casino para entrar a jugar”, advierte.

Un impacto terrible en la vida de este hombre, hace algunos años, fue la dolorosa muerte de un hijo. “Cuando me pasó eso, hacía cuatro años que había dejado de jugar, pero fue como si otra vez, me preguntara para qué quería la plata y volví al juego. Me refugié ahí nuevamente”, cuenta.

“Una vez, en una noche, me gané la guita con la que me podría haber comprado, capaz que un coche 0 Km. Pero a los 15 días estaba pidiendo plata prestada para ir a jugar”, recuerda, como graficando lo profundo del pozo por el que transitó la mayor parte de su vida, apegado a esta adicción. “No te importa el día después. Lo único que te importa es cómo y cuándo jugar hoy. Y te convertís en el mentiroso más grande del mundo. Empezás a mentir para ir acomodando las cagadas. Es decir, te levantás para hacer cagadas”, dice, con una mueca que no se distingue entre la sonrisa y el remordimiento.

 

*El Centro de Atención al Ludópata funciona en calle Colombia 620, o bien comunicarse al teléfono 0249 443 1836 – 0800 444 4000.

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