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Entró a robar y dejó sus tarjetas de identificación

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Como en aquel capítulo de Los Simpsons en el que un veterano y hábil ladrón dejaba su tarjeta de presentación tras cometer un robo; un joven dejó las suyas cuando huía furtivamente al ser descubierto en el interior de un patio de una vivienda, presumiblemente, con fines de robo.

El insólito episodio sucedió en una casa de calle Catamarca, este miércoles por la noche.

Un joven se metió por el sector del garaje del domicilio y accedió al patio, desde donde seguramente tenía intenciones de cometer alguna fechoría.

Sin embargo, nuestro antihéroe no contaba con un elemento que terminó por desbaratar sus sórdidos planes.

La presencia silenciosa y vigilante de una lámpara con sensor de movimiento, que no dudó en esparcir su furiosa luminosidad sobre la humanidad del malhechor, en momentos en que se disponía a decidir qué llevarse.

Así, cegado, shockeado y desconcertado, el indeseado visitante de la vivienda tomó la única decisión que cabía, porque “soldado que raja, sirve pa otra guerra”.

Como pudo, advirtiendo también que el dueño de casa había sido alertado de su presencia por la luz delatora y que el hombre se disponía a salir al patio mientras profería gritos intimidantes, que dejaban adivinar que no eran horas de visitas en esa casa, el frustrado protagonista de esta historia logró superar los obstáculos en los que se convirtieron las mismas paredes que antes lo habían ayudado a entrar; y pudo escapar.

Sin embargo, en esa laboriosa tarea, se dejó, suponemos que involuntariamente, algunos elementos incriminatorios que luego le costarían al menos, la vergüenza de haber sido descubierto en su acción infame.

Al ladrón en fuga se le cayeron unos elementos que en la misma oscuridad que antes lo protegió, brillaban, incluso ya sin la presencia de la luz de vigilancia con el sensor, que había vuelto al sueño, tras cumplir con su trabajo.

El dueño de casa se acercó a esos objetos brillantes, pequeños, llamativos.

Lo que encontró primero lo indignó todavía más, pero luego seguramente le sacó una mueca de risa, al detenerse en la observancia de la torpeza del sujeto escapado.

Lo que el (casi) damnificado halló fueron tres tarjetas: una SUMO; otra de Anses, de débito por el cobro de la Asignación Universal por Hijo; y si las anteriores no hubieran sido suficientes para identificar al maleante, para más detalles también dejó su Documento Nacional de Identidad, de modo que además también pudo saberse enseguida la dirección, del caco que anoche no fue.

Así, se supo que esta persona nació en el año 1996 (21 años nomás) y que además, vivía a pocos metros de la casa violentada.

Es decir, era un vecino. De esos ladrones sin códigos de ahora, que son tan holgazanes que roban al lado. Algo que en el hampa de antes, no estaba bien visto.

Así, este jueves por la mañana, armado de paciencia y de coraje, el hombre que casi fue asaltado se dirigió a la vivienda a pocos metros y mostró las tarjetas que habían caído, “descuidadas”, en su patio. “No se preocupe, las tengo yo”, lanzó irónico y se dirigió a entregarlas a los policías de la Comisaría Tercera, para que se hicieran cargo.

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