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Síndrome del emperador o del niño tirano

ESCRIBE JUAN M. FLORIT $datos[

El "síndrome del emperador", del niño rey o tirano son los distintos nombres con que se conoce a un fenómeno cada vez más común y preocupante: el de los niños que acaban por dominar a sus padres, e incluso, en los casos más extremos, por maltratarlos psicológica y físicamente.

Por Juan Martin Florit. Lic. en Psicología

 

¿Pero cómo son esos niños? ¿Cuáles son sus características? ¿Es posible la evitarlo?

 

Características de los niños con el

"síndrome del emperador":


Nos referirnos con este nombre o etiqueta a niños que presentan determinadas características relacionales o vinculares como por ejemplo:

 

-Sentido exagerado de lo que les corresponde y esperan que los que están a su alrededor se lo proporcionen, típico de los cuadros narcisistas.

-Baja tolerancia a la incomodidad, especialmente si es causada por la frustración, el desengaño, el aburrimiento o la negación de lo que han pedido entonces, la expresan con rabia o en algunos casos ira,  insultos y/o violencia física.

-Presentan escasos recursos cognitivos (mentales-emocionales) para la solución de problemas o afrontar experiencias negativas.

-Están totalmente centrados en sí mismos y creen que son el centro del mundo (egocentrismo).

-Buscan las justificaciones de sus conductas en el exterior y culpan a los demás de lo que hacen, por tanto esperan que sean los otros quienes les solucionen sus problemas.

-No pueden ver la manera en que sus conductas afectan a los demás, muchos de ellos, carecen de empatía.

-Piden hasta el extremo de la exigencia. Una vez conseguido lo deseado, muestran su insatisfacción de formas groseras o desconsideradas y vuelven a querer más cosas. (insatisfechos constantes)

-Les cuesta sentir culpa o remordimiento por sus conductas.

-Discuten sistemáticamente todas las normas y/o los castigos con sus padres a quienes consideran injustos, malos, etc. Pero comportarse así, les compensa ya que ante el sentimiento de culpa inducido, los padres ceden y otorgan más privilegios.

-Exigen atención absoluta, no sólo de sus padres, sino de todo su entorno. Y cuanta más se les da más reclaman es decir, no hay límite para sus exigencias.

-Les cuesta adaptarse a las demandas de las situaciones extra familiares, especialmente en la escuela, porque no responden bien a las estructuras institucionales establecidas ni a las figuras de autoridad.

-Se sienten tristes, enfadados, y/o ansiosos, y suelen tener una autoestima baja que intentan compensar con un falso (y exagerado) sentido de sí.

-Se tiende a culpar a los padres (con lo cual concuerdo) de este tipo de conductas por ser exageradamente permisivos y tolerantes de cualquier conducta con sus hijos.

También influye negativamente el ambiente sociocultural. Porque hoy vivimos en una sociedad consumista e individualista en la que prima el "éxito" fácil y la falsa satisfacción inmediata, todo rápido y ya!!!!! por encima de todo y de cualquier manera.

Además, puede existir una predisposición genética de carácter (rasgo heredado) que facilita o predispone el desarrollo de estas manifestaciones conductuales.

 

Señales de alerta ante el "Síndrome" del Emperador

 


Las señales que nos deberían poner en alerta son las siguientes:

 

Hay que estar atentos a los niños que imponen de manera sistemática su voluntad o tienen rabietas exageradas y dramáticas en lugares públicos (estilo puesta en escena) delante de toda la familia.

Asimismo, nos debemos fijar en el niño que siempre se sale con la suya puesto que, muchas veces, hacen girar a la familia siempre en torno a él. Debemos pensar que, si se les deja hacer lo que quieren siempre, no hacemos más que reforzar la conducta disfuncional y acabaremos en las redes del chantaje emocional y el maltrato.

Obviamente, llegados a este punto, cualquier lector podría objetar que casi todos los niños pequeños tienen muchas rabietas y es cierto todos tienen rabietas y como es necesaria y saludable la rabieta en el niño, es necesario el límite calmado y asertivo del adulto, un límite claro y razonable, sobre todo no impuesto desde el hartazgo ni la bronca.

 

Posibles causas:


Son los padres quienes deben ejercer su función. Así, los padres hiperprotectores y permisivos, que claudican ante los desplantes de sus hijos, porque creen que así “no sufren”, pueden establecer el caldo de cultivo ideal para un niño tirano.

 

Otro factor de riesgo es que exista una discrepancia educativa entre los progenitores. Aunque ello pudiera ocurrir, los padres deben intentar unificar sus planteos y mantener una actitud educativa firme y clara que permita que no haya roturas entre ambos en la implementación de normas.

Es totalmente viable amar, proteger, cuidar e inculcar las normas de convivencia y respeto básicas sin que un niño sufra ningún tipo de maltrato.

La estructura familiar ha cambiado mucho, con divorcios y nuevas parejas frecuentes, los hijos únicos aumentan y, además, los tenemos a una edad cada vez más tardía o los adoptamos. Entonces, es fácil que un niño se convierta en un bien precioso cuyos deseos siempre hay que satisfacer, que no puede sufrir ningún tipo de frustración ni conocer norma alguna.

Hasta los dos años, todo el entorno sólo está para satisfacer sus necesidades y así debe ser. luego paulatinamente, poco a poco se puede ir introduciendo la espera y así logramos que la satisfacción no sea inmediata y que se tolere una saludable espera.

Hacia los cuatro años, lo habitual es que el niño ya sea capaz de verbalizar su rabia y comenzar el proceso de autocontrol, pero se lo debemos enseñar, esto es fundamental.

Muchos padres acaban por rendirse con sucesivas renuncias con tal de lograr  la paz. Y el niño mimado pasa a ser el rey de la casa, de ahí a niño tirano, y por último, si la agresividad persiste, se trasforman en adolescentes descontrolados y maltratadores de sus padres y de cualquiera que se atreva a no satisfacer sus necesidades inmediatamente.

La frustración es un sentimiento normal durante el desarrollo infantil: el niño necesita, desde que tiene más o menos dos años, rutinas, reglas y límites claros sobre lo que puede y no puede hacer.

Pero a partir de los seis años hay niños que se muestran muy impulsivos, mienten, tienen actitudes vengativas, no conectan con los demás,  son insensibles, se sienten poderosos, carecen de empatía… Estas son actitudes tiránicas, que a los once años se pueden agudizar y a los 15 años ya son difíciles de encauzar.

Y es que educar no es fácil y debe implicar ciertas dosis de frustración ya que, el mundo funciona de esa manera y resulta engañoso hacerle creer a un niño que las cosas serán siempre como en las desee y que lograra lo que quiera en la vida con solo gritar y golpear.

El problema se presenta si no hay reacción por parte de los padres, que, en su afán de buscar una excusa a todo –“el chico tiene mucho carácter”, “lo que hace es normal a su edad”…- y así no se atreven a poner límites y detener el maltrato.

Así, el problema se va agrandando hasta que la familia tiene la sensación de que se le ha ido de las manos, lo cual es verdad. ¿Qué hacer entonces? Se trata, solo, de actuar con sentido común, sin exasperarse y sin violencia, pero comenzar desde los primeros años de vida.

 

 

 

 

 

Psicólogo clínico.

Orientador en el Centro de Día Procedere.

Coordinador de grupos recreativos en discapacidad intelectual.

Director de tratamiento MITA para autismo asperger.

Tel: 2494492136

E-mail: Juanmarflorit77@hotmail.com.

Tu Lugar - Peliquerias Alejo Granata - Belgrano 677 - Tel (0249) 438 7616

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